DISCLAIMER: Los personajes de Dragon Ball pertenecen a Akira Toriyama, solo los he tomado prestados un rato para hacer este fanfiction.
Lo único que me pertenece es la imaginación y la locura que plasmo en mis historias.
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Mientras presionaba el botón de encapsulamiento de su aeronave la mujer de cabello celeste miró discretamente a su alrededor, esperando ver en algún punto del estacionamiento a quien sería su acompañante del día. La voz impaciente de Trunks la volvió a la realidad, tras sonreírle lo tomó de la mano y juntos se dirigieron a comprar las entradas.
Con boletos en mano cruzaron la amplia puerta del acuario, Bulma volvió a recorrer el sitio con la mirada, estaba por convencerse de que solo serían ella y su hijo en aquel paseo, cuando a unos metros distinguió al apuesto joven acercándose hacia donde se encontraban. Ya frente a ellos, aquel hizo un gesto a manera de saludo.
- Hola 17 -exclamó con la mayor naturalidad que le fue posible.
- ¿Qué hace él aquí? -preguntó Trunks molesto volviéndose hacia su madre.
La científica no supo que responder, había tratado de decirle al niño toda la semana que era probable que 17 se uniera a su plan, pero nunca encontró el momento de hacerlo. Así que miró al recién llegado como pidiéndole ayuda.
- Que coincidencia encontrarlos aquí -respondió el androide al advertir el gesto de Bulma.
- Si, no pensé que te gustaran estos sitios -dijo ella agradeciéndole con la mirada que no la delatara ante el pequeño.
- Todo lo que se relacione con la naturaleza llama mi atención, aunque es algo triste que los peces estén aquí y no en el océano donde...
- Mamá, ya quiero ver los tiburones -interrumpió el niño, en su rostro se notaba que estaba más que ansioso por deshacerse del ojiazul.
El androide miró a Trunks jalar discretamente la ropa de Bulma como apresurándola y supo que debía actuar rápido.
- Que buena idea, ¿les importa que vaya con ustedes?, no, eso pensé -soltó 17 sin hacer una sola pausa, al advertir las intenciones del pequeño.
Bulma iba a decir algo cuando sintió la mano de su hijo apretando la suya con impaciencia.
- Mamá -llamó Trunks denotando en su voz que esperaba que la mujer se negara rotundamente a que los acompañara.
Sin saber que más hacer Bulma se volvió y le sonrió al pequeño, quién conocía demasiado a su madre como para saber que esa era la forma en que ella le recordaba sútilmente que debía ser educado, lo que obviamente implicaba que como parte de sus buenos modales debía aceptar la compañía de aquel sujeto.
Decidido a no rendirse tan fácilmente, Trunks hizo un último intento y levantó sus ojos celestes hacia la mujer en forma de ruego, esperando que su expresión de tierno cachorrito sirviera para disuadirla a su favor en esta ocasión. Al notar la actuación del semi-saiyayin, 17 miró a Bulma e imitó el puchero del más pequeño, aquel gesto inesperado del androide hizo reír a carcajadas a la científica.
- Ya dejen de mirarme de esa forma y vayamos de una vez a ver los tiburones -ordenó divertida mientras ellos se percataban del chantaje visual del otro.
Sabiendo que no había más que decidir los tres se dirigieron a la sala donde se encontraba la exposición que Trunks deseaba ver y aunque al inicio éste no se mostraba muy contento, su condición de niño pronto le permitió olvidar la presencia del androide y centrar su atención en lo que veía, la majestuosidad de aquellas criaturas le resultaba fascinante al pequeño que observaba boquiabierto al enorme escualo que nadaba frente a él. Atento a los gestos de asombro de Trunks, 17 pensó que sería un buen momento para suavizar la tensión entre ellos, así que colocándose a un lado del de cabello lila comenzó a comentar algunos datos interesantes que sabía sobre los tiburones.
- Vayamos a ver otra exposición -dijo el niño sin dejarlo terminar su explicación al tiempo que tomaba nuevamente a su madre de la mano para llevarla al área donde se encontraban las medusas.
En la nueva sala había menos personas que en la anterior, por lo que apenas entraron Trunks corrió y se acercó lo más posible al tanque central, el nado lento y suave de la medusa moteada era casi hipnótico, pero no lo suficiente como para que el pequeño no escuchara nuevamente la voz de 17 a su lado, explicando algunas curiosidades sobre el espécimen frente a sí.
Bulma sonrió levemente al advertir los esfuerzos del androide por ganarse la simpatía de su hijo, jamás habría pensado que aquel pudiera interesarse en algo semejante, pues creyó que durante ese encuentro él centraría su atención solamente en ella, por lo que le resultó sumamente agradable que no fuera así e hiciera el intento de incluir también al pequeño.
A pesar que Trunks parecía no prestar atención a las explicaciones de 17, él seguía hablando de las características de cada animal marino que veían, tras un rato el androide decidió guardar silencio creyendo que no tenía caso lo que estaba haciendo. Unos minutos más tarde para sorpresa de éste y de Bulma, Trunks comenzó a formularle toda clase de preguntas sobre los peces que estaba viendo. Tras sonreírle discretamente a la peliazul, 17 comenzó a responder los cuestionamientos de su interlocutor.
Para cuando el largo recorrido finalizó, la antipatía de Trunks por 17 parecía haber desaparecido. Tras abandonar el acuario, el niño le pidió a su madre ir al parque que se encontraba cerca, ella miró a su acompañante y aquel indicó con un gesto que estaba de acuerdo, así que los tres se dirigieron hacia allá.
Habían dado ya unas cuantas vueltas por el lugar, cuando de pronto el semi-saiyayin los tomó a ambos de las manos y los hizo correr para alcanzar al vendedor de helados. Después de comprar los barquillos se sentaron en una banca a comerlos. A menos de un metro, unos niños más grandes que Trunks comenzaron a jugar con un balón y en un momento este salió disparado hacia la cara de este último, quién de inmediato comenzó a quejarse, no por el golpe si no porque la pelota había tirado su barquillo. 17 se volvió hacia los responsables y fijo su fría mirada en ellos.
- Lo sentimos, no quisimos pegarle a su hijo -dijo el dueño del balón dirigiéndose al ojiazul mientras salía despavorido con el resto de su grupo.
- No pasa nada, te compraré otro helado -soltó la mujer a Trunks al ver el puchero que comenzaba a formarse en su cara- ¿Y tú quieres algo más? -preguntó al joven quien negó de inmediato- Bien, regresaré enseguida.
- Oye, quita esa cara -exclamó el pelinegro al ver la expresión triste del pequeño.
- Es que tiraron mi helado -se quejó nuevamente el niño.
- Si, pero tendrás otro, deberías estar agradecido por eso -Trunks se volvió a mirarlo confundido- Eres muy afortunado, tu madre puede comprarte todos los barquillos que quieras, no todos los niños tienen esa posibilidad.
- ¿Por qué? -preguntó el niño mirando fijamente al androide.
Este le explicó entonces que la mayoría de las personas no provenían de familias importantes y adineradas como la suya, que existían niños que no tenían juguetes, ni comida suficiente, o incluso que eran huérfanos, que él tenía la suerte de tener muchas cosas y que debía aprender a valorarlas y no quejarse por tonterías. A lo lejos Bulma miraba la escena, 17 estaba hablando con Trunks quien se veía bastante pensativo.
- ¿Todo esta bien? -preguntó la mujer cuando se reunió de nuevo con ellos.
- Si, gracias mamá -respondió el pequeño abrazándola. Ella se volvió extrañada a mirar al ojiazul quien solo se encogió de hombros.
Al terminar su barquillo, Trunks se levantó de la banca y se fue a jugar con un grupo de niños que se tiraban un frisbee entre ellos.
- ¿Que le dijiste? -preguntó la científica una vez que se quedaron a solas.
- Nada importante.
- A mi me parece que si -insistió ella- Pero si no quieres decirme, esta bien.
- Solo quise que viera lo afortunado que es -soltó el androide tras unos minutos- Le conté algunas cosas y parece haberlas comprendido, es un niño muy inteligente, igual que su madre.
Bulma le sonrió al escuchar el cumplido y no ahondó más en el tema, intuía lo que el androide le había dicho a su hijo, pues en la ocasión en que estuvieron en la reserva, 17 le contó sobre su difícil pasado, todas las carencias que tuvo y que lo llevaron a volverse un delincuente. Discretamente tomó la mano del joven y la estrechó unos segundos a manera de agradecimiento, él se volvió a mirarla y una leve sonrisa se dibujo en su rostro.
El resto del paseo transcurrió con tranquilidad, de vez en cuando 17 miraba a Bulma y al pequeño de cabello lila discretamente, la disculpa del niño que tiró el barquillo del semi-saiyayin seguía dándole vueltas en la mente, por lo que comenzó a preguntarse si así sería ser padre.
Esa cuestión no lo dejo durante un buen rato, pues en varias ocasiones Trunks tomaba su mano y la de Bulma para mostrarles algo, y probablemente eso haría pensar a más de una persona que eran una familia, lo cual encontró que lejos de disgustarle le resultaba extrañamente agradable.
La noche ya estaba cayendo cuando el paseo llegó a su fin, los tres caminaron hacia el mismo sitio donde se habían encontrado horas atrás.
- Quiero irme volando a casa -dijo el pequeño al observar que la científica se disponía a desencapsular su aeronave. Bulma lo miró con intención de negarse y al advertirlo este se volvió hacia el androide- ¿17, puedes llevar a mi mamá?
- Si ella esta de acuerdo, por mi está bien -respondió él sorprendido por la petición.
- Genial -exclamó emocionado el pequeño alzándose unos metros en el aire.
Bulma miró a 17, este se aproximó y rodeó su cintura mientras ella se abrazaba a sus hombros. El viaje hasta la Corporación resultó demasiado largo para ambos, pues sin querer la mano del androide que se encontraba en la cintura de la peliazul estaba rozando su piel desnuda, ya que la blusa de la mujer se había subido un poco por la velocidad que llevaban. Ese ligero contacto físico, basto para traer a sus mentes el recuerdo de esa tarde en la reserva.
La científica trató de pensar en otra cosa que no fuera la presión de los dedos de 17 sobre su piel, él a su vez intentaba bloquear de su mente la cálida sensación que experimentaba con el pequeño roce, más todos sus esfuerzos eran vanos, sus cuerpos rememoraban las caricias vividas, sus labios anhelaban encontrarse de nuevo, y a la vez ambos se avergonzaban de aquellas poderosas sensaciones, no era el momento ni el lugar para desearse con tanto fervor.
Por ello, los dos respiraron aliviados cuando llegaron al jardín de la edificación amarilla, apenas se separaron pudieron advertir el ligero rubor en las mejillas del otro y supieron que sus pensamientos y sentimientos estaban enlazados.
- Adiós 17, me divertí mucho -dijo el niño al tiempo que comenzaba a correr hacia el interior de la casa.
El androide agitó levemente su mano y luego se volvió hacia Bulma. Se miraron como tantas otras veces, perdiéndose en los ojos del otro y diciéndose todo sin palabras, con una timidez impropia de él, 17 se aproximó y rozó la mano de la mujer a manera de despedida, luego emprendió el vuelo mientras la científica lo seguía con la mirada.
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Notas de la autora:
Vaya, poco más de un año sin actualizar esta historia. No me di cuenta de como pasaba el tiempo, ni de cuanto hacía que no escribía, creo que ya lo extrañaba, o quizá solo es el exceso de tiempo libre en esta pandemia, aún no lo descubro bien, por eso quiero comentarles de una vez, que la verdad no sé cuando subiré un nuevo capítulo y tampoco si llegaré a terminar este fanfiction, pues le perdí el interés hace tiempo al ver la escasa respuesta de los lectores, pero últimamente me volvió el amor por esta pareja así que decidí darle una última oportunidad y retomar este trabajo, ya veremos que pasa.
Muchos saludos a todos.
