Segunda Oportunidad
Capítulo Siete
Peter acompañó a Charles hasta la pista de aterrizaje que funcionaba donde Kurt Marko había construido un bunker en el pasado. Mientras que el joven mascaba un chicle, el telépata se mantenía en silencio, ensimismado en sus propios pensamientos. Recordaba la noche que había conocido a Erik al rescatarlo de altamar. En ese momento lo había desesperado su mente abrumada por la sed de venganza, tanto que se había arrojado al agua para salvarlo.
Al fundirlo en un abrazo para subirlo a la superficie, rozó su mente y sintió una historia cargada de emociones y dolor. Erik era intenso pero sincero y frontal y había sufrido más que lo que muchos soportarían en una vida entera. Esa mente y ese corazón tan especiales y torturados lo conquistaron. Cuando pudo al fin sacarlo del agua, mientras atendían a Erik en el barco, Charles se acercó a hablarle. Encontraron afinidades enseguida a pesar de sus vidas diferentes y con el correr de los días se enamoraron.
Charles nunca había estado enamorado antes. Lo habían atraído mujeres esporádicas que conoció en la universidad o en los pubs, pero no había vivido hasta ese momento un verdadero romance. Con Erik, en cambio, su existencia se transformó y se amaron apasionadamente. Crearon un vínculo que transcendía el aspecto sexual y estaba cargado de afecto y respeto mutuo.
Charles todavía se ponía trémulo al recordar cuando el torbellino de Reptil hizo tambalear la nave en la que volaban y Erik lo sujetó contra el techo para que el telépata no se dañara. Había leído sin querer que aquella era la primera vez que Magneto utilizaba su mutación para proteger a alguien y eso lo emocionó. Por tal motivo ahora Charles se planteaba por qué horas más tarde le dijo que ya no podían seguir juntos. Recordaba que estaba en los brazos de Erik, herido de una bala accidental que su amante había desviado erróneamente, y el rencor por la venganza hacia Shaw y el dolor que había sufrido dentro de la cabeza del nazi hicieron que le espetara sollozando: "No, mi amigo. Ni tú ni yo buscamos lo mismo."
Pudo observar con detalle la mirada apesadumbrada de Erik al ver cómo el mundo y el futuro que había soñado con Charles se derrumbaban a pedazos. El telépata no se conmovió en ese momento y meses más tarde prefirió autocompadecerse, hundiéndose en el alcohol y el resentimiento.
Hoy Charles veía las cosas desde otra óptica y así como se había dado una oportunidad a sí mismo, quería dársela a su relación con Erik, y esperaba que Magneto se sintiera igual.
-¿Cuánto crees que falte? – preguntó Peter, mientras miraba impaciente su reloj pulsera y sacudía las piernas -. ¡Estoy tan ansioso!
Charles sonrió. El muchacho era muy parecido a él de joven con su inocencia y seguridad de que podía cambiar el mundo.
-Lo extrañas, ¿cierto, Peter?
Peter parpadeó sin entender.
-¿A mi padre? ¡No! Si es la segunda vez que lo veo y ni siquiera me reconoce, Charles. Todavía tengo que ver cómo reacciona.
-Sabes a quién me refiero – enfatizó el telépata -. Todo el tiempo estuviste alterado desde que partieron, pude sentirte, pero no por tu padre sino por Logan.
Peter pasó saliva y asintió, mientras guardaba las manos en los bolsillos de su vaquero.
-Sabes, Charles – bajó la cabeza, le costaba abrirse pero el telépata le inspiraba la confianza para confesarse -. Lo que te dije la primera noche en la cocina de que no quería enamorarme jamás porque el amor trae problemas, cambió.
-¿Sientes que te estás enamorando de Logan? – Peter asintió seriamente. Charles volvió a sonreír condescendiente -. Sí, puedo palparlo sin necesidad de entrar en tu cabeza.
-¿Qué voy a hacer, Charles? – cuestionó, apesadumbrado -. Es que soy un inexperto para él y tendremos una hija.
-¿Eso no te alegra?
-Tengo miedo de fallarle – soltó el joven desde el corazón -. Tengo miedo de fallarle a Logan y de fallarle a mi hija otra vez. Logan me contó que me engañarán para secuestrarme. ¿Conoces la historia?
-Se me presentó cuando entré en su mente hoy – explicó Charles con tristeza -. Pero ni tú ni él tuvieron la culpa, Peter. Te engañaron, o, mejor dicho, te engañarán no porque seas torpe o ingenuo sino porque saben lo que significa Logan para ti.
Peter se frotó los ojos. Quería llorar y le costaba contenerse.
Charles le extendió las manos y se fundieron en un abrazo. El muchacho sintió mucho alivio y se dio cuenta de que el telépata lo entendía.
Oyeron que el avión se aproximaba y el techo comenzaba a abrirse.
Dentro de la nave los tripulantes ya se habían ajustado los cinturones. A Erik el efecto de los analgésicos le había dado sueño pero la ansiedad por reencontrarse con Charles era mayor y lo mantenía en alerta. Logan observaba por la ventanilla. No le caía bien que Charles lo hubiera detenido cuando se disponía a atacar a Haller. Sin embargo, ahora estaba convencido de que Peter lo estaba aguardando abajo y la idea lo entusiasmaba. Moría de ganas por verlo.
Jason estaba tieso en su asiento sin dimensionar todavía la hazaña que había realizado: había dejado atrás a una familia que no lo comprendía para unirse a gente extraña que sentía que era como él.
Raven y Hank estaban cansados y querían llegar a casa para bañarse y comer algo. Claro que primero Hank tendría que chequear a todos y atender a Magneto.
El avión aterrizó sin inconvenientes. Charles y Peter esperaron a que se apagaran los motores para acercarse. La escotilla se abrió y bajaron primero Raven con Jason, luego Logan y finalmente Hank cargando a Erik.
Peter no pudo resistirse y corrió a saludar a Wolverine. Lo abrazó efusivo y apretó con fuerza. Al sentir su cariño, Logan olvidó su encuentro con Haller. Si tenía a Peter allí con él, no valía la pena amargarse por ese médico.
Charles seguía con la mirada atenta a su antiguo amante en brazos de Hank. Cuando bajó el último escalón, Beast ayudó a Erik a incorporarse y Magneto permaneció apoyado sobre el pie de la pierna sana y el cuerpo recargado contra el hombro de Hank.
El telépata le sonrió con una mezcla de alegría y también de culpa. Que Charles Xavier sintiera remordimiento era demasiado, pensó Erik porque conocía su arrogancia y cuánto le costaba, a veces, reconocer sus errores. Esto hablaba de lo mucho que Magneto significaba para él.
-Bienvenido a casa, Erik – lo saludó con los ojos enrojecidos. Extendió su mano y le acarició el brazo enfermo. Erik le contestó con una sonrisa -. Hay mucho que reconstruir, pero juntos. . .
-Juntos podremos cambiar el mundo – concluyó Magneto -. Era lo que yo pensaba cuando reclutábamos a los primeros mutantes y nos enamoramos, Charles. No me leías la mente pero te transmitía esa idea – el peso del cuerpo en una sola pierna le molestaba e hizo una mueca.
-¡Peter! – llamó Charles al notarlo. No le gustaba interrumpir el abrazo entre el joven y Logan pero lo necesitaba -. Las muletas que te pedí.
-¡Cierto! – exclamó el muchacho y fue y volvió con un par de soportes que Charles solía usar cuando el suero dejaba de hacer efecto y aun no se inyectaba -. Aquí está, hum – dudó cómo llamarlo -, Erik.
Erik tomó las muletas y Hank lo ayudó a equilibrarse. Peter permaneció rascándose la cabeza, pensando que tenía que haberlo llamado papá pero estaban junto a un avión y no sabía que podía pasar con el metal si Magneto se alteraba con la noticia.
Logan se acercó al muchacho y le apoyó la mano en el hombro afectuosamente.
-Vamos, Peter. Hank, Raven – les recordó -, dijimos en el avión que atacaríamos el refrigerador cuando llegáramos.
La pareja entendió que Wolverine sugería dejar a Erik y a Charles solos y se retiró con él. Raven llevaba a Jason de la mano.
-Buenos días, Jason – lo recibió Charles al pasar a su lado.
-Buenos días, señor. . . ¿Espere? – lo miró confundido -. ¿Cómo sabe mi nombre?
"Estás entre amigos, Jason," le respondió mentalmente. El niño abrió los ojos como platos, había creído ser el único con semejante poder. "Mi nombre es Charles, puedes llamarme así. Ve a la cocina que hay helado y dulces. Pero antes come algo nutritivo."
El niño asintió. Charles tenía esa presencia que transmitía respeto y también confianza. Jason no sintió miedo sino curiosidad por conocer qué gustos de helado tendrían y se dejó llevar por Raven.
"Hay vainilla y menta granizada, que son los favoritos de Peter," le comentó Charles en la cabeza. Realmente se estaba divirtiendo con el diálogo mental.
El niño también y rio mientras se marchaba.
Peter se metió las manos en los bolsillo porque la presencia de Magneto lo intimidaba un poco. Después de todo estaba en Westchester para contárselo y ahora se sentía un tanto tímido. ¡Él! ¿Tímido? A veces ni Peter mismo se entendía.
"Platicarás con él más tarde," le sugirió Charles mentalmente. No necesitaba leerlo para sentir su confusión, se reflejaba en su carita. "Si necesitas ayuda, sabes que cuentas conmigo, Peter."
-Gracias – murmuró el joven y luego bufó. Tendría que habérselo agradecido mentalmente.
Charles le sonrió con complicidad y esperó a que el muchacho se marchara con el grupo para volverse hacia Erik.
-En el avión hacia París yo no estaba de buen ánimo – rememoró el telépata -. El pasado me acosaba – sin querer pensó en Logan y el esfuerzo que hacía por cambiar su historia con Pete; tal vez, ya era hora de que él hiciera lo mismo -. Mucha agua corrió debajo del puente que construimos, Erik. Tenemos una nueva oportunidad y yo quiero que podamos empezar, si estás de acuerdo.
Erik lo escuchó atentamente y respondió.
-Tenemos que hablar largo y tendido, Charles. Es una década que no pasó en vano, hubo un motivo por el que me dijiste que no tendríamos que seguir juntos y hay muchos para reconstruir nuestra relación.
-Será mejor que entremos, necesitas descansar.
Magneto se mostró de acuerdo y se dirigieron hacia el ascensor: Charles maniobrando su silla y él dando brincos cortos y precavidos, ayudados por las muletas.
Erik quedó sorprendido y feliz al ver que lo acompañaba hasta su vieja recámara y le abría la puerta. Nada se había tocado desde la última vez que había dormido allí ya diez años atrás. Lo maravilló lo limpia y ordenada que estaba.
-Teníamos un grupo de personas que venían a limpiar una vez por semana – explicó Charles. Con la vida ermitaña que había llevado, Erik imaginó lo que le habría costado soportar la presencia de extraños en la casa haciendo la limpieza. Luego, suspiró al confesar -. Yo les pedía que mantuvieran esta habitación igual, no sé por qué, Erik, ya que hasta hace poco no pensaba darte asilo nuevamente.
Magneto entró. Se percibía olor a encierro y humedad aunque no tan intensos como debía haber habido. Corrió las cortinas y abrió el ventanal para que entrara el aire puro de los jardines. Después de tanto moverse a brincos, se acercó a la cama y se sentó con cuidado. Charles se acercó solícito a retirarle las muletas y le extendió las sábanas para que se acostara allí. Luego lo ayudó a recostarse y cuando lo notó cómodo, lo cubrió.
Erik lo miró a los ojos. Pensaba emocionado que él debía haber tratado así a Charles cuando quedara inválido pero fue el propio Charles quien quiso separarse y de esa manera se alejaron tanto tiempo. El pensamiento era muy fuerte y el telépata lo leyó.
-Necesitamos platicar cuando descanses, Erik – le recordó con una sonrisa -. Hank vendrá enseguida a hacerte un examen general y te traerá algo de comer.
-¿Cocinado por él? – bromeó Magneto sarcástico.
-Cocinó durante la última década y créeme que aprendió.
Los dos rieron frescos como diez años atrás. Charles le apretó la mano sana con cariño y se retiró. Erik quedó acostado y observando la habitación. Había recuerdos felices tras esos muros y ahora la esperanza de reconstruir la relación.
Charles se dirigió a su despacho. Por el camino pasó por el comedor y vio que los cinco estaban comiendo. Observó con interés a Jason, el pequeño era taciturno y se encontraba en una punta de la mesa, alejado del grupo, sin embargo, percibió su mente tranquila. Peter se había unido y tras convidar parte de su helado al niño, ahora disfrutaba de un paquete de papas fritas. Charles sacudió la cabeza sonriendo, al joven le costaba todavía adaptarse a la "comida saludable" cien por ciento. Se encerró en su despacho y media hora más tarde, Logan tocó a la puerta. Charles lo invitó a pasar.
Con el encuentro de Peter, Wolverine se había calmado pero seguía enojado con el telépata por no haberlo dejado acabar con Haller.
-Sabes que ibas a cometer un asesinato – fue lo primero que Charles le dijo, dejando su postura asentada. Alejó la silla del escritorio para acercársele -. Piensas que lo mío fue un atrevimiento pero el conocimiento del futuro no te da derecho a ajusticiar personas en base a lo que puedan llegar a hacer más adelante.
-Estabas en mi mente, Charles – rebatió Logan con bronca. Trataba de mantener las manos abiertas para no sacar las garras -. Supiste lo que ese monstruo le hará a mi familia.
-Escucha, amigo – contestó el telépata con calma -. Tanto tú como yo estamos inmersos en esto con la esperanza de que el porvenir puede cambiar. Lo que ibas a hacer, vengarte de alguien por el crimen que pudiera cometer en el futuro, va en contra de la esperanza que los dos sostenemos.
Logan sacudió la cabeza. Odiaba ahora y odiaría en el futuro cuando Charles tenía razón y le argumentaba con sabiduría. Se retiró a un sillón y se arrojó en él.
-¡Viste lo que ese monstruo le hará a mi familia, Charles! – repitió, rechinando los dientes. Le costaba contener la furia -. Nos mintió a Peter y a mí.
-Les mentirá en el futuro pero si se cambia. . .
Logan se puso de pie con los puños cerrados. Estaba envuelto en la cólera y llevó uno cerrado hacia una pared y abrió el tapizado con las garras. Charles se echó hacia atrás, asustado con su violencia y se arrepintió de haberle refutado con un tema tan sensible. Wolverine se apartó del muro y suspiró profundo. De a poco, fue abriendo la mano y ocultó las garras.
-Lo siento – se arrepintió tarde el telépata. Con toda su empatía, en veces como esta, no sabía ponerse en el lugar de los demás -. Lo siento, Logan.
Pero Logan no lo oía, simplemente pensaba con angustia en el recuerdo más doloroso.
-Cuando le conté a Peter lo que nos pasaría no me atreví a decirle eso, Charles – confesó -. Eso que leíste en mi mente, es lo que único que no puedo expresar con palabras – lloró -. Es demasiado para mí y solo yo lo descubrí.
Charles no supo qué decirle, podía sentir su sufrimiento y era desbordante. Pero no podía consolarle porque el dolor era demasiado.
Wolverine se secó los ojos y se retiró. El telépata se sintió incapaz de ayudarlo. Logan caminó sin rumbo y salió al jardín. Hank había comenzado a limpiarlo pero había maleza y se internó en ella, mientras los yuyos crecidos le rasgaban los brazos. Gritó y se agarró el cabello, luego se hincó de rodillas llorando su rabia e impotencia.
Peter lo vi salir y con su velocidad llegó hasta su lado. Logan podía atemorizar con sus gritos pero a él no le provocó miedo, sino pena y sin pensar que podía reaccionar instintivamente y descubrir sus garras, lo abrazó. Wolverine quiso apartarse pero la fragancia del joven lo envolvió y lo fue calmando. Peter le apoyó la mejilla sobre la cabeza y apretó los ojos. Logan dejó de tensar los dedos y fue escondiendo las uñas. Lloró pero la presencia del joven lo consolaba. Tenía el secreto carcomiéndolo y se mordió los labios.
-Lloras por lo que vamos a sufrir – suspiró Peter con tristeza -. ¿Crees que el futuro no se puede cambiar? Mira, Logan. Ahora que sé lo que ese militar, Stryker, va a hacerme, me cuidaré y tú no vas a dejarte engañar y viajar a la mansión. Vamos a proteger juntos a nuestra hija, ¿sí?
Peter era tan inocente y tan optimista que conmovía. Pero Logan no estaba en condiciones de conmoverse. Se secó los ojos y al principio quiso incorporarse para no permanecer así, patético de rodillas, pero sentir el calor del joven le hacía bien y prefirió no moverse.
Peter continuó.
-¿Sabes lo que más me duele? No saber acompañarte, Logan – suspiró -. Soy impulsivo y me cuesta contenerme pero voy a aprender a hacerlo por ti. Ahora que sé que no tendré que ser precipitado, voy a medirme antes de hacer las cosas, voy a cambiar desde ahora por ti y por Laura. No va a pasarnos nada, te lo prometo.
Logan le apretó la mano. Su voz, su promesa, su tacto, su olor, todo ayudaba a sosegarlo. Iba a amar a Peter en el futuro pero sentía que lo estaba haciendo ahora. El joven tenía ganas de abrirse con él porque percibía a Wolverine como una persona especial. Estaba manteniendo los labios sobre su cabellera oscura pero quería tenerlos sobre su boca. Acababa de prometer que no iba a seguir siendo impulsivo pero ya no pudo contenerse. Bajó la cabeza y lo besó. Logan se sacudió un segundo porque no se lo estaba esperando pero era eso justamente lo que necesitaba. Abrió la boca mas Peter era inexperto y chocó los dientes. Rio bajito y Logan lo abrazó. Se miraron y el joven seguía sonriendo.
-Te amo, Pete.
-Quiero besarte pero es mi primera vez, ya sé, suena tonto y cursi. . .
-Entonces, bésame, pero tienes que abrir más la boca.
Peter asintió. Logan separó apenas los labios, invitándolo a tomar la iniciativa. El muchacho juntó aire y apoyó la punta de los suyos contra los de Wolverine, quiso cerrarlos pero recordó el consejo y mantuvo la boca abierta. Metió apenas su lengua y rozó los dientes de Logan. Volvió a reír nervioso y se apartó.
-Perdón – se disculpó entre risas -. Debió haber sido tu peor beso.
Wolverine sacudió la cabeza.
-No, muchacho. Este ha sido el mejor, el único que me consoló del dolor más grande que tengo. ¿Quieres que sea el primero de muchos más?
Peter lo abrazó.
-No quiero que nos separemos nunca.
-No lo haremos – replicó Logan y suspiró. Charles tenía razón: aquí estaba la oportunidad de cambiar el futuro y ser feliz con Peter y salvar a Laura.
…
Dentro del despacho, Charles observó unos apuntes de un nuevo libro de genética que estaba leyendo, tenía intención de continuar tomando notas pero su cabeza estaba en otra parte. Ahora Erik había regresado a Westchester y se abría una nueva oportunidad. La esperanza que tenía Logan de cambiar su porvenir le daba ánimos para transformar la relación con Magneto. Sin darse cuenta, se acarició el vientre y dejó que una lágrima le rodara. Él también tenía un secreto triste.
…
