Título: Un bibliotecario con complejo de mago

Género: Hurt/Comfort/Drama

Palabras: 2023

Tipo: Oneshot

Advertencia: AU. Universo Alternativo.

Aclaraciones: Todo esta en POV de Sasuke. En esta historia Sasuke tiene 23 años y Hinata 18 (¿pedofilia? Tal vez ;v, okno). Los puntos suspensivos [...] indicaran cambio de escena, y/o espacio tiempo. Los párrafos en cursiva son recuerdos.


【SasuHina month 2017】:

Day ⑹- Biblioteca.

「Sin las bibliotecas, ¿qué nos queda?; no tendríamos pasado ni futuro.」

—Ray Bradbury


Muchos piensan que la vida de un bibliotecario es aburrida, y ciertamente, están en todo lo correcto.

Llevo poco más de un año ejerciendo este "trabajo" y la verdad es que preferiría comer tomatillo(1) por el resto de mi vida que seguir aquí.

Y, como se nota, yo no pedí estar laborando en este lugar. Si no que mi padre y hermano me obligaron porque, según ellos, esto me enseñaría más responsabilidades.

—Tonterías—bufo molesto. Mientras recargo mi mano en mi mandíbula y el codo en el escritorio.

—Aquí nunca sucede nada.—digo a un montón de libros a mi alrededor.

No mentía, desde que llegue solo veo a nerds devorando escritos y uno que otro vándalo intentando hacerse el "hombrecillo".

Más de una vez he intentado liberarme de esta condena, siendo detenido por uno de los agentes de mi progenitor, quienes me "acompañan" -cargan- de regreso sin ninguna compasión.

—Tendré que ponerme creativo.—menciono la nada, estudiando mis extremidades.

La quincuagésimo séptima vez era la vencía, tenía que serlo.

Sin más me quite el bobo delantal que me obligaba a usar y salte sobre el escritorio con dirección a la área de Escapes, magia y hechizos. Seguramente ahí encontraría algo que pudiera ser de ayuda. Pudiera haber usado mi celular y el internet, pero se me fue confiscado la vigésima primera vez, por lo cual solo tenía mi ingenio y este montón de letras para huir.

Pase por la sección de ciencia e humanidades, era un recinto enorme para ser una simple biblioteca. Tenía más de treinta pasillos y cuatro pisos que cualquiera bien se perdería. Doble a la derecha en la división de cocina, y ¡bingo! Estaba en frente de lo que seguro me llevaría hasta la salida.

Tome el libro "Escapando como Harry Houdini", si este sujeto pudo escapar de la muerte, obviamente me ayudaría irme sin ningún problema.

De regreso a mi "puesto", vislumbre a una joven enfrente del mueble.

—¿Se te ofrece algo?—pregunté golpeado, no tenía tiempo que perder con una cría que no sabía leer el mapa sobre la distribución del local.

—S-si—con una voz poco audible contestó—Quisiera solicitar una credencial...—finalizó en susurro.

Puje molesto, más trabajo.

Brincando volví a mi asiento y escuche como la chica daba un grito asustada.

"Tonta", pensé burlesco. Era su culpa por obstruirse en mis planes.

La mire más de cerca, portaba el uniforme de una de las mejores preparatorias del país con camisa y saco manga larga junto con una falda bastante larga para mi gusto, se veía que el uniforme no era de su talla. Su cabello era negro y largo, tenía la cabeza agachada, sosteniendo su mochila en su pecho, lo que me impedía ver su rostro, aunque sinceramente no importaban.

—Nombre completo, dirección y teléfono.—demande seco, sacando una libreta, pluma y lo que sería su credencial.

La chica tardó un poco en procesar los que le dije y cuando lo comprendió, se empezó a poner nerviosa y terminó tirando su mochila y todas sus cosas.

—Torpe—le dije, sin inmutarme a ayudarla.

La estudiante no se quejó ante mi insulto, solo dijo un ligero "lo siento" y recogió todo sus útiles.

—M-mi nombre es Hyûuga Hinata.—mencionó con atropello.—Y...está es mi dirección.—me dio un recibo que contenía sus demás datos.

—Mmm...—transcribí los datos, más aún faltaba el rubro de número.—Dame tu celular.—ordene tajante.

—N-no tengo...—contestó vacilante.

—Lo necesito par terminar el maldito formato, dámelo.—exigí irritado.

—E-enserio señor bibliotecario, no tengo.—sus palabras flaqueaban, parecía que iba a llorar en cualquier momento.

—Vamos niña, no quiero tu numero para mi, es el mugre formato. Coopera.—sentencie alzando la voz cada vez más.

—P-...perdone...—dijo con un hilo de voz.

Azote mis puños en el mueble y me giré a verla, encontrándome con unos ojos más blancos que la luna al borde del llanto.

Rayos!", maldije por dentro.

Odio el ruido de las personas al llorar y si mis padres se enteran que hice llorar a otra mujer me van a matar.

—Está bien.—suspire cansado—Aquí está.—le extendí el pequeño papel plastificado.

Le di la espalda ignorándola y escuche un pequeño "gracias".

Ahora sí, a concertarse en lo importarte: mi gran escape.

...

Pese a que mi plan no tenía ningún fallo, no se como Itachi se enteró antes y, como era de esperarse, mandó un gran séquito de guardias y policías para evitar la fuga. Me dio un ultimátum, privandome de herramientas para mí salida.

Así que no me quedaba otra que seguir sus reglas, por el momento.

Recline mi asiento hacia atrás, subiendo mis pies al escritorio, cruzándose de brazos. Al parecer tendría que soportar está monotonía, y encontrar algo divertido que hacer.

Sin embargo, en este montos de hojas, polvo y letras no había nada que llamase mi atención. Y claro, ponerme a sacudir o arreglar los estantes no era una opción.

Gruñí harto. Ojalá ya fueran las siete para irme a casa.

Cerré mis ojos para dormir un poco, de todas maneras a esta hora no venía nadie.

A punto de caer rendido, oí el suave, pero insistente ruido de golpes contra la madera.

—Emm...disculpe—una voz femenina sacudió mis sentidos.—Señor bibliotecario...—pese a que el tiemble de su voz era delicado, seguía siendo pertinaz.

Con pereza entre abrí uno de mis ojos, aún con mi última posición, y encontré a la cría de la otra vez, agarrando un par de libros.

—Tsk.—aprieto mis dientes con molestia.—¿Qué quieres?—

—Yo...—vacila en su hablar,—quisiera llevarme estos libros, por favor.—pide extendiendo los ejemplares, inclinando su rostro.

—Molestia.—musito satírico, tomándolos de su mano con mala gana.

Hago el papeleo pertinente, sello las últimas páginas y...

—Dame.—ordenó sin verla.

Algo aturdido reacciona, y haciendo malabares saca de su mochila su credencial.

—Tonta.—repetí aquel insulto, y de soslayo vi temblaba levemente.

—Ok, aquí está.—le devolví los libros y el carnet, no sin antes ver los títulos.

El temor de un hombre sabio y El Bosco, menudos libros para una princesa.

—Gracias.—con una pequeña reverencia agradeció y se fue sin más.

"Si que es rara", me dije.

...

Había cancelado mis intentos de escape, no por la palabras de mis padres, o la seguridad extra que había puesto, sino porque quería ganarme su confianza y así esperar el momento exacto para salir de aquí.

Fingía hacer mis quehaceres y hasta atendía de buena manera a los usuarios, claro, en mi mente los insultaba al ser tan indoctos que ni un pasillo podían encontrar.

En cuanto a esa chica...

Últimamente ha venido más veces de las que puedo contar, -y no es que lo haga-. Siempre viene y lee algo de diferentes secciones, a la semana se lleva un par de libros y los regresa la siguiente.

—Disculpe.—era ella de nuevo, extendiéndome otro par de tomos.—Podría...—empezó, más no la deje terminar pues ya sabia de que se trataba.

—Si, si.—intervine, quitándole los libros y registrándolos.—Toma.—dije entregándoselos.

—Gra...—ahí estaban otra vez sus estúpidos agradecimientos;

—Oi, deja de agradecer, tonta.—espete con desasosiego.

—Lo...—no, si odiaba algo más que sus agradecimientos, eras sus absurdas disculpas.

—Cállate.—ordene, y pude escuchar un "sup" como hipo de sus labios.—¿No te cansas tanto de agradecer y disculparte? Eres una Hyûuga, deberías tener más educación.—declare examinado la detenidamente.

Sí, sabía sobre su estirpe. Ya que mi familia también era importante -que el estuviera ahí era por capricho de los mismos-. Debido a eso, conocía a los Hyûugas, su distintivo rasgo ocular, y la reconocía personalidad fría; todo lo contrario a niña frente a sus ojos.

—Yo...—comenzó a hablar, empero guardó silencio.

—Vamos, habla. Me aburro.—incite juguetón.

—Lo soy, pero...—pronunció, tocándose la muñeca derecha mientras aún cargaba los libros.

Aprecié más de cerca su muñeca, viendo pequeñas marcas no muy amigables.

—Mm...—até cabos, no era gran ciencia lo que significaba.

Saque de una bagueta bajo mi mesa y arroje un ejemplar por encima.

—Léelo, tal vez te sirva.—dije como si nada. Y me fui de ahí.

...

Al día siguiente, volvió, como de costumbre.

—T-tome.—me dio un obento finamente envuelto en una tela azul.

—¿Qué es?—interrogue alzando una ceja.

—Oniguiris.—respondió—S-si quiere...puede tirarlos—agregó, para después correr de ahí.

Algo sorprendido destape el recipiente y si, efectivamente eran viñas de arroz.

"Está prohibido comer en la biblioteca", medite, "Pero que diablos, a quién le importa", exclamé por dentro y metí una de las bolas a mi boca.

Sorpresivamente sabían bien, pudieran ser hechos por uno de sus chefs, aunque juzgando sus acciones de ayer; era imposible.

Termine toda la comida, y sin cuidado coloque el obento a un lado.

Pasaron las horas, y la chica regreso. Pareciera que estuviera en una especie de debate interno, para ahorrar toda esa molestia, hable:

—Para la otra, quiero tomates. Y recuerda, odio lo dulce.—señalé donde estaban los trastes y me giré como si nada.

Al menos tendré comida decente en tanto planeo mi escape, pues padre me había quitado los privilegios de comida cuando se enteró que estaba huyendo vestido de repartidor.

...

Al paso de las semanas la chica Hyûuga me explicó más sobre su vida. Como me imaginé, era maltratada por su familia. Y su personalidad tímida y sumisa reflejaba eso.

Además, teníamos más cosas en común de lo que imaginaba.

Casi todo el tiempo se la pasaba leyendo en silencio a mi lado, le conté un poco sobre mi situación y sonrío algo irónica por mí predicamento;

—Si, tal vez no sea tan malo como lo que sufres; pero odio estar preso.—explique girando mi cabeza.

—Disculpe.—se excusó divertida—Y le entiendo, a mi tampoco me gusta estar encerrada.—término, oscureciendo su mirada.

Otra veces comíamos juntos, aunque al principio ella se alteró al saber que comía en la biblioteca.

—P-pero, ¡aquí no se puede comer!—exclamó en voz baja.

—Claro que se puede, no ves lo que hago.—mencione mientras abría el obento.

—S-señor bibliotecario, ¡está mal!—regaño nervios.

—No.—sentencie.—Y si fuera así, tú tendrías la culpa; por darme almuerzos en este lugar.—comente con cizaña.

—P-pero yo no creí que usted...—incrédula rebatió.

—¿Creeias que me iba al baño a comerlos?—cuestione cínico.

—Ou...—hizo un mohín ante mi interrogante y suspirando abrió su parte.

Y algunas veces, me platicaba de sus sueños.

—Quisiera estudiar en Julliard...—comentó mientras leía un libro de la historia del arte.

—¿La escuela de arte?—pregunte con descuido.

—Si.—contestó acariciando una página con la pintura de Goya. Sus ojos perleados chispeaban al ver las imágenes y causaban una extraña sensación en mi interior.

No obstante, siempre estaba planeando mi salida de ahí. Y algunas veces, me ayudaba con los preparativos.

—¿No cree que es muy complicado?—preguntó sobándose la barbilla al ver mis planos.

—Puede ser, pero seguro será efectivo.—respondí orgulloso.

—Esto es muy al estilo de Houdini.—espeto.

—Me base en alguno de sus trabajos.—

—Pienso que es muy complicado y extravagante.—

—¿Como lo harías tu?—rete mordaz.

En contestación, me dio muchos puntos y consejos que la verdad, no tome en cuenta. Refunfuñe exasperado y ella sonrió contenta. Al menos me ayudará a no errar.

Había pasado más de medio año desde su llegada al recinto y hoy era el día en que haría mi escape del siglo.

Ella se encontraba a mi lado, alistando los últimos arreglos.

—Deseo que esta vez lo logre.—dijo, con una voz quebrada. Parecía que iba a llorar, la vi por un momento. Conocía su anhelo de ser libre igual que yo, podría llevarla conmigo, realmente fue algo que pensé hace unos días.

Lo haría, solamente si ella accedía...

—Ven conmigo.—propuse.

Nuestros ojos se conectaron, y supo que no mentía. Sonrió ligeramente y sacó una maleta de uno de los estantes.

—Esperaba a que me lo pidiera.—y luego río cantarina.

No pude reprimir un gesto de alegría, esa tonta era más lista de lo que creía.


Notas finales;

Como recompensa por mis anteriores trabajos decadentes les traigo un OS. Como ya había hecho much romance, ahora incluí drama y eso.

Sobre Sasuke...

El es un chico adinerado, pero realmente no quiere la vida de tanto atavío. No es rebelde en si, solamente quiere su propio camino. Estaba cursando el antepenúltimo año de la universidad en Economía y ciencias políticas, pero decidió que eso no era loq je quería y se salió. Itachi y Fugaku no estuvieron de acuerdo, así que para darle una lección lo mandaron de bibliotecario. Nuestro emo favorito solo quiere ser libre.

Y encontró a Hinata, es una estudiante de último grado sometía al mandato de sus familiares quien le exigen que estudie Finanzas y negocios internacionales; cuando lo que ella desea es estudiarlas artes.

El común denominador entre ellos es su amor por la libertad.

Y pues, imagínense el resto xD.

Ojo, aún no florece el amor como tal entre ellos. Si embargo, el apego que sienten es innegable; no es romance después de todo.

(1) Tomate verde. Lo contrario de tomate rojo.

Ahora sí viene lo bueno, mañana comienzan mis clases, así que a ver qué pasa xD

Mil gracias por su apoyo.

Nos leemos luego~

~Karolina Benett~