Se encontraban caminando en silencio. Por el rabillo del ojo la miraba con curiosidad. Esa chica estaba a punto de llevarlo a su reino y no estaba asustada. Ni el tampoco. Ni siquiera había dudo en aceptar su propuesta y acompañarla. Pero aun miles de preguntas surgían en su mente. Porque lo ayudaba? Porque se estaba arriesgando tanto? Pudo haberlo dejado morir en las manos de aquellos hombres lobo pero no lo hizo. Tal vez sentiría culpa si lo mataban?
-Porque me miras así? – pregunto Mimí mirándolo curiosa.
Se sonrojo.
-Por nada. Solo que en mi mente hay millones de preguntas que buscan respuestas. – miro hacia otro lado.
-Y pensaste que tal vez yo tengo la respuesta a un par de ellas, no?
Matt asintió.
-Está bien. Puedes preguntar lo que sea. No me molesta.
-Porque me ayudas? – la pregunta más importante ya fue hecha.
-Porque mi deber como princesa es ayudar a todo el que necesita ser ayudado – respondió seriamente.
-Yo no soy uno de tu especie para que me ayudes.
-No, no lo eres. Pero me recuerdas a alguien. A alguien a quien debo la vida – le sonrió dulcemente.
Una sonrisa fue suficiente para hacer que el corazón del rubio acelere.
-A quien le debes tu vida? – en su tono de voz se podía reconocer una pizca de celos.
-A un chico que me ayudo a escapar del palacio cuando tenía 9 años. Si no fuera por el… yo sería una más en esa sala.
No entendía. A que se refería con ser una más de esa sala? Y que sala? No se atrevía a preguntar. Era un tema muy delicado y seguramente el hada aun no tenía la suficiente confianza en el como para contarle algo tan importante.
-Y qué crees que pensaran los de tu reino al verme? – eso era otra pregunta que no le dejaba en paz.
-Es verdad – Mimí paro de golpe.
Lo inspecciono con la mirada y se acercó a él. Estando frente a frente, noto la diferencia de estatura. La chica tenía como unos 15 centímetros menos que él. Pero sabía que con un solo aleteo de sus hermosas alas podía llegar a tocar el cielo. Y allí seguramente no la alcanzaría. Sus pequeñas manos pasaron sobre sus hombros. Lo iba a matar con alguno de sus hechizos? Lo dejaría allí desmayado para que algún lobo lo coma de vivo? O tal vez lo iba a besar? Y para sorpresa del rubio, le puso la capucha de su capa en la cabeza.
-Eso será suficiente para que no te reconozcan. Si alguien te pregunta quién eres y porque usas capa, le dirás que eres un elfo de Noswish y que eres muy tímido. Entendido?
Matt asintió.
-Pero procurare de que no te separes de mi – le tomo la mano y empezó a caminar.
La chica era extraña. Le recordaba muchísimo a la niña que beso a los 9 años. El mismo cabello, los mismos ojos, los mismos rasgos faciales. Estaba seguro de que ella era. Pero había un pequeño detalle que omitía. No se acordaba de que ella tuviera alas a esa edad. No hubiera podido olvidar ese detalle.
-Mimí.
-Si? – la chica giro su cabeza para poder mirarlo.
-Cuando eras niña, tenías alas?
-Desde que tengo memoria tengo mis alas.
-Ah…
Entonces no era ella. No era la niña de aquella noche. Pero eran idénticas. Como dos gotas de agua. Solo que una de ellas tenía alas y la otra no.
-Pero – empezó a decir la castaña – puedo hacer que desaparezcan.
-Eeh? – la miro sorprendido.
-Si lo deseo puedo hacer que mis alas sean solo una marca en mi espalda.
Entonces era ella? Era la misma niña de ese dia?
-Así que es verdad que tenéis poderes mágicos… - susurro para sí mismo pero al parecer la chica lo oyó.
-Sí. Si tenemos. Cada hada tiene poderes distintos. Como las brujas y los magos.
-Tu que poderes tienes?
El semblante de Mimí cambio a uno serio.
-Es mejor que no lo sepas. – una pequeña sonrisa apareció en su rostro – llegamos.
Miro al frente. Su corazón empezó a latir muy rápido. Tal vez por el miedo o por la emoción. Todo era tan… tan diferente. Enfrente de él había un puente de unos 20 metros de largo. Estaba hecho de piedras multicolores. Ninguna piedra se parecía a la otra y ni que decir de los colores. Nunca había creído que existieran tantos. Al final del puente había un arco hecho de las mismas piedras que el puente. En él estaba escrito algo con algunos símbolos extraños. Suponía que sería el nombre del reino. Le impresionaba el hecho de que no existiera ningún muro protegiendo el pueblo. Tal vez si hay uno hecho de magia. Más allá de él se podía ver una especie de mercado, solo que este era mucho más colorido y extraño para él. Seres de diferentes formas y tamaños caminaban de un puesto a otro. Tenía curiosidad por saber lo que se vendía en aquel reino. Tras ese extraño mercado pudo ver con dificultad unas cuantas casas. Raras a decir verdad. Una de ellas estaba mal hecha, según él, porque le faltaba una pared. La pared de la cocina para ser más exactos. Pero lo que si podía ver con claridad era el castillo. Este tampoco tenía muros a su alrededor. Era grande. Muchísimo más grande que el de su reino. Era blanco. El blanco más limpio y brillante que puede existir en el mundo. Tenía grandes ventanales hechos de vidrio. Y eso era todo lo que se podía ver de él. Estaban demasiado lejos.
-Bienvenido a Castelmar. El reino de las hadas – Mimí le sonrió ampliamente al ver su cara de asombro.
Yamato quiso dar un paso al frente para pisar en puente pero la castaña le jalo el brazo.
-No pises el puente. Las sirenas se darán cuenta de que eres un intruso – le señalo el rio de abajo – es el mismo rio del bosque. Por eso te dije que no entraras en él. Cualquier humano que entre en el territorio de las sirenas serán seducidos por ellas para después convertirse en sus sirvientes.
Yamato trago en seco.
-Entonces como…?
-No respires. Pueden detectar a los humanos por su respiración.
El rubio asintió.
-Preparado? – la chica le apretó la mano fuertemente.
-Si – y cogió aire.
Y pisaron el puente. Empezaron a caminar rápidamente tomados de la mano. Pero Yamato nunca pensó que iba a servirle de algo contener la respiración, así que su resistencia era muy poco. Había pasado apenas 12 metros y él ya estaba a punto de ceder. Mimí lo supo en el momento en que siento como él le apretaba fuerte la mano. Se colocó delante de él y con su mano libre le tomo la barbilla. De puntillas, unió su boca con la de él. Ninguno tenía los ojos cerrados porque eso no era un beso. O eso era lo que querían pensar. Ella solo le estaba dando aire. Eso era todo. El contacto de sus bocas no duro más de medio minuto. Al separarse, Mimí lo jalo del brazo mientras corrían. Llegaron al otro lado del puente y el rubio empezó a coger grandes bocados de aire.
-Estas bien?
-Si – le daba vergüenza verla a la cara – Gracias.
-De nada – le guiño el ojo y miro al frente.
El también hizo lo mismo. Un escalofrió le recorrió la espalda. Centauros, enanos, trolls, ciclopes, arpías, brujas, magos, unicornios, fantasmas, ninfas, elfos, sátiros, duendes, gnomos, hombres lobo y muchos otros seres que el desconocía. Todos ellos existían. Verdaderamente existían. No eran mitos para asustar a los niños y tampoco vivían en los cuentos de fantasía. Ellos aún estaban vivos. Y eran muchos.
-No te asustes. No te harán nada. Estás conmigo, si?
El chico asintió algo inseguro. Dudaba mucho que la chica pudiera hacer algo contra todos esos seres pero esperaba que su don fuera uno superpoderoso como para poder usarlo en caso de emergencia. Por un momento algo tapo el sol, haciendo que el lugar estuviera en sombras. Rogaba al cielo que fuera solo una nube muy rápida. Pero para su mala suerte, al mirar hacia arriba lo vio. Un dragón gigante, verde que volaba sobre el reino. Si descubrían que era humano, estaba seguro que su cuerpo muerto estaría en el estómago de ese dragón.
-Tenemos que tener cuidado. Tal vez podemos pasar por este lugar sin que nadie te reconozca pero Cerbero se dará cuenta de tu presencia al olerte. Y Chupacabra también. Debes hacerte parecer uno de los nuestros – la chica puso una pose pensativa mientras lo miraba – Ya se! Sé cómo hacer que parezcas un verdadero elfo – lo último lo dijo en voz baja para que nadie la oiga.
-Cómo? – pregunto confundido. No le iba a lanzar un conjuro, no?
Mimí sonrió ampliamente.
-Colonia, ropa y orejas. Y sé exactamente dónde podremos encontrar cada cosa. Ven – lo cogió del brazo y empezó a arrástralo entre la multitud.
Yamato procuraba mirar sus zapatos e intentar esquivar a la gente sin alzar la mirada. No se podía arriesgar a que alguno lo reconozca como príncipe de Nelveska. Mimí era la encargada de arrastrarlo y saludar a todos los seres que la reconocían. Una sonrisa amable, una pequeña reverencia y unos Buenos días. Al parecer no se cansaba de hacer lo mismo. Se acordó de las veces que iba al pueblo a comprar algunas cosas para su padre. El nunca saludaba a nadie. Y no es que no quisiera hacerlo pero desde pequeño le enseñaron a tener esa aura de grande y no bajar la cabeza por nadie. Ella era totalmente lo opuesto a él. A ella le parecía una cosa insignificante saludar y sonreír. Si supiera que felices se ponen los demás al verla…
-Llegamos a la primera parada – habían parado enfrente de un puesto.
Sobre la mesa había diferentes cosas. Ranas rojas con rayas negras, pulseras con piedras multicolores, anillos hechos de madera, broches para el cabello con libélulas vivas, recipientes con pociones rosas y muchas otras que él no lograba entender.
-En que la puedo ayudar, su majestad? – pregunto un duende con una sonrisa maliciosa.
-Deja de llamarme así, Feli. Ya sabes que odio que me traten como de la realeza.
-Pero si usted es de la realeza, princesa.
-Aunque lo sea, deja de llamarme así. Soy solo Mimí.
-Por supuesto, princesa Mimí – la sonrisa en el duende se hizo más grande.
-No tiene caso – el hada suspiro frustrada – Necesito colonia de elfo.
-Uuuuuuu, nuestra pequeña princesa quiere oler a elfo? O es que quiere convertirse en uno y fugarse al mundo de los humanos con su amante? Ya sabes, es muy fácil esconder que eres elfo entre ellos. Solo tienes que taparte las orejas – dijo muy convencido Feli.
-No es eso. Nunca me fugaría de aquí. Y no es para mí. Es para el – señalo a su acompañante.
El duende miro atentamente a Yamato. El rubio sintió como miles de agujas se clavaban en su cabeza. Como si algo lo atravesara por dentro. Como si un intruso estuviera en su mente.
Mimí rápidamente se puso delante del rubio para defenderlo de la mirada letal de Feli.
-Mantén tus poderes en raya – dijo seria – Es un elfo que vivió mucho tiempo entre los humanos. Ya abusaron lo suficientemente de el como para que vengas a meterte en su mente.
Feli bajo la mirada e hizo una reverencia.
-Lo siento, majestad. No quise hacer pasar un mal trago a su amigo.
-Está bien. Pero no vuelvas a usar ¨la mirada¨ - en el rostro de Mimí volvió aquella dulce sonrisa.
-Como tú digas Mimí – dijo Feli – ahora mismo hare la colonia para tu amigo.
Mimí asintió y volteo a ver a Yamato. El rubio suspiro al ver que se había librado de aquel dolor en la cabeza. Nunca se imaginó que los duendes podían hacer eso. La castaña se acercó a el hasta sentir su aliento en el pecho.
-No te preocupes. No dejare que nada malo te pase. Solo actúa con normalidad y tranquilízate. Tu corazón late muy rápido – apoyo su cabeza en el pecho de él.
Era impresionante el poder que tenía ella en él. Con solo unas cuantas palabras ya lo había tranquilizado.
-Si no es mucho preguntar, porque necesitaría un elfo colonia para elfos? – pregunto extrañado el duende.
La cara de Mimí empezó a ponerse blanca. En eso sí que no había pensado. Ahora que excusa pondría? No se le ocurría nada creíble. Y más aun sabiendo que los duendes eran buenos para engañar y saber cuándo alguien los engaña.
-Al vivir mucho tiempo con los humanos se me impregno su aroma en la ropa y no puedo sacarlo con nada. Hasta mi pelo empezo oler como el de uno. Por eso es que necesito la colonia. Para volver a mi olor original. – explico el rubio muy calmado.
Mimí estaba sorprendida. Ya se le pasaron los nervios? Ya no tenía miedo de ser devorado por alguno de su reino?
Feli empezó a oler a Yamato desde el lugar en el que estaba.
-Es verdad. Desde aquí puedo oler el mal olor de humano – el duende puso una cara de asco y volvió a mezclar algunas cosas para la colonia.
Mimí le sonrió.
-Lo hiciste genial – le guiño el ojo y le apretó la mano.
La chica giro su mirada observando los demás puestos del mercado.
-Su majestad, cuando piensa casarse con el elfo? – el duende estaba poniendo unas hierbas en una substancia azul, que al instante se hizo verde.
-Pues aún no lo hemos pensado. Pensamos que somos demasiados jóvenes para casarnos y seguramente mis padre… - dijo Mimí despistada hasta que se dio cuenta de lo que verdaderamente pregunto el duende – Que no me voy a casar!
-A no? Pero si se ve toda feliz tomada de la mano de este elfo – Feliz sonrió burlonamente.
Yamato daba gracias a la capucha que lo cubría porque no quería que nadie viera el gran sonrojo que tenía en la cara.
-Porque siempre buscas emparejarme con todos?
-Porque solo quiero que encuentre a alguien que merezca su mano y que no la haga sufrir. Además, debe ser un buen rey. Necesitamos a alguien con un corazón noble para que nos ayude y nos apoye – Feli cruzado de brazos y con los ojos cerrados movía la cabeza afirmativamente.
Mimí bajo la mirada. Esa era una de las cosas más difíciles en ser princesa. Debía buscar a alguien con un corazón puro que no tenga segundas intenciones con su reino. Es lo único que le pedían. No debía ir a juntas aburridas, ni elegir las decisiones correctas para todos. Solo debía encontrar a un buen rey que pueda ayudar a su reino. Y eso era más difícil de lo que creía.
-Listo. Colonia con olor a elfo – en su mano tenía un frasco con algo verde y brillante.
-Muchísimas gracias. Cuánto cuesta? – la chica estaba a punto de sacar de su bolsillo unas monedas.
-No cuesta nada majestad – el duende se puso serio – Al mirarlo a los ojos no pude ver nada. Ni una pizca de maldad. Si él será el elegido para ser rey, será un placer servirlo – Feli puso una mano en su pecho, en el lugar donde estaba su corazón, e hizo una reverencia.
Mimí y Matt se sorprendieron.
-Feli…
-Ahora váyanse. Me estáis quitando tiempo con mis clientes – a pesar de que no había nadie más que ellos en su puesto, entendieron que el duende le avergonzaba decir lo que pensaba.
-Gracias, Feli – Mimí sonrió dulcemente y metió el frasco en su pequeño bolso. – Vamos Matt – volvió a tomarle la mano para después caminar juntos por el mercado.
-Matt? Donde habré oído ese nombre? –se preguntó el duende.
-Y ya encontramos una cosa para tu transformación. Nos quedan dos.
Matt asintió.
-Eh? – Mimí paro de golpe y miro al lado izquierdo.
El también hizo lo mismo y se arrepintió enseguida por haber hecho eso. Un lobo. No, esa creatura era más tenebrosa que un simple lobo. Era aterrador. Su pelaje blanco con gris le daba un toque salvaje. Y ni que decir de los colmillos y… que era lo que llegaba en la espalda? Espinas?
-Chupacabra – dijo Mimí mirando fijamente como la creatura miraba a cada lado como buscando una nueva presa.
En un segundo, se encontraba dentro de una carpa. Una carpa que le recordaba a las del circo. Solo que esta era mucho más pequeña. En medio de esta había una mesa, con un mantel morado y un globo de cristal. Detrás de la mesa se encontraba una mujer sentada en una silla. Pelo naranja en una coleta alta, ojos verdes y piel anaranjada. Todo en ella era normal. Todo menos sus brazos. En vez de tener dos brazos como ellos, ella tenía seis. Raro? Para nada. Ya nada le podía sorprender.
-Ella es Dorothea. Es bruja. – empezó a decir Mimí – quédate con ella mientras yo voy a resolver el asunto con Chupacabra. No te hará nada malo. Es muy maja si te das tiempo a conocerla – la castaña le sonrió y salió de la carpa.
La bruja y Matt se estuvieron mirando por un rato hasta que ella sonrió y le enseño una silla que estaba enfrente de ella.
-Por favor siéntate.
El rubio le hizo caso y se sentó enfrente de ella.
-Me dejaras leerte el futuro?
-Es una adivina?
-Para nada. Soy como una psicóloga. Puedo ver los problemas del alma e intento solucionarlos con palabras. Pero algunas veces me gusta mirar el futuro de la gente. Es divertido – le guiño el ojo.
-No estoy muy seguro de que esto sea una buena idea.
-Claro que no lo estás. Estas pensando en que tal vez pueda descubrir que eres humano, cosa que ya se. Es de comprender que tienes miedo. – dijo Dorothea como si fuera lo más obvio del mundo.
Yamato perdió el color en su cara. Como lo había descubierto? Si él no había dicho nada para que ella…
-No te preocupes. No te voy a matar – la bruja lo miro atentamente – Si viniste con la princesa, significa que ella te trajo aquí. Ningún humano lograría pasar el rio o el puente con vida. Es por eso que confiare en ti. Si la princesa se arriesga tanto por ti, significa que eres una buena persona – sonrió feliz.
-Ella tiene una gran influencia en ustedes, no es cierto? – el miedo que sintió antes desapareció. Sentía una gran curiosidad por saber quién era verdaderamente la princesa de aquel reino.
Dorothea se levantó y empezó a caminar hacia él.
-Levántate.
Sin reprochar, el chico se levantó. La mujer paso uno de sus brazos por la cintura del rubio y empezó a empujarlo hacia la salida de la carpa. Levanto una mano e hizo que un agujero apareciera en la carpa.
-Nosotros podemos verlos pero ellos a nosotros no – le había leído la mente.
Yamato observo el exterior. Podía ver perfectamente a Mimí hablar con la bestia de hace un rato. Se veía feliz. Con una sonrisa alegre y hablando con entusiasmo. La creatura había relajado su expresión. Hasta parecía amistosa.
-Preguntaste si la princesa tiene alguna influencia sobre nosotros. Eso responde a tu pregunta? – Dorothea lo miraba atentamente.
El chico asintió. Ella influía en las emociones de cada uno de su reino. Podía hacer que hasta el más tenebroso ser parezca una oveja inofensiva. Podía hacer sonreír a todos con unos simples Buenos días. Y eso la convertía en alguien muy poderoso.
-Ella es una niña increíble. Ayuda sin pedir nada a cambio. Siempre está dispuesta a aprender cosas nuevas sobre nosotros. Nos trata con igualdad. En sus ojos no hay diferencia entre seres. Todos somos igual de poderosos. Pero ella no sabe que nuestro más grande poder es tenerla a ella como guía. Si alguna vez llegara a ocurrir otra guerra, estamos dispuestos a matar y a morir por ella. Es la mujer indicada para tomar las riendas de este reino. Ella no necesita una corona para ser princesa. Ella nació para ser verdaderamente una princesa. – dijo con orgullo la bruja mientras bajaba la mano. El agujero desapareció.
Dorothea volvió a su asiento y Matt la siguió.
-Ahora me dejaras ver tu futuro?
No perdía nada si la dejaba ver tras él.
-Sí.
-Dame las manos.
Le entrego sus manos. Ella apretó las manos del rubio por un buen rato.
-Príncipe de Nelveska. Bisnieto del rey que mato a todos nuestros parientes. Futuro rey de su país – no estaba hablándole a él. Solo lo decía en voz alta, como si fuera más simple de aceptar la verdad. – Veo un baile, oigo la música, un corazón latiendo a mil, no, dos corazones latiendo a mil, una mano entrelazada con la tuya, un beso y…. – le soltó rápidamente las manos y lo miro entre sorprendida y asustada – Vete. No te puedes quedar aquí. Debes irte ya a tu reino.
-Porque?
-Ella va a sufrir. Si te quedas, tu vida va a…
-Ya llegue – Mimí entro a la carpa con una bolsa en sus manos.
Los tres se miraron unos a los otros por un rato.
-Pasa algo? Os veo alterados – dijo la castaña mientras se acercaba a Yamato.
-Nada. Solo estábamos hablando – el rubio se levantó y tomo la mano del hada.
-Si tú lo dices. Bueno, conseguí hacer que Chupacabra revise otro lugar y también esto – de la bolsa saco un traje verde
-Un traje de elfo – dijo la bruja.
-Sí. Mientras este en nuestro reino va a ser un elfo – Mimí sonrió.
-Muy listo. No me esperaba menos de usted princesa.
-Gracias por haber cuidado de él. Aun debemos ir a un lado. Nos vamos?
El chico asintió y siguió a la princesa.
-Su majestad, se ha enamorado de el? Su corazón late por la persona que lleva en su sangre los genes de aquel tirano? Porque me temo que él también se ha enamorado de usted – susurro Dorothea pensativa.
Mimí y Matt caminaban tomados de la mano por aquel mercado. Ya no iba con la mirada baja. Ya no tenía miedo. Si ese sería su fin, quería vivir al máximo el tiempo que le quedaba. Y sabía que al lado de aquella chica podía hacerlo.
Se pararon en la puerta de una casa que para ironía del rubio, era la misma casa que le faltaba una pared de la cocina. El hada toco la puerta unas cuantas veces y esperaron. En unos segundos la puerta se abrió. En el umbral se encontraba una chica pelimorada, con gafas negras y con una capa morada cubriéndola.
-Princesa Mimí! – exclamo emocionada la chica.
-Hola Yolei. – la castaña le sonrió.
-Por favor pasen – la pelimorada se apartó de la puerta y los dejo pasar.
Los dos entraron a la humilde morada de la dueña. Simple, hermoso y bien cuidado. Así era la sala de la chica.
-En que la puedo ayudar princesa?
-Yolei, somos amigas desde pequeñas. Ya deja de llamarme tan formal.
-Lo siento, Mimí. Es la costumbre – la pelimorada se rasco la nuca apenada.
-No pasa nada. Para empezar debes prometerme que no vas a gritar, si? Por nada del mundo grites o lances algún jarrón en mi amigo, ok?
-Lo juro por mi pelo. – la chica puso una mano en el corazón.
Mimí miro a Matt. Este entendió el mensaje y con lentitud se quitó la capucha. Yolei abrió enormemente la boca pero la tapo enseguida con sus manos. Ahogo un grito en sus manos para después empezar a dar vueltas por la sala mientras movía las manos desesperadamente. Su boca se abría y se cerraba pero ni un sonido salía de ella.
-Mimí… - hablo por fin la chica – Que has hecho?
La castaña sonrió nerviosa y saco la lengua juguetonamente.
-Solo lo estoy ayudando a escapar de su reino.
-Y lo trajiste aquí? Si lo descubren lo van a matar. Y te meterás en graves problemas. No podemos confiar en él. Te puede hacer daño Mimí. Te va a matar y colgara tus alas en la sala de trofeos del castillo del rey tirano.
Yamato abrió enormemente los ojos. Sala de trofeos? Eso significa que… las alas del despacho de su padre eran verdaderas! Eran las alas de los parientes de Mimí. Por eso había venido la castaña a su castillo hace tiempo. Para recuperar las alas de sus antepasados. Pero entonces… los colmillos de lobo, las orejas puntiagudas, las perucas multicolores, los pelajes de animales, los cuernos, las plumas, todo le pertenecían a esos seres. Nunca había odiado a nadie pero ahora que supo lo cruel y tirano que fue su antepasado… odiaba tener la misma sangre que él. Y lo que más odiaba era el hecho de que aun guardaban ¨trofeos¨ como muestra de victoria. Le daba asco. Si algún día volverá al castillo, lo primero que hará es quitar todo lo que perteneció a estas creaturas y devolvérselas. Así podrían enterrar a sus antepasados como es debido.
-Yo nunca haría eso.
-Así? Y porque te creería estúpido humano? – los ojos de Yolei empezaron a ponerse rojos.
-Porque se perfectamente de que sala estás hablando y no sabes qué asco me da ese lugar. El rey actual usa esa sala como despacho. Si fuera por mí, os traería todo de vuelta. Pero no puedo hacer nada en este momento – bajo la mirada.
-No te preocupes. Así estamos bien. Yolei suele ser muy desconfiada cuando se trata de mí. No le gusta que sea amiga de todo el mundo – susurro por lo bajo pero lo suficientemente alto para que la oiga.
-Oye! Te oí! – exclamo la pelimorada.
-Eso era el punto – sonrió – Y ahora me ayudaras?
-Hhmm… está bien. Si tú confías en el yo también lo intentare.
-Genial! Ahora a lo que veníamos. Necesito orejas falsas de elfo.
-Lo dices como si fueran fáciles de hacer.
-Lo sé. Pero eres una bruja y nada es imposible para ti – Mimí le guiño el ojo.
-En eso estamos de acuerdo – la chica se dio la vuelta y empezó a coger algunos frascos que tenía en la mesita – Tardare un rato. Pónganse cómodos. – y se fue.
Mimí lo arrastro hacia uno de los sofás y se sentaron.
-Porque Yolei odia tanto a los humanos? – no se pudo contener mucho a preguntar.
-Unos guardias de tu reino han decapitado a su madre enfrente de sus ojos. Ella tenía solo cinco años. – Mimí acariciaba con el pulgar la mano que sostenía del rubio.
-Pero… tenéis la misma edad. Y la guerra paso hace como 100 años atrás. – no entendía como es que la bruja era tan joven.
-Nunca has oído de la inmortalidad de las brujas? – pregunto Mimí sorprendida.
-No me digas que tú también…
-Para nada. Soy inmortal pero no tan vieja. En verdad tengo 17 años. – lo calmo.
-Yo tengo 18.
-Somos de la misma edad. Cuéntame algo sobre ti. Yo ya he hablado mucho jejeje…
-No sé qué contarte. Mi vida en palacio siempre ha sido muy aburrida. Completando papeles, hiendo a clases con los demás niños del palacio, asistiendo a juntas sobre cómo va la economía del reino. Esas cosas.
-Seguramente has hecho cosas más divertidas que esas. No tienes amigos con los cuales haces cosas divertidas? O alguna pasión que te guste muchísimo? – le pregunto curiosa.
-Pues, si tengo una pasión. Me gusta tocar la guitarra aunque mis padres me dicen que es una pérdida de tiempo. Y también salgo a cabalgar con los chicos. Aunque Sora siempre se enfada cuando la dejamos sola. – sonrió levemente al acordarse de sus amigos.
-Sora es tu novia? Por ella es que no quieres casarte con la chica que quieren tus padres? – Mimí no trato en ocultar su tristeza. Las hadas no tienen la necesidad de ocultar sus emociones.
-No! Por supuesto que no! Sora es la novia de mi amigo Tai. Yo nunca tuve novia – dijo Matt mientras apartaba la mirada.
-Me alegra saber eso – el hada sonrió ampliamente.
Yamato volvió a sonrojarse al ver la hermosa sonrisa de su acompañante.
-Seguramente tú ya has tenido muchos novios.
-En eso estas muy equivocado. Nunca he tenido novio y tampoco e besado a alguien. Bueno, solo un pequeño beso a un niño. Pero tenía 9 años. Ni me acuerdo bien lo que estaba pasando por mi cabeza cuando lo bese – se sonrojo levemente.
Ahora estaba seguro. Esa niña había sido ella. No había duda. Aquella brillante mujer era la misma niña que le entrego su primer beso. Y al saber eso su nerviosismo creció.
-Te arrepientes de haberlo besado? – pregunto con la voz ronca.
-No. Fue el beso más mágico y hermoso que alguien me podría dar. Además de que fue mi primer beso. Y el único que he dado – dijo avergonzada.
Por un impulso, la acerco a él y la abrazo. Mimí exclamo sorprendida pero no se apartó de sus brazos. Al contrario, paso sus manos por la cintura de él y oculto su cara en su pecho. Él se escondió en su larga melena castaña. Olía a vainilla con canela.
Debía decírselo. Cuanto más tiempo pasaba más necesitaba sentir de nuevo sus labios. Y temía que alguien más le dijera quien es el verdaderamente.
-Mimí…
-Si?
La separo de él lo suficiente como para poder mirarla a los ojos.
-Tengo algo que decirte.
-Dime.
-Yo… soy, yo soy el chico…
-Ya están listas las orejas – Yolei estaba en el umbral de la puerta con un par de orejas falsas en su mano. Su mirada estaba puesta en el chico, como si quisiera leer sus verdaderas intenciones.
Mimí saco el traje de elfo y la colonia.
-Yolei te llevara hasta su baño para que te cambies. Cuando termines de vestirte, pon un poco de colonia de elfo en tu mano y espárcela por tu cara. Y después por tu cabello. – le dijo el hada.
El rubio asintió y cogió las cosas. La bruja lo guio en silencio por el pasillo de su casa. Paro delante de una puerta y la abrió.
-Gracias – estaba dispuesto a entrar cuando una mano lo agarró del brazo.
-Escucha, no pude ver nada malo en tu mirada. Pero si le haces algo a mi amiga te juro que yo seré la primera en quererte matar. – lo advirtió.
-No pienso hacerle nada malo a Mimí. Nunca ha pasado una cosa como esa en mi mente - dijo decidido.
La chica asintió y se apoyó en la pared.
-Ella no sabe que eres el príncipe de Nelveska, no?
-No – no sabía porque pero un sentimiento de intranquilidad se apodero de su pecho.
-Debes decírselo. No querrás que alguien se te adelante, no?
Matt la miro sorprendido.
-No me refiero a mí, idiota. Pero muchos de este reino saben cómo es el príncipe de Nelveska. Y al verte seguro que te dirán de vuestro extraño parecido. Mimí no dudara de ti. Pero si se entera de la verdad… no te puedo asegurar que los hombres lobo te dejen con vida La princesa odia las mentiras – empezó a caminar por el pasillo a paso lento.
Que debía hacer? Si se lo decía tal vez lo iba a llevar devuelta a su reino o lo daría de comer a Chupacabra. Pero también existía la posibilidad de que ella entendiera y lo deje quedarse en su mundo. Tenía miedo. Pero no miedo de ser matado por aquellos seres. Sino miedo a perder a esa chica que escondía tantas cosas que él deseaba conocer. Tantas sonrisas que quería ver. Quería ser el único en verlas todas. Quería ser el único en descubrir cada parte de aquella hada. El único en tomar su mano. El único que la toque. Tenía miedo. Por primera vez en su vida, Yamato Ishida estaba aterrado.
Continuara…
Bueno, esto salió más largo de lo que me esperaba. E pasado las 5000 palabras. Cosa que me sorprende. Sé que en el capítulo anterior dije que este fic tendrá 3 capítulos pero como este salió un poco más largo, van a ser 4 capítulos. No me parece justo que toda la acción pase en el capítulo final así que este capítulo se parte en dos. Y eso era todo. Espero que os esté gustando esta mini historia. Muchas gracias por sus reviews Nos vemos muy pronto con la continuación.
ABRAZOS ^_^
Review?
