Capítulo 5: Aquello que fuimos.

Disclaimer: Los personajes de Little Witch Academia asi como todo lo relacionado a la saga no me pertenece, son propiedad de Yō Yoshinari y del estudio Trigger.

—Debo decir que es un honor tenerte en mi casa, Diana —mencionó desde su escritorio Andrew, al mismo tiempo que revisaba algunos papeles relacionados a su labor como Ministro.

—No es necesaria la hipocresía, Andrew. Se muy bien que no estamos cómodos con la presencia del otro —de espaldas a él, Diana sostenía una copa de vino mientras observaba el despacho.

—No se trata de una hipocresía… Estoy ante la maestra de mi hijo, es el merecido respeto —el padre de Nathan continuaba sin dirigirle la mirada.

—Si tu lo dices… —los ojos de la heredera de los Cavendish fue a parar en una foto que estaba en una estantería. En ella se podía observar a un Nathan de alrededor de 8 años junto con sus padres y su abuelo— ¿Cómo se encuentra el señor Hanbridge?

—Mi padre está bien, hace poco se sumó a un viaje en crucero con antiguos colegas y parece disfrutarlo.

—Je, pensar que se trata del mismo hombre que hace tantos años nos causó dolores de cabeza a mí, a ti y a Akko.

—¿Piensas defenestrar a mi padre en mi propia casa? —finalmente, la mirada del británico recayó en la mujer.

—No, tampoco le guardo tanto rencor —la rubia se giro para verlo—Pero lo que sí quiero saber es ¿Para qué invitarme a tu casa?

—Como dije, eres la maestra de Nathan, su instructora y guía en el mundo de la magia —el hombre entusiasta del piano se acomodó en su silla— Y es por eso que tengo un gran interés en discutir sobre el futuro de él.

—¿Su futuro? —comenzaba a tener una idea de a donde quería ir Andrew al decir eso.

—Ya sabes que, así como en tu familia lo es la magia, en mi familia la política es una tradición. Y quiero que Nathan siga esa línea.

—Igual que tu padre lo hizo contigo, quieres encarrilar a tu hijo en esa vida…

—Esa afirmación tiene cierto grado de verdad, pero no del todo —el esposo de Akko puso apoyó ambas manos en el escritorio— Quiero que Nathan cumpla sus sueños. En verdad lo deseo.

—¿Entonces para qué me necesitas?

—Para saber… ¿Qué tan pronto podría terminar sus estudios en la magia?

—Dependiendo el nivel, tal vez hasta años.

—Años… —que el sucesor de los Handbrige dejara la frase sostenida en el aire le causaba cierta incertidumbre a Diana— Es una lástima.

—Andrew, no me digas que…

—Existen obligaciones, deberes que deben cumplirse. Y siempre acompañare aquello que apasione a mi hijo en cuanto ello no interfiera con esos deberes —bajó un poco la cabeza, con una mano en el mentón, pensativo— No quería que fuera de está manera. Incluso estaba dispuesto a darle un año después de su graduación para que complete su entrenamiento, pero ya es demasiado.

—¿Vas a cortarle las alas? Cuando tu mismo en el pasado dijiste que nunca serías como tu padre —la indignación estaba muy marcada en el rostro de la Cavendish.

—Me sorprende que alguien que analiza las cosas tan fríamente haya pasado por alto un detalle así —la interrumpió, observándola, el hijo de Paul— ¿No lo has notado? La forma en la que Nathan lleva su vida actualmente. Apenas tiene tiempo para si mismo, muchas veces parece como si fuera a afectar su salud.

Siendo su maestra, no podía negarlo, las ocasiones en las que veía ciertos signos de cansancio, ojeras, y demás señales en el rostro y acciones de su alumno. Le dolía admitirlo, pero Andrew tenía razón.

—Comprendo… —apartó la mirada unos instantes— Intentaré enseñarle todo lo posible o buscaré una salida para que no interfiera con su futuro.

—De verdad te lo agradezco, Diana… y lamento haberte puesto en una situación como esta —el padre del estudiante hablaba con sinceridad, aún teniendo esa pequeña espina del pasado en su relación con la bruja, comprendía sus sentimientos en parte.


No muy lejos de aquella reunión, en la casa de los Handbrige se celebraba el triunfo del equipo del joven.

Presentes allí Akko, Amanda, Jasminka, Frank, Louis Blackwell y sus respectivos hijos, además de Chariot.

—Es genial poder reunirnos otra vez. Sólo faltarían Lotte, Constanze y… bueno, Sucy, que aún no ha llegado —mencionó Akko.

—Ya habrá tiempo para ello. Sólo hay que tener buena organización —dijo un sonriente Frank que se encontraba al lado de su hija— No como yo en aquel viaje…

—Por favor, Frank, no empieces con esa historia otra vez —le interrumpió Louis.

—Es cierto, papá, todos conocemos tu historia de "la barba, la navaja de afeitar y el pasaporte iraquí" —se unió la mismísima Hedda.

—¿Eh? ¿D-de verdad? Creí que no la había contado a todos todavía.

—Está bien, Frank, yo quiero escucharla. Además, ya me había olvidado de que iba —le animó Kagari.

—Oh, por supuesto ¿Por dónde me había quedado?

—Con permiso, me los llevo —evitando lo que consideraba una aburrida charla de los adultos, Kurt arrastró consigo a Hedda y Nathan hasta el patio más cercano de la residencia— Nos estaban succionando la vida allá.

—Que dramático, pensé que eras más rudo —dijo entre risas la hija de Lotte.

—Hasta los hombres más duros flaquean ante la historia más aburrida —el problemático joven se cruzó de brazos viendo a su compañero de escuela— Por cierto, buen trabajo, para ser un estirado.

—No sé de qué hablas, fui el peor de los tres —negó con modestia el heredero de los Hanbridge.

—¡Hey, no desprecies mis elogios! —molesto, el hijo de Amanda lo zarandeó hasta mararearlo.

—Supongo que la sincronía hace la fuerza del equipo. Aunque no se puede negar que fue Yarine quien nos dio la victoria —comentó Hedda antes de darse cuenta que no muy lejos, en un banco, se encontraban observando el cielo nocturno Yarine y Chariot.

—Sabes mucho de constelaciones, es sorprendente— la profesora de Luna Nova sonreía a la estudiante.

—Gracias, la verdad es que empecé a aprender sobre ellas desde pequeña cuando me aburría —contestó la rusa sin apartar su vista de las estrellas.

—Muy curioso, los niños de hoy en día no parecen muy interesados en los astros.

—Espero que con niños no se refiriera a nosotros, profesora —bromeó Nathan acercándose.

—A decir verdad, tampoco es como si me llamasen la atención —agregó en voz baja Kurt.

—Las estrellas son más que simples puntos en el cielo, más que solo un paisaje. Pueden decirte muchas cosas, incluso sobre tu propia vida.

—Mamá mencionó una vez que estudió en Luna Nova por algo relacionado a las predicciones ¿Tiene que ver, no? —indagó el más pequeño.

—Así es, uno puede ver el futuro, o al menos una aproximación de lo que puede pasar.

—¡Vaya, eso suena bien!

Ese último dialogo entre Chariot y Kurt había causado un leve escalofrío en Nathan. El futuro, la sola pronunciación de la palabra provocaba que hiciera eco en su mente.

—¿Todo en orden, Nathan? —le despertó de sus pensamientos Hedda.

—Supongo que estoy un poco cansado, jeje —apenas se excusó cuando, de forma sorpresiva, sonó el timbre de la casa— ¿Eh? Enseguida regreso —se dirigió a la entrada.


El extrañamiento de Nathan provenía de que su casa tenía seguridad, guardias que vigilaban el perímetro para resguardar al ministro a toda hora. Por ello, resultaba sospechoso que alguien tocase directamente el timbre sin siquiera haber recibido un aviso.

—… ¿Hola? —abrió la puerta y al no haber nadie se vio en la necesidad de preguntar— "Esto es muy raro... ¿Acaso la máquina se descompuso?"

Al girarse casi brincó del susto, pues frente a él se encontraba, con esa sonrisa que podría describirse como siniestra, y su porte un tanto tétrico, la persona con la que menos esperaba encontrarse, Sucy Manbavaran.

—¿Cómo fue que...

—Buenas noches, pequeño Nate, mira cuanto has crecido, y todas esas cosas que dicen las personas para disimular su ausencia —fue el rápido y poco afectuoso saludo de la bruja— ¿Me ayudas con esto? Gracias, eres un encanto— no dudó en tirarle su escoba y su maleta a Nathan para después apretarle la mejilla con su fría mano.

—Bienvenida... —dijo con disgusto el hijo de Akko, acompañando a Sucy— Mamá hizo que prepararan la habitación de huéspedes.

—El mismo lugar de siempre, me imagino —le restó importancia la asiática mientras seguía su andar.

—¡Sucy! ¡Por fin llegaste! —el animado saludo de Akko resonó en el pasillo antes de que saltase a abrazar a su antigua compañera— Me alegra tanto.

—Me alegraría que me soltaras... —murmuró al borde de la asfixia Manbavaran, dándole a Nathan la sensación de que el karma de verdad existía.

—Ven, estoy segura que los demás también quieren saludarte— Kagari seguía arrastrando a Sucy de forma insistente y esta no vio de otra que ceder,

Habiéndose librado de su poco grata visita, el joven se dirigió a las escaleras para llevar las cosas de Sucy a su habitación. Dando la casualidad de que, apenas un par de escalones más arriba, se cruzó con Diana.

—¿Terminó de hablar con mi padre?

—Así es, justo salía de allí. Y juzgando por los gritos de tu madre, Sucy acaba de llegar.

—Je... sí, es acertado. Serán unos días muy largos para mí —suspiró el aprendiz.

—Sucy puede tener un carácter desesperante, pero si pones atención en su trabajo, quizás aprendas algo nuevo —motivó la rubia,

—Confiaré en usted, profesora —ambos siguieron su camino, aunque al mirar de reojo a Diana, Nate se dio cuenta que parecía estar por marcharse— ¿No se quedará más tiempo?

—Tengo... mucho trabajo, algún día lo entenderás cuando tengas un empleo.

—Incluso los oficios más duros merecen cierto descanso. Además, si la profesora Chariot sigue aquí, tiene una excusa.

—Nathan...

—No voy a obligarla, es sólo que... me alegra que pase tiempo con nosotros, y a mamá y a los demás también— la heredera de los Cavendish se sintió un poco conmovida por las palabras de su alumno. Y se cuestionó a si misma si estaba haciendo lo que quería o era otra de sus cobardes huidas.

—Un rato más... supongo que no me hará daño —sonrió, causando inmediatamente la misma reacción en el muchacho, que siguió con lo que estaba haciendo.

—Diana Cavendish cambiando de opinión por una persona. Hace tiempo no veía algo asi —una vez que bajó de la escalera, la profesora se encontró con Amanda.

—¿Escuchando conversaciones ajenas? Creí que habías madurado.

—Lo hice, es sólo que no encontraba el baño ¿De casualidad sabes dónde está? —pidió con cierta vergüenza la norteamericana, recibiendo indicaciones de la europea— Gracias.

—No hay de que...

—Por cierto, Diana —la llamó O'Neill antes de seguir— Ten cuidado... el destino puede terminar con los peores resultados si no intentas cambiar de rumbo.

—Lo sé —fue la única respuesta que recibió de la antigua prodigio.

El resto de la velada transcurrió en calma, incluso cuando Andrew bajó a pasar con el resto lo que quedaba de la fiesta no se produjo ninguna incomodidad con Diana. Es más, se podría afirmar que ambos la pasaron muy bien.


Después de mucho tiempo Nathan podía decir y sentir con toda seguridad que había dormido bien. Y al despertar que estaba en una de sus mejores mañanas. Eso hasta que, al dirigirse a desayunar, se encontró con Sucy, recordándole la indeseada visita.

Para su aparente suerte, la bruja estaba con toda su atención en un libro.

—¿Ni siquiera un "Buenos días"? Parece que no aprendiste del todo a ser un gentleman, pequeño Nate —dijo una vez que el chico se sentó a desayunar.

—No es eso, lo siento, buenos días, tía.

—Igualmente —soltó una de sus usuales risas, continuando su lectura.

—¿Alemán... básico? —indagó Nathan al ver la portada.

—Así es, me dieron ganas de aprender un poco, tal vez para viajar a algunos países del resto de Europa e interactuar más con la gente.

—Ya veo...

—¿En tu escuela te enseñaron, aunque sea un poco, verdad? ¿Te molestaría brindarme tu ayuda para un par de frases?

—Claro, no hay problema —aceptó un tanto dubitativo el joven.

—Bien, la primera tiene que ver con la hora: "Wie spät ist es?"

—Está bien, si lo que deseas es preguntar la hora.

—Okay, la que sigue: "Ich habe Hunger"

—"Tengo hambre", te desenvuelves en lo básico.

—Vamos entonces con una más específica: "Du schälst die Banane?"

—"¿Me pelas la banana?" ¿Eh?

—¡Nathan! —la voz de Akko sorprendió al muchacho— ¡Eso es muy grosero para con tu tía!

—¿Grosero? ¡Me engañaste! —miró con enfado a la proveniente del sudeste asiático.

—Si tu madre tiene la mente sucia no es mi culpa –se encogió de hombros Sucy sin contener su risa- Vamos, una más: "Ich liebe dich, Tante"

—… Ni lo sueñes —el aprendiz de Diana se apresuró a terminar para alejarse lo más rápido posible de Manbavaran.

—Ese chico es igual de divertido que tú, Akko, jeje...


—"No me gusta hablar o pensar mal de las personas mayores que yo, pero ¡Maldita vieja hija de su..." —detuvo la catarata de insultos mentales que se avecinaban para recordar la recomendación de su maestra: 'Sucy puede tener un carácter desesperante, pero si pones atención en su trabajo, quizás aprendas algo nuevo'.

De estar acostado boca abajo en su cama pasó a incorporarse, tomando algo de valor para buscar a su "querida" tía.

—"Hasta ahora todas las recomendaciones de Diana fueron acertadas, no puedo dudar de ella ahora" —caminó por los pasillos de la casa, buscando a Sucy, claramente no estaba en su habitación. Dando fin su búsqueda cuando la encontró en la cocina, hurgando en la heladera— Eh... ¿Disculpa?

—Ah, Nate ¿Qué pasa? —Manbavaran sacó su cabeza del electrodoméstico, un tanto sorprendida en lo que cabía de su estoica expresión.

—Verás, yo... Mi maestra, Diana, me dijo que podías ser de ayuda para mi aprendizaje en la magia.

—Oh...

La sonrisa que se formó en la cara de la asiática hizo tragar saliva a Nate.

—Claro, acepto —asintió la experimentada bruja— acompáñame al patio, justo estaba a punto de probar algo.

—Está bien, gracias —el hijo de Akko vio que su nueva mentora había retirado un huevo del refrigerador, causándole intriga de qué podría hacer con eso.

—Por si acaso, no te acerques mucho —advirtió la mayor una vez fuera de la casa, sacando de un bolsillo una jeringa.

—¿Qué es lo que planeas?

—Shhh... esto requiere precisión —con lentitud, Sucy inyectó al huevo con el contenido de la jeringa, para después apoyarlo con sumo cuidado en el suelo, tomando un poco de distancia.

Pasaron unos segundos hasta que el cascarón empezó a moverse, quebrándose poco a poco, y de este salió, de forma impensada para lo que era claramente hace minutos parte del alimento, un polluelo.

—¡I-impresionante! ¿C-cómo es posible que haya...

—Con calma, aquí viene la explicación, "pichón" —interrumpió Manbavaran el asombro de Nathan— Es una formula en la que estuve trabajando. Acelera el crecimiento en un periodo corto de tiempo, incentivando la reactivación de células hasta un estado más que óptimo —tomó al animal en sus manos— Sin embargo, tiene un índice de fallo de, al menos, el 50%, el pollo que ves aquí podría haber nacido con alguna malformación, muerto, o, en el peor de los casos, el huevo hubiese estallado en pedazos.

—Eso es horrible —Nathan miró al pollito que, sin lugar a dudas, era un poco más maduro que un recién salido del cascarón— ¿Hubo alguna condición para que este caso resultase del 50% positivo? ¿Acaso hurgabas en la heladera por esa razón?

—Tu mamá tiene razón, eres un grosero. Aunque, a decir verdad, tenía hambre y de casualidad me acordé de eso —admitió la bruja— Es bueno que no se te escapara el detalle, el del objeto usado para experimentar, resultó ser un huevo más capacitado para el proceso.

—Ya veo...

—Investigar con pociones así es la unión entre la ciencia y la magia, pequeño Nate, la magia permite experimentar con cosas que la ciencia no se atrevería, permite imaginar resultados más allá de lo monótono —ese discurso, tan visiblemente serio, pero tan temperamental viniendo de la boca de Sucy, hizo que el inglés por primera vez sintiera algo de admiración por ella— Entonces ¿Estás listo para aprender sobre verdaderas pócimas? —dejó descansar al pollo en el hombro del muchacho.

—¡Sí! —le sonrió con decisión Nathan.


"Akko... ni siquiera soy capaz de expresar un tercio de lo que verdaderamente siento por ti. Pero te pido que me dejes intentarlo, incluso si mi corazón se quiebra en el intento"


Otro final en el que se me canta ponerle una pizca de abrupto suspenso, je. Estoy amagando de forma atroz el contar el pasado de nuestras brujitas, pero todo a su tiempo.

Ya tendría que poner un letrero de disculpas por las tardanzas en la introducción. Me avergüenza esta demora porque siempre que me planteo no tardar pasa lo contrario, tal vez debería cambiar mi esquema.

Con todo lo que me tardé, espero que puedan disculpar los errores que tal vez tenga el fic. Y una vez más agradezco a todos los que comentan capítulo a capítulo el fic, no me cansaré de decir que me motivan, así como cada vez que veo Favoritos y Follow.

Es todo por ahora, muchas gracias por leer, y hasta el próximo capítulo.

¡Tranquilo! Assenayo.