Disclaimer: Los personajes son de Rick Riordan

Capítulo 17.

El hijo de Hermes nacería a finales de ese mes. Solo faltaban unos días para ello y los padres estaban nerviosos. También lo estaba Zeus aunque no lo admitiría ante nadie.
Hermes estaba cada vez mas irritable y a su padre le hacía gracia ver como Poseidón iba corriendo para traerle cualquier capricho que el dios mas joven deseara.
Todavía no había conseguido ver al semidiós de sus mas calientes sueños pero no perdía la esperanza.
Hacía varios meses que Percy estaba en el palacio de su padre, y no parecía querer salir de allí.
Además estaba bastante bien protegido y no podía entrar al palacio de su hermano sin ser invitado cosa que le cabreaba sobre manera.
Hera estaba cada vez mas resentida con el universo pero la vigilaba. Sabía bastante bien que ella haría cualquier cosa para acabar con esos niños, aunque eso supusiera tener sobre ella la furia de todos sus hermanos, algunos de sus hijos y todos los semidioses de ambos campamentos.

Poseidón estaba nervioso. Tenía ganas de que naciera su hijo y malcriarle.
Según le había dicho Apolo, el parto sería indoloro y no duraría más que unos minutos.
La primera semana sería como cualquier otro niño recién nacido mortal pero después durante cuatro semanas crecería de manera acelerada hasta convertirse en un jovvencito de unos veinte años.
Sabía que los dioses crecían rápido y eso le tenía aliviado.
No es que no quisiera ocuparse de su hijo, pero Hermes i él habían acordado que cuando Alexander creciera, (así es como habían decidido llamar a su niño,) Poseidón ayudaría a su hijo Percy con sus pequeños.
Mediante un consejo que se celebraría cuando el hijo de Hermes y Poseidón tuviera dos meses de edad, se decidiría de qué sería dios.
Gracias a su divinidad, el pequeño podría almacenar toda la información que quisiera y de manera rápida. A parte, varios dioses compartirían con el recién llegado conocimientos de hace miles de años y le ayudarían a desempeñar su papel durante un tiempo hasta que se acostumbrara al cambio.
Los dioses maduraban bastante rápido y cuando tuviese cuatro meses de nacido, sería cuando le dejarían valerse por sí solo.
Por suerte el pequeño dios no sentiría deseos sexuales hasta no cumplir diecisiete años mortales.

A veces, el dios del mar fantaseaba con como sería su hijo. Se preguntaba si tendría el pelo castaño, rubio o negro, si sería alto y fuerte, o alto y delgado, si sería bajito, musculoso, espigado... También se preguntaba de que color tendría los ojos. ¿Serían castaños, dorados, azules, verdes...?

a Poseidón y a Hermes les gustaría que su hijo fuese como ambos, que tuviese algo de los dos.
Pero aunque dos personas (en este caso dioses) lo gestaran, no tenía que significar que se pareciese a los padres.
Gracias a sus poderes divinos, los dioses podían ver al niño antes de nacer y saber exactamente como sería. pero ambos dioses habían decidido que sería sorpresa.
Durante el primer mes de vida del pequeño vivirían en el palacio del dios del mar porque éste, tenía que seguir estando pendiente de Percy. Aunque seguramente, visitarían mucho el Olimpo. Sabía que Hestia se encariñaría con él y haría varias veces de canguro para que los dos dioses pudiesen tener intimidad.
A Poseidón también le gustaría que su hijo tuviese el carácter bromista de su padre Hermes aunque eso no se lo admitiría a nadie. (Tal vez a su compañero eterno.) Adoraba a Hermes y le amaba de una forma infinita e intensa.
Puede que a lo mejor alguna vez ambos tuviesen aventuras con mortales y nacerían semidioses. pero el dios del mar era consciente de que eran necesarios y que él y Hermes se amaban entre ellos y eso ni un amor mortal podría cambiarlo jamás.
cuando naciese Alexander, tendrían el dios de los viajeros y el de los mares, una ceremonia donde se prometerían amor eterno y aunque no fidelidad, si respeto y con eso les bastaba a ambos.
El dios del mar sonrió como un bobo mientras contemplaba dormir al amor de su existencia.
Acarició el vientre del rubio y él se durmió también.