Disclaimer: los personajes son de Rick Riordan.
Lo demás, le pertenece a mi alocada mente y a las ideas fantásticas de los aún más fantásticos lectores.
Capítulo 19.
Hermes y Poseidón estaban durmiendo abrazados, cuando el dios de los viajeros sintió un dolor insoportable en el bajo vientre.
Se despertó jadeando y algo asustado.
Otra punzada de dolor le hizo doblarse.
Poseidón se despertó de inmediato.
-¿Qué ocurre amor?
-C creo que el niño ya viene.
Hermes respiraba con dificultad.
Más tarde, Poseidón negaría esta información fervientemente, pero cuando Hermes le dio la noticia se le quedó mirando paralizado.
Después, se levantó y comenzó a dar vueltas en círculo muy nervioso. Habían ensayado lo que debían hacer cuando este día llegara, pero el dios del mar se había quedado en blanco.
-¿En serio? -Se quejó Hermes.
Se levantó de la cama con dificultad, y cogió algo de ropa para el bebé.
Sabía que con chasquear los dedos podría vestirlo, pero le apetecía hacerlo él mismo.
Cuando Poseidón se dio cuenta de que Hermes estaba cogiendo las cosas de Alexander, se sobresaltó y la mente se le aclaró.
Con un chasquido de dedos ambos estuvieron vestidos, y segundos después, entraban en la enfermería del Olimpo.
Apolo tardó un minuto en aparecer. Tenía el pelo revuelto y algunas marcas sospechosas en el cuello.
Si hubiese tenido que vestirse como los mortales hacían, Poseidón apostaría a que se habría puesto la camiseta del rebés.
Zeus entró segundos después muy nervioso.
Percy estaba al cuidado de Tritón y Anfítrite.
Habían decidido que irían al Olimpo a conocer al pequeño cuando ya hubiera nacido y no hubiese tanto caos.
Tritón sabía que Hera tendría más posibilidades de atacar a Percy si había otras distracciones. Y sin duda, el nacimiento de Alexander, era la distracción perfecta.
Hermes estaba en una camilla ya dormido.
Poseidón le sujetaba la mano y contemplaba como Apolo recibía a su pequeño.
El corte en el estómago del dios de los viajeros se curó enseguida y todo volvió a su sitio como si nunca hubiera estado embarazado.
Poseidón limpió a su pequeño y le vistió con gran delicadeza.
Después, se lo mostró a Zeus y permitió que lo cogiera en brazos.
Hermes despertó minutos después totalmente recuperado.
-Padre, yo también quiero coger a mi hijo.
Zeus hizo un puchero pero se lo dio.
-No pongas esa cara. Tú tendrás gemelos dentro de poco. -Comentó Afrodita.
Hera rechinó los dientes.
-Es hermoso ¿No te parece? -Comentó Poseidón.
-Sí. Tiene el pelo rubio oscuro como yo y tus ojos verdes.
La pareja se besó con ternura.
-(Había merecido la pena soportar los cambios de Hermes y sus antojos.) -pensó Poseidón.
Días más tarde, los semidioses conocieron al pequeño Alec.
El bebé había sonreído sobre todo a Travis y Connor Stoll y había llorado cuando Annabeth se le acercó.
En el Olimpo.
Poseidón había mandado llamar a sus mejores cíclopes para que estuviesen atentos de Hera.
La señorita O'Leary también estaba allí porque quería ver a Percy y así, vigilar ella misma a esa diosa horrible.
Hermes estaba sentado en su trono con Alec en sus brazos.
Zeus estaba vestido con vaqueros ajustados, una camiseta azul y una sudadera un poco olgada.
Se había afeitado y tenía el pelo alborotado. Aparentaba tener veinticinco años.
Hera estaba muy indignada por el cambio de su marido. Sabía que se debía a que Perseus Jackson iría ese día al Olimpo.
-¿Por qué te arreglas tanto hermano? -Preguntó Hades con sorna.
-No es asunto tuyo… Quiero decir… No me he arreglado. Solo… Me apetecía vestir así… Sí… Eso… Solo por eso…
-Claro que sí hermanito. Sigue diciéndote eso hasta que te lo creas.
-¡Cállate Hades!
-Vale, vale. No te pongas así.
Una luz azul interrumpió la discusión.
En el centro de la sala habían aparecido tres personas.
Tritón, Anfítrite y Percy.
Zeus miró al semidiós como si fuera la cosa más especial del universo. Incluso más especial que su querido rayo maestro.
Hera se percató de aquella mirada y parpadeó a su forma divina.
-Contrólate. -Espetó Zeus.
Percy estaba impaciente por conocer a su hermanito al igual que Tritón y Anfítrite.
-¿Nos lo presentas ya? -Se quejó la Nereida.
Poseidón se levantó de su trono y cogió a su pequeño de los brazos de Hermes.
-Este es Alexander. -Dijo el dios del mar.
Percy sonrió entre lágrimas.
-Es un pequeño angelito. -Comentó.
Tritón le hacía muecas al niño que sonreía encantado.
Anfítrite cogió al infante y le hizo todo tipo de carantoñas.
Percy miró a Zeus y se ruborizó por la intensidad de su mirada. Se sintió cohibido y nervioso.
Zeus le estaba mirando de la misma forma en la que él miraba la comida azul o las ecografías de sus gemelos.
Un ladrido estridente sacó a Percy de sus pensamientos.
La señorita O'Leary caminaba hacia él con cuidado.
Llegó a su lado, y sle lamió la cara.
Después se quedó quieta para que Percy pudiera acariciarla sin problemas. La perra sabía que su amo llevaba dentro dos cachorros y sabía también, que debía ser cuidadosa.
Zeus se levantó de su trono y se acercó al semidiós.
Poseidón estaba pendiente de su hermano.
El dios de los cielos acarició la mejilla del joven con el pulgar.
-Percy… -Susurró el dios.
Con la otra mano, levantó un poco la camiseta del hijo de Poseidón y la posó en el vientre hinchado.
Percy colocó una de sus manos encima de la del dios y juntos sintieron el movimiento de los bebés.
El dios cerró los ojos disfrutando de esa sensación.
Hacía círculos de manera distraída sobre el pómulo del menor.
El hijo del dios del mar no era tonto, y no se fiaba de las intenciones de Zeus. Pero no le importaba disfrutar de sus atenciones. Sobre todo al ver la mirada furiosa de Hera.
Sabía que era peligroso, pero cada vez que estaba cerca del dios, sentía una atracción magnética hacia él.
Percy notó un movimiento por el rabillo del ojo.
Los cíclopes y la señorita O'Leary se pusieron en guardia.
Los reflejos de Percy eran bastante buenos, pero debido a su enorme barriga, moverse le costaba más.
Zeus abrió los ojos cuando sintió que el chico se tensaba.
Un pequeño dardo de aspecto peligroso se dirigía a Percy a gran velocidad.
Todos intentaron detenerlo, pero el dardo les esquivaba limpiamente sin hacerles nada.
Hera sonreía satisfecha.
Los cíclopes y Hefesto, con gran rapidez, inmovilizaron a la diosa con cadenas en su trono.
Poseidón fue a colocarse delante de su hijo, pero una barrera invisible se lo impedía.
El dardo se clavó en el costado de Zeus y después siguió su camino hasta introducirse en el brazo del semidiós.
Entonces, el rey de los cielos, entonó un cántico antiguo y un resplandor azul y verde rodeó tanto a Zeus como a Percy.
-¿Acaba de…? -Preguntó Hades incrédulo.
-Sí. Acaba de unirse a Percy de por vida. -Respondió Hestia.
los dioses se miraron entre ellos muy sorprendidos.
Ninguno de ellos había imvocado jamás ese cántico, porque les unía completamente a alguien. No podrían tener descendencia con nadie más, a no ser que la otra parte lo consintiera.
Y si la otra persona no aceptaba estar con el que invocaba el cántico, el dios o diosa se quedaría solo para siempre hasta que la persona elegida lo aceptara.
Y en caso de que la persona fuera mortal, aunque muriera, el dios no podría volver a tener otra pareja a no ser, que la otra persona lo permitiera.
Solo se podía invocar el cántico una vez, y solo haría efecto si el dios de verdad amaba a su elegido.
Percy se iba debilitando cada vez más.
Nota: ¿Preferís que Percy se salve y siga siendo un semidiós, o queréis que le hagan inmortal?
