Disclaimer:
Los personajes y todo lo que reconozcáis le pertenece a Rick Riordan.
Nota:
Si tenéis alguna idea, seré muy feliz de leerla porque estoy prácticamente sin inspiración.
Gracias por vuestros comentarios, por dar a fav y follow y también por ser lectores fantasma.
Capítulo 22.
Percy estaba histérico y muy furioso.
Sentía como si en algún momento fuese a entrar en pánico.
Sus pequeños habían desaparecido y Will también.
No podía permitirse perder la calma.
Por una vez en su vida, debía pensar antes de actuar o las posibilidades de encontrar a sus hijos serían casi nulas.
Sabía que una diosa no había sido la que se había llevado a sus hijos porque los dioses no podían entrar a los dominios de otras divinidades sin permiso previo. Sin embargo, tantos años en misiones con Annabeth le habían hecho darse cuenta de algunas cosas.
Podía ser que no hubiera sido una diosa aquella mujer, pero estaba muy seguro de que un dios estaba detrás de esto.
Gracias al poder del agua, a penas sentía dolor pero sí que estaba muy cansado.
Él no era un dios, pero si algo había aprendido en todos esos años era que los semidioses eran más útiles de lo que parecía.
-Tritón.
-Dime Percy.
-Llévame al Olimpo.
-No creo que sea una buena idea.
-¿Qué sentirías tú si alguno de tus hijos desapareciera? ¿O tu "amante"?
-Perseus… Uno de mis amantes ha desaparecido.
-¿Cómo? ¿Cuándo?
-¿No lo adivinas?
-No te entiendo Tritón.
-Percy… Nico y Will son mis amantes.
-¿Qué? ¿Es algún tipo de broma?
-No.
-Quiero ir al Olimpo. Corrección. Debo ir al Olimpo.
-Padre ha dicho que nos quedemos aquí.
-¿Y desde cuándo cumples las normas?
El heredero de Poseidón suspiró.
-Tritón, tengo una idea para encontrar a mis niños y a Will. pero para eso, necesito ir al Olimpo.
El mayor no estaba nada convencido. Él también quería salir a buscar a su chico, pero debía quedarse allí con su hermano pequeño.
-Si no hago algo, me derrumbaré y me pondré histérico. Necesito moverme. Necesito tener la certeza de que he hecho todo lo posible por encontrarlos.
Sin decir nada más, Tritón cogió a su hermano del brazo y se teletransportó con él al salón de los tronos del Olimpo.
Los dioses estaban en plena discusión cuando ambos llegaron.
Solo Hestia se percató de sus presencias.
Al mirar a su alrededor, Percy vio a Nico en brazos de su padre.
Le señaló esto a su hermano el cual estaba mirando como Zeus y Poseidón discutían por a saber qué.
Tritón se separó de su hermano y se acercó rápidamente a Hades.
-¿Qué ha pasado?
El dios del inframundo le miró sin expresión.
-El hijo de Apolo está moribundo.
El dios menor le miró muy consternado.
Como los dioses seguían sin percatarse de la presencia de Percy y Tritón, Hestia gritó:
-¡Basta ya!
Al instante se hizo el silencio.
-¿Qué hacéis aquí? ¿No se supone que deberíais estar en el palacio?
-¡No!
Todos miraron al mestizo con diferentes caras de indignación.
-¿Cuánto lleváis aquí? ¿Dos, tres horas? ¿Y qué habéis hecho durante todo este tiempo? ¡Discutir!
-Perseus… Te estás pasando.
Los tronos estaban a altura humana.
El joven se acercó a Zeus y muy serio le dijo:
-¡Tú mejor cállate dios promiscuo! ¡Son tus hijos también! ¿Y qué estás haciendo? ¡Pelearte con tu familia! ¿Por qué no los buscas? ¿Tan poco te importamos?
Con el dedo índice le golpeaba el pecho.
El hijo de Poseidón trató de no llorar. Se sentía al límite.
El dios del rayo iba a abrir la boca, pero Percy le lanzó una mirada fulminante.
-¡Cállate! ¡Ni se te ocurra contradecirme!
Se alejó en dirección a otro trono respirando hondo para no ponerse histérico.
-(Mantente centrado Percy.) -Se decía a sí mismo.
-Lady Artemisa… Sé que sus cazadoras tienen cosas importantes que hacer. Pero… ¿Le importaría pedirles que me ayudaran a buscar a mis bebés? Sé que no tiene por qué hacerlo, usted no me debe nada…
-Lo haré Percy.
El menor respiró aliviado.
-Muchas gracias.
La diosa sonrió y se desvaneció en una ráfaga de luz plateada.
-Usted, Señor D, vaya al campamento mestizo y reúne a todos los semidioses y explícales la situación.
-Mira mocoso. No tengo por qué seguir tus órdenes.
-pero las mías sí. -Intervino Zeus.
Dioniso iba a replicar, pero antes de que lo hiciera, el semidiós dijo:
-Si no lo haces bien, me aseguraré de que no vuelvas a probar el alcohol en doscientos años.
El dios del vino bufó.
-¡Que vayas!
El grito de su padre le hizo reaccionar.
En cuestión de segundos, desapareció.
El mestizo miró a los demás dioses con expresión pensativa.
-Ares…
-Ni se te ocurra Pringado. Yo no voy a hacer recados.
-Obedecerás si sabes lo que te conviene. -Dijo Zeus con voz severa.
El dios de la guerra miró a su alrededor con mucha rabia.
-Quiero que vayas a donde residen las amazonas actualmente y que las avises. Me deben un favor.
Ares se recostó en su trono.
-¡Ahora! -Bramó Zeus haciendo temblar el salón.
Al dios guerrero se le encendieron los ojos de furia pero fue a cumplir lo que le habían "pedido".
Mientras tanto, Tritón se mantenía cerca del dios de los muertos y de su hijo.
-Algún dios tiene que ir al campamento romano a dar la noticia.
-Si tía Hestia se queda con el niño, puedo ir yo. -Se ofreció Hermes.
La diosa del hogar sonrió y aceptó cuidar al pequeño.
-Volveré en un rato.
El dios de los viajeros se desvaneció en un relámpago de luz grisácea.
-padre. Supongo que habrás puesto a los animales marinos y a los caballos a buscar.
-En cuanto me enteré de lo que había pasado lo hice.
-Yo iré a poner a las Furias al corriente. Son buenas rastreadoras.
Los demás dioses fueron repartiéndose las tareas y pronto se había formado el grupo de búsqueda más grande de la historia.
Incluso la diosa Lupa y sus lobos ayudarían.
Zeus llamó a todos los dioses menores, musas, ninfas y demás habitantes del Olimpo y ellos también se pusieron manos a la obra.
-¿Podría despertar a Nico antes de irse? Necesito hablar con él sobre lo que haremos.
Hades se frotó la frente.
-Yo puedo cuidarlo. -Dijo Tritón con timidez.
El dios del inframundo le pasó a su hijo.
-Tened cuidado de que no se exceda. Espera un hijo.
Percy y Tritón asintieron aunque estaban incrédulos.
Hades desapareció entre las sombras.
El hijo mayor de Poseidón despertó a su amante con cuidado.
-¿Nico?
El joven abrió los ojos y se estremeció.
Tritón le meció suavemente.
-Percy. -Susurró el menor.
-Estoy aquí. Necesito que te calmes para que podamos encontrar a Will y a mis hijos.
Minutos más tarde, di Angelo estaba listo para comenzar la búsqueda.
Él y los hijos de Poseidón se dirigirían al campamento mestizo para reunirse con sus amigos.
Tritón los teletransportó hacia allí.
*En otro lugar.*
-¿Los tienes?
-Sí jefa.
-Bien.
-Traigo un… Añadido extra.
-¿Es Perseus Jackson?
-no. Es el sanador.
Una de las mujeres bufó molesta.
-¿Por qué no te has deshecho de él?
-Porque no me dio tiempo. Casi me descubren.
La mujer más mayor se acercó.
-Pero si está casi muerto.
-¿Ah sí? Creí que con las heridas que le había causado, ya lo estaría.
-Es un mocoso de Apolo. Tienen buena resistencia por eso de que son sanadores.
-¿Qué hará con ellos?
-¿Quién sabe?
Ambas se miraron con sendas sonrisas maniáticas.
-¿Por qué no los mata y ya?
-¿Y qué tiene eso de divertido? Lánzalos por ahí y déjalos.
***Cazadoras de Artemisa.***
La teniente de las cazadoras estaba haciendo guardia junto con su loba.
las chicas se turnaban para hacer guardias por la noche mientras las demás dormían.
Sintió algo detrás suya y se dio la vuelta.
Su Señora estaba allí.
-¿Mi Señora?
-Hola Thalia. ¿Podrías despertar a tus hermanas? Tengo algo urgente que anunciar.
De repente, en las manos de la diosa apareció una especie de cajita metálica.
Artemisa la miró con atención y sonrió.
Dos minutos después, todas las cazadoras estaban sentadas en semicírculo delante de su Señora.
-Chicas… Tenemos una importante misión. Esta vez no se trata de cazar monstruos, si no de rescate.
Todas la estaban mirando con curiosidad y asombro.
-Los hijos recién nacidos de Perseus Jackson han desaparecido junto con uno de los hijos de mi hermano.
Thalia estuvo a punto de dar un grito de indignación pero supo controlarse.
-Bien… Sabéis que normalmente no me preocupo de los varones, pero en este caso, son dos niños y sabéis que soy la protectora de los infantes. En cuanto al hijo de mi hermano, si le encontramos con vida, mejor que mejor. Pero la prioridad son los pequeños. Aunque según sé, el mestizo está gravemente herido.
Thalia se estremeció. No quería ni pensar en lo que estaba sintiendo Nico en ese instante.
-Si encontramos al chico con vida, habrá que sanarle con urgencia. Sospechamos que Hera está detrás de esto. Así que a cada una de vosotras os daré una pequeña cadena arrojadiza. Al lanzarla, se enrroscará en torno a la presa como una serpiente de bronce celestial y oro imperial.
Abrió la pequeña cajita y extrajo las cadenas.
Cuando cada cazadora obtuvo la suya, se pusieron en marcha de inmediato.
-Tened cuidado. Enfrentarse a los dioses nunca es fácil.
Todas asintieron.
De inmediato se pusieron a rastrear.
Thalia esperaba poder encontrar a todos sanos y salvos.
No sabía qué sería de Nico si también perdía a Will.
***Campamento mestizo.***
Todos los campistas estaban durmiendo cuando un fuerte estruendo les despertó.
-¡Acudid todos al pavellón! ¡Misión de urgencia! ¡Alerta número diez!
Los hijos de Ares fueron los primeros en levantarse junto con Jason.
Se vistieron a toda prisa y se armaron hasta los dientes.
los de la cabaña siete fueron los siguientes seguidos por los hijos de Atenea.
La cabaña nueve no tardó mucho más en acudir al llamado.
Los miembros de la once también fueron muy rápidos a la hora de reaccionar.
Cinco minutos después, casi todos estaban en el pavellón.
Algunos rezagados llegaron cuando la paciencia de Clarise estaba a punto de acabarse.
Quirón dio varios pisotones en el suelo para que dejaran de hablar.
Dioniso tenía entre las manos una caja metálica.
parecía muy serio y sombrío.
-Escuchadme bien campistas porque no volveré a repetirlo.
Todos prestaban atención. Nunca habían visto al Señor D tan serio.
-Los hijos de Percy Jackson han nacido.
Todos aplaudieron con fuerza y alborotaron.
Quirón los mandó callar de nuevo.
-Esta noche, alguien se los ha llevado del palacio del mar junto con Will Solace.
los hijos de Apolo se miraron a punto de llorar.
-Todos sin excepción, vamos a salir en su búsqueda. Es para esto para lo que habéis sido entrenados y no quiero tonterías de ningún tipo.
Miró especialmente a algunos miembros de la cabaña diez.
-Los únicos que no participarán serán los niños pequeños. Éstos se quedarán en el Olimpo junto a Hestia.
-¿Cuándo salimos? -Preguntó Jason.
-En cuanto os reparta estas cadenas especialmente fabricadas por Hefesto. Sospechamos que hay un dios de por medio en todo esto.
una luz azul interrumpió a Dioniso.
Tritón, Percy y Nico aparecieron en la mesa tres.
No dijeron nada.
Simplemente se sentaron y esperaron a que el dios del vino terminara de repartir las cadenas.
Cuando todos estuvieron listos, se hicieron varios grupos y todos fueron a armarse.
Dioniso se llevó a los más pequeños al Olimpo para que no estuvieran en peligro.
Más tarde, todos estaban listos para arrasar con lo que fuera.
En el campamento Júpiter ocurría algo similar.
Al enterarse, Reina había movilizado rápidamente a las Cohortes y también a los ciudadanos más fuertes.
En menos de hora y media, más de dos mil romanos salían del campamento para ayudar en la búsqueda.
