Disclaimer:
Los personajes y todo lo que reconozcáis le pertenecen a Rick Riordan.
Lo demás le pertenece a mi mente mediobloqueada.
Capítulo 23.
Will no sabía cuánto tiempo había pasado.
¿Tal vez tres días? ¿Una semana? ¿Quizá más? No estaba seguro.
Lo único que tenía claro es que debía salir de ahí junto con los bebés lo más rápido posible.
Se sentía débil y afiebrado. Era consciente de que tenía una infección importante. Si no le trataban como era debido, moriría.
El chico ya agonizaba de dolor. Alucinaba y deliraba.
Los bebés estaban sucios y hambrientos.
Las mujeres les daban la leche justa para que no murieran y a Will pan rancio y agua sucia.
El semidiós sabía que los estaban buscando, no dudaba de eso aunque las secuestradoras dijeran lo contrario, pero temía que llegaran tarde.
A cada rato, monstruos y más monstruos desfilaban por delante de su… celda y les observaban como a un helado en un escaparate.
Suponía que tarde o temprano, y sospechaba que sería más pronto que tarde, alguno de esos monstruos se los comerían.
Will protegía a los bebés de las miradas hambrientas de esos monstruos pero se daba cuenta de que las fuerzas se le agotaban.
***En otro lugar.***
Percy estaba desesperado.
Ya había pasado una semana y media desde la desaparición y cada día estaba más deprimido.
Nadie había dejado de buscar durante todos esos días, sin embargo se notaba el cansancio en los semidioses aunque no se quejaran.
Los hijos de Poseidón a penas dormían y Hestia tenía que obligarles a comer.
Curiosamente, la única manera en la que Percy podía descansar durante dos o tres horas, era si Zeus le abrazaba.
Por alguna razón que no podía entender, estar junto al dios le calmaba lo suficiente como para no perder la cabeza.
Por otro lado, Nico no se despegaba de Tritón.
El dios vigilaba que el menor no se excediera debido a su embarazo.
***Hermes.***
Como dios de los mensajeros, los viajeros, los ladrones, el engaño… Hermes era capaz de entrar a un lugar sin ser detectado.
Esto era necesario, pues muchas veces había tenido que entregar mensajes a monstruos o a titanes prisioneros.
Tenía que andarse con cuidado para que no le detectaran.
Al dios le gustaría poder pasarle esa habilidad a sus hijos y a todos los mestizos para que pudieran ser normales, pero por desgracia, no era posible.
También tenía acceso a todos los dominios de los demás dioses así como escondites y guaridas secretas.
Como él era el dios mensajero y a menudo entregaba paquetes, todas las divinidades le habían dado total acceso para no estar abriéndole sus puertas a cada rato.
Es por eso que mientras patrullaba junto con sus hijos Travis, Connor y Chris, eran capaces de entrar a todos lados.
Como los adolescentes iban con él, tampoco podían ser vistos ni detectados.
De repente, escucharon varios ruidos como de rugidos, risas, siseos y pisadas.
Como no era normal que tantos monstruos estuvieran reunidos en un mismo lugar, decidieron investigar.
-Antes de entrar, le mandaré un mensaje a Artemisa para que esté preparada. Ella y sus cazadoras tienen facilidad para camuflarse y evitar que las descubran.
Segundos después, varias doncellas aparecieron por todos lados.
Algunas estaban ligeramente mareadas debido al transporte.
Se ocultaron entre arbustos y matorrales y esperaron pacientemente la señal de su señora para atacar.
Hermes entró con sus hijos a una cueva subterránea llena de bifurcaciones, giros y callejones sin salida.
-Esto es un laberinto. -Se quejó Travis.
El dios se detuvo repentinamente haciendo que Connor chocara contra su espalda.
-Siento algo. Un aura poderosa y otras más leves. Están prácticamente ocultas, pero puedo sentir que aquí hay semidioses.
Siguieron el rastro con cuidado.
Estaban tan concentrados en su cometido, que no se percataron de que había algo delante de ellos hasta que chocaron contra ello.
-Es un perro del infierno. -Masculló Hermes.
-Tranquilo papá. Es la Señorita O'Leary. Ella también debió seguir el rastro. -Dijo Chris.
-¿Están aquí chica? -preguntó Connor.
la perra meneó levemente la cola y continuó caminando.
Los mestizos y el dios la siguieron con cautela.
***O'Leary.***
Yo sabía que pasaba algo.
Aunque fuera una perra del infierno, era muy inteligente. Incluso más que un perro normal.
Sabía que mi amo tenía problemas y ya no olía a sus cachorros en él.
Los busqué por el Olimpo, porque según lo que yo sabía, las madres no se separaban de sus bebés hasta que ya eran mayores. Y según lo que había observado en los humanos, ellos cuidaban de sus cachorros incluso cuando ya eran grandes.
Hacía poco tiempo, había conocido a un guapo macho infernal.
Era alto, fuerte y temperamental. Justo como me gustaban a mí.
Vagaba solo por las calles en busca de algo para comer.
Le seguí para comprobar que no se comiese a ningún mestizo porque me caían bien.
Eran buenos conmigo. Me acariciaban, me alimentaban y jugaban conmigo a "Busca al griego."
Bueno… el caso, es que a este perro tampoco le gustaba comer humanos así que se lo presenté a Nico.
Días después, Dark se unió a mí en el campamento.
Había sido él quien me había avisado de que dos cachorros y su amo, porque Will también cuidaba de él, estaban en una guarida.
Fui junto a Dark y fingimos ser perros del infierno comegente y todo eso.
Nos unimos a una manada y desfilamos frente a aquella jaula donde los tenían.
Queríamos sacarlos, pero había demasiados monstruos a nuestro alrededor.
iba a avisar a mi amo, cuando me topé de frente con el amante del padre de Percy y sus tres crías.
Les guié por los diferentes pasadizos hasta la puerta de la jaula.
Antes de poder ver a los cachorros de mi amo, vimos a las ladronas de bebés.
Más rápido de lo que había imaginado, Dark apareció a mi lado y las acorralamos.
***Hermes.***
Al llegar, vimos a Hera y a una de las Nereidas sobrinas de Poseidón.
De alguna manera, había logrado sobrevivir fuera del mar.
Según sabía, solo había una forma.
Si traicionaban al dios del mar, no podrían volver al agua ni tendrían poderes.
Mi madrastra debió haberle dado su vendición o algo parecido.
Otro perro del infierno apareció al lado de la Señorita O'Leary y acorralaron a las diosas.
Trataron de escapar, pero antes de que pudieran lograrlo, mis hijos arrojaron sus cadenas y las atraparon.
Trataron de escapar y de lanzar ráfagas de energía, pero no se lo permití.
Cada dios tenía unos brazaletes para restringir los poderes de esas indeseables.
los semidioses no podían llevarlos porque eran muy peligrosos.
Connor se adelantó a la jaula mientras yo les colocaba los brazaletes en las muñecas.
Después, llamé a mi hermana Artemisa y pronto se escucharon sonidos de batalla.
Mi hijo menor logró abrir la cerradura pero la puerta no se movía.
Dentro podía ver a dos pequeños que lloraban y a un adolescente que agonizaba en el suelo.
Entre ambos Stoll, lograron destrabar la puerta.
Con cierta dificultad, la separaron de la jaula y se dispusieron a sacar a los chicos de allí.
***Con Will.***
El joven escuchaba a las mujeres hablando.
Por lo que había podido entender, hoy se los llevarían y los monstruos disfrutarían de un festín.
Decían que cuanto más joven y poderoso era el semidiós, mejor sabía.
Will escuchó forcejeos y gritos fuera de la jaula.
De alguna manera, los niños se mantenían en silencio aunque tuvieran mucha hambre.
EScuchó la puerta abrirse, más forcejeos y después sintió cómo unas manos firmes le sujetaban.
Se revolvió con todas sus fuerzas y no dejó que se llevaran a los bebés.
-Tranquilo Will. Soy Travis.
El joven se encogió.
-Vamos Solace. Sal de ahí. Tenemos que irnos.
Chris apartó a sus hermanos y entró en la sucia celda.
Sacó a los tres prisioneros sin esfuerzo y los colocó sobre el lomo de la perra del infierno.
-Salir con Clarisse tiene sus ventajas… Según veo hermano. -Rió Connor.
Chris no contestó.
Saltó al lomo de la Señorita O'Leary y mediante el viaje sombra, se marcharon al Olimpo.
Hermes cogió a Travis y a Connor de la mano y los tres se teletransportaron.
Will no sabía dónde estaba.
oía mucho caos a su alrededor y después sintió que todo se volvía negro.
Lo último que notó, era que viajaban entre las sombras.
***Olimpo.***
El primero en llegar al salón fue Dark.
El perro transportaba a las traidoras en su lomo.
Las dejó caer con fuerza al suelo y para evitar que escaparan, puso una pata delantera en el abdomen de cada una.
Hermes llegó justo después a la vez que la Señorita O'Leary.
Al saber que había gente en el salón de los tronos, Zeus fue a mirar quién era.
Nada más llegar, avisó a todos los demás dioses y pronto todo el que había participado en la búsqueda, estaba allí reunido.
-¿Will?
Nico se acercó corriendo hacia él.
Apolo fue detrás para comprobar la salud del adolescente y la de los bebés.
Percy empujó a los dioses hasta llegar donde estaban sus pequeños aún entre los brazos de Will.
Después de que Apolo se cerciorara de que todo estaba bien con sus hijos, los cogió con suavidad y los abrazó contra su pecho mientras lloraba. Había veces en las que pensaba que no volvería a verlos.
En seguida, Hestia le entregó un viberón a él y otro a Zeus.
El dios de los cielos cogió a uno de los pequeños y le dio de comer.
Apolo estaba arrodillado junto a su hijo y pasaba sus manos por su cuerpo con rapidez a la vez que entonaba un cántico en griego antiguo.
Le dieron néctar y ambrosía y esperaron.
Por suerte, el dios había logrado sacar la infección de su sistema y cuando Will hubiera descansado lo suficiente, se despertaría.
Nico sentía que su novio estaba fuera de peligro.
Hestia habilitó una cama para el recién rescatado y Tritón se apresuró a llevar al rubio.
El hijo mayor de Poseidón y el rey de los fantasmas se quedaron junto a Will aún muy asustados como para hacer otra cosa.
Más tarde, los campistas volvieron a sus campamentos, las cazadoras al suyo y las amazonas también.
En el salón de los tronos solo quedaban los dioses, Will y Nico junto a Tritón, y Percy con sus niños.
Zeus no quería perderlos de vista.
***PJ***
Poseidón agarró a la ex nereida de la muñeca y Dark apartó su pata delantera.
El dios muy molesto, se la presentó a Tritón.
Sus hijos miraban a la ninfa marina aún sin creerse lo que había hecho.
Sin decir nada, Tritón se levantó, cogió a la mujer y la transformó en escarabajo.
Con un movimiento de su mano, el insecto desapareció.
Volvió junto a Will pero antes le dio una patada a Hera en la cara.
Percy no pudo evitar reír.
-Necesitamos una reina o alguien que ocupe el lugar de ese parásito. -Dijo Zeus.
-¡Nadie ocupará mi lugar! ¡Yo soy la reina!
Con un movimiento de su caduceo, Hermes la dejó en silencio.
-Que sea Percy. -Intervino Deméter. Estáis conectados de por vida y tenéis dos hijos en común.
-Yo no quiero ser reina.
Todos miraron a Percy ligeramente dolidos.
-Puedo ser tu consorte. Pero si alguien me llama reina…
Poseidón sonrió. Al fin su hermano tenía a alguien con carácter al que no podría mangonear.
-¿Serías mi consorte?
-¿Tengo que repetírtelo?
El rey se agachó junto a su futuro esposo y le besó.
-Pero nada de serme infiel con cualquiera. Sé que es necesario tener semidioses pero eso no te da escusas para tirarte a todo bípedo que se te ponga delante. Yo elegiré a tus candidatos.
Zeus asintió sumisamente.
-Buen chico.
El mestizo le palmeó la cabeza.
-¿Y qué castigo quieres para Hera mi querido consorte?
-Tengo una idea perfecta.
El semidiós sonrió.
-Quiero que sea la sirviente del campamento mestizo. Limpiará los establos, las cabañas, ayudará a las arpías en su trabajo durante toda su vida. la pondremos como una humana de unos treinta años. También quiero que de noche, sufra todo lo que hemos sufrido todos por su culpa.
-El traspaso de poderes deberá hacerse ahora. Antes de que Hera sea transformada. Así, no tendrá posibilidades de hacerse con su divinidad de nuevo.
Percy asintió.
Le pasó a su padre los bebés y se preparó.
Apolo le desmayó para que no sintiera dolor y comenzó el cambio.
Dos horas más tarde, Percy dormía en brazos de Zeus con los niños en una cuna a su lado mientras que Hera llegaba al campamento junto a Dioniso.
Los mestizos estuvieron encantados y le mandaron hacer todo tipo de tareas vergonzosas.
***Días después.***
Will se sentía desorientado y ligeramente mareado.
De vez en cuando, escuchaba voces muy familiares que le pedían que despertara y aunque él lo intentaba con todas sus fuerzas, no lo conseguía.
Esa vez, cuando abrió los ojos, vio a Nico y a Tritón dormidos uno a cada lado.
Sintió la garganta muy seca.
Quiso coger una jarra de agua que había en la mesita de noche, pero lo único que logró fue despertar a sus compañeros.
-¿Will?
-¿Nico?
El mencionado se acercó a él y le dio un largo beso en los labios.
-¿Quieres agua? -Preguntó Tritón.
El rubio asintió.
Después de beber varios tragos, se recostó satisfecho.
Nico se apoyó con suavidad en su pecho y le mojó la camiseta que llevaba.
-Creí que morirías. Estaba seguro de que nos dejarías a los tres.
-¿Los tres?
-Me dejaste embarazado Solace. -Gruñó el menor.
-¿Ah sí?
Will sonrió y abrazó a Nico con fuerza.
Tritón los miraba con una sonrisa.
-¿No vas a besarme?
El hijo de Poseidón asintió con rapidez.
-¿Y a qué esperas?
El dios se apresuró a unir sus labios con los del precioso rubio al que amaba.
los tres estuvieron compartiendo besos durante varios minutos hasta que Will volvió a quedarse dormido.
Sus novios le siguieron minutos después.
Cuando Apolo les vio, sonrió con alibio y se marchó.
***Inframundo.***
Hades tenía algo que contarle a Hermes y por eso, ambos estaban sentados en el jardín de Perséfone.
-Castellan va a renacer.
-¿Ya? ¿Cómo lo sabes? Espera. No me respondas a eso. Eres el dios del inframundo y todo eso.
-Su alma va a renacer en el niño que lleva dentro mi hijo.
-Presiento que esta vez le irá mucho mejor. -Murmuró el dios de los viajeros.
Hades ocultó su sonrisa detrás de su vaso de Wiskey.
-Menos mal que todo ha salido bien. -Dijo después de un rato.
El dios de los ladrones asintió de acuerdo con él.
Nota: Y el próximO, EL EPÍLOGO.
