Disclaimer: Todo lo que reconozcáis le pertenece a Rick Riordan.

Extra 02.

Habían pasado varias semanas desde que los mellizos habían nacido.

Ese día, Percy le había notificado a Zeus que comerían en casa de su madre y que pasarían la tarde con ella.

-¿Y yo no tengo ni voz ni voto en esto?

-Por supuesto que no. -Resopló el semidiós. Pasamos el día con mi madre y punto. Y si no te gusta, pasarás una temporada durmiendo solo.

Después de eso, Zeus no rechistó.

Su hermano Poseidón incluso su sobrino le habían advertido de que Sally Jackson era una mujer de temer. Que podía hacer temblar incluso a un dios.

El rey de los cielos se echó a reír con incredulidad.

Sus familiares marinos le miraron con lástima y se marcharon.

-Él sabría. -pensaron.

Cuando tocaron al timbre de la casa en la que vivía su suegra, Zeus se sentía relajado y confiado. Simplemente era una mortal más.

Sally abrió la puerta y al ver a su hijo y sus nietos se lanzó a abrazarlos.

Llenó las caritas de los bebés de besos y les hizo montones de cariños.

Paul, con Estelle de la mano, les hizo pasar.

La mujer de cabello castaño se ruborizó.

Después, clavó la vista en Zeus y le examinó como si estuviera pensando el mejor modo de torturarlo, matarlo y esconder el cuerpo.

-Ah. Eres tú. El tipo que le robó la inocencia a mi niño.

-¡Mamá! -Percy se sintió muy abochornado.

Ella le lanzó una mirada de: No te metas. Deja que tu madre se encargue de esto.

-Oiga señora. Soy el todopoderoso rey de los dioses y…

-¿Me está amenazando? ¿A la madre de tu pareja? ¡Qué desvergonzado!

-No he dicho eso señora Pero usted debe ser consciente de que si me falta al respeto, puedo fulminarla y…

-¿Cómo has dicho? -La voz de Percy era helada.

-Solo es…

-¡Es la última vez que amenazas a mi madre!

-Pero ella ha sido…

-¡Me lleva al Hades lo que haya sido!

Sally calmó a su pequeño.

-Y tú. Dios promiscuo. ¡Le has quitado la inocencia a mi hijo! ¡Y nadie, por muy dios que sea, hará aquello sin recibir su merecido!

Nadie se dio cuenta cuando Sally cogió una sartén, pero lo que sí escucharon fue el fuerte golpe que le dio a Zeus en la cabeza.

Y no contenta con eso, le dio dos golpes más.

-¡Cariño! -Se impresionó Paul.

-¿Si mi amor? -Ella le habló con un tono dulce y calmado.

Zeus trató de incorporarse cuando la mujer se distrajo, pero otro golpe le hizo quedarse en el suelo.

Era un dios pero los sartenazos dolían. Y mucho.

Durante la comida, ella no dejaba de lanzarle miradas asesinas a él mientras que era cariñosa con su hijo y sus nietos.

La indignación llegó cuando Tritón se pasó a saludar y Sally le había dado una de sus galletas azules.

Iba a abrir la boca para protestar, pero la sartén seguía en la mano de la mortal más aterradora que había conocido.

Desde aquel día, aprendió que los consejos de su hermano no eran ningún chiste.