Capítulo VIII: Diana
¨Lo he analizado… tengo todo, excepto a ti. ¨
POV. Diana
Aquella noche en la fría biblioteca y bajo todas aquellas torres de libros, cruzamos miradas, tus ojos carmesíes hundidos en los míos; quisiera quedarme ahí, sólo admirando la llama interna de tu mirada y sin embargo, no puedo, porque tengo miedo de que mi agua apague tu cálido fuego. Cierras los ojos lentamente, es justo, debes esconder aquel brillo que yo tanto ambiciono; mientras yo, seguiré aquí acompañándote hasta que despiertes y vuelvas a regalarme una mirada sin que te des cuenta.
Yo Diana Cavendish, provengo de una familia de linaje que se ha preservado durante décadas, perdí a mi madre desde temprana edad y la vida se ha empeñado en otorgarme toda clase de responsabilidades; dinero no me falta, prestigio, menos. He intercambiado mi infancia por mi familia y durante años me he dedicado a estudiar arduamente para convertirme en una bruja excepcional; ¿inteligencia?, tengo, ¿pretendientes?, me sobran, pero yo simplemente no quiero a ninguno.
Imitaciones y envidia, se han encargado de seguirme como sombras, honores y títulos, me llueven de boca en boca; cualquier persona dice que mi vida es perfecta, que nada me falta, que todo me sobra; sin embargo, nadie y absolutamente todos están equivocados porqué no existe alguien que me conozca de pies a cabeza para confirmar sus prejuicios, y es que sólo yo sé, que en realidad estoy incompleta.
Todo el tiempo creí saberlo todo, pero cuando te conocí, me di cuenta de que existen enigmas asombrosos, aquellos que ni con todos los libros del mundo podrían resolverse, de aquellos que ni con años de teoría podrían comprenderse; y fue por eso que te comencé a odiar, por el simple hecho de no tener la altura para descifrarte ni la creatividad para encontrar un primer paso. Atrevida y encantadora, tu belleza no se basa únicamente en tu físico, tu belleza más bien erradica de tu determinación y rebeldía, dos cosas que me hacen mucha falta. Vas por la vida flotando entre los problemas sin poder percibirlos atacándolos sólo por instinto; desde que llegaste a mi vida te convertiste en mi rival, pero déjame decirte, que jamás te odié porque pudieras superarme, claro que no cariño mío, sino todo lo contrario. Yo te odiaba porque sabía que podías hacerlo mejor.
Te he dedicado cientos de insomnios e incluso desearía que pudieses verme ahora, porque aquella noche en el sótano esas acciones tuyas fueron como dosis de cafeína inyectadas a propósito para no dejarme dormir. Y sí, la gente no me conoce, la gente no sabe en realidad lo egoísta que soy por agradecer cada maldita desgracia que me hizo cercana a ti. Ahora conversamos y pretendo hacerme la dura para no perder la costumbre, para que no dejes de tenerme en la mira, pero en realidad, lo que tú no sabes es que día a día llego más temprano para poder encontrar un lugar cerca de ti y espero impacientemente durante horas para poder cruzar palabras contigo, a mi no me importa el lugar, ni siquiera el ambiente, porque a mi lo único que me interesa es sentir tu presencia junto a la mía.
Aunque al caer la noche, tú no lo sabes, pero mi insomnio regresa y me acompaña mientras me abraza con todos mis recuerdos contigo, doy vueltas como de costumbre y siempre termino observándome al espejo, sólo para recordar que estoy incompleta. Soy como una jaula vacía que no atesora ninguna vida y tú, como una hermosa ave que se eleva en el cielo, intocable e inalcanzable y que no pretende mirar hacia abajo. Soy una mala persona, lo sé, porque quiero encerrarte en mi jaula y no dejarte salir de aquí jamás, para apreciarte, protegerte, atesorarte, para esconder tus colores de los ojos del mundo y tener la dicha de ser la única en tener ese derecho. Quiero probar la textura de tus labios y explorar cada parte de tu cuerpo y tal vez descubra que te hace tan encantadora; pero mi amor, no te enojes si te digo que ni aún con esto podré quedar satisfecha, no, mi ambición es aún más grande que esto y tengo miedo, miedo a abrirte las puertas de mi jaula y que tú simplemente no quieras quedarte.
Envidio a las profesoras, talvez tú no estás para saberlo ni yo para contarlo, pero la profesora Chariot parece haber cumplido los deseos de su amada y es que cada tarde al terminar las clases, en el mismo pasillo escondido entre la soledad y el silencio la profesora Croix extiende sus brazos tales como las puertas de una jaula únicamente para dejar a su bella ave, a su bella amante, a la profesora Chariot; mientras yo, muero de envidia.
Es que tú eres distinta, pareciera que nada ni nadie pudiese detenerte y yo sólo puedo quedarme anhelándote desde este frío suelo, pero ¿De qué me sirve, dime tú?, ¿De qué me sirven mis virtudes y victorias, mis títulos y mi prestigio?, ¿De qué me sirve todo si no te tengo a ti?...
Y vuelvo a la realidad, al espacio y tiempo de ahora; te tengo tan cerca aspirando tu respiración, sintiendo la calidez que desprende tu cuerpo, mientras me atrevo a tomar tu mano con el tacto más suave para no perturbar tus sueños: Ten por seguro, Akko, que aunque no puedas ser mía, yo protegeré tus sueños egoístamente, tan egoístamente que los defenderé como si fueran los míos, porqué debo confesarte entre estos susurros, que te amo y si no puedo encerrarte no te preocupes, duerme tranquila querida, que te daré alas para volar aún más alto.
Por siempre, las puertas de esta jaula que te esperarán con anhelo.
Mi codicia más grande, Akko.
Fin POV. Diana
Continuará…
Estimados lectores, realmente aprecio sus comentarios y me gustaría pedir una disculpa por el tiempo que han estado esperando para un nuevo capítulo. Estuve estudiando tres semanas en el extranjero por un curso de capacitación en idioma, y con las ajetreadas actividades no me fue posible escribir, pero he vuelto y el hiatus ha llegado a su fin, espero poder publicar el próximo capítulo ésta semana, además, como estoy por entrar a vacaciones trataré de recuperar el tiempo perdido con más capítulos.
Hasta el próximo episodio, ¡Gracias!
Eimi Catto
