Capítulo XIV: En Soledad
¨No me siento culpable de nada, puedo sentir que también me amas y te aseguro que te conquistaré…¨
Cierto grupo de niñas que jugaban en el patio y rompieron la ventana comenzaron a transpirar de los nervios y asustadas, trataban de planear alguna explicación para lo acontecido después de haber escuchado un aterrador grito desde el interior que por la voz estaban completamente seguras de que se trataba de Diana Cavendish.
- ¡Amanda mira lo que hiciste!- decía nerviosamente Constanze
- ¿Qué-qué vamos a-a hacer?- Jasminka comenzó a comer frenéticamente.
- ¡AAAGGG! ¡No-no-no lo sé!, ¡Me van a fusilar!, o tal vez mi cabeza rodará y la colgarán como ejemplo de un castigo para las que se porten mal, ¡ahhhh! ¡Y-y-y-y Diana seguramente será la encargada de la ejecución!- Amanda parecía notablemente asustada.
- ¡Ya sé! Díganle que… emmm… ¡que me fui a Italia! – y salió volando en su escoba.
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- ¡ ¡ ¡A – MAN – DA!- Diana seguía en la biblioteca ardiendo en cólera con una Akko desmayada entre sus brazos.
Ella sabía que esa era la oportunidad perfecta y sin embargo, el destino le hizo una mala jugada; Diana quería en aquellos instantes asesinar a Amanda de diferentes maneras pero al ver a Akko entre sus brazos se tranquilizó un poco. Trató de levantarla un poco para acomodarla, Akko no era muy pesada así que la cargó y la sentó en una silla, se alejó un poco para poder ver de cerca el pozo en el cristal y del otro lado visualizó a lo lejos la silueta de la profesora Finnelan.
- Ah… será mejor que nos vayamos de aquí.- Tomó a Akko nuevamente y la llevó fuera de la biblioteca.
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POV. Diana
No quería pasar por el largo interrogatorio de la profesora Finnelan a pesar de que delatar a Amanda me haría muy feliz, por lo que me lleve a Akko cuidadosamente de ahí. Al principio pensé en llevarla cargando pero supuse que llamaríamos demasiado la atención, así que sólo la recargué sobre mis hombros y la lleve ligeramente arrastrando; así llegamos hasta el cruce que separaba nuestros dormitorios y pensé: ¨¿En dónde sería correcto dejar a Akko?¨, si dejaba a Akko en su habitación probablemente Lotte estaría ahí y la preocuparía, pero… si no lo hacía… podría considerarse indecente mantenerla sola, conmigo, en mi… habitación…
- Akko y yo… e-en mi habitación… solas. – mi cara comenzó a subir su tono de color nada más de pensar en eso. Sí, estaba mal pensar de esa manera pero ¿cómo ser tan dura conmigo misma y culparme por tener esa clase de pensamientos?, yo estoy enamorada de Akko y mi avaricia más grande es tenerla para mí.
- ¡Oh vamos!, no soy ninguna criminal- dije para calmarme e inmediatamente la llevé a mi habitación.
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En cuánto entramos cerré la puerta con llave para que a nadie se le ocurriera molestarnos, quiero decir molestarla, molestarla ¡SI!; abrí un poco las ventanas para que el viento refrescará un poco el ambiente y acomodé lentamente a Akko en mi cama, cuando la acosté completamente me separé de ella y cerré un poco las cortinas de manera que la tenue luz no llegase a molestarla.
- Ah…- lancé un suspiro de una extraña combinación entre cansancio y decepción, pues hace algunos momentos me sentía la persona más segura en expresarle mis sentimientos y sin embargo ahora, me sentía débil y con miedo, miedo de que Akko despertara y no recordara lo que estábamos a punto de hacer.
Caminé lentamente alrededor de mi habitación hasta parar justo al lado de mi cama, aquella afortunada cama en la que se encontraba ahora descansando Akko. La observé minuciosamente hasta que caí en cuenta que parecía un viejo pervertido atacando a una inocente chica, me avergoncé, pero sabía que no lo estaba haciendo con mala intención.
El lugar transpiraba un cómodo silencio que resaltaba la tranquila respiración de Akko, me acerqué con curiosidad a ella y comencé a capturar el movimiento de su pecho al respirar, se veía hermosa, su melena café desparramada en mis sábanas y ese rostro pacífico que parecía descansar cómodamente; su esbelto cuerpo que se veía muy bien bajo ese uniforme desaliñado y sus frágiles y delicadas manos que reposaban sin preocupación en el colchón. Akko sin duda era una chica muy hermosa, y estaba completamente segura de que la persona que fuese especial para Akko sería la más afortunada en el mundo por tenerla.
- A mi… me gustaría ser esa persona…- dije suavemente, como si quisiera que ella me escuchara.
Me coloqué de rodillas al costado de la cama y me atreví a acercarme un poco más para admirarla, sus ojos cerrados resaltaban las largas y curveadas pestañas que poseía; con mis dedos comencé inconscientemente a delinear cada una de sus facciones, primero sus suaves mejillas, después su pequeña y linda nariz, el cabello que caía en su frente y por último… la curvatura de sus delicados labios, que tan sólo con verlos, me daba la impresión de que seguían conservándose puros y castos. Tragué saliva, recordé los milímetros de distancia en los que me encontraba hace un momento y me acerqué lentamente a ellos anhelando descansar los míos sobre los suyos, sin embargo reaccioné:
- No, yo no quiero tomarlos de ésta manera, yo quiero que tú estés consciente cuando lo haga.
Me alejé de esa zona peligrosa y en su lugar me atreví plantar pequeños y suaves besos, primero en su frente, para después besarla en la punta de nariz y por último, en su mejilla aprovechando así inhalar su fragancia.
- Akko… - mi corazón se agitaba y mi respiración se entrecortaba, quería que lo supieras, quería que estuvieses despierta y me correspondieras.
Y en un acto egoísta me levanté del suelo, me subí a la cama y me acosté a tu lado, pasé mis brazos alrededor de tu cintura y te abracé…
- Akko, creeme que no me siento culpable de nada, ni de amarte ni de querer expresarte lo que siento… y ahora que puedo sentir que también me amas, te aseguro que te conquistaré.
Te apreté aún más fuerte entre mis brazos y cerré los ojos para aprovechar éste momento y así sentir que mis sueños se hacían realidad.
Fin POV. Diana
Continuará…
