Capítulo 2: Eres increíblemente agradable.
Setsuna tenía sus límites.
Una hora de reunión con el director era algo que ella podía manejar. Se trataba de una instancia importante donde tenía la oportunidad de estar frente a la figura más influyente de la preparatoria. Y siempre trataba de presentarse ante el director con un detallado informe de propuestas para el mejoramiento de la atención en la enfermería, también con un listado de instrumentos, medicamentos y otras cosas que se necesitaban con urgencia. En fin, Setsuna siempre estaba interesada en una charla productiva con el director.
Pero sentarse frente al tipo por una eterna y aburrida hora, solo para enterarse de que la preparatoria iba a reducir el aporte que se le entregaba a la enfermería, superaba sus límites.
- Y además desechó todas mis propuestas. – Tenía la certeza de que algún día no aguantaría más y terminaría armando un escándalo en medio de una importante reunión con el director. – Mi único consuelo es que hoy tengo una cita y podré olvidar todos estos problemas. -
El ánimo de Setsuna comenzó a mejorar mientras caminaba por los pasillos de la preparatoria y pensaba en los planes que llevaría a cabo en la noche. Sin embargo, cuando llegó a la enfermería y advirtió la presencia de Luna frente a la puerta, sus alarmas internas inmediatamente se activaron.
- ¿Luna? – La enfermera apresuró el paso. - ¿Qué estás haciendo acá? –
- ¿Setsuna? – La otra mujer parecía igual de confundida. – Espera, ¿de dónde vienes? Pensé que estabas adentro. -
- Claro que no.- Respondió la morena. – Vengo de una reunión con el director. –
La revelación provocó que el semblante tranquilo de Luna cambiara a uno preocupado.
- Hace media hora atrás mande a una de mis jugadoras acá. – Comentó la entrenadora. – Terminó con una lesión en su tobillo. -
Unos gritos provenientes desde el interior de la enfermería llamaron la atención de la enfermera. Parecían gritos de jóvenes, también risas. Nada que realmente la hiciera preocupar, ya que no parecían sufrir. De hecho, sonaban bastante divertidas.
- Además, el resto del equipo decidió venir a ver cómo estaba la lesionada una vez terminado todo. –
Ante la amenaza que significaba tener un grupo de adolescentes encerradas en su enfermería, Setsuna no dejó pasar un segundo más y abrió la puerta de golpe.
Y bueno, toparse con susodicho grupo de adolescente, todas gritando y bromeando junto a la lesionada jugadora, no era algo que la hiciera sentir mejor. Tampoco mejoraba su desgastado ánimo. De hecho, solo le causaba un terrible dolor de cabeza.
- ¡Makoto, finalmente encontramos a la mujer perfecta para ti! – Haruka, quien estaba recostada junto a la castaña en la camilla, parecía muy divertida con sus propias ocurrencias. - ¡La número 8 de Odaiba es la correcta! –
- ¡Alguien que te sigue a todas partes y no te quita los ojos de encima! – Unazuki reía sin control. – ¡Mujeres así valen mucho, Makoto! -
- Por favor, me avergüenzan. – Akane trataba de aguantar con todo su ser las ganas de reír, pero estaba resultando muy complicado. Cada broma era mejor que la anterior. - ¡Yaten, haz algo para que se callen! –
- Ellas no son mi problema una vez que estamos fuera de los entrenamientos y juegos. – La joven trató de desligarse de toda responsabilidad. – Además, hoy están haciendo buenas bromas. -
Esto era tan vergonzoso para Luna. Sus chicas no sabían comportarse y tenían armado un alboroto. Ahora Setsuna iba a pensar que ella no era una profesional de talla con las aptitudes necesarias para formar jugadoras disciplinadas.
- Te aseguro que no son así todo el tiempo. – De alguna manera tenía que arreglar la situación. – Se emocionan mucho luego de ganar un juego… -
- No hay problema, Luna. – La juventud de ahora era muy animada.
Desde un rincón de la habitación apareció Ami. Setsuna había olvidado por completo el hecho de que dejó a la chica sola en la enfermería. Cielos, no podía estar olvidando a la única persona que la acompañaba en las tardes.
- ¡Cuánto lo siento, Setsuna! – Comenzó a disculparse la joven. - ¡Todo está fuera de control por mi culpa! - Había fallado en su promesa de cuidar la enfermería. Solemnemente juró mantener todo en orden, pero fracasó de forma miserable. – No pude detener el alboroto que comenzaron… -
La enfermera poco caso hacía al desesperado parloteo de la joven. Su atención estaba ahora puesta en la jugadora lesionada. Curioso fue para la morena encontrarla bastante cómoda en la camilla y con su tobillo reposando sobre una almohada. Otro detalle que no pasó desapercibido por ella fue que alguien había vendado cuidadosamente el tobillo de la chica. No menos importante era el hecho de que aplicaron hielo sobre la zona inflamada.
Y solo una persona había quedado a cargo de la enfermería cuando ella partió a la reunión.
- …Por eso creo que hoy no merezco que me regales un flan. –
- Ami, hiciste un buen trabajo. – Dijo Setsuna para la sorpresa de la peliazul.
- ¿Cómo dice? – Al parecer no la había escuchado bien. – Hay un equipo de baloncesto gritando en la enfermería, todo está fuera de control y la camilla más vieja está resistiendo el peso de dos personas. Personalmente no creo que eso sea un buen... -
- No, me refería a la atención que le diste a la jugadora. – Dijo apuntando discretamente a la castaña. - El vendaje luce muy bien. -
- Así que se refiere a eso. - La peliazul soltó una pequeña risa. - No fue nada, solo recordé lo que usted hace y traté de imitarlo de la mejor manera posible. Y debo admitir que me puse algo nerviosa mientras vendaba a Kino. -
- Lo importante es que decidiste actuar. - Una atención temprana era algo clave cuando se trataba de un esguince. Estaba feliz y orgullosa de que Ami tomara la iniciativa. - Así que muchas gracias, Ami. -
- De nada... -
Los gritos que la entrenadora entregaba a sus jugadoras arruinaban un poco el momento entre la enfermera y la estudiante. Pero Luna no encontró otra manera de reaccionar. ¡Estaba sumamente enojada con las chicas debido a su comportamiento!
Tenía a las cuatro formadas frente a ella y los regaños volaban contra todas. La única que se salvaba era Makoto, quien agradecía ser libre de la furia de su entrenadora. Algunas veces Luna era temible.
- ¡Y se retiran ahora mismo de acá sin hacer ruidos! - Ordenó la mujer. - La enfermera tiene que hacer su trabajo sin que la molesten. -
Las jugadoras acataron las órdenes y marcharon una por una fuera de la habitación. Sin embargo, antes de salir, Haruka volteó ligeramente su cuerpo e hizo un gesto a Makoto. Con su pulgar arriba daba a entender a la castaña que esperaba que todo marchara bien para ella.
- Nos vemos mañana, Koto. -
- ¡Por supuesto! - La chica sonrió a su amiga. - ¡Nos vemos! -
La rubia abandonó la enfermería y cerró con cuidado la puerta.
- Bueno, yo también debería partir. - Luna se acercó al lado de Makoto para despedirse. Había estado muy preocupada por ella, pero ahora podía irse un poco más tranquila. Tenía la certeza de que Setsuna le informaría de todo luego de revisar a su jugadora. - Te dejo en buenas manos, Makoto. -
- Gracias por venir, entrenadora. -
Una vez que Luna abandonó la habitación, todo quedó momentáneamente en silencio. Fue la enfermera quien decidió moverse primero, acercándose al lado de la castaña con una sonrisa.
- Así que tú eres Makoto Kino. - Había escuchado ese nombre en muchas ocasiones. - Eres una de las mejores jugadoras del equipo de baloncesto de nuestra preparatoria. -
Ami escuchaba la conversación desde el escritorio de la morena.
- ¿Cómo terminó el juego de hoy? - Preguntó Setsuna mientras revisaba el vendaje.
- Obviamente ganamos. -
- ¡Qué bien! - Un nuevo triunfo para el equipo. Era fantástico, no dudaba que este grupo llegaría a la final. - Y dime, ¿cómo te sientes? ¿Te duele mucho el tobillo? -
- No, me siento bastante bien. - Aseguró la joven. - Todo gracias a su asistente. - Makoto levantó la mano y apuntó a Ami. - Ella me trató muy bien mientras usted no estaba. -
Setsuna apostaba todo su dinero a que en este preciso momento la peliazul estaba completamente roja.
- No es mi asistente. - Comentó entre risas la mujer. - Ella es hija de una querida amiga mía. -
- Como sea, gracias a ella me siento de maravilla. - De hecho, creía que no era necesaria la revisión de la enfermera. - Sabe, necesito cambiarme el uniforme. Tengo juego la próxima semana y debo tenerlo limpio. Además, debo darme una ducha, ya que apesto. -
- ¿Jugarás la próxima semana? - Entonces había un pequeño problema. - Mira, tu esguince no es algo serio, pero necesitas tiempo y descanso para retomar tu ritmo normal. - No era llegar y lanzarse a la acción. Cualquier esfuerzo mayor podía empeorar su estado actual. - Por eso mismo creo que no existe la posibilidad de que puedas jugar la próxima semana. -
- Debe estar bromeando. - La noticia no era bien recibida por Makoto.
- ¡Claro que no bromeo! - Era una mujer que se tomaba muy en serio su trabajo. - La inflamación se tomará uno o dos días en desaparecer. Ni hablar del dolor, que seguramente estás disimulando ahora. - Setsuna dudaba que el trabajo de Ami haya sido milagrosamente sanador. - Tu recuperación tomará los días necesarios y debes... -
- ¡Yo tengo que jugar ese día! - Gritó sin control la jugadora. - ¡Y usted no puede impedir que lo haga! -
- ¿Y crees que Luna te dejará jugar en tu estado? - La enfermera temía que no. - Sé que ella no arriesgaría que tu lesión termine peor solamente por cumplir tus caprichos. Es mejor que entiendas que las medidas que se tomen, serán por tu propio bien. -
Makoto no podía aceptarlo.
- ¡No, yo no puedo...! - La jugadora estaba llorando. - Yo debo estar junto a ella... -
La escena provocó una extraña sensación en el pecho de Ami. Sentía un molesto nudo en la garganta que le impedía formular alguna palabra de consuelo para calmar a la castaña.
- Kino, sé que es duro, pero solo será un juego. - Habló Setsuna. - Tendrás otras ocasiones para... -
La joven se bajó de la camilla y partió corriendo fuera de la habitación. El golpe que dio a la puerta sacudió todo. La enfermera negó con la cabeza y suspiró con cansancio. Este tipo de reacciones eran las que menos le agradaban, pero no podía juzgar a la jugadora.
- Qué incómodo. - Fue el comentario que hizo Ami luego de recuperar su voz.
- Sí, no resultó muy bien. - Setsuna solo esperaba que Kino recapacitara.
Era un nuevo día y las clases ya habían acabado. Sin embargo, la gran mayoría de las alumnas continuaban en las instalaciones de la preparatoria debido a las responsabilidades que cumplían con los diferentes equipos deportivos existentes.
Era la época del apogeo de campeonatos, así que muchos de los equipos estaban concentrados en sus entrenamientos diarios. Era necesario estar a la altura y resaltar. De esta manera la preparatoria ganaba prestigio y llamaba la atención de los mejores talentos del país.
- No puedo creer esto. – Luna ya estaba perdiendo la paciencia. – Hoy íbamos a hablar sobre nuestro desempeño en el partido de ayer, pero aún faltan chicas por llegar. –
La entrenadora volvió a contar a las jóvenes presentes. Al parecer, mientras hablaba, se dignaron a llegar dos jugadoras más. ¡Excelente! Ahora solo faltaba una. De todas formas, a causa de la falta de una, no podía comenzar con su charla.
- ¿Dónde se supone que está Unazuki? – La pregunta que hizo la mujer iba dirigida directamente a Yaten. - ¿No están en la misma clase? –
- El maestro de matemáticas la dejó castigada unos minutos. –
- ¿Y por qué? – Sintió curiosidad otra chica del equipo.
- Se quedó dormida mientras el maestro explicaba una ecuación. – Y obviamente la descubrieron. – No es la primera vez que lo hace. –
Luna no podía creer que esto estuviera pasando. Claro, el grupo se reía del infortunio de Unazuki, pero para ella era tiempo perdido que podía usarse en valiosas charlas o entrenamientos.
- El equipo tiene que mejorar en muchos aspectos. – Pensaba la entrenadora mientras se paseaba de un lado a otro. – Debo ser más estricta con ellas si deseo que den los mejor de sí. –
Los pensamientos de Luna fueron interrumpidos con la llegada de Unazuki al gimnasio.
- ¡Perdón, perdón, perdón! – Gritaba la chica mientras se acercaba al grupo. - ¡Sé que es tarde, pero…! –
- ¡A trotar de inmediato! – Fue la severa orden de la entrenadora. - ¡Escucharás la charla de hoy mientras das vueltas a la cancha! –
Al borde del llanto, Unazuki se dio la vuelta y partió a cumplir el mandato de la mujer. No quería que Luna terminara más enojada con ella, así que haría caso sin reclamar.
- ¡Y hoy serán diez vueltas más que el resto! –
El sufrido "no" que soltó la pobre joven era reflejo de lo poco que le había agradado esa idea. Aun así, tenía que continuar con el trote.
- Bien, comencemos con la charla de hoy. – Dijo la entrenadora una vez que todas estaban presentes.
- ¡Espere un poco! – Haruka se levantó de su asiento. – Makoto todavía no llega. –
- Makoto no se presentará hoy. – Luna iba a tocar este tema con el equipo, pero al parecer, tendría que adelantar la conversación. – Pedí que no se presentara a los entrenamientos. De hecho, decidí no llamarla para el juego de la próxima semana ante Tamachi. –
La noticia tomaba por sorpresa a casi todas las jugadoras.
- ¿Tan grave fue su lesión? –
- ¿Qué se supone que haremos sin ella? –
- ¡Pobre Makoto, debe estar muy mal! – Gritó Unazuki mientras terminaba su primera vuelta.
- No deben preocuparse por ella, ya que su lesión no es grave. – Se trataba de un esguince de grado uno que podía curarse en unos cuantos días. Siempre y cuando Makoto siguiera todas las recomendaciones que le dieron. – Pero por ahora deseo mantenerla alejada de los entrenamientos. Créanme, también me siento mal por lo que ocurrió con ella ayer, por eso tomé esta decisión. –
Ya se había equivocado una vez, no volvería a cometer un error que podía costar caro a una de sus jugadoras.
- ¡Ahora vamos a concentrarnos! El siguiente tema es el rendimiento que mostramos ante Odaiba… -
- Koto... – Haruka comprendía bien la postura de la entrenadora. Sabía que esto era lo mejor para la castaña, pero no podía detenerse de pensar que esto solo causaría alguna clase de repercusión en Makoto. – Para ella el baloncesto lo es todo. –
La capitana esperaba que toda esta situación pudiera mejorar con el transcurso de los días.
A esa misma hora, pero en otro sitio de la preparatoria, Ami caminaba tranquilamente por los pasillos con destino a la enfermería.
Había sido una jornada bastante fructífera a nivel académico. Estaba animada por las próximas clases que se avecinaban en días futuros. Iba a prepararse bien, posiblemente buscaría algunos libros en la biblioteca y trataría de cementar buenas bases de conocimiento para…
- Vaya, se siente un aura muy deprimente en este pasillo. – La joven se detuvo a pocos pasos de la enfermería debido a la extraña sensación que acogió su ser. – Es como si los sentimientos de alguien se maximizaran al punto que logran tener el poder de afectar el entorno. –
Entonces se percató de la presencia de alguien más en el pasillo.
- La sensación depresiva viene de esa persona… – A poca distancia de ella se encontraba otra chica. Estaba sentada en el suelo, su cabeza agachada y apoyada en sus rodillas. Su flequillo no permitía la visualización de su rostro, así que Ami no sabía con seguridad de quién se trataba. – ¿Tendrá alguna clase de problema? ¿Se habrá sentido tan mal que no pudo llegar hasta la enfermería y cayó desmayada? –
Preocupada, Ami se acercó con cuidado hasta el lado de la otra joven. Algo se le hacía familiar, pero no podía rescatar con certeza qué encontraba familiar en esa chica.
- Perdón, ¿puedo ayudarte en algo? –
Un pequeño sollozo fue seguido por la respuesta de la chica.
- Quiero jugar baloncesto... –
- ¿Cómo dices? – La peliazul no pudo descifrar del todo lo que había dicho la otra. – Si quieres podemos pasar a donde la enfermera para que puedas calmarte. –
- No quiero entrar, sé que la enfermera me odia luego de lo que hice ayer. –
- ¿Kino? – Era solo una sospecha, pero quizás esta chica era Makoto, la jugadora que ayer había llegado lesionada a la enfermería.
En efecto, cuando la castaña levantó el rostro dejó al descubierto su identidad. Además de sus hinchados y rojos ojos, también su nariz que goteaba. Seguramente estaba hecha un desastre.
- Mírate, ¿hace cuánto que estás llorando acá afuera? – Preguntó Ami muy preocupada.
- No lo sé… - Cuando uno está triste no tiene ánimo para contar los minutos. Simplemente llegó hasta la enfermería luego de su última clase, casi mecánicamente, como si hubiera recibido una orden externa que manejó su cuerpo y la trajo hasta este sitio sin que ella supiera. Pero no ingresó. Claro que no, ella no tenía la valentía para hacerlo. – Creo que estoy haciendo el ridículo. –
Un pañuelo celeste se posó frente a sus ojos. Makoto aceptó el gesto y agradeció a Ami con una pequeña sonrisa.
- No creo que llorar te haga alguien ridículo. – La peliazul pensaba muy diferente. Mantener los sentimientos encapsulados no era algo sano. Dejarlos salir, liberarse, servía para aliviar tanto el corazón como el alma. – Espero que estés bien ahora que te desahogaste. –
- Sí, eso creo. – Se sentía más liviana si eso contaba en algo.
- ¿Cómo estás de tu tobillo? -
- No muy bien. – Makoto bajó una de sus medias y dejó ver a la otra chica la inflamación que sometía a su tobillo. No estaba vendado, parecía no haber recibido el reposo necesario. – Aún duele, no puedo caminar bien. -
Ami podía ver claramente el malestar en el rostro de la castaña.
- Sé que cometí un error ayer. – Había sido infantil e impulsiva cuando la enfermera la estaba atendiendo. Abandonó la enfermería cuando alguien deseaba ayudarla, fue irrespetuosa y una tonta. - ¡Pero estoy arrepentida y avergonzada de mi comportamiento! - Aseguraba la castaña. - Aunque es obvio que ahora la enfermera debe odiarme... -
La risa de Ami hizo eco en tan silencioso pasillo. Se estaba riendo de ella, pero a Makoto el detalle no le importaba en lo absoluto. Era la segunda vez que escuchaba a la chica reír y era una experiencia bastante agradable. Secretamente deseaba que estas ocasiones se repitieran con más frecuencia, ya que Mizuno lucía muy bonita cuando reía.
- Setsuna no podría odiarte. – Ella la conocía muy bien. Que se diera ese tipo de escenario era algo imposible. – Es una de las personas con mejor corazón que conozco. Estoy segura de que si te disculpas sinceramente, ella no tendrá inconvenientes en ayudarte con tu tobillo. –
Eso daba esperanzas a la jugadora.
- Pero de no ser así el caso, y que por alguna razón extraña Setsuna realmente haya terminado enojada contigo, no te preocupes, yo estaré dispuesta a ayudarte en lo que pueda. – Ami no era una experta en el tema, pero seguramente podía apoyar a la castaña en este arduo camino de recuperación.
¡Esta chica no podía ser real! Makoto no podía creer posible que alguien tan puro, amable y bueno existiera sobre la faz de la tierra.
- ¡Muchísimas gracias! – La castaña sonrió ampliamente. Esa aura deprimente que había tenido en un principio terminó por desaparecer completamente. - ¡Eres como un ángel caído del cielo! –
- ¡Espera! ¡Yo no hice nada para que me agradezcas! – Las mejillas de Ami no tardaron en ruborizarse.
- ¡Qué divertido! Te pusiste muy roja. - Reía la castaña. - Ahora eres una manzana. -
- ¡Por favor, me apenas! –
- Kino, ¿tendrías la amabilidad de dejar tranquila a Ami? Ella tiende a ponerse nerviosa con los comentarios provenientes de gente que no conoce del todo. –
Ambas chicas reconocieron la voz que escucharon desde sus espaldas.
- ¡Enfermera Meio! – Makoto había creído erróneamente todo este tiempo que la mujer estaba dentro en la enfermería. Al parecer era todo diferente. Parecía recién estar llegando. Bueno, supuso que era hora de hablar y disculparse. – Por favor, déjeme… -
- Ya entra de una vez, Kino. – Ordenó la mujer mientras sacaba unas llaves y abría la puerta de su lugar de trabajo. Ingresó sin ver atrás. Tenía la certeza de que ambas jóvenes iban a seguirla. – Allá afuera no puedo atenderte. –
- ¡Muchísimas gracias, enfermera! – La jugadora realizó una fugaz reverencia antes de entrar en la habitación. - ¡Vamos, Mizuno! Tú eres su asistente, así que también debes estar acá. -
- No soy su asistente... – Ami sonreía mientras negaba con su cabeza. Como fue la última en entrar, ella tuvo que cerrar la puerta. - Me da gusto que todo haya terminado bien. -
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