Capítulo 3: El anhelo que arde en su corazón.
Si tenía que ser sincera, Makoto debía entonces admitir que nunca le había interesado la historia del Imperio Romano y sus mayores regidores. Hoy no iba a ser una excepción. Sin importar cuánto esfuerzo pusiera el maestro de su parte, ella nunca encontraba las clases divertidas. Tampoco importaba el hecho de que hoy estuvieran usando el proyector de imágenes para hacer la clase más "didáctica e interesante". Ese truco no funcionaba con ella.
Makoto no estaba concentrada, menos interesada, así que posiblemente no iba a recordar ni la mitad de lo que el maestro habló aquel día.
Ella encontraba más interesante observar por la ventana el paisaje de la preparatoria.
- Un nuevo día sin entrenar. – Detrás de las instalaciones podía distinguirse parte del gimnasio donde Makoto solía practicar con su equipo. – El lunes se acerca y no sé qué rayos haré para evitar todo el ambiente deportivo que se crea antes de los juegos. –
Recordó el consejo que le había dado Mizuno el otro día y comenzó a dar cortas, pero hondas inhalaciones. La joven le había recomendado pensar en diferentes cosas que resultaban agradables para ella, así mantendría la mente ocupada y alejada del tema que la preocupaba.
- Piensa en deliciosos platos de comida, exquisitos pasteles, preciosos campos de flores, divertidas historietas y balonces…- Sus pensamientos se detuvieron allí mismo. – ¡No puedo dejar de pensar en el baloncesto! – Gritó, levantándose de su asiento y golpeando ambos puños en su mesa.
Pero quizás, solo quizás, gritar de ese modo no era adecuado cuando estaba en medio de una importante clase.
- No me diga, señorita Kino. ¿Y eso qué tiene que ver con Nerón? – El maestro no parecía feliz luego de la interrupción que sufrió en medio de su explicación. Y a él le encantaba relatar la historia de Roma. – Vamos, cuéntele a la clase qué sabe usted de Nerón que yo no sepa. –
Todas sus compañeras estaban observándola detenidamente en el más molesto silencio.
- Rayos, mil rayos… - Esto era tan incómodo. – Terminé hablando sin pensar. –
- Bien, si no tiene nada que compartir, trate de mantenerse en silencio mientras sigo explicando a la clase. – El maestro se volteó, dejando en paz a la castaña, y continuó con lo suyo.
Makoto volvió a tomar asiento. Rodó los ojos desde el pizarrón hasta la ventana que tenía a su lado, nuevamente con la intensión de perderse en sus pensamientos.
- Yo que tú pongo atención. – Susurró Naru, quien se sentaba detrás de ella. – El maestro no te perdonará otra falta. –
- Mako, esto entrará en el próximo examen. – Tomoko, quien se sentaba a su lado, deseaba advertirle este detalle. – Yo sé que no te gusta Historia, pero debes esforzarte. –
Las calificaciones de la castaña no eran muy buenas, así que era necesario que estuviera atenta.
- El próximo juego es contra Tamachi. – Pero la castaña ya estaba de vuelta en su pequeño mundo. – Y yo quiero estar presente ese día. -
Naru y Tomoko solo podían suspirar mientras se lamentaban del poco interés que tenía Makoto en la clase.
Terminada su jornada académica, Makoto se encaminó a la enfermería para una nueva revisión. Ya habían pasado cuatro días de que terminó lesionada en el juego con Odaiba. Cuatro días en los cuales tuvo que ser una persona quieta y reposada, algo poco común en ella, activa por naturaleza.
Pero gracias a eso ya se sentía mejor.
De todas maneras, Setsuna ordenó continuar con las revisiones hasta el viernes. La enfermera deseaba monitorear de cerca la recuperación de la jugadora. Era solo un día más, solo uno y sería libre.
- No hay signos de inflamación, el hematoma luce mucho mejor y ya no muestras problemas para caminar. - Dijo la enfermera terminando de examinar a la estudiante. – Me alegra ver el avance de tu recuperación. -
- Todo es gracias a usted, enfermera Meio. -
- Las recomendaciones ahora se limitan a evitar ejercicios de alto impacto para tu tobillo. – Setsuna partió a su escritorio y tomó entre sus manos una pequeña libreta. Allí comenzó a escribir los apuntes de la atención de aquel día. Por su parte, Makoto arreglaba la media que se quitó para la revisión sentada en la camilla. – Mañana es tu última visita. No veo necesario continuar citándote en ocasiones futuras si continuas con tu buen cuidado. –
La castaña escuchaba todo mientras se ponía su zapato.
- ¿Dónde está su asistente? – Preguntó una vez que estuvo lista. – Pensé que Mizuno estaría acá con usted. –
- ¿Ami? – No entendía cuál era el gusto que tenía la jugadora de llamar 'asistente' a la peliazul. Ya le había explicado que ella no cumplía ese rol en la enfermería. – Ami no pasa veinticuatro horas, siete días a la semana acá, Kino. – La chica tenía una vida normal fuera de estas cuatro paredes. – Los días jueves asiste al club de informática, por eso no se encuentra presente hoy. –
Así que a Mizuno le gustaban ese tipo de cosas. ¿Quién iba a pensarlo? La tecnología debía llamarle mucho la atención.
- ¿Y pertenece a otra cosa aparte del club de informática? –
- Los lunes asiste a prácticas de natación. - La enfermera hizo una mueca. – Espera, ¿por qué tanta curiosidad por Ami? – Su modo sobreprotector se acababa de activar.
- ¡Es solo que ella es agradable! – Además, con Mizuno podía entablar conversaciones que iban más allá del tema de su tobillo. Su presencia en la enfermería hacía de las sesiones de recuperación de Makoto fueran más divertidas. – Pero me llama la atención el hecho de que practique natación. –
- De hecho, ella practica natación desde muy pequeña. –
- Entonces debe ser muy buena. – Una experta en el nado, casi como una sirena.
Sin querer, la mente de Makoto comenzó a crear imágenes de la peliazul. Podía ver a la otra joven nadando libre en el mar, así como la mítica y hermosa criatura con la cual la comparó. Mizuno era una bella sirena en la fugaz fantasía que atravesó su cabeza.
- Suerte que la enfermera no sabe leer mentes. – Como pudo trató de alejar las extrañas ideas que acababan de surgir.
- ¿Por qué estás sonrojada? –
- ¡Por nada! – Estúpidas fantasías, Makoto las odiaba con todo su ser. Por suerte recordó cierto asunto en el que estuvo pensando todo el día y del cual quería hablar con la morena. – Enfermera, quiero hacerle una pregunta y deseo que me conteste con suma seriedad. –
- Claro, pregúntame lo que quieras. – Setsuna bajó su lápiz y prestó total atención a la joven.
- Sé que no debo realizar esfuerzo físico que ponga en riesgo mi tobillo, pero... – Era ahora o nunca. - ¿Usted cree que yo pueda ingresar al juego el próximo lunes? –
La enfermera quedó observando detenidamente a la jugadora. Era alguien que no podía camuflar bien sus sentimientos. Podía ver claramente la urgencia y necesidad que sufría por el próximo juego.
- ¡No me importa si es por tan solo un par de minutos, yo deseo estar ese día con mis compañeras! -
Contra ese ardiente deseo Setsuna no podía hacer mucho. Makoto estaba determinada a jugar el próximo lunes y nadie podría quitarle la idea de la cabeza.
- Lo recomendable es que no juegues, Kino. – Esa era la verdad. Lo mejor era dejar que su tobillo se recuperara a su cien por ciento. Arriesgarse por unos minutos en la cancha era algo muy imprudente. – Pero podría hacer una pequeña excepción si tanto lo deseas… -
El grito de emoción de Makoto dejó temporalmente sorda a Setsuna. Cielos, la chica podía alcanzar un tono bastante alto.
- ¡Sería la persona más feliz del mundo si me dejan jugar! –
- No te hagas ilusiones. – Aún no había tomado la decisión, estaba celebrando antes de tiempo. – Debo hablar sobre esto con Luna. -
- ¡Pero ya sería algo! – Era como tener un pie dentro de la cancha. – Existe la posibilidad y eso me llena de vitalidad. ¡Incluso me siento completamente como nueva! Podría salir a correr una maratón ahora mismo… -
- Nada de maratones. – Eran recomendaciones que ella misma le dijo.
- No debe tomarse todo en serio. – Al parecer, ciertas bromas no funcionaban con la enfermera. De seguro Mizuno se habría reído.
Makoto volvía a su hogar por el camino de siempre. Se trataba de una larga e ininterrumpida calle por donde transitaban muy pocas personas. Era un camino tranquilo que seguía siempre sola. De todas maneras, andar sin compañía no era un problema para ella, ya que así podía pensar en su lista de quehaceres de aquel día.
- Debo llegar a cocinar para hoy y mañana, también tengo que limpiar el departamento. No debo olvidar que... ¿Es esa Mizuno? – A unos pocos metros de ella divisó a la otra chica. Parecía estar tratando de conseguir algo de una máquina expendedora. No parecía estar teniendo muy buena suerte. - ¡Mizuno! – Llamó mientras se acercaba.
La peliazul apartó su vista de la máquina.
- Buenas tardes, Kino. – Era una agradable sorpresa encontrarse con la castaña.
- ¿Todo bien? Luce como que tienes problemas. –
- Estoy hace diez minutos tratando de obtener una barra de chocolate y nada ocurre. – Y ya se estaba dando por vencida. Resignación era la única cosa que obtendría aquella tarde. Lo malo es que ya no iba a tener una buena impresión de este tipo de máquinas. – Supongo que es dinero perdido. –
- ¡Nada de eso! – Makoto conocía un secreto sobre estas cosas. – Los snacks suelen quedarse atrapados antes de salir, pero solo necesitan una mano para destrabarse. - Se agachó frente a la máquina e introdujo su brazo por la abertura por donde caían los productos. ¡Este era su gran secreto! Y solo pensaba compartirlo con Mizuno. - ¡Oh! Esto no está bien... –
- ¿Qué ocurre? – Preguntó la peliazul expectante.
- Mi brazo se quedó atorado. –
- ¡No puede ser! – ¡Esto era muy grave! Kino acabó con su brazo atrapado en una máquina solo por desear ayudarla. - ¡Debo llamar a emergencias! ¡Y a los bomberos! ¡Hay que sacarte rápido…! –
- Broma, acá está tu chocolate. – Makoto sacó con total facilidad su brazo y extendió la golosina a la otra chica.
¿Una broma? ¿Y lo decía tan tranquilamente? Casi le causa un paro cardíaco. La peliazul no había encontrado la broma muy chistosa.
- ¡Me asustaste, Makoto…! – Tapó su boca en el instante que dijo el nombre de la castaña. Por el enojo terminó olvidando las formalidades.
- Finalmente me llamaste por mi nombre. – Ya era hora. La jugadora hizo un improvisado baile de celebración por la importante ocasión. – Supongo que ahora puedo llamarte Ami, ¿verdad? – Preguntó mientras aún danzaba.
- Claro, me parece justo. - Dijo la peliazul algo avergonzada.
- ¡Excelente! –
Ami quitó el envoltorio de su chocolate y partió la barra en dos partes iguales.
- Toma, también mereces un poco. – Ofreció una de las partes a Makoto.
- No tenías que hacerlo. – Aun así aceptó y agradeció la amabilidad de la otra estudiante. La castaña amaba el chocolate. – Dime, ¿te vas por este camino a tu hogar? Nunca antes te había visto por estos lugares. -
- La verdad es que hoy voy al hospital a ver a mi madre. –
- ¡Perdón! No sabía que ella estaba enferma. - Seguramente acababa de meter la pata.
- No, ella es doctora. - Su madre estaba bastante sana, no había nada de qué preocuparse. - Simplemente quería visitarla en su trabajo. - Sus turnos últimamente le habían quitado mucho tiempo. Ami ya sentía la necesidad de compartir con ella, aunque sea una tarde - ¿Acaso tú vives por acá? - Preguntó la peliazul sintiendo algo de curiosidad.
- Yo vivo en ese condominio que se ve a lo lejos. – Dijo la joven apuntando hasta el final de la calle. - Así que sí, vivo por acá. -
Entonces Ami sintió la enorme urgencia de hacer otra pregunta. No hubo filtro entre su cerebro y boca, simplemente soltó las palabras. Raro en ella, quien siempre meditaba bien lo que decía.
- ¿Podría acompañarte por el camino? -
- Estaba a punto de hacerte la misma propuesta. - Makoto sonrió luego de verse vencida por la otra chica. - Me vendría bien la compañía de alguien más de camino a casa. - Dijo aceptando.
Y Ami sintió que la bonita sonrisa de la castaña le causaba algo en el estómago. No, sin alarmarse. No era dolor o el síntoma de algo malo. Era como si cien mariposas monarcas aletearan al mismo tiempo dentro de ella. Era una sensación nueva y agradable.
- Y bien, ¿nos vamos? -
- Andando. - Iba a ser un camino largo hasta el hospital, pero seguramente este corto trayecto junto a Makoto sería muy entretenido.
¡Qué vergüenza! Este debe ser el capítulo más corto hasta ahora. (Deshonor en mí, deshonor en mi vaca) Tranquilos, el próximo capítulo tendrá más tonterías.
Nota: Tomoko Takase aparece en un capítulo de SuperS.
Gracias a todos por leer. ¡Suerte!
