Capítulo 5: Las cinco estrellas de Azabu.
- Hoy tienes que encargarte de marcar a la 14 de Tamachi. – Luna daba las instrucciones antes de que comenzara el segundo cuarto. – Debido a que no puedes correr como de costumbre, simplemente concéntrate en leer el juego del rival y trata de arrebatar el balón. Pases a Haruka y Yaten, ellas son nuestras armas en este juego. - Eso era todo lo que deseaba aclararle. - ¿Entendido, Makoto? –
- No escuché nada de lo que dijo. – La sinceridad ante todo. – Hay una pequeña yo gritando de emoción dentro de mi cabeza debido a que voy a jugar. –
- Eso es grave. – Cuando comienzas a escuchar voces es cuando debes preocuparte. – ¡Como sea! Sal a jugar, pero sin volverte loca. –
- ¡Como usted diga, entrenadora! –
Azabu entró al campo con la variante de Makoto en el esquema de este segundo cuarto. La castaña ocuparía su posición de escolta, pero tenía bien entendido que hoy no participaría de la misma forma explosiva y enérgica de ocasiones anteriores.
Así le había ordenado la enfermera Meio antes del juego.
Tamachi ingresó a la cancha. No hubo ningún cambio en el otro equipo, eran las cinco del comienzo. A diferencia de las veteranas de Odaiba, estas eran en su mayoría de primer año.
- Me da gusto que estés con nosotras, Koto. – La capitana tenía los ojos fijos en sus contrincantes, pero sabía bien que su compañera estaba escuchándola. – Procura cuidarte mucho en este juego, ¿sí? –
- Por supuesto, Haruka. – Eso lo sabía muy bien. – Prometo ser de ayudar en todo lo que pueda. –
- ¡Así se habla! – Cómo la alegraba tener a su lado a la castaña. - ¡Equipo, debemos aumentar la diferencia! –
Azabu estaba arriba en el marcador por cuatro puntos. Esa ventaja, de una forma u otra, debía incrementar.
- Si no puedo jugar como siempre, debo buscar una manera diferente de resaltar hoy. – Y aunque sea anotar una sola canasta. No, eso era muy poco. Unas cuatro o cinco. Todas de tres puntos.
Los ojos de Makoto viajaron hasta la gradería. La gran barra de Azabu se dejaba escuchar con clareza. Todo el mundo estaba apoyando al equipo y eso la hacía sentir muy animada.
- Incluso Ami vino a apoyar hoy. - Era tan emocionante. – ¡Espera un momento! Algo no cuadra acá. –
Sus ojos no fallaban. Claramente se trataba de la peliazul, quien estaba entre las alumnas de Azabu. Junto a ella, Naru y Tomoko alentaban al equipo. Curioso era ver a Taiki y Seiya sentadas junto a ellas. A las dos rubias que estaban al lado de Ami no las conocía.
– No puedo creer que ella esté acá. – Su presencia producía una extraña mezcla de sensaciones en la castaña. Se sentía tan entusiasmada por comenzar, pero también muy nerviosa por el hecho de que la peliazul estaba viéndola. También sintió ganas de redoblar el número de canastas que había pensado en anotar. ¡Diez triples sería algo impresionante de ver! - ¡Incluso tiene mi chaqueta con ella! – Bueno, ahora se sentía eufórica.
- ¿Todo bien, Makoto? Te noto algo roja. – Estaba lejos, pero Yaten había notado el extraño cambio en el semblante de su compañera. - ¿Quieres que le diga a la entrenadora…? –
- ¡Estoy de maravilla! – Respondió la castaña con mucha energía. - ¡Solo estoy emocionada por jugar! –
El árbitro estaba listo para dar comienzo al segundo cuarto. Con el silbato en la boca, marcó señal para el saque inicial de Tamachi.
Makoto salió en busca de las jugadoras rivales. Cruzó la línea de centro, encontrándose con quien llevaba el balón. Extendió ambos brazos, señal clara de que no tenía pensando dejarla pasar.
- ¡Yamamoto! – La rival entregó el balón apenas pudo ver a una de sus compañeras disponible.
La castaña siguió a la otra joven unos cuantos pasos, luego cambió de posiciones con Yaten, quien estuvo encargándose de la 14 de Tamachi hasta el momento.
El tiempo de posesión corría en contra del equipo visitante.
- ¡Acá! – Fue una sorpresa para todas cuando la misma jugadora que Makoto tenía que estar marcando, rompió líneas y arremetió con todo hacia el área de Azabu, buscando el pase que su compañera lanzó hacia ella.
- ¡Ni lo pienses! –
Una estrella veloz intervino ese pase. Yaten, con gran profesionalismo, ahogó las aspiraciones de Tamachi y partió a toda velocidad con el balón.
Nacía el contraataque de Azabu.
- ¡Detengan a la 12! – Se escuchó el grito de la entrenadora rival. - ¡Concentración! ¡Solo pido eso, chicas! –
Pero la jugadora que cargaba el apellido Kou en su espalda era inalcanzable. En un pestañeo llegó hasta el tablero del otro equipo, solo una aguardaba por ella en la zona. Y estaba dispuesta a caer en la penosa recurrencia de una falta para detenerla.
- Son tan fáciles de anticipar.– Pensó Yaten.
Por tal razón dejó escapar el balón por su espalda. No fue un accidente, todo era premeditado. Tenía la certeza de que Haruka iba a estar detrás suyo, dispuesta a terminar con esta maravillosa jugada.
La capitana recibió el balón, pasó a Yaten, también a la sorprendida jugadora de Tamachi, saltó; elevándose con gracia, y anotó una bandeja perfecta en favor de su equipo.
- ¡Gracias! – La rubia levantó el pulgar hacia su compañera. – Pero creo que esta canasta era tuya. –
- Da igual. – No se sintió con ganas de anotar en ese momento. – La próxima será mía. –
Makoto observó toda la jugada desde campo propio. Por alguna razón, sus pies quedaron pegados al suelo y no pudo acompañar a las chicas en el ataque.
- ¡Dejé pasar a la jugadora rival muy fácilmente! – Se recriminaba la castaña. - ¡Debo estar más atenta! – No era momento para cometer errores.
- Tranquila… -
Sintió una mano amiga apoyarse contra uno de sus hombros. Se trataba de Akane. Ella también se había quedado atrás, resguardando el área por cualquier escenario desfavorable posible.
- No es el final del mundo. – Dijo sonriendo a la otra jugadora. - ¡Vamos! Aún queda mucho por jugar. –
Desde el fondo de la cancha sacaba Tamachi y el juego se reiniciaba.
Ami, sentada en la gradería, seguía atenta los movimientos del equipo de Azabu. En lo poco que llevaba viendo, se había percatado que cada chica cumplía un rol dentro del grupo. Según parecía, cada jugadora tenía una posición y misión que llevar a cabo. Pero al mismo tiempo, juntas funcionaban mejor. ¡Así como una gran máquina! Claro, si una parte de esta ficticia máquina funcionaba mal, todo el proceso se estropeaba.
- ¡Atenta al juego, Makoto! – Se escuchó el grito de Naru a su lado. - ¡Tú puedes! –
Fue justo en ese instante que la castaña, en su afán de querer defender, termina cometiendo una falta.
Era la primera personal para la chica.
- ¿Qué ocurre con ella? – Tomoko no la reconocía. - No es la Makoto de siempre, algo la está afectando. -
- Creo que todos los errores que ha cometido le están jugando en contra. – Minako sabía del tema. Las competencias solían alterar su estado de ánimo. Antes, durante y después de un juego, cada etapa traía consigo diferentes sensaciones para una jugadora. – En momentos así es cuando importa el apoyo de tu equipo. –
Ami también había notado el repentino cambio en Makoto. Ya no estaba sonriendo como cuando entró a jugar. Ahora tenía en ceño fruncido, su boca dibujada como una línea recta y tenía ambos puños apretados con fuerza.
- ¡Vamos, esto no es nada! – La peliazul esperaba que la jugadora superara esto rápido. - ¡Makoto, ánimo! –
Pero fue la anotación de la 14 de Tamachi lo que terminó sepultando el espíritu de la castaña. Fue su culpa, ya que no estaba marcándola.
- Esto no luce bien. – Taiki observaba a las rivales celebrar estos nuevos puntos. – Kino no está en sincronía con el equipo. Supongo que tiene que ver con el hecho de que no entrenó junto a las demás por toda una semana. –
- ¡Vamos! Ella sabe adaptarse bien. Ya verás que tomará el ritmo del juego y comenzará a anotar. – Dijo Seiya mientras disfrutaba un paquete de papas fritas. - ¿Quieres unas, Odango? – Habló desde su asiento hasta donde estaba la rubia.
- ¡No! – Gritó de vuelta Usagi. Pero luego lo pensó, recordando que tenía hambre, así que terminó aceptando. – Está bien… -
- ¡Allá te van! – La azabache le lanzó el paquete. - ¡Son tus favoritas!
Las papas fritas llegaron a manos de Usagi, pero ésta fue inmediatamente atacada por una voraz Minako, quien también tenía apetito. Fue una corta batalla entre las rubias, solo segundos, ya que después se quedaron viendo a los ojos y aceptaron silenciosamente compartir el paquete.
Eran amigas, no tenían que pelear por la comida.
- ¿Quieres un poco, Ami? – Ofreció Usagi a su compañera.
- No, gracias. – Rechazó amablemente la peliazul. – Tengo el estómago revuelto. – Todo este asunto sobre Makoto la tenía sumamente mal. Verla fallar sus pases, errar sus tiros, equivocarse al defender y su nula participación en los ataques, todo esto era mucho.
Sentía la necesidad de hacer algo.
- ¡Tiempo muerto pedido por Azabu! –
Era un minuto para hacer que el equipo se reuniera junto a la entrenadora. Luna lo pidió luego de ver la seguidilla de errores de Makoto. No tenía pensado cambiarla, solo deseaba hablar con ella.
- Bien, creo que… -
- ¿Qué ocurre contigo, Koto? – La voz de Haruka interrumpió a la mujer apenas comenzó a hablar. Pero Luna la dejó. ¿Quién mejor que la capitana para hacer reaccionar a la castaña? - ¡Vamos! Esta no eres tú. –
Makoto había pasado directamente a recoger su botella con agua. Realmente no tenía ganas de recibir esta charla. Sabía que estaba haciendo mal las cosas, pero no hallaba forma de arreglar lo que estaba resultando mal.
- ¿Es acaso tu tobillo? – Preguntó la rubia, caminando hasta estar frente a la otra joven, sus ojos buscando la mirada de su amiga. - ¿Te duele? ¿Acaso no habías mejorado…? –
- ¡No es eso! – No sabía cómo explicarlo. Era una sensación de desconcentración que no quería dejarla. Se sentía "apestada", se sentía pésimo. De seguro todas la veían como a una tonta. – Yo solo quería entrar para ser aporte, pero estoy siendo un total estorbo. –
- ¿De qué hablas? – Unazuki estuvo escuchando la conversación y deseó intervenir. - ¡No eres un estorbo! Eres parte del equipo. Si una falla, debemos apoyarnos y volvernos fuertes. – Ese era el espíritu de Azabu.
- Si algo anda mal, cuenta con nosotras. – Akane también deseaba darle su aliento a Makoto. – Y no podemos exigirte mucho, ya que recién estás saliendo de una lesión. –
Yaten se acercó hasta el lado de Makoto y le dio un suave golpe en el brazo. Era su forma de hacerle saber que también estaba de su lado.
- Chicas… - Todo el equipo creía en ella, no podía defraudarlas. Se secó las lágrimas que cayeron luego de las inspiradoras palabras de sus compañeras, bebió un poco de agua, respiró hondo y se sintió lista para afrontar el juego con renovados ánimos. - ¡Gracias! Ahora me siento mejor. –
Tiempo cumplido, era hora de volver al campo.
- ¡Pueden hacerlo, chicas! – Luna no pudo decir mucho, pero sabía que el equipo ahora tenía una sola idea en mente: Lucirse y ganar como las mejores.
El juego debía reiniciarse desde el fondo. Akane recibió el baló en sus manos, aguardando por la señal para sacar.
- Somos un equipo. – Eran los pensamientos de la morena. – Debemos hacer esto juntas. –
El silbato del árbitro resonó por los aires, el balón volvía a tomar vida y llegó hasta las manos de Unazuki. Dribleó de forma segura hasta toparse con la primera jugadora de Tamachi cerca de la línea de centro.
- Tampoco he podido hacer mucho hoy, pero puedo cambiarlo. – Pocas oportunidades había tenido a lo largo del juego para anotar una canasta de su especialidad. - ¡Lo haré por todas!- Devolvió el balón cuando Akane pasó por su lado.
Yaten, siempre inquieta, no paraba de moverse de un lado a otro. Tenía a dos jugadoras enemigas siguiendo sus pasos. Posiblemente ya la habían marcado como una amenaza y no la dejarían en paz hasta el final del juego.
- Tengo que seguir arrastrando su marca, así Unazuki o Haruka pueden tener más oportunidades de lanzar de distancia o realizar una jugada incisiva. – Se percató de la instantánea reacción de sus perseguidoras. Iban en retroceso, hacia el tablero. - ¡Alguien lanzó! –
Había sido un tiro de Unazuki.
- ¡Por el rebote! – Gritó la capitana del equipo contrario, pero su orden era en vano.
El balón cayó perfectamente en el aro. Eran tres puntos limpios para Azabu.
- ¡Bien! – Celebró la pelirroja. – ¡Por el récord del campeonato, bebé! – Era una de las metas que más deseaba cumplir.
Otro saque de fondo para Tamachi.
– Como capitana, debo entregar seguridad a mis compañeras. – Haruka aguardaba por el ataque del rival en campo propio. – Vamos a pasar a la semifinal. ¡Se los prometo! –
La capitana del otro equipo se encontró cara a cara con su símil. Esta confrontación dejaría al descubierto cuál de las dos era mejor, así que la jugadora de Tamachi mostró sus mejores movimientos con el balón para despistar a la rubia.
Pero Haruka no iba a caer en sus artimañas.
Rapaz y veloz como un ave, quitó el balón a su contrincante y se lanzó a una carrera que tenía como destino final el tablero del otro equipo.
Miró a su lado, Yaten iba acompañándola. Igual que antes, solo una aguardaba en la zona de Tamachi. Sonriente, decidió quedarse con este tiro.
- ¡La próxima será tuya…! - El lanzamiento abandonó sus manos, pero para sorpresa de ella, fue interceptado por una rival. Alguien más, aparte de Yaten, pudo seguirle el paso. Seguramente la pobre chica de Tamachi se sobre exigió para llegar a bloquear su tiro.
Solo esperaba que alguna de sus compañeras haya podido recuperar este balón.
- ¡Makoto! – Gritó Akane para llamar la atención de la castaña. Una vez que tuvo plena seguridad de este hecho, lanzó un furioso pase que terminó seguro en las manos de la otra chica.
Yaten aguantó a dos jugadoras en su posición alejada del tablero, Unazuki contuvo la respiración cuando el balón abandonó el agarre de Makoto y se elevó por el aire, Akane también se mantuvo expectante.
Haruka se quedó en su lugar sonriendo. Si lo lanzó su amiga, obviamente iba a entrar.
- ¡Un tiro de Makoto! – En la gradería todo el mundo estaba fuera de control. Ami, contagiada de esta emoción colectiva, se levantó de su asiento cuando la castaña realizó su lanzamiento.
Fueron segundos de silencio hasta que el balón entró por el aro y todo el gimnasio resonó con celebraciones de la barra de Azabu.
- ¡Así se hace! – Festejó la peliazul junto a las otras chicas. - ¡Sabía que podías hacerlo! –
Desde la cancha, Makoto la observaba con una enorme sonrisa adornando su rostro. Apenas se aseguró de que el balón iba a entrar, su vista viajó hasta la gradería, ya que deseaba ver la reacción de Ami.
- Ahora sí estoy más tranquila. –
Volteó hacia la banca y quedó viendo a Luna. La entrenadora notó la pequeña señal que hizo la joven. Si ella creía o sentía que ya era su hora para salir, no se negaría a su petición.
Luna dejó su puesto y fue a realizar el pedido de cambio.
El juego terminó con una victoria para el equipo de Azabu. El rendimiento se mantuvo en un alto nivel hasta el final del juego. Las chicas demostraron que eran unas claras candidatas para obtener el título del campeonato.
- ¡Akane, Akane, Akane! – Se escuchó un agudo grito por el pasillo que iba hacia las duchas. La susodicha no tuvo tiempo para reaccionar cuando un par de brazos se enredaron en su cuello y la contuvieron en un amoroso abrazo. - ¡Te luciste en este juego! –
- ¡Reiko, para ya! – La morena no pudo controlar el rubor que se apoderó de su rostro. Tener tan cerca a la otra joven era mucho para su siempre serio y compuesto carácter. - ¡No me gustan los abrazos! –
Otras dos chicas se acercaron hasta el lado de la jugadora.
- Se estuvo conteniendo todo el juego. – Dijo Nezu a su amiga. – Y felicidades por el triunfo. –
- Suerte que ganaron. – Comentó Suzu con cierta malicia. – Por momentos creía que el juego se les escapaba de las manos. –
- Cierra la boca o te pongo bozal. – Akane no tenía ánimos de escuchar a la otra chica ahora mismo. Soportar a Reiko y sus abrazos era mucho para ella.
A unos pasos de este grupo estaban las hermanas Kou hablando tranquilamente.
- Nuestra bebé cada día mejora. – Seiya se sentía orgullosa de Yaten. – Diría esa típica frase de "crecen tan rápido", pero viendo que sigues en la misma estatura desde hace… -
- ¿Viniste solo a molestarme, Seiya? – La de cabellera plateada era la menor de las tres, por tal razón, siempre era blanco de las ocurrencias de sus hermanas. – Tengo mucha información valiosa sobre ti que puedo usar en tu contra. –
- Hemos criado a un cuervo. – La azabache prefería dejar hasta allí las bromas.
- Ha sido un juego estupendo, Yaten. – Taiki no tenía nada más que decir sobre el rendimiento de la jugadora. Siempre era un gusto ver jugar a su hermana. – Estoy segura de que llegarán… -
- ¡Unazuki! – Por al lado de las tres jóvenes pasó corriendo Naru, ansiosa por felicitar a la pelirroja, quien recién aparecía por el pasillo luego de terminado el juego.
- ¿Naru? ¿Qué haces acá? – Era una agradable sorpresa. - ¡Te creía en tu club de artesanía! –
- Tomé un día libre solo para verte. – Seguramente se ganaría un sermón por parte de la maestra, pero valía la pena, ya que tuvo la oportunidad de ver jugar a la otra chica. – Felicidades por tus tres triples. – Sonaba casi como un trabalenguas y le causaba gracia.
- ¡Naru, me dejaste atrás! – Tomoko se demoró un poco debido a que no era tan rápida como la otra joven. Pero finalmente estaba acá y podía felicitar a Unazuki. – Grandioso juego… - Estaba sin aliento, así que no muchas palabras iban a salir de ella por el momento. - ¡Makoto! – Hasta que visualizó a su querida amiga y recuperó todas las energías perdidas.
- ¡Tomoko! – La castaña venía acompañada de Haruka. - ¡Esto es un milagro! – No sabía cómo, pero todo daba a parecer que las chicas habían conseguido unas entradas y pudieron entrar a ver el juego. – Lamento el desastre que vieron hoy. –
- No importa lo que ocurrió en la cancha, tú siempre serás una gran jugadora para mí. –
- ¡Apestaste por algunos minutos, pero esa canasta que hiciste estuvo grandiosa, Makoto! – Eran las sinceras palabras de Naru, quien seguía charlando con Unazuki.
- Te dejo con tus amigas. – Dijo Haruka, pasando de largo.
Seguramente Michiru seguía en su práctica de natación. Si se apresuraba en duchar y cambiar, le quedaría algo de tiempo para ir a verla.
Naru, Unazuki, Tomoko y Makoto se quedaron un buen rato conversando. Entre las cuatro era sencillo relacionarse y se llevaban más que bien. Era una lástima que Unazuki fuera de otro salón. Pero siempre estaba el próximo año. Si tenían suerte, todas podían quedar juntas.
En eso apareció frente al grupo cierta peliazul.
- ¿Makoto? –
- ¡Ami! – Finalmente tenía la oportunidad de verla. Pero ahora que la tenía en frente, no sabía qué decirle. Bueno, esto era algo raro. - Bonito clima el de hoy, ¿o no? - Estúpida pregunta.
- Clima acorde al juego. - Tonta respuesta, pensó la peliazul. ¿Qué ocurría con ella? Su nivel de elocuencia estaba por los suelos. - Digo, ya sabes, un buen clima. ¡Igual de bueno como el juego! -
Las otras tres veían el intercambio con cierta curiosidad. La pelirroja luego comentó que tenía que ir a ducharse, ya que apestaba. Naru y Tomoko asintieron y decidieron partir, no sin antes despedirse de Makoto y Ami.
- ¡Te veo en las duchas, Makoto! - Unazuki partió corriendo hacia los tocadores.
Entonces el silencio se instauró entre ambas chicas.
- La verdad es que fue una gran sorpresa cuando te vi en las graderías. - Admitió la castaña luego de un rato. - No sabía que ibas a venir. -
- No tenía planeado venir. - Esa era la verdad. - Pero cuando olvidaste tu chaqueta en la enfermería, decidí venir a devolvértela. - Fue luego de un montón de acontecimientos que terminó sentada en una de las sillas del gimnasio, observando el juego. - Pero sabes algo, me siento feliz de haber venido. - Fue una experiencia nueva y agradable.
Además, tuvo la oportunidad de ver jugar a Makoto.
- Toma, creo que ya es hora de devolverte tu chaqueta. - Ya la tuvo mucho tiempo con ella, tenía que volver con su dueña. - La cuidé bien. - Sonrió tímidamente a la castaña.
- Muchas gracias. - Tomó de vuelta su prenda. - Agradezco también tu presencia. - El apoyo de los demás era algo muy importante para ella. - A todo esto, ¿dónde conseguiste entradas? -
- Bueno... - Esto iba a ser algo vergonzoso. - Con Osaka y Takase usamos las entradas que estaban en uno de los bolsillos de tu chaqueta. - Esperaba que la castaña no terminara enojada por esto.
- ¿Hablas en serio? - Qué coincidencia más grande. - ¡Así que de allí sacaron entradas! - Todo esto era muy chistoso.
- No estás molesta, ¿verdad? -
- ¡Para nada! - Desde un inicio las entradas eran para ellas, así que no había problema. - Fue una suerte que te encontraran cargando mi chaqueta. -
El tiempo estaba pasando y Makoto tenía que ir a las duchas. No tenía intenciones de espantar a Ami con su mal olor.
- Mi entrenadora se molestará si no me voy... -
- Está bien. - Dijo la peliazul luciendo siempre una bella sonrisa. - Tienes que ir a otro lugar. - Lo entendía. - Nos vemos mañana, Makoto. - Se despidió de la castaña de forma muy cortés. Pero era raro, no tenía ganas de despedirse. En el fondo, sabía que deseaba continuar hablando con la otra chica.
Bueno, sería para otro día.
- Soy una tonta. - Pensativa, quedó viendo su chaqueta. - Todo este tiempo dudé sobre darle la entrada. Al final, vino por casualidad y la usó. - Pero se sentía sumamente feliz.
Gracias a esa casualidad, Ami pudo verla jugar. Y Makoto, por unos minutos, se sintió como la mejor jugadora que existía sobre la faz del planeta.
¡Juego terminado! El final del capítulo es un verdadero festival de ships.
Nota: Reiko, Nezu y Suzu son Aluminum Siren, Iron Mouse y Tin Nyanko respectivamente.
Nota 2: Como se habrán dado cuenta, Taiki, Seiya y Yaten son hermanas en esta historia.
Gracias por leer. ¡Suerte!
