Capítulo 6: Tutorías compartidas.

Una muy bonita tarde se presentaba aquel día. Las hojas de los árboles se dejaban llevar por el viento otoñal que corría de norte a sur, y al caer, adornaban el enorme patio de la preparatoria con los hermosos matices de la estación.

El clima estaba cambiando de a poco, preparando el paisaje para la llegada del invierno, y con él arribarían las bajas temperaturas.

Pero para Makoto ni el agradable clima, menos el hecho de que hoy volvían a las prácticas con el equipo, alegrarían este día que de a poco iba convirtiéndose en un verdadero desastre.

- Reprobé mi examen de Historia. - En sus manos sostenía el infame papel. La puntuación era tan horrible que mágicamente su cerebro la censuraba cada vez que deseaba verla. Era una forma de protegerla del sufrimiento de ver tremenda vergüenza de calificación. - Si me deshago de este tonto examen, no tendré de qué preocuparme... -

- En mi vida había visto una calificación tan fea. -

Para su mala suerte, Unazuki pudo hallar su escondite secreto, y de paso, se enteraba de su vergonzosa puntuación en Historia. Tendría que cambiar el arbusto a las afueras del gimnasio por otro sitio más seguro para guarecerse.

- ¿Qué rayos haces acá afuera, Makoto? -

- ¿No es obvio? Me escondo de la entrenadora. - La castaña no tenía pensado enfrentarse a la mujer. Hoy no se sentía con ánimos para recibir sus furiosos regaños. - ¿Sabes lo rápido que corren las noticias entre los maestros? Luna ya tiene que haberse enterado de que reprobé mi examen de Historia. -

El miedo se apoderaba de Makoto por el simple hecho de imaginarse ese nefasto escenario.

- No sabía que tenías problemas con esa asignatura. - Unazuki personalmente apestaba con Matemáticas. - ¿Sabes algo de las tutorías compartidas? -

- No me suena para nada. - Respondió la castaña.

- Se trata de un sistema de apoyo al alumnado. – El de la preparatoria era reconocido por ser uno de los mejores a nivel nacional. – He asistido a unas cuantas clases y puedo decir que estas tutorías funcionan bastante bien. ¡Hasta ahora no he reprobado ni un solo examen de Matemáticas! -

Este grupo sonaba bastante prometedor. Makoto se sentía interesada en saber más sobre el tema. ¿Quién sabe? Quizás puedan hacer milagros y logren ayudarla a subir sus calificaciones.

- ¿Y dónde imparten estas tutorías? -

- En la biblioteca de la preparatoria. - Era como el lugar más obvio para llevar a cabo clases fuera de los horarios establecidos. - ¡Eso sí! Cada día imparten una asignatura diferente. – Lamentablemente no sabía con certeza cuándo eran las de Historia. – Podrías darte una vuelta por la biblioteca para preguntar por los horarios. –

- ¡Tienes razón! – Era una excelente idea. – ¡De hecho, creo que me iré ahora mismo...! – Se levantó del suelo para salir corriendo a toda velocidad, pero sus piernas se volvieron de piedra cuando visualizó a Luna caminando en dirección al gimnasio acompañada de Haruka. Eran dos pesadillas por el precio de una. ¡Qué terrorífica oferta! - ¡Debo esconder esto! - El examen que cargaba lo arrugó hasta el punto de hacerlo una pequeña e imperfecta esfera de papel. Acto seguido, escondió el examen en su bolso deportivo. - ¡A entrenar! -

- ¡Así se habla, Koto! - La capitana la había escuchado y se unía a sus fervientes ánimos relacionados a la práctica. - ¡Hoy juegan Hamamatsucho y Aoyama! ¡Hoy sabremos quién será nuestro futuro oponente! -

Makoto aparentaba que todo estaba bien, pero por dentro se moría de miedo. Luna hasta ahora no había dicho palabra alguna, solo la estaba observando detenidamente.

Estaba muerta. Sí, no iba a escaparse de esta.

- ¿Y tu indumentaria deportiva, Makoto? - Preguntó la entrenadora, apuntando a la castaña.

- ¿Ah? - ¡Cierto! Aún llevaba puesto su uniforme regular. - ¡Voy a cambiarme enseguida! - Y salió corriendo a perderse dentro del gimnasio.

- Al parecer, Luna aún no se entera de su calificación. - Unazuki ya desearía tener la misma suerte de su compañera. - Te salvaste, Makoto. -


La biblioteca de la preparatoria era uno de los lugares que Makoto menos frecuentaba. Al no tener arraigada la buena costumbre de la lectura, Makoto no encontraba razón alguna para aventurarse en un lugar donde solo hay libros.

¡Hasta ahora!

Descubrir este grupo de tutorías provocó en ella un cambio rotundo de perspectiva. Ya no olvidaría intencionalmente la existencia de la biblioteca. De ahora en adelante, velaría por que esta nueva relación perdurara por más tiempo.

Por tal razón, la castaña se hallaba frente a la gran puerta de la biblioteca. No hacía ingreso aún debido a que estaba apagando su teléfono.

Cuando entró, notó de inmediato que el lugar estaba casi desierto. Bueno, tampoco esperaba encontrarse con mucha gente a esta hora. Era bloque de receso, y la mayoría de las alumnas preferían utilizar su tiempo descansando antes de gastarlo estando en la biblioteca.

La castaña llegó frente a un enorme escritorio. Encontró allí, ocupada en una computadora algo arcaica, a una mujer de cabellera larga y rojiza. Iba vestida con una blusa blanca y una falda burdeos que llegaba hasta sus rodillas.

- ¡Muy buenas tardes, maestra Kakyuu! – Saludó la joven de forma enérgica.

La mayor volteó su silla y se topó con la alumna aguardando frente a su escritorio. Una amigable sonrisa adornó su rostro cuando se puso de pie para saludar a la visitante.

- Buenas tardes para ti también, Makoto. – Era poco común tener alumnas a esta hora de la tarde. - ¿Qué te trae por acá? –

- Una compañera me comentó sobre un grupo de estudio que se reúne acá después de clases y deseo saber más… -

- ¡Ese es nuestro grupo! – Interrumpió la maestra algo emocionada. – Me alegra tanto saber que otra alumna te ha recomendado las tutorías. Un orgullo total, ya que eso quiere decir que nuestros esfuerzos están dando frutos. – Sentía que iba a soltar unas cuantas lágrimas de felicidad, pero era mejor contenerse. No quería pasar de sentimental delante de una alumna. – Perdón, pero creo que te interrumpí. ¿Tenías algo que decirme, Makoto? –

- Quiero saber los horarios. –

- ¡Por supuesto! – Por suerte tenía unos panfletos informativos muy lindos que explicaban todo sobre las tutorías. El problema es que no recordaba dónde los había dejado. Veamos, ¿con qué vino hoy a trabajar? – Déjame ir por algo que seguramente te aclarará muchas dudas sobre nuestro grupo. Lo dejé en el salón de atrás, no me tomará mucho tiempo… -

- No se preocupe. – Ella no tenía apuros, así que estaba dispuesta a esperar. – Me daré una vuelta y revisaré los libros. –

- Está bien. – Kakyuu sonrió una vez más antes de partir en busca de su bolso.

Cuando Makoto vio a la mujer perderse detrás de una puerta, partió silbando hasta una gran estantería.

Dispuestos frente a sus ojos, en orden alfabético, estaban los libros relacionados a la ciencia de la biología. Eran un montón de títulos, pocos eran conocidos por ella. Solo sabía de aquellos que una vez tuvo que leer por mandato de un maestro.

- Quizás este tenga algo bueno. – Dijo la chica, eligiendo un libro de colores llamativos. Aunque algo dentro de ella se sentía mal por romper con el pulcro orden impuesto en esta estantería. – ¿Cromosomas? – El título era mucho más elaborado, pero guardaba relación con este tema. Más no tenía deseos de leer sobre esto justamente ahora. – Veamos qué más hay… -

Cuando fue a devolver el libro, su atención fue captada por alguien bastante familiar para ella. Estaba a un par de metros, sentada cerca de un gran ventanal, sosteniendo un libro entre sus manos.

- ¡Se trata de Ami!

La peliazul lucía muy cómoda y en paz. Sus ojos danzaban sobre los textos impresos en las hojas de aquel libro, grabando en su retina las palabras hiladas por el autor de aquel título.

Ahora que hacía memoria, Ami una vez le mencionó cuánto le gustaba leer.

- Este debe ser el paraíso para ella. - Pensó la castaña mientras la observaba desde su lugar. Todo hacía parecer que Ami ni cuenta se había dado de su presencia. Pero Makoto se moría de ganas de hablarle, ya que no se veían muy a menudo entre clases, así que tomó la decisión de acercarse a saludarla. - Ami... -

El saludo murió en el momento que vio aparecer a Taiki desde una de las estanterías.

La castaña se escondió nuevamente. Algo en ella creyó que la mejor idea era retroceder desde donde salió y observar en silencio a las otras dos estudiantes.

- ¿Ami y Taiki se conocen? - Bueno, eso no era algo que tuviera que causarle tanta sorpresa. Ambas eran jóvenes que sobresalían en los estudios y posiblemente se conocían gracias a esto. O quizás era por otra razón que Makoto desconocía. De cualquier modo, no tenía idea que ambas se juntaban a solas acá en la biblioteca. - Parece que la están pasando muy bien. -

Ami estaba riendo con tantas ganas. Parecía que la compañía de Taiki le era muy grata. Y se podía notar claramente que la otra joven disfrutaba pasar su tiempo con la peliazul.

- ¿Serán amigas? - Pues parecía que eran muy buenas amigas. - O acaso ellas dos... -

- ¿Todo bien, Makoto? -

Kakyuu decidió aparecer y hablarle en el peor de los momentos. Terminó cayendo al suelo del susto, advirtiendo de su presencia a la dupla que hace escasos segundos estuvo espiando.

- ¿Makoto? - Ami la estaba viendo con cierto aire de preocupación mezclado con confusión.

- ¡Buenas tardes, Kino! - Saludó de forma cortés Taiki. - ¿Buscando un libro para leer? -

Se sentía fatal, quería escapar. Si la tierra quería hacerle un favor y tragarla ahora mismo, Makoto le iba a estar agradecida de por vida. Eso sería bastante más agradable que todo esto. ¿Quedar en vergüenza frente a Ami? No gracias, esto no era lo suyo.

Había sido suficiente.

Así que se levantó de golpe, tomó el panfleto que la maestra Kakyuu le estaba ofreciendo, hizo una reverencia que seguramente rompió con la velocidad de la luz por lo rápida que fue y corrió. Corrió lo más rápido que sus piernas le permitieron. Simplemente escapó de todo esto, sintiéndose como una tonta.

Tonta, tonta, tonta, tonta...

- ¡Reina de las tontas! - Sus pensamientos eran un huracán dentro de su cabeza.

No se percató que alguien la siguió hasta las afueras de la biblioteca. Se trataba de Ami, quien intentó detenerla para hablar con ella. Pero falló miserablemente. Makoto corría mucho más rápido que ella, así que en tiempo récord estuvo fuera de su alcance.

- ¡Ami, espera! - Taiki apareció detrás de la peliazul. Venía acompañada de la maestra Kakyuu, quien también quedó algo preocupada por la reacción de la castaña. - ¿Qué ocurre? ¿Por qué Kino salió corriendo de esa manera? -

- No lo sé. - Dijo la joven sin encontrar una explicación. - Yo pensé que... - Esto era tan extraño y confuso. Ella solo deseaba saludarla y saber la razón por la cual se encontraba en la biblioteca. Pero Makoto escapó y la dejó con las palabras en la boca.

- No se preocupen, chicas. - Aconsejó Kakyuu a sus alumnas. - Quizás tenía algo importante que hacer y por eso partió tan deprisa. - Ni ella misma se creía tal patraña.

- Sí, posiblemente sea eso. - Taiki quería pensar de esa manera y no preocuparse, pero toda la situación daba para sacar varias conclusiones. Unas menos agradables que otras y que envolvían a la peliazul que tenía a su lado. - ¿Quieres volver a leer, Ami? -

La respuesta de la joven se demoró en llegar. Su atención, además, no estaba con ellas. La mirada zafiro de Ami veía por donde había partido Makoto hace muy poco.

- Sí, vamos adentro. - Aceptó sin mucha seguridad.


Era finalmente viernes, y según salía en el panfleto que recibió de manos de la maestra Kakyuu, hoy se llevaría a cabo la tutoría de Historia en la biblioteca de la preparatoria.

Sabía perfectamente que debía sentirse animada. ¡Y no era para menos! El maestro de Historia decidió, en un acto de piedad pura, repetir el examen a todas las alumnas que lo habían reprobado. Ella entraba en ese grupo también, así que la próxima semana, el día lunes a primera hora, tenía que presentarse a dar nuevamente el examen.

- Creí que estarías celebrando como las otras chicas del salón. - Tomoko iba junto a ella hacia la biblioteca. Para sorpresa de la jugadora, su compañera formaba parte de este grupo de tutorías. Ella ayudaba a la maestra Kakyuu a impartir las clases a las otras alumnas. - ¿Te sientes bien? Luces muy desanimada. -

- No pasa nada. - Una pequeña mentira para no preocupar a la otra joven. -¡Es solo que estoy cansada! - Iba a usar como escusa los entrenamientos de baloncesto. - La entrenadora nos tiene practicando nuevas jugadas luego de enterarse que nuestro próximo rival en el campeonato será Aoyama. - Además, Luna se molestó mucho con ella cuando se supo que había fallado un examen.

La entrenadora tenía una simple regla: Las jugadoras que reprueben exámenes de forma constante, saldrán de la nómina oficial y serán castigadas.

Makoto no tenía intenciones de dejar el equipo. Pero su conflicto actual era con su estúpido y cambiante ánimo, que poco parecía querer ayudarla en estos momentos. Y si no tenía deseos de estudiar, esto se reflejaría de forma negativa en su futuro desempeño la próxima semana.

Así que básicamente aprobar el examen estaba pendiendo de un hilo.

Las jóvenes hicieron ingreso a la biblioteca en silencio. No eran las primeras en llegar a la tutoría. Dispersas en diferentes mesas se visualizaban otras alumnas. No eran muchas, pero Makoto supuso que esto se debía al hecho de que aún faltaba una hora para el comienzo de la clase.

- La temperatura acá adentro es mucho más agradable. – Comentó Tomoko mientras avanzaban entre las mesas.

Fue en eso que fueron interceptadas por la maestra Kakyuu. La mayor venía cargando un portafolios bastante pintoresco. Era de un rojo intenso, y en medio, tres estrellas fugaces adornaban el objeto, cada una de un color diferente. Seguramente en él traía los apuntes para la clase.

- Muy buenas tardes, chicas. – Saludó la maestra a sus alumnas. – Tomoko, estaba aguardando por ti. Necesito tu ayuda para afinar los últimos detalles sobre los temas que revisaremos hoy. –

- ¡Con gusto la ayudo…! – Más la joven recordó que si partía, dejaría a Makoto sola. Y ella no quería apartarse del lado de la castaña. – Pero mi amiga se quedará sola. -

- No te hagas problemas, Tomoko. - A ella no le molestaba la idea. – Tienes responsabilidades que atender. –

La chica prometió volver lo más prontamente posible para que la jugadora no terminase aburrida. Pero Makoto, por otro lado, tenía sus propios planes para no caer en el abismo sin retorno del aburrimiento.

Decidió caminar y dar una vuelta por la biblioteca. Claro, no sin antes ir hasta el lugar exacto donde ocurrió el "incidente" del otro día.

El mismo pasillo, la misma estantería, los mismos libros. Pero hoy no estaba Ami.

- De primera, tendría que haber continuado hasta saludar a Ami aquel día. ¡Pero no! Tuve la genial idea de esconderme como una boba y arruinar todo. - Además, su mente ese día vaya que jugó con ella. Fueron una avalancha de estúpidos pensamientos que sepultaron su raciocinio. Luego de eso no actuó de forma normal. – Recordar todo lo ocurrido me hace sentir muy mal.

Pero la joven decidió no seguir atormentándose. Lo único que ganaría al seguir pensando en esto, sería continuar sumergiendo sus ánimos en una clase de pozo oscuro del cual no podría salir.

Entonces la idea de aventurarse por la biblioteca volvió a tomar fuerza. Despejar la mente y distraerse, pero con algo que le dejaría algún tipo de enseñanza. No por nada dicen que la mejor forma de escapar de la realidad es leyendo un libro.

Pero al momento que alcanzó el final del pasillo y volteó por una esquina, terminó dando de lleno con otra persona. Para tirarla a ella, hacía falta mucha potencia y fuerza. Sin embargó, la otra alumna terminó en el suelo con todos sus apuntes tendidos en el suelo.

- ¡Cuánto lo siento! – Dijo muy alarmada Makoto. Sin esperar se lanzó a recoger los papeles de la otra chica. Era lo menos que podía hacer. - ¡Perdón, perdón, perdón…! –

- Ya te disculpaste bastante, Makoto. –

Y esa voz. ¡Esa tan familiar voz! La castaña supo de quien se trataba sin necesidad de levantar la vista.

- ¡AMI! – ¿Por qué el destino siempre quería de alguna manera poner a la peliazul en su camino? Pese a que estuvo tratando de evitarla todos estos días, siempre habían momentos en que se topaba con ella. Momentos como este, que por accidente terminaba de frente con Ami y no sabía qué rayos hacer o decir. - ¡Cerebro, no me falles ahora...! -

Lamentablemente su cerebro ya la había dejado hace mucho tiempo.

- Así que era cierto. - Ami tampoco parecía muy cómoda con el encuentro. Uno por uno, iba levantando cuidadosamente sus apuntes y los dejaba dentro de un archivador celeste. - El otro día terminé muy preocupada por ti. Pensé que estabas molesta conmigo o algo por el estilo... -

Qué curioso, pensó Makoto. Estos apuntes eran todos sobre Historia.

- Pero luego me enteré de que estabas buscando información sobre las tutorías. Eso solo podía significar una cosa: Tienes problemas con una asignatura. - No pensaba decirle que había sido la misma maestra Kakyuu quien le había contado esto. - Al día siguiente, justo en una de las tutorías, escuché decir a Tomoko que muchas chicas de su salón habían reprobado un examen de Historia. -

Cada uno de estos apuntes tenía información sobre el Imperio Romano y sus mayores regidores. Justo lo que Makoto debía estudiar para su venidero examen.

- Y quizás me estoy entrometiendo en algo que no me concierne, pero cuando supe todo esto... -

Solo quedaba un papel aguardando a que alguien lo recogiera del suelo. Ami decidió ir por él, Makoto también.

- Yo solo quería ayudarte. - Su mano se encontró con la otra. El tierno contacto entre ambas causó que terminaran rojas de vergüenza, pero no cesó. Algo en esta conexión las reconfortaba. Finalmente, después del rato que llevaban hablando, levantaron las vistas. - Por tal razón estuve buscando toda la semana información que podría servirte para estudiar... -

- ¡No merezco tanta ayuda! - Makoto estaba al borde del llanto. Esta chica solo necesitaba la aureola para ser un verdadero ángel. - ¡Solo soy una boba que no pone atención en clases! ¡No tienes que ser tan buena conmigo! -

- Makoto, debes mantener la voz baja. -

- ¡No puedo! - Tenía la manía de alzar la voz cuando se emocionaba mucho. Pero la peliazul tenía razón, debía respetar el silencio de la biblioteca. Se secó las pocas lágrimas y trató de calmarse. - No logro entenderlo. -

- ¿Qué cosa? ¿Tus asignaturas? Si es eso... -

- No, eso no. - La mano de Ami era tan pequeña y fría. Eran el opuesto total de las suyas. Pero en el contraste, Makoto encontraba algo encantador. Su corazón, acelerado, pensaba que todo esto era simplemente divino. - ¿Por qué todo lo que tiene que ver contigo me afecta tanto? - No pensaba decir eso. - No entiendo cómo, pero creo que me gané una gran amiga. -

¡Genial! Otra linda sonrisa de Ami para archivar en su memoria.

- Makoto, ¿qué ocurrió acá? - La maestra Kakyuu nuevamente aparecía en el momento menos oportuno. Su llegada obligó a ambas jóvenes a separar sus manos. Solo esperaban que la mujer no se haya percatado de esto. - ¿Todo está bien? ¿No están heridas? -

- No, solo chocamos. - Dijo Ami, tomando sus cosas y poniéndose de pie. - Pero estamos bien. -

- ¡Perfectamente! - Aseguró Makoto, pese a que sus mejillas la querían delatar. - ¿Ya va a comenzar la clase? -

- Sí, por eso estaba buscándote. - Kakyuu apuntó a unas mesas que fueron dispuestas justo al medio del salón principal de la biblioteca. - Solo faltas tú. -

Makoto asintió y prometió ir de inmediato, tan solo quería despedirse de Ami primero.

- Toma, espero que esta información pueda ayudarte mucho. - La peliazul le hizo entrega del archivador. - Sé que debes repetir tu examen, así que te pido que pongas todo tu esfuerzo a la hora de estudiar. -

- ¡Dalo por hecho! - Era una promesa que iba a cumplir.


Los días vuelan, así como las hojas que el viento otoñal se trata de llevar. Era lunes, y la jornada de clases ya había terminado. La gran mayoría de las alumnas volvían a sus hogares. Reían por el camino, quizás recordando alguna anécdota ocurrida en el transcurso del día.

Makoto, sin embargo, corría con prisa hacia la enfermería.

- ¿Quieres que te lleve en mi auto hasta tu hogar? -

- No quiero aprovecharme de tu generosidad, Setsuna. - Ya le había regalado un pastel y un refresco. Eso ya era bastante por un día. - Además, quiero pasar al hospital para ver a mi madre.

- ¿Visitarás a Saeko? Bueno, llevo días sin verla también. - El trabajo absorbía gran parte de su tiempo. - No me molestaría llevarte... -

- ¡Ami! - Se escuchó el grito emocionado de cierta jugadora. - ¡Ami, mira lo que tengo! -

Setsuna y Ami se percataron de la velocidad a la que venía Makoto. Decidieron apartarse del camino, solo por precaución.

- ¡Aprobé mi examen de Historia! - Gritó nuevamente la joven, frenando y deteniéndose justo frente a las otras dos. - ¡Lo logré! ¡Pude hacerlo! -

Los ojos de la peliazul no podían creerlo. ¡Era una calificación perfecta! Cien puntos totales.

- ¡Nunca antes había visto tantos puntos en uno de mis exámenes! - Los estudios habían dado sus frutos. - ¡Estoy tan feliz! -

Y sin previo aviso, abrazó a Ami con toda la fuerza que ella tenía. La cual era bastante, así que dejó a la otra chica casi sin aliento.

- ¡Los apuntes que hiciste para mí y las tutorías fueron las que me salvaron! - De ahora en adelante, visitaría seguido las clases en la biblioteca. - ¡Muchas gracias! -

- Kino, estás dejando sin vida a Ami. - Dijo Setsuna preocupada. - Creo que deberías relajarte un poco... -

Ami negó con la cabeza. No había necesidad de aflojar nada. Para ella, este abrazo, era más que perfecto.


¡Finalmente traigo algo nuevo para esta historia! Tenía tres versiones diferentes de este capítulo y no sabía por cuál decidirme. Al final escogí puro y gratificante relleno que nada aporta en la trama. XD

Gracias por leer. ¡Suerte!