Capítulo 7: En las nubes.

Comenzar una larga jornada en la preparatoria con la clase de cocina era lo mejor que le podía ocurrir a Makoto. Esta clase, por lo general, era muy tranquila para ella, además de ser su favorita. Se trataba de su mejor área, donde ella se desenvolvía de forma casi profesional, el momento donde podía poner a brillar sus habilidades.

Pero hoy se sentía extraña.

Estuvo distraída gran parte de la hora y media que duró la lección. En ciertos momentos no pudo seguir el ritmo de la clase, al punto que le resultó complicado tomar nota de lo que decía la maestra. No solo eso, mientras cocinaba cometió el error de agregar más bicarbonato del que era necesario en su mezcla de galletas. Pero lo más alarmante fue cuando se olvidó de éstas en el horno y casi terminan quemadas.

Naru no dejó pasar la oportunidad para preguntar a Makoto sobre qué la tenía tan irreconocible. Este comportamiento era ajeno al que Naru estaba acostumbrada. Sin embargo, Tomoko salió en ayuda de la castaña y pidió dejar las preguntas para otro momento. La chica parecía haber notado la incomodidad de la jugadora ante la curiosidad de su compañera.

El resto de las clases resultaron algo tediosas para Makoto. Lo peor fueron los tres bloques seguidos con el maestro Artemis. El tipo no era aburrido o molesto, era la materia que impartía el gran problema. La castaña encontraba que tres bloques eran mucho tiempo destinado para la clase de matemáticas. No era divertido, para nada.

Pero finalmente, después de una larga jornada de aprendizaje, llegaba la mejor parte del día: ¡Entrenamiento de baloncesto!

Las ansías de Makoto por tener un balón entre sus manos y poder compartir junto a sus compañeras de equipo la impulsaban a correr de prisa para llegar pronto al gimnasio.

Más para la jugadora fue una total sorpresa el hecho de toparse con la presencia de la presidenta del consejo estudiantil, acompañada de su secretaria, en el lugar. Ambas chicas estaban conversando tranquilamente tanto con la entrenadora como con Haruka en medio del campo.

- ¡Muy buenas tardes! – Saludó la castaña a todas las presentes. - ¿A qué se debe el honor de esta importante visita? –

- Buenas tardes, Kino. –

Una bella joven de cabellera azabache, larga y sedosa, volteó para saludar a la jugadora. Rei Hino, cabecilla del consejo estudiantil, era conocida por tener un fuerte carácter y por su manera directa de enfrentar todos los asuntos referentes al consejo. Como presidenta, hacía cumplir las reglas de forma estricta, pero también prestaba su apoyo en todo lo que podía a los equipo y clubes de la preparatoria.

- Quería personalmente contarle las buenas noticias a la entrenadora Luna. – Dijo la pelinegra.

- ¿Buenas noticias? –

- Probé suerte y levanté una petición para que se nos facilitara un medio de transporte el día del juego contra Aoyama. – La idea de Luna era viajar y presentarse todos juntos aquel día. – Somos visita, así que tendremos que movilizarnos hasta la otra preparatoria para jugar. Y no quiero que viajen solas o por su cuenta, me preocupa que algo les pueda ocurrir. – Sus chicas eran su responsabilidad, así que haría de todo por cuidar de ellas.

- La presidenta pudo conseguir para el equipo de baloncesto un bus con capacidad suficiente para todas ustedes. – Habló Kotono Sarashina, secretaria del consejo estudiantil. – Ese día podrán viajar sin problemas para enfrentarse contra Aoyama. –

- ¡Oiga! Yo pensé que sería una gran limusina. – Haruka creía que el equipo merecía eso y mucho más. – Con una enorme alfombra roja que se extenderá cuando bajemos de ella. –

- Estás pidiendo mucho. – Luna debía recordarle que no eran súper estrellas para tener tal clase de lujos. – Hay que agradecer a la joven Hino por la gran ayuda que nos está brindando. –

- No hay necesidad. – Rei solo estaba cumpliendo con su trabajo como presidenta.

- Presidenta, recuerde que hoy tiene sesión con el equipo de tiro con arco. – Kotono hizo recordar a la otra chica. Ella lo sabía gracias a que tenía el horario de Rei anotado en su propia libreta. - En media hora más para ser exacta. -

- ¡Es verdad! – Se le había olvidado por completo. – ¡Lamento que esta visita sea tan corta! Fue un gusto hablar con ustedes, pero ya debo irme. –

La presidenta se despidió de todas las presentes y marchó junto a su secretaria rumbo a la salida. Fue allí donde se topó con otras dos jugadoras, Yaten y Unazuki, quienes recién arribaban al gimnasio. Hubo un respetuoso intercambio de saludos entre las alumnas. Después de eso, Rei y Kotono continuaron con su camino.

- ¿Qué estaba haciendo aquí la presidenta? – Fue la pregunta que realizó Unazuki mientras se acercaban al grupo.

- ¿Vinieron a reprendernos por algo? – Yaten igualmente deseaba saber.

Makoto corrió emocionada a recibirlas.

- ¡Nada de eso! – Era una mejor noticia. - ¡Tenemos un bus que nos llevará a todas juntas hasta la preparatoria de Aoyama el día del juego! –

Unazuki compartió su alborozo y celebró con la castaña. Yaten igualmente estaba feliz por la noticia, pero no era tan escandalosa como las otras dos.

- ¡Después habrá tiempo para celebrar! – Luna llamó la atención de las jóvenes. Acto seguido, apuntó hacia los vestidores e hizo un gesto con la cabeza. – A cambiarse el uniforme. –

- ¡Entendido! – Respondieron las tres al unísono.

Las chicas corrieron para perderse dentro de los vestidores. Haruka ya tenía puesta su indumentaria deportiva, así que se quedó junto a la entrenadora charlando.

- ¿Qué nuevas estrategias intentaremos hoy? – Preguntó la joven capitana.

- No tengo pensando intentar nada nuevo. – Los días anteriores fueron muy productivos. Primero analizaron en conjunto el juego y formaciones que Aoyama solía utilizar. Descubrieron que el rival tenía curiosos patrones de juego, pero que podían neutralizarse con ciertas estrategias. Esas estrategias fueron las jugadas nuevas que el grupo tuvo que practicar en los entrenamientos. – Creo que hoy nos vamos a relajar un poco con unos cuantos ejercicios en pareja. -

- Suena como el plan de hoy, entrenadora. –

Pasaron los minutos y las jugadoras que faltaban terminaron por llegar. Luna verificó por última instancia que estuvieran todas sus chicas presentes para comenzar con la charla. No iba a ser mucho aquel día, solo explicar los ejercicios que iban a realizar.

- Todas saben que el próximo lunes nos enfrentaremos con uno de los equipos favoritos de este campeonato. – Explicó Luna al grupo. Las jóvenes estaban atentas a las palabras de la mujer, también al constante paseo que realizaba de un lado a otro. – Aoyama, sin embargo, no es un equipo al que debamos temer. Nosotras tenemos las habilidades para vencerlas. –

La gritos en apoyo a las palabras de la entrenadora crearon una molesta cacofonía.

- ¡Calladas! – Pidió la mujer para poder continuar. – Hemos practicado duro toda la semana, así que hoy haremos ejercicios en pareja. Es mi regalo por todo el esfuerzo que han puesto en los… -

Las palabras de la entrenadora pasaron a segundo plano debido al estruendo causado por las jugadoras.

- ¡Muy bien! – Luna creyó que era hora de comenzar. - ¡Que hoy sea un gran día, chicas! -

Siempre, antes de cualquier entrenamiento, se deben realizar los ejercicios de calentamiento. No podían lanzarse a la acción sin primero estirar el cuerpo y ponerlo en marcha. Después venía el trote. Unas cuantas vueltas al gimnasio siempre ayudaban a las chicas a prepararse para la parte que requería más esfuerzo y desgaste.

- Hola. – Fue el austero saludo de Yaten una vez estuvo frente a frente con Makoto. – Creo que hoy entrenaremos juntas. –

Algunas veces le era tan complicado comprender el trasfondo de las decisiones que tomaba la entrenadora Luna.

- Hoy ustedes dos harán pareja. – Dijo la mujer a sus jugadoras. – Por favor, nada de volverse locas. Solo es un entrenamiento. – Eso iba especialmente dirigido a Makoto. - Diviértanse. -

- ¡Entendido! – Asintió la castaña.

Fue ella quien corrió a buscar un balón. Cuando volvió, encontró a Yaten ajustando las agujetas de sus zapatillas. No parecía haber notado su regreso.

Era raro entrenar junto a la otra chica. Ella estaba acostumbrada a emparejar con Haruka, ya que se conocían mejor. Y algunas veces con Unazuki, puesto que relacionarse con ella era más sencillo. Con Akane tenía una gran deuda: Nunca había emparejado con ella.

- ¿Con qué quieres comenzar? – Preguntó la de cabellera plateada. Ya había terminado con su calzado, así que estaba lista para entrenar.

- Practiquemos pases por ahora. – No tenía más ideas por el momento. - ¿Está eso bien? –

- Claro. –

Yaten siempre parecía tener pocas ganas de hablar con los demás. La mayor parte del tiempo llevaba un rostro serio, bordeando en la amargura. Parecía alguien de pocos amigos. Pero con el tiempo Makoto aprendió que ella solo guardaba esa fachada con las personas a las cuales no le había dado su confianza.

Makoto no podía decir que se había ganado su amistad total, pero podían entablar una "conversación". En teoría, ya que con las escasas palabras que podía sacarle, lo que hacían parecía más un monólogo.

- Las fanáticas de Haruka están muy alborotadas hoy. – Señaló Yaten una vez recibió el balón que su compañera había arrojado en su dirección. - ¿Por qué las dejan entrar? –

- La entrenadora parece no tener problemas con ellas. – Comentó la castaña mientras lanzaba miradas fugaces hacia las graderías. Hoy sí que tenían bastante público observando el entrenamiento. – Tus seguidoras también están gritando como locas. –

- Ellas pueden hacerlo. –

- Ya me gustaría tener la suerte de ustedes. – Makoto se puso a imaginar en lo fantástico que sería tener un grupo de admiradoras. Con unas pocas se conformaba, no era exigente. Solo quería escuchar su nombre siendo coreado en las graderías y recibir el apoyo de lindas chicas. Aunque, si tan solo fuera una persona, igual sería feliz.

Si fuera Ami esa única persona, vaya que sería dichosa.

- ¡Atenta! –

El grito de la otra jugadora no fue suficiente para que pudiera reaccionar. Cuando se percató, tenía en frente el balón que Yaten le había lanzado. Pestañeó, solo para después sentir el fuerte impacto contra su rostro. Terminó sentada en el suelo a causa del golpe.

- ¡Makoto! – La de cabellera plateada corrió para ayudarla. - ¡Perdóname, yo no quería! –

La castaña estaba con una expresión neutra. Claro, también la marca perfecta del balón impresa en el rostro.

- Llamaré a la entrenadora… -

- No, tranquila. – Habló finalmente la jugadora. Después no pudo aguantar las ganas de reír. ¡Qué tontería! Esto le pasaba por andar fantaseando. – Estoy perfectamente bien. –

- Luce muy doloroso. - Yaten extendió su mano para ayudar a que Makoto se pusiera nuevamente de pie. - ¿En serio quieres continuar? -

- ¡Por supuesto! - Un golpe en el rostro no era nada para ella. - Y quizás ahora podríamos intentar otra cosa. - Pensó rápidamente en algo para hacer. El golpe parece que sacudió algo adentro, ya que tuvo una idea al instante. - ¿Qué tal si jugamos a quitarnos el balón? -

- Suena bien. -

Yaten recomendó retomar el entrenamiento con calma. No deseaba que su compañera se esforzara mucho luego del golpe que había recibido. Se sentía algo culpable, ya que fue ella quien había lanzado el balón a Makoto con más fuerza de la necesaria. Y pensó que podía cumplir con esto, o sea, jugar tranquilamente con la castaña.

Pero vaya que se equivocó.

Lo que comenzó como un simple juego de quitarse el balón se transformó rápidamente en una competencia entre ambas. La castaña presionaba a la otra jugadora desde la espalda, empujando con su cuerpo para desestabilizar a su contrincante. Esto en un juego real habría sido sancionado, pero Yaten lo dejaba pasar, ya que Makoto no parecía tener otra manera o idea para quitarle el balón.

- Estás jugando sucio, Kino. - La de cabellera plateada le sonreía mientras seguía con el dominio del esférico. - Recuerda no hacer esto contra Aoyama. -

A continuación, Yaten realizó una finta y se quitó limpiamente la marca de Makoto. Aceleró al máximo, dejando atrás a su contrincante. Fue evitando a otras compañeras hasta llegar bajo el tablero. Una vez allí, saltó con gracia y encestó una canasta ante los ojos atentos de las otras chicas.

Las alabanzas no aguardaron en caer sobre la joven Kou.

- Aún tengo mucho que aprender. - Makoto se quedó observando a la otra joven, quien desinteresada, recogió el balón que había lanzado y comenzó a caminar de vuelta a donde estaba ella. - Yaten no solo es ágil y veloz, también es sumamente inteligente, calculadora y sabe concentrarse. - Una gran sonrisa apareció en su rostro. - ¡Yo también debo continuar mejorando para volverme una gran jugadora! -

Algún día ella iba a rebasar todos los límites. Sería una jugadora sin igual, nadie se le iba a comparar. Pero para lograr ese cometido, debía superar un largo y arduo camino. Uno que no tenía miedo de recorrer.

- ¿Continuamos? - Fue la pregunta de Yaten una vez estuvo de vuelta. - ¿O quieres descansar? -

- ¡Sigamos jugando! -

El entrenamiento se extendió por una hora, quizás un más. Gran parte del equipo seguía teniendo energías para continuar divirtiéndose con las más diversas actividades que a las chicas se les podía ocurrir. Fue un día de entrenamiento muy relajado y agradable. Pero cuando los ánimos se fueron enfriando, las jugadoras partieron en pequeños grupos hacia los vestidores en busca de una refrescante ducha.

Sin embargo, cierta castaña se negaba a abandonar el campo. Pese a que estaba al límite de sus energías (solo ella se toma en serio un entrenamiento liviano y terminaba agotada), continuaba lanzando tiros contra el tablero, buscando anotar la mayor cantidad de canasta que pudiera.

- Makoto, eres la única que queda acá. - Se escuchó la voz de Luna - Ya vete a las duchas. -

La joven volvió a intentar un tiro, pero el balón terminó rebotando contra el aro. Tomó esto como una señal, así que detuvo por un momento sus incesantes lanzamientos y volteó en busca de su entrenadora.

- ¿Puedo quedarme unos minutos más? -

- ¿Por qué tantos deseos de entrenar? - La mujer estaba recogiendo los balones que sus jugadoras habían dejado esparcidos por toda la cancha. - No lo sé, Makoto... -

- Recogeré todos los balones y los guardaré. -

- ¡Hecho! - Luna dejó en el suelo los balones que ya había recogido. Los acomodó con cuidado de forma que no fueran a rodar por algún descuido. Buscó en uno de sus bolsillos y sacó un manojo de llaves, las cuales extendió a la jugadora. - La azul es para la bodega y la verde es de los vestidores. Serás la última, así que cierra bien cuando te retires. -

Luna pide a Makoto que lleve las llaves al salón de maestros una vez que termine. Le aconseja, además, que no se esfuerce tanto. La entrenadora sabe que la castaña suele tener miedo a sus falencias y esto la lleva a exigirse en demasía para poder equilibrar sus habilidades. Luna no deseaba que Makoto terminase nuevamente con una lesión. Por tal razón le advierte que solo se puede quedar media hora más o ella misma vendría a patearla fuera del gimnasio.

Haruka estuvo un rato acompañándola. La rubia pospuso todo lo que pudo su partida, pero ya se le estaba haciendo tarde. Había prometido a Michiru que saldrían a comer un helado luego de clases y no quería dejar a su novia esperando.

- Ya todas se marcharon. - Avisó la capitana a su amiga. - Ten cuidado, ¿sí? -

- ¡Por supuesto! - Dijo sin quitar su atención del tablero. Estaba preparando un nuevo tiro. Alineó el balón, concentrada, para luego lanzar. Entonces volteó sonriente e hizo el signo de la paz con sus dedos, ya que el esférico entró sin problemas en el aro. - ¿Viste eso? Me salió perfecto. -

La otra jugadora levantó su pulgar en aprobación.

- Nos vemos mañana, Koto. -

- ¡Claro! Hasta mañana, Haruka. -

La rubia abandonó el gimnasio en silencio. Parecía tranquila, pero en el fondo, se preocupaba de dejar a la castaña entrenando sola. La conocía muy bien, sabía que terminaría muerta de tanto practicar. Makoto no se ponía límites a ella misma. Más bien, se empujaba cada vez más lejos y se obligaba a continuar.

Bueno, así como ella. Odiaba el hecho de que a veces eran muy similares en las peores costumbres.

- ¡Disculpa! -

Delante de Haruka apareció otra alumna. Se le hacía ligeramente familiar, pero no podía recordar dónde la había visto antes. Era linda, pequeña y de cabello azul. ¡Qué rareza! Ella siempre recordaba a las chicas lindas.

- ¿Ya terminó el entrenamiento de baloncesto? - Preguntó la chica.

- Sí, ya acabó hace un buen rato. -

- ¿En serio? - El ánimo de la peliazul cambió en seguida supo esto. - ¡Qué mal! Y yo que deseaba ver a Makoto. -

Bien, esto era interesante. No sabía quién diantres era esta chica, pero todo daba a entender que ella conocía a Makoto.

- Tienes suerte, bonita. - Apuntó hacia el gimnasio que había dejado hace poco. - Ella sigue entrenando allí adentro. -

La sonrisa volvió al rostro de la otra estudiante. Y una de las debilidades de Haruka eran las chicas lindas que sonríen de una forma tan pura, así como la que tenía delante ahora. Le fue complicado suprimir el rubor que apareció en sus mejillas.

- ¿Habrá alguna clase de problema si entro a acompañarla? -

- No creo. - De todas maneras, no había nadie más allí que pudiera enojarse por su presencia.

- Bueno, muchas gracias por la amabilidad. - La peliazul hizo una reverencia, para luego partir sonriente hacia el gimnasio. - ¡Adiós! -

¡Y además se despedía! Qué cosa más tierna y educada.

- ¿Acaso será el nuevo interés de Koto? - Haruka había quedado con la duda. - De ser así, ella me lo habría contado de las primeras. -

Podía utilizar todo el día para especular sobre qué tipo de relación tienen Makoto y la linda peliazul con la que acababa de hablar, pero también debía recordar que Michiru posiblemente estaba esperando por ella.

Lo mejor que podía hacer ahora era estar atenta a las señales que la castaña siempre mostraba cada vez que se interesaba en alguien. Era fácil saber cuándo Makoto se había enamorado. Y si las señales estaban, Haruka ya sabía a quien atribuirlas.


- Rompí mi propia marca. - Dijo más que orgullosa Makoto.

La joven estaba sentada en medio de la cancha. En su cuello tenía una toalla pequeña con la cual se secó el molesto sudor de su rostro y que luego ocupó para cubrir por completo su cabeza.

Pensó que el entrenamiento la iba a relajar, pero no sirvió de mucho.

- Tengo hambre... - En su mente las ideas eran todo un embrollo, pero actualmente lo que importaba más era la demandante necesidad que su estomago le hacía saber a través de feroces ruidos.

Habría optado por comerse las galletas que preparó en su clase de cocina, pero desde un principio su intensión fue regalarlas a Ami. Aunque ahora le daba algo de vergüenza el hecho de que hayan terminado algo tostadas y crujientes por un descuido.

- Quiero ver a Ami. - Fue un espontáneo pensamiento, pero que hizo sonreír a Makoto.

Decidió que ya había sido suficiente descanso. Al fin y al cabo, solo le habían dado media hora extra para entrenar, y no pensaba desaprovechar el tiempo. En serio deseaba pulir sus habilidades y mejorar en lo que era deficiente.

En eso la jugadora siente que algo es apoyado contra su cabeza. No era un gran peso, pero sí era algo que estaba fresco. Más la sensación era agradable. Claro, después de tanto entrenamiento, algo fresco siempre venía bien.

- Veo que te tomaste un tiempo para recuperar las energías. -

Se quitó la toalla de la cabeza y su sonrisa creció varios centímetros cuando sus ojos tuvieron el gusto de toparse con la imagen de cierta peliazul.

- ¡Ami! - Su deseo se había hecho realidad. - ¡Qué alegría verte! - Notó también que la chica traía consigo una lata. Sospechaba que era jugo de manzana, Ami amaba ese sabor. - ¿Cómo estás? -

- Estoy muy bien. - La joven extendió la lata a su amiga. - Un regalo para ti. -

- ¡Genial! - Justo lo que necesitaba. Estaba sedienta, este refrescante jugo era el obsequio perfecto. - Muchas gracias. -

Makoto se levantó del suelo y abrió la lata. Mientras bebía, Ami le contó sobre cómo estuvo su día. Atenta escuchó los comentarios que hizo la peliazul sobre un interesante artículo que tuvo oportunidad de leer en su clase de ciencia. No entendió mucho, pero le daba gusto oír los pensamientos de la otra chica. Ella aprovechó para contarle la buena noticia del bus que había conseguido el equipo.

- Sabes, estuve pensando... - El tema de conversación cambió de pronto. - Pensé que sería divertido irnos juntas. Yo puedo esperar a que termines de entrenar y luego te duches. - Todo esto lo dijo con la mirada siempre pegada al suelo. - Obviamente solo si tú quieres... -

- ¡Obvio que quiero! - Gritó la jugadora con gran entusiasmo. Quizás más del necesario. ¡Pero era normal reaccionar así! La idea de caminar de regreso a su hogar en compañía de Ami la emocionaba mucho. - De hecho, no tendrás que esperar tanto. Creo que mi tiempo extra de entrenamiento se acabó hace un buen rato. -

Más todavía tenía que recoger y guardar todos los balones que el equipo había utilizado.

- Solo aguarda un poco, ¿sí? - Dicho esto, acabó su jugo y guardó la lata vacía en uno de sus bolsillos. Después partió corriendo a cumplir con su tarea, y planeaba hacerlo en tiempo récord, pues no tenía la intención de que Ami terminara aburrida de tanto esperar.

- Y puedo aprovechar para darle las galletas que preparé... - Cuando levantó la vista se topó con Ami a su lado.

La peliazul se puso a recoger balones junto a ella. Makoto no se lo había pedido, el gesto nació de forma espontánea. Pero no podía cargar tantos al mismo tiempo, resultando divertido ver lo complicada que estaba ahora con tres balones que trataba por todos los medios que no se le fueran a escapar.

- En serio es un ángel. - Apreciarla en estas instancias tan cotidianas, pero significativas, provocaba que en su corazón creciera un poco más, día tras día, un dulce y agradable sentimiento. Entonces su mente, después de un larguísimo día de estar confundida, finalmente alcanzó cierta paz. - Quizás solo deseaba verla y hablar con ella. -

Fue en ayuda de Ami y tomó los balones que ella tenía.

- Gracias. - Dijo la peliazul algo apenada. - Más que ayudar, creo que solo estoy estorbando. -

- Yo no creo eso. - La castaña sonrió con ternura. Se sentía muy bien, se sentía a gusto, también en confianza. Pero más importante: Sintió valor. - Ami, yo también estuve pensando... -

- ¿Sobre qué, Makoto? -

- Verás... - Podía hacerlo, solo tenía que hablar. No era tan complicado. - ¿Quieres salir conmigo este fin de semana? -

Sí, eso era lo que su corazón quería.


¿Adivinen quién revivió como el ave fénix? Luego de un mes bastante malo, volví a concentrarme y retomé mis cosas. Ya extrañaba escribir sobre mis chicas.

Gracias por leer. ¡Suerte!