Capítulo 8: No es lo que todos creen.
Quedaban muy pocos minutos para acabar con la clase que, por cierto, era la última de ese día. Las jóvenes del salón 1-D estaban tranquilamente conversando en sus asientos. El maestro les concedió este pequeño descanso luego del buen comportamiento que tuvieron en la clase. Una vez observó en su reloj que estaban en el tiempo límite, decidió utilizar estos minutos que quedaban para recordar a las alumnas sobre el próximo examen que se aproximaba. Artemis pidió algo de silencio a las chicas para poder hablar.
- Recuerden que la semana siguiente, martes para ser específico, tendrán examen. Por favor, sean responsables y procuren estudiar bien los temas que anoté aquí. – El hombre apunto sobre su hombro, hacia la pizarra. – Sé que pueden dar lo mejor de ustedes. –
Como si el timbre hubiera estado esperando paciente a que el maestro terminara de hablar, una vez dejó todo claro a las alumnas, el familiar sonido que daba final a las clases resonó por todos los rincones de la preparatoria.
- Que tengan un grandioso fin de semana, jóvenes. –
Las chicas respondieron de forma respetuosa, despidiéndose del maestro.
- ¡Qué bien! – Se escuchó decir a Minako. La rubia se mostraba de buen ánimo mientras guardaba en un bolso sus pertenencias. – Finalmente acabó la clase. – Contenta, soltó un suspiro. Había sobrevivido a una nueva clase de matemáticas. – Y lo mejor de todo es que hoy tengo entrenamiento con mi equipo. – Justamente era eso lo que le producía más felicidad.
- La clase de hoy estuvo muy complicada. – Usagi no lucía el mismo humor que su amiga. Para ella la clase de matemáticas sí que era todo un reto. Pero siempre trataba de hacer frente a la asignatura, por más que sufriera en el intento. – Creo que este examen lo voy a reprobar. –
- ¡No digas eso, Usa! – Repuso la otra rubia. – Aún no es el examen y ya te estás echando a morir. –
- Concuerdo con tus palabras, Minako. – La que habló fue Ami, quien se sentaba un par de puestos más atrás. – Si no te sientes segura, entonces debes prepararte para este examen con mayor antelación y esforzándote el doble. –
- ¡Exacto! Debemos estudiar hasta quedar hartas de matemáticas. - Entonces una gran idea apareció en la brillante mente de Minako. - ¡Y Ami puede ayudarnos con eso! –
- ¿Yo? – La susodicha se apuntó a ella misma.
- ¡Por supuesto! – Asintió Minako con seguridad. Tenía la certeza de que la ayuda de una experta en la materia les favorecería en mucho a ambas. Las excelentes calificaciones que obtenía la peliazul en cada examen eran prueba absoluta de lo calificada que estaba para desempeñarse como tutora. – Sería genial contar con tu ayuda, Ami. ¡Claro! Siempre y cuando tú desees darnos una mano. –
Esperaba no haber sonado muy demandante. Minako no quería que la otra chica se sintiera obligada a ayudar, en ningún caso deseaba eso.
- ¡Sí! Piénsalo, Ami. – Se unía a la petición Usagi. - ¡Por favor! –
La peliazul sonrió a ambas chicas.
- No hay necesidad de rogar. – La joven terminó de guardar sus libros dentro de un maletín. – Creo que la idea es muy buena, así que gustosa les ayudo a estudiar para este próximo examen. –
Las dos rubias celebraron esta gran noticia con un choque de palmas.
- Entonces propongo que mañana por la tarde nos reunamos a estudiar. – Minako también sugirió la idea de comprar un montón de bocadillos y además rentar una película. Así una vez terminaban de estudiar, podían inmediatamente después comenzar una noche de chicas.
- Disculpa, Minako… - Interrumpió Ami a la otra joven. – Mañana no me es posible juntarme con ustedes, pues tengo otro compromiso acordado. –
- ¡No puede ser! – Usagi ya se estaba lamentando.
- Pero si no existe problema, propongo juntarnos el domingo, incluso puedo ofrecer mi propio hogar para reunirnos. – La peliazul no tenía problema alguno con recibir a las chicas en su casa. – Así estoy disponible para ayudarlas. –
- Bueno, no tengo nada que hacer los domingos. – La verdad era que Minako poco y nada hacía ese día. ¡No, se equivocaba! Sí hacía algo: Dormía hasta tarde. Pero podía sacrificar eso por una tarde de estudios. - ¡Está bien! –
- Suena bien para mí. – Usagi agradecería por siempre este gran favor que Ami haría por ellas. – ¡Y me anoto con unos deliciosos dumplings! – La idea de los bocadillos le había encantado a la rubia.
En el salón no quedaban muchas alumnas, gran parte de ellas ya había partido, pero las chicas se quedaron charlando unos minutos más solo para acordar los últimos detalles de esta sesión de estudios.
- ¡Mizuno! –
Una cabeza sobresalía por el borde de la puerta. Se trataba de otra de las compañeras de salón de Ami, quien llamó por ella mientras hacía un gesto con la mano, apuntando hacia el exterior.
- Hay alguien esperando por ti acá afuera. – Dijo a la peliazul.
La joven se preguntó de quién podía tratarse. La única que venía a su mente era Setsuna, pero ella siempre aguardaba hasta cuando Ami se daba una vuelta por la enfermería para contarle algo.
¿O acaso era…?
- ¡Es verdad! Makoto dijo que pasaría hoy por mi respuesta. – No podía creer posible que haya olvidado algo tan importante. La castaña ayer la había invitado a salir y gentilmente le concedió tiempo para pensar en su respuesta. – Debe tratarse de Makoto. – Minako y Usagi la miraban con confusión. ¡Cielos! Seguramente ahora mismo estaba ruborizada. – Disculpen, pero debo irme ya… - Ami apuntó hacia la puerta. – Nos vemos el domingo, chicas. ¡Adiós! –
La peliazul partió de prisa fuera del salón, casi como escapando de la situación. Pero ya anticipaba para el domingo una lluvia de preguntas sobre todo esto. Era lo más obvio, Minako y Usagi se caracterizaban por ser muy curiosas.
- ¿Qué tal todo, Ami? – Escuchó decir a Makoto. Encontró a la castaña apoyada casualmente contra una muralla, a pocos pasos de la puerta. Con una mano alzada saludaba a su amiga. – Espero no haber aparecido en mal momento. –
- No, tranquila. Mi clase acababa de terminar. – Notó que venía con su ropa de entrenamiento. Lo más seguro es que luego partiría a una nueva práctica con su equipo. – ¿Cómo estuvo tu día? –
- Inglés muy aburrido, pero todas las otras clases estuvieron bien. – La jugadora extendió un brazo, ofreciendo a la otra chica una especie de recipiente plástico adornado con flores. La tapa transparente dejaba ver en el interior una deliciosa rebanada de pastel de chocolate. – Cuando estoy preocupada siempre me dan ganas de preparar pasteles. -
- ¡Vaya! Muchas gracias. – La peliazul aceptó encantada el trozo de pastel. Sin embargo, quedó resonando en su mente el hecho de que Makoto estuvo preocupada por algo. ¿Habrá sido por la respuesta que debía entregarle? – Makoto… -
- Ayer me puse a pensar, mucho. También hoy en la mañana. – Fue interrumpida por las palabras de la misma castaña. - Quizás mi invitación no fue en un momento oportuno o tal vez te terminó incomodando. No me detuve a pensar en lo que tú podías desear, fue mi error. – Hubo una pausa que Ami sintió eterna. – Yo entendería si tú no quieres… -
- ¡Si quiero! – Dijo en un tono tan alto que captó la atención de varios en aquel pasillo. Pero no le importó, Ami no quería dejar a Makoto con el sentimiento de que había hecho algo malo al invitarla. – Debo admitir que fue una sorpresa lo de ayer, pero no sabes lo feliz que me hiciste con tu invitación, Makoto. Contigo me divierto mucho y me siento a gusto. – Seguramente pasar toda una tarde con la castaña sería sensacional. – Por esa razón acepto. –
Makoto había quedado sin palabras. ¡Y su corazón estaba como loco! Sentía que en cualquier momento se le iba a salir del pecho.
- ¡Muchas gracias, Ami! – Dichosa, Makoto buscó su móvil en uno de los bolsillos de la chaqueta que traía puesta. – Hay que ponernos de acuerdo en algunas cosas, pero creo que ya notaste que debo ir a entrenamiento. ¿Qué te parece si intercambiamos números? – Así podrían estar en contacto.
La otra joven asintió, para después buscar su propio teléfono. Ami lo mantenía apagado en su maletín, ya que conocía las reglas que tenía la preparatoria relacionadas a estos aparatos.
En cosa de segundos la peliazul ahora tenía un nuevo contacto con el nombre de la jugadora en él.
- ¡Te enviaré un mensaje apenas salga de mi práctica! – Fue el grito que lanzó Makoto luego que se despidiera de su amiga y marchase a un nuevo entrenamiento con el equipo de baloncesto.
Estaré esperando ese mensaje, pensó Ami mientras sonreía.
- ¡No lo puedo creer! –
Los colores se drenaron del rostro de la peliazul y un sudor frío comenzó a rodar por su frente. ¿Cómo pudo ser tan descuidada? Tuvo que haber conversado con Makoto en otro sitio.
- ¿De qué me perdí, señorita Mizuno? – Minako apareció justo a su derecha. Cargaba con una sonrisa maliciosa y sus ojos entrecerrados, que parecían querer arrancar hasta el más pequeño secreto de la otra joven. - ¡No me lo digas! Creo ya tener la respuesta… -
- ¡Ami tendrá una cita! – A su izquierda estaba Usagi, emocionada incluso más que ella misma. Los brincos que daba la rubia eran clara señal de su felicidad. – Debo admitir que hacen muy bonita pareja. –
- Esto no es… - Ami trató de razonar con las otras dos, pero era simplemente imposible.
- ¡Entonces esa chaqueta que tenías el día del juego contra Tamachi era de Kino! – Todo calzaba perfecto ahora. Y pensar que la astuta chica mantuvo este secreto tan bien guardado y protegido. – Tienes buen gusto, Ami. –
La pobre peliazul estaba hecha un verdadero tomate de lo roja que se puso.
- ¿Qué es todo este alboroto? – Demandó saber una voz fuerte y segura. - ¿Acaso no saben que está prohibido gritar en los pasillos? –
Las tres jóvenes voltearon para encontrarse con la mismísima presidenta del consejo estudiantil. No lucía contenta, parecía estar esperando una respuesta. Sin embargo, ninguna de las tres se atrevió a hablar.
- ¿Y bien? No puedo creer que ahora se hayan quedado sin voz. – Rei no era de aguantar estas faltas.
- Lo lamentamos mucho, presidenta. – La que recuperó la facultad de hablar fue Ami, quien decidió ofrecer sus más sinceras disculpas a la azabache. – No se repetirá. –
- Mizuno, tú no estás incluida en este regaño. – Rei sabía que la joven tenía un comportamiento ejemplar. Ella se estaba dirigiendo específicamente a Aino y Tsukino. – Oigan bien ustedes dos: Dejen de actuar como infantes. Ustedes son dos jóvenes que deberían saber cómo comportarse. -
Las rubias balbucearon algo inaudible para la presidenta.
- No las escuché… -
- ¡Sí, presidenta! – Repitieron ahora en un tono más alto.
- Excelente. – Rei sonrió complacida. Solo esperaba que las chicas cumplieran con su palabra. – Que tengan un buen fin de semana. – Dicho esto, marchó por el pasillo a continuar con su trabajo.
El silencio que dejó la partida de la presidenta fue roto por un comentario bastante fuera de lugar por parte de Minako.
- ¿No creen que la presidenta luce muy guapa cuando se enoja? –
Regresar a su hogar nunca había sido tan caótico. Hoy, a diferencia de otros días, fue acompañada por Minako y Usagi durante un par de cuadras. Claro está que ambas chicas decidieron unirse a ella en el camino solo por la curiosidad que sentían sobre esta supuesta "cita" que tendría con Makoto.
Perdió la cuenta de las veces que negó todo, para después volver a explicar por enésima vez que solo se trataba de una salida entre dos amigas.
Lidiar con el par de rubias absorbió toda su energía, al punto de que lo primero que hizo al llegar a casa fue quitarse los zapatos, caminar hasta el sofá y tirarse allí a descansar.
- Aunque debo admitir que son divertidas a momentos… -
Recostada en el sofá, Ami comenzó a pensar en qué podía cocinar para la cena. Su madre llegaría aproximadamente a las ocho, eran recién las cinco. A la peliazul le gustaba esperar por ella con algo preparado, así podía comer apenas llegaba a casa luego de un largo día en el trabajo.
- Pero no me siento con ganas de cocinar… –
- ¿Estás bien, hija? –
La súbita pregunta la tomó totalmente desprevenida. La peliazul estuvo a punto de salir corriendo despavorida, creyendo que se trataba de un ladrón, hasta que se percató de la presencia de su madre junto al sofá. La mujer reía por la reacción de la joven.
- ¡Cielos! Lamento casi causarte un ataque al corazón, Ami. – Se disculpó la mayor. Después utilizó una mano para entregar cariñosas palmadas sobre la cabeza de su hija. - ¿Todo bien? -
- Sí, todo bien. - Comentó mientras dejaba su lugar en el sofá. – ¿Qué haces acá tan temprano? Pensé que estabas en el trabajo. -
- Hubo un cambio de planes, querida. Parece que a tu madre le está pasando la cuenta su pasión por el trabajo y también la edad. – Saeko explicó a la joven que estuvo gran parte de su turno con una sensación de agotamiento que dos tazas de café no pudieron mejorar. Ni hablar de la migraña que parecía desear partir su cabeza en dos. En fin, no deseó ser una molestia en el trabajo y prefirió terminar su turno antes. – Por eso estoy acá. –
- Mamá… - La preocupación fue obvia en el tono que utilizó Ami.
- Tranquila, solo es cansancio. – Nada que una buena siesta no pudiera resolver.
Luego pidió que Ami la siguiera a la cocina. Llegaron hasta un mesón donde Saeko estuvo ordenando algunas cosas que había comprado de camino a casa. Hizo una parada en esa tienda donde tanto le gustaba comprar, pues siempre tenían nuevos productos que Saeko podía probar. Además, vendían esos exquisitos emparedados que su hija adoraba.
- ¿Almorzaste? -
La peliazul negó con un movimiento de su cabeza.
- Entonces ya somos dos. –
Madre e hija se pusieron de acuerdo en cocinar juntas algo sencillo. Las compras que no se iban a utilizar fueron guardadas. Con los ingredientes escogidos prepararon un simple estofado de carne, verduras al vapor, acompañando todo esto con un pocillo de arroz. No era un almuerzo cinco estrellas, pero lo habían preparado entre las dos y eso le entregaba un valor especial. Además, Ami tenía la rebanada de pastel que Makoto le había obsequiado, la cual compartiría con su madre luego de almorzar.
- ¿Y cómo ha estado todo en la preparatoria? – Preguntó la mayor mientras probaba bocado de su plato.
- Todo muy bien, mamá. – Fue la sencilla respuesta de Ami. – Las veteranas del club de natación tienen competencia esta próxima semana, así que no tendré prácticas. – No podía olvidar la parte que más le importaba a su madre. – Y mis calificaciones se mantienen al mismo nivel. Se avecinan un par de exámenes, pero ya manejo los temas a la perfección. –
- Me alegra oír eso. – Sin embargo, Saeko sentía que su hija algo se guardaba. No solo por el gesto que hizo, ese cuando parece que dirás algo, pero luego callas. También por la simple razón de que conocía a su hija. Saeko sabía que no participaba para llevarse el premio de "Madre del año", pero vamos, tampoco ignoraba completamente a Ami. Siempre que podía, escuchaba a su hija. Siempre que podía, aconsejaba a la joven. Y siempre que podía, le recordaba cuánto la amaba. – Hay algo más, ¿verdad? –
Había dado en el clavo.
La peliazul la miró con los ojos abiertos como platos, luego bajó la vista, claramente avergonzada. Ese juego nervioso que siempre realizaba con las manos no pasó desapercibido por Saeko.
Bien, sin duda era algo que ahora deseaba saber.
- Tranquila, tómate tu tiempo. – No quería que Ami se sintiera incómoda. – Yo espero… -
- Mañana saldré con alguien. –
Saeko terminó ahogándose con lo que estaba comiendo.
Muy bien, sin ponerse nerviosa. Estaba ocurriendo, el gran día había llegado, ese día que la mayor creía lejano: Ami iba a tener su primera cita.
- ¿Puedes repetirlo? – No se lo creía.
- Mañana saldré con una amiga. – La peliazul esta vez cambió ligeramente la oración. – Makoto me invitó. -
Seguramente su madre había entendido algo diferente. Quizás pensó en una cita. No la culpaba, ella también pensó algo así al principio. El verbo "salir" puede interpretarse de muchísimas formas.
- Lamento no haberlo comentado antes contigo. – En los últimos días se habían visto bastante poco. Y había pensado en enviarle un mensaje o llamarla, pero ya que la tenía acá, eso ya no era necesario. – ¿Es posible que pueda salir mañana con mi amiga? –
- Por supuesto. – La mujer no encontraba razón para negarse al pedido de su hija. – Tienes permiso para salir con tu amiga a divertirte. –
Hace poco se había enterado de la existencia de esta joven del equipo de baloncesto, Makoto. Su hija comentó que la había conocido hace unas semanas atrás, en la enfermería. Desde entonces, se habían vuelto muy buenas amigas. Ami no paraba de hablar sobre esta chica.
Entonces, ¿cómo negarse al simple pedido de su hija? Era obvio que esto la haría sumamente feliz.
- ¡Muchas gracias, mamá! –
Sí, a esto se refería. La felicidad de su hija era algo muy importante. Su propio gozo hacía sentir viva a Saeko. Ver en el rostro de Ami pintarse una y otra vez esa sonrisa. Después de todo, ella lo merecía.
Fue mucho esfuerzo, años que tuvo que acompañar a su pequeña, una triste e insegura niña que nada quería con el mundo. Pero después de tanto, Ami finalmente era feliz.
- ¿Sabes? Un día de estos deseo conocer a Makoto. –
- Bueno, tendría que comentarle la idea. – Aunque estaba segura de que la castaña felizmente aceptaría.
Una suave melodía captó la atención de ambas.
- ¿Es tu teléfono o el mío? – Preguntó la mayor, buscando por el suyo en uno de los cuantos bolsillos que había distribuidos entre su pantalón y blusa.
- Creo que es el mío… - Ami lo tenía guardado en uno de los bolsillos de su uniforme. Lo había dejado allí después de intercambiar números con Makoto. - ¿Será acaso ella…? – La castaña había prometido enviar un mensaje luego de terminado su entrenamiento. - ¿Puedo yo…? –
- Adelante, pero debes levantarte de la mesa. –
- Entendido, con permiso. – La joven dejó su asiento y partió fuera del comedor. Sentía curiosidad por saber si se trataba de la castaña. De memoria desbloqueó su teléfono y presionó a través de la pantalla, apareciendo frente a sus ojos el mensaje.
[Makoto: El entrenamiento de hoy fue agotador, siento que moriré. Espero eso no ocurra, pues no quiero perderme nuestra salida mañana. ¡Que pases buena noche!]
Las palabras iban acompañadas al final por un divertido emoji que sonreía ampliamente. El detalle logró sacar una carcajada a la peliazul. Era increíble que algo tan simple la hiciera sentir tan feliz.
Ami pensó bien en lo que iba a responder. Decidió optar por la brevedad y claridad.
[Ami: Recuerda hidratarte y descansar bien. También te deseo una gran noche. ¡Nos vemos mañana, Makoto!]
La joven se sintió conforme con este mensaje. Lo envió, guardó su teléfono en el bolsillo del cual lo sacó y volvió sonriente a comer junto a su madre.
¿Muerta? No, no estoy muerta. ¡Y este capítulo nuevo lo comprueba! ¿Cita? No, claro que no. Prefiero llamarlo "salida romántica entre amigas".
Gracias por leer. ¡Suerte!
