Capítulo 9: Una tortuga y una orca.

Era totalmente ridículo que estuviera atrasada, pero así era su caso. Veía el reloj en su muñeca a cada segundo, comprobando la hora: Iba casi media hora atrasada. Se sentía molesta consigo misma, pues era una tontería y también una gran falta de respeto presentarse tarde a una cita. La puntualidad era una cualidad imprescindible. Seguramente Ami iba a estar aburrida de tanto esperar por ella.

No tuve que quedarme tanto tiempo en la ducha. – Era totalmente su culpa.

Luego de unos cuantos minutos de intenso trote, Makoto finalmente llega al parque donde acordó encontrarse con Ami.

A primera vista la otra chica parece no estar en ningún sitio de aquel parque. Makoto no la puede encontrar, incluso llega a pensar que Ami se cansó de esperar y se había marchado. Pero después de buscar incesantemente por todos los rincones, logra dar con una cabellera azulada entre la multitud. Su amiga se encontraba sentada en una pileta.

- ¡Qué linda se ve! – La castaña era incapaz de controlar sus propios sentimientos. Esta era la primera vez que tenía la oportunidad de ver a Ami en una tenida más casual. Su vestuario de por sí era simple: Una falda corta oscura, blusa coral y un suéter blanco. Pero vaya que se veía preciosa. – ¡Listo, ya admiraste suficiente! No la dejes aguardando más tiempo, tonta.

Decidida a acabar con la espera de la peliazul, Makoto se apresura para aparecer frente a la otra joven.

- ¡Buenas tardes, Ami! – Saludó sonriente la castaña. – Lamento tanto llegar atrasada. No tengo escusas, únicamente vergüenza por haberte hecho aguardar acá. – En disculpa, Makoto ofrece una solemne reverencia.

- ¿Atrasada? – Ami tuvo que consultar la hora en su propio teléfono. Luego tuvo que reír, pues parecía que Makoto había olvidado a qué hora quedaron para encontrarse en el parque. – No estás atrasada. De hecho, llegaste justo a tiempo. – Dejó ver a su amiga que eran las cuatro en punto. - ¿No recuerdas que acordamos juntarnos a esta hora? –

- ¿En serio? – Quizás sí se había confundido un poco con los horarios. - ¡Bueno, entonces me alegro de haber llegado puntual! – Dijo la joven entre risas. – Supongo que estás listas para partir, ¿verdad? Nuestro destino está a solo dos cuadras de acá. –

¿Acaso la salida no sería en este parque? Vaya, Ami todo este tiempo pensó que harían alguna actividad acá. Una caminata o picnic, cosas de ese tipo. Esto era una gran sorpresa.

- ¿A dónde iremos? – Preguntó la peliazul con cierta curiosidad.

- Eso es una gran sorpresa. – El panorama que Makoto había planeado era mucho más interesante. Pero no tenía planeado contárselo a la otra chica, pues la quería impresionar. - ¡Así que andando! –

La castaña estaba ansiosa por partir. Sin pensarlo, se hace con una de las manos de la otra joven y comienza a caminar, llevando a su amiga con ella. La otra chica es un manojo de nervios, todo el camino va escondiendo el rubor que cubre sus mejillas. En ningún momento Makoto suelta su mano. Sin embargo, ella tampoco deseaba soltarse del agarre. Se sentía sumamente correcto ir de la mano junto a ella.

- Aoyama es el favorito de muchos, pero nosotras no pensamos dejarnos aplastar por su favoritismo. – Era la conversación que la jugadora iba hilando mientras caminaban. – Vamos a dar batalla durante todo el juego. –

- Ese espíritu implacable las llevará hasta la final. Ya lo verás, ustedes saldrán vencedoras. –

En un parpadeo ambas chicas llegan a destino: El impresionante acuario de la ciudad, Sea World Juuban.

Ami sonríe, maravillada, sin poder creer del todo que Makoto la haya traído a tan grandioso panorama. Había escuchado por la televisión de la nueva exposición que el acuario había abierto al público, pero nunca pensó que tendría la oportunidad de ver con sus propios ojos a las criaturas marinas en todo su esplendor.

- ¡Ta-da! – La castaña extendió ambos brazos, invitando a la peliazul a apreciar todo el lugar. – Espero que te guste el destino que escogí. –

¿Gustarle? Le había simplemente encantado.

- ¡Esto es fantástico, Makoto! – Ella se habría conformado con una caminata por el parque y compartir un helado junto a su amiga, pero esto era infinitas veces mejor. Y por siempre iba a estar agradecida de esta invitación.

Los acuarios siempre traían bellos recuerdos a la mente de Ami. Cuando era pequeña, su padre la solía sacar a lugares como este. El viejo acuario de la ciudad no podía compararse al actual, pero en aquellos tiempos, Ami adoraba visitarlo, y para ella, era el mejor de todo el mundo. No solo acuarios, también frecuentaba museos y exposiciones de arte junto a su padre.

Esos lindos momentos de su infancia siempre los mantendría en su corazón.

- Guarda eso, yo pagaré por nuestras entradas. – Dijo Makoto al ver que su amiga había sacado dinero de su bolso.

- Pero eso no es… -

- Esta salida corre por mi cuenta. – La castaña pagó a la trabajadora de la casilla. A cambio, ella recibió las dos entradas para el acuario. – Al fin y al cabo, yo fui quien te invitó. –

- Está bien, pero únicamente por hoy. – Terminó accediendo la peliazul. – La próxima salida la costearé yo. –

- ¡Entendido! – La chica llevó una mano hasta su frente, asintiendo. El gesto se ganó la risueña respuesta de su amiga.

Una vez ingresaron, Sea World Juuban las deslumbró con su magia. Dentro todo era enorme, mucho más de lo que se habían imaginado sería el acuario. Tanques gigantes llenos de agua prístina, ecosistemas emulados a la perfección, diferentes especies de fauna marina nadando a tu alrededor. Se sentía realmente como a estar bajo el agua, inmersas en el bello mundo marino junto a todos los animales.

- Esto es hermoso. – Ami no tenía palabras para describir la belleza del sitio.

Makoto, a su lado, observaba todo con la boca abierta. La impresión había sido tanta que hasta quedó muda.

- Sean bienvenidas a Sea World Juuban, ¿las puedo ayudar en algo? – Una amigable mujer apareció junto a las chicas. Era trabajadora del lugar, llevaba una remera calipso con el logo del acuario y también una gorra. - ¿Buscan una exhibición en específico? –

Makoto explica a la mujer que venían a ver la nueva exposición. La trabajadora asiente, pide unos segundos y busca en un bolso que cargaba con ella algo que de seguro serviría de mucho a ambas jóvenes.

- Luego de la exhibición "Atlántico profundo" viene la nueva, llamada "Arrecifes arcoíris". Tomen estos folletos, acá aparece el mapa del acuario actualizado, así no se perderán. –

- ¡Muchísimas gracias! – Fue la respuesta de ambas.

Gracias al folleto lograron dar más rápido con la exposición "Arrecifes arcoíris". No obstante, se dieron el tiempo de pasear y apreciar otras dos exhibiciones anteriores a esta. Tomaron muchas fotografías mientras continuaron su recorrido por el nuevo sector del acuario. Ami lucía su intelecto mientras conversaba con Makoto, contándole datos y curiosidades de los animales que iban encontrando por el camino. La castaña se sentía sumamente suertuda, pues estaba aprendiendo muchas cosas nuevas aquel día. Sin mencionar que le encantaba ver a la peliazul mostrando tanto interés y dominio en algo mientras charlaban.

- ¡Mira todos esos peces! – La jugadora apuntaba a un gran banco que nadaba frente a sus ojos. – ¡Qué bonitos colores tienen! –

Las majestuosas mantarrayas iban de un lado a otro, cautivando con su nado a los visitantes. Parecían estar volando en el agua. Las tortugas, mansas como ninguna otra criatura, se ganaban los más tiernos comentarios de la gente. Ami pidió unos minutos a Makoto para fotografiar a las criaturas de caparazón. Luego continuaron con los siempre temidos tiburones. Pese a que estaban asegurados en sus tanques, muchos los pasaban de largo u se quedaban observando asustados a los grandes depredadores del mar.

- ¿Me puedes sacar una foto junto a este grandulón, Ami? – Era el pedido especial de Makoto.

La chica estaba de pie justo al lado de un inmenso tiburón, aguardando por su amiga a que sacara la fotografía. La peliazul apuntó la cámara, apretó un botón y la instantánea capturó la perfecta imagen de la jugadora.

- Realmente sacaste muy buenas tomas. – La castaña felicitó a la otra por sus excelentes fotografías. – Debes enviarme la que me sacaste con el tiburón. ¡Está demasiado genial! –

- Por supuesto, yo te la enviaré. –

Ami no podía creer la cantidad de folletos informativos que se llevaba. Tenía uno de cada especie marina que habían visitado. Su plan era leerlos todos en su hogar acostada cómodamente en su cama.

- Qué linda luce cuando está feliz. – Pensó Makoto mientras la observaba disimuladamente.

A unos metros de las dos se hallaba la pintoresca tienda de recuerdos del acuario. Ambas chicas entran a ver cómo era el lugar y qué clase de cosas vendían. Quizás podían comprar algo para rememorar después esta salida al acuario.

- ¡Qué caros está todo! – Makoto se fijó en los precios desorbitantes de los objetos que tenían en venta. – Me sobra algo de dinero, pero no alcanza para algo de esta tienda. – Lo que tenía ya había planeado en qué gastarlo. Las entradas y algo de comer para Ami eran lo primordial. – No puedo obsequiar a Ami unas pegatinas de animales… ¿Uh?

Tenía goma de mascar en su zapatilla.

- ¡Cielos! – Y recién se había percatado de este detalle. Afligida, observó el suelo, buscando si había dejado alguna mancha de cualquier tipo.

- ¿Qué ocurre? – Preguntó la peliazul, dejando de lado los peluches que estuvo revisando y poniendo atención a su amiga.

- Goma de marcar… - Mostró la zapatilla accidentada a la otra joven. Luego, dando saltos en un pie, comenzó a alejarse en dirección a la salida. – Te espero afuera, Ami. –

Esa había sido una curiosa forma de dejar la tienda de recuerdos.

- ¡Iré en seguida! – Aseguró Ami, para luego volver sus ojos a los peluches.


Las nubes que comenzaron a poblar el cielo sobre ellas continuaban acumulándose. El precioso azul fue pronto reemplazado por un gris casi invernal. Sí, la fría estación estaba a la vuelta de la esquina y el clima lo dejaba saber.

- ¿No tienes frío? – Preguntó Makoto a la otra chica. Ella optó por ponerse la chaqueta que traía en su morral, pues la temperatura había descendido considerablemente. Ami, por otro lado, llevaba una tenida ligera que poco la protegía de las frescas brisas otoñales. – ¿No traes algo en tu bolso para abrigarte? –

- Estoy bien, gracias. – La verdad era que no traía nada para cubrirse. Fue una ingenua al creer que el agradable clima duraría todo el día. – Y no me puse medias… - Sus piernas eran las que más sufrían.

Las chicas se encontraban en busca de un puesto de comida. Nada lujoso, menos costoso. De hecho, un puesto de comida rápida estaría bien. Unos deliciosos takoyaki o una porción de yakisoba estaría genial. Aunque las crepes también eran una buena idea.

- ¡No lo puedo creer! –

El grito lleno de emoción de Makoto llamó la atención de Ami. Detuvo su andar, solo para encontrar a su amiga de pie frente a una tienda saturada de letreros de neón. Lanzó un vistazo al interior: Todo estaba repleto de máquinas de juegos de diferentes épocas. El lugar estaba colmado de adolescentes y niños. Claro, los más pequeños iban acompañados de sus padres.

- ¿Son juegos de arcade los de allá? – Nuevamente, ya por segunda vez en ese día, era tomada de la mano por la castaña. Fue arrastrada hasta el interior del salón de juegos. Makoto estaba eufórica, se le notaba en el rostro. – Creo que le gustan mucho los juegos. – La idea le sacaba una sonrisa. - ¿Makoto…? -

- ¿Alguna vez has jugado en una de estas máquinas? – Preguntó, claramente refiriéndose a los juegos de arcade. – Que sus arcaicos gráficos no te engañen, ¡son todos geniales! –

La jugadora estaba dispuesta a usar todos sus yenes en las máquinas. No, debía recordar guardar dinero para invitar algo de comer a Ami. Entonces no todo sus yenes, solo parte de ellos.

- No soy tan buena en estas cosas. – Admitió avergonzada la peliazul.

- Estamos en igualdad de condición. – Makoto apestaba en los juegos, pero vaya que se divertía con ellos. – La cosa es que la pasemos bien por un rato, ¿o no? –

- Estás en lo cierto. – Le encontró toda la razón a la castaña.

El primer juego que intentaron fue "BigRoad". A simple vista parecía el típico título de carrera. No tenía los mejores gráficos, pero se llevaban un gran premio la caseta y asiento, pues daban la sensación de estar dentro de un carro.

- Yo quiero este bebé. – Makoto se eligió un auto de carreras verde adornado con rayos.

- No sé cuál elegir. – La indecisión de Ami duró poco, pues el juego automáticamente eligió un carro para ella cuando el tiempo límite de elección fue excedido. – Bueno, supongo que jugaré con este… -

Desconocían los controles, esta era la primera vez que intentaban el juego, así que todo resultó en un terrible desastre. Humilladas, abandonan "BigRoad" y parten en busca de otro título.

- Este sin duda será más sencillo que el anterior. – Comentó Makoto, observando frente a ella el juego "Hit it!". Era la típica máquina de reflejos rápidos donde debes golpear a la criatura que te aparece de la nada en el tablero. – Es hora de la venganza… - Un aura oscura rodeó a la castaña. No había quedado feliz con su desempeño en "BigRoad", así que planeaba desquitarse con este juego.

- ¿Debo dar con esto a los topos? – Un suave mazo de goma espuma era sostenido por Ami. - ¿Y ese contador? –

- Hay topos de diferentes colores. Dependiendo de cuáles golpeas, tu contador mostrará el puntaje que obtuviste. – La castaña puso los yenes en la máquina. El juego comenzó, una tierna melodía comenzó a sonar, los topos aparecían con una sonrisa ante las chicas. - ¡Llegó su fin, topos! –

La matanza de topos que realizó Makoto fue brutal. Ami con suerte acertó a tres o cuatro, pero solo debido a que no tenía verdaderamente intensiones de dar a los topos con el mazo. Sí, sabía que eran parte del mecanismo, pero eran muy lindos como para golpearlos.

- Han salido unos tickets por mi lado. – Avisó la peliazul a su amiga.

- ¿En serio? – La jugadora echó un vistazo a los tickets que recibió de la otra. - ¡Ya veo! Si juntamos los suficientes, seguramente podremos canjear algún premio o algo así. – Era lo que se le ocurría a Makoto.

Continuaron después con el tradicional Taiko. Ritmo y diversión se unían en esta máquina. Era una lástima, pues Makoto esta vez quedó en vergüenza con un puntaje bajísimo. La sorpresa terminó dándola Ami, quien mostró gran dominio y habilidad en el juego. Lamentablemente esta máquina no daba tickets, pero eso poco importaba a las dos amigas.

Luego vino el turno de una atracción singular: ¡Sumo! No la disciplina real, más bien, una máquina que emulaba a un luchador que debías empujar hasta cierto límite. Era una simple prueba de fuerza que Ami deseó intentar. Resultó ser un reto que la peliazul no pudo superar, así que permitió que Makoto tomase su lugar. Obviamente su amiga pudo vencer sin problemas a la máquina. Seguramente, aunque tuviera los ojos cerrados y ambos brazos atados a su espalda, igual lo habría logrado.

- Mira cuántos tickets soltó este juego. – El sumo realmente les entregó una gran recompensa. – Juntamos un montón. ¡Seguramente podremos canjear un avión o un camión! –

- No creo que tengan eso como regalo en la tienda. –

El llanto desconsolado de un pequeño captó la atención de ambas. El niño lloraba debido a que no pudo ganar ticket alguno en los juegos. Su madre le asegura que otro día podía volver a probar suerte, pero el pequeño se sentía tan triste de no haber podido ganar algo, que se pone a llorar con más ganas.

Ami y Makoto se quedan viendo por unos segundos, luego asienten, casi como si se hubieran leído las mentes y terminaron acordando algo en silencio.

- Disculpa, ganamos todos estos tickets y no tenemos intención de utilizarlos. ¿Te gustaría entregarles un buen uso y canjear un premio con ellos? – Quien habló al pequeño fue la peliazul. Usó el tono más gentil que poseía, mostrando una tierna sonrisa al niño.

- ¿De verdad puedo? –

- ¡Claro! Son todos tuyos. – Aseguró la castaña. – Ve con tu mamá a canjear lo que desees. –

- ¡Muchas gracias! –

La felicidad del niño era el mejor premio que pudieron obtener esa tarde.


Un poco de helado comenzó a escurrir de su crepe, pero una rápida reacción y haciendo uso de su lengua, ya había atrapado al escapista relleno de su delicioso bocadillo. Dulce sabor a fresas inundó su boca. Había valido la pena la espera en el puesto de crepes, pues ahora podía disfrutar de uno mientras acompañaba a Ami de regreso a su hogar.

- Debo recordar la ubicación de ese negocio. Las crepes están sencillamente exquisitos, muy buenos. – Admitía la peliazul mientras probaba bocado del suyo. El sabor que eligió era vainilla. Típico, pero sabroso. Además, traía fruta y salsa de caramelo. – Conoces muy buenos lugares, Makoto. –

- La novia de una amiga siempre me compra crepes en ese puesto. – Por eso conocía del lugar. – Ahora que lo pienso, conozco muchos sitios gracias a mis amistades. Son muy pocos los lugaress que he descubierto por mi cuenta. –

- Descubriste el salón de juegos, ¿recuerdas? –

- Lo descubrimos juntas. – Era mérito de ambas. Luego Makoto se planta a reír, recordando algo divertido. – Realmente dimos mucha vergüenza en "BigRoad". –

- Parecía sencillo, pero nos engañó a las dos. – Ami compartió el buen humor de su amiga. – Creo que choqué más de diez veces. –

- ¡Igual yo! –

Y de un momento a otro, se encontraban frente a la puerta del hogar de Ami. La salida llegaba a su fin. Había sido una grandiosa tarde para las dos, pero ya era hora de despedirse.

- Muchas gracias por prestarme tu chaqueta. – En medio del camino terminó recibiendo la gran prenda que Makoto se quitó y cedió a ella. Se veía cómica con las mangas largas y todo eso, pero estuvo protegida del frío todo el trayecto de regreso a su hogar. – Y también gracias por el bocadillo. –

- No en necesario agradecer tanto. – La castaña obtuvo devuelta su chaqueta. – Soy una chica que ante la presencia de una dama en apuros, siempre saca su lado más caballeroso. – La verdad era que Haruka le había enseñado a ser así. – Me la pasé muy bien hoy. Muchas gracias por aceptar la invitación y acompañarme, Ami. –

No quería decir adiós, no quería que esta linda jornada llegase a su fin. Ella también lo había pasado magnífico. No recordaba la última vez que se había divertido tanto.

- La que debe agradecer soy yo. – La peliazul se puso a buscar algo en su bolso. – Me llevaste a Sea World Juuban, jugué en máquinas que ni sabía existían en un arcade, comí una deliciosa crepe. ¡Makoto, hoy fue simplemente espectacular! – Se acercó a la castaña, tomó una de sus manos y depositó en la palma de la otra joven un objeto pequeño. – Quería agradecer de cierta forma todo lo que hiciste hoy. Pensé en comprar para ti un peluche en la tienda del acuario, pero eran muy costosos. – Al quitar su mano, Ami reveló un lindo llavero. Tenía la forma de una orca sonriente. Los ojos de Makoto brillaron de emoción. – Luego me encontré con estos divertidos llaveros y supe que eran los adecuados. –

La peliazul mostró el suyo: Una tortuga con gafas. Y la jugadora juraba que era la cosa más tierna que había visto en toda su vida.

- También compré uno para mí, así podemos combinar llaveros. –

- Ami… - Sentía que el corazón se le quería arrancar del pecho. – Muchas gracias. – Dijo apenas la castaña.

- No hay de qué. –

Ami torpemente se acercó a Makoto y le entregó un abrazo. La otra reaccionó luego de unos largos segundos, respondiendo al gesto de su amiga. La despedida se sintió forzada. Ni una quería dejar ir a la otra, por eso se sintió de esa forma. La peliazul hizo unas señas desde la puerta de su hogar mientras veía a la castaña partir. Cuando ya se había alejado lo suficiente, Ami entró y cerró la puerta.

- Cielos… - Makoto suspiró observando su llavero. No sentía frío aquella noche. Era todo lo contrario, pues desde su pecho se extendía esa agradable sensación de calidez por todo su cuerpo. Se sentía muy bien. – Realmente me gusta mucho. -

Sí, ya no había duda: Se había enamorado perdidamente de esta amigable y linda chica.


Si me buscan, estaré en emergencias. Creo que me dará algo de tanta cosa linda que acabo de escribir. Hablando en serio, me divertí un montón escribiendo este capítulo.

Gracias por leer. ¡Suerte!