Capítulo 10: Quiero estar allí contigo.
La enfermera iba tarareando felizmente una canción mientras andaba por los pasillos de la preparatoria. Venía de regreso luego de haber salido un momento a comprar algo para compartir con Ami. La joven había aparecido por la enfermería después de finalizadas sus clases. No obstante, fue inusual ver a Ami tan deprimida aquella tarde. Setsuna deseaba hacer sentir mejor a la desanimada chica, así que pensó que un pequeño regalo ayudaría en algo.
- Ya he vuelto… - Al abrir la puerta, Setsuna descubre que tenían visitas en la enfermería. Parece ser que, en su ausencia, cierta jugadora aprovechó para escabullirse en el lugar.
Lo vergonzoso es que ni Makoto, menos Ami, se habían percatado aún de su llegada.
- La mejor parte del capítulo fue cuando la protagonista saltó por los aires, esquivando el ataque de su contrincante, y luego se lanzó a la carga; blandiendo su espada y lo terminó derrotando. – Fue el relato emocionado de Makoto mientras evocaba la magnífica escena de acción. De solo recordar el capítulo de su serie favorita se sentía eufórica. - ¿Cuál fue la parte que más te gustó? –
Obviamente había comentado a Ami sobre esta serie en un par de ocasiones. Lo mejor fue cuando un día, sin haberlo pedido, la peliazul comentó que había comenzado a ver la misma serie. ¡Y le había fascinado!
- Me encantó cuando la protagonista le prometió a su interés romántico que lucharía por ambas para que fueran libres. –
- ¡Esa parte! – La castaña suspiró recordando tan bello momento. – ¡Fue tan adorable! –
Ami ya no luce deprimida, pensó Setsuna. Ella seguía de pie junto a la puerta.
- Veo que lo están pasando muy bien. – Habló finalmente la mujer, dando a conocer su presencia en el lugar. – Muy buenas tardes, Kino. -
- ¡Enfermera Meio! – La jugadora dejó su almuerzo a un lado para saludar a la mayor. – Me da mucho gusto verla. –
- También me da gusto verte. –
Setsuna tomó asiento frente a su escritorio. Decidió que acompañaría a las jóvenes y comería junto a ellas su propio almuerzo. Regaló a ambas un pastelillo y una caja de jugo. Para ella no alcanzó, mas no importaba. Se sentía satisfecha con el agradecimiento de Makoto y Ami.
- ¿Y a qué se debe el honor de tenerte presente acá en la enfermería? Pensé que hoy tenías que jugar. – Fue la enfermera quien inició la conversación con la jugadora.
- ¡Claro que debo jugar! Es solo que deseaba aprovechar el tiempo y almorzar junto a Ami. – Un ligero rubor apareció en las mejillas de la castaña. – Además, acá es bastante tranquilo. Cuando almuerzo con el equipo, siempre me roban comida. – En especial Haruka. Esa rubia era una ladrona de comida profesional. – No le molesta mi presencia, ¿verdad? –
- ¡No, claro que no! Yo no tengo problema… –
- ¡Genial! Entonces vendré más seguido. – Dijo con gran alegría Makoto. - ¡Hasta puedo preparar postres para todas! -
- ¡Qué bien! – Celebró la peliazul, para luego beber felizmente un sorbo de su jugo. – Makoto prepara cosas muy deliciosas, Setsuna. Realmente te van a encantar. –
- ¿En serio? – Bueno, entonces con los brazos abiertos iba a recibir todos los días a la chica. – Y dime Kino, ¿a qué hora es el juego? –
- El juego es a las cuatro y media. – Comentó la castaña. – Pero el bus que nos llevará hasta la otra preparatoria llega aquí a las tres. –
- Makoto… - Setsuna no tenía deseo de asustar a la joven, pero sintió el deber de informar a ella algo muy importante. – Ya son las tres de la tarde. – Dijo esto mientras apuntaba al reloj que hay en una de las murallas cercanas. – Estás atrasada. –
La castaña palideció de terror cuando desvió la mirada hacia el reloj y corroboró lo dicho por la enfermera.
- ¡No puede ser! –
¡Esto no podía ser posible! Había calculado y distribuido su tiempo de manera justa, cosa de poder almorzar con Ami y después estar a la hora con el equipo cuando el bus arribara. Hasta le preguntó a Naru si había hecho bien los cálculos.
Aunque la verdad era que tanto Naru como ella eran bastante malas en matemáticas.
Makoto devoró su almuerzo a velocidad meteórica, ahogándose en el proceso un par de veces. Nada tan grave como para preocuparse. El jugo que le habían regalado lo bebió de un solo sorbo. Lamentó en el alma no poder comer su pastelillo. Tampoco se lo podía llevar, pues su bolso iba lleno de cosas, su indumentaria deportiva incluida, y el pastelillo o sus cosas se podían arruinar.
- ¡Muchas gracias por la amabilidad! – La jugadora se colgó el bolso deportivo sobre un hombro. - Me encantó compartir el almuerzo con ambas. –
Setsuna y Ami estaban asombradas por lo rápida que había sido Makoto al comer.
- Ya me debo ir… – Cierta tristeza se pudo percibir en la voz de la chica. Debía marcharse pronto o el equipo la dejaría. Pero una parte en ella pedía que se quedara aquí junto a Ami.
Mas debía ser responsable. Su equipo la necesitaba, no podía ser egoísta y pensar solamente en ella.
- ¿Estás bien, Makoto? – Ami había notado el cambio de ánimo de la otra chica.
- ¿Sabes? Me habría gustado mucho tenerte presente hoy en el juego. – Admitió la joven, acercándose a la peliazul. Makoto entregó a su amiga una entrada que guardó especialmente para ella. Finalmente tuvo el valor de entregársela en persona. – Pero con que me apoyes con todo tu corazón desde acá, yo seré inmensamente feliz. –
Makoto se marchó, no sin antes despedirse de ambas presentes. Una vez en el pasillo, se cargó contra un muro y aguardó a que el alma le volviera al cuerpo. No podía creer lo que había dicho y hecho. Sus mejillas ardían de lo rojas que estaban. Pero no lo pudo evitar. Era lo que ella sentía y tuvo que ser sincera.
- Te prometo que hoy seré la mejor en el juego, Ami. – Lo que Makoto ignoraba era que en la enfermería había dejado a su amiga muy pensativa.
El conflicto actual de Ami era que tenía todo el deseo de ir a ver el juego y animar a la castaña. Sin embargo, no tenía permiso de su madre, y lo más importante, no tenía quién la pudiera llevar.
- Tu almuerzo se terminará enfriando. - Escuchó hablar a Setsuna.
- Aunque ahora que lo pienso... - Los ojos de la peliazul se detuvieron por un momento en la enfermera. Y entonces sonrió, pues la respuesta a sus problemas estaba justo frente a ella.
En el frontis del edificio principal de la preparatoria se encontraba reunido el equipo de baloncesto. Luna se mostraba impaciente, también claramente molesta, pues el bus que se suponía les llevaría hasta Aoyama, aún no llegaba. Además, una de sus jugadoras estaba desaparecida.
- ¿Cómo nadie va a saber dónde rayos está Makoto? – Era inaudito. Nadie se podía esfumar sin dejar rastro. Ni Haruka sabía de su paradero. – Estoy perdiendo la paciencia. – La entrenadora retomó su incesante paseo frente al grupo de jugadoras.
Mientras tanto, el tema de conversación del equipo era obviamente la ausencia de la castaña.
- Makoto se ganará un gran castigo. – Akane estaba segura de eso. Acompañando a la morena estaban Unazuki y Yaten. - ¿Dónde creen que pueda estar? –
- Quizás se la tragó la tierra. – Dijo la de cabellera platinada.
- La misteriosa desaparición de Makoto Kino. – Sonaba como título para uno de esos videos famosos que puedes hallar en la red. Pero Unazuki estaba segura de que a su compañera solo se le había hecho tarde, así que el título no aplicaba para la ocasión. – De seguro se distrajo con algo. –
- O alguien. – Haruka, que escuchaba el intercambio en silencio, tenía sus sospechas. – Apuesto que se quedó babeando por Mizuno en alguna parte de la preparatoria. – Si el otro día canceló una tarde de baloncesto con la rubia para salir con ella, entonces Makoto realmente había caído enamorada. ¡Y no! No estaba celosa de eso. – Cuando se enamora siempre pierde la cabeza.–
- ¡Tengo buenas noticias! – La presidenta del consejo estudiantil apareció al lado de una irritada Luna, que continuaba con su intranquila marcha. Rei la tuvo que seguir de un lado a otro mientras le hablaba. – Logré comunicarme con el conductor del bus. No hay que preocuparse. Había un poco de tráfico en el camino, pero ya están por llegar. En menos de cinco minutos llegará el bus. –
- Acabas de mejorar en algo mi día. – Bien, eso resolvía el problema con el bus. – Juro que si Makoto no se digna en aparecer… -
- ¡No me dejen, por favor! – Se escuchó el grito desesperado de la castaña.
Luna prefirió callar. Ya no importaba, la jugadora finalmente había aparecido. La mujer volteó a ver a la chica con un severo semblante. Cruzó ambos brazos y tomó una postura firme. Intimidante era la palabra justa para describir a la entrenadora.
Makoto agachó la cabeza, careciendo de valor para ver a Luna directamente a los ojos.
- ¿A qué se debe tu retraso, Kino? –
La llamó por el apellido. Bien, esto era muy serio. Se había metido en problemas.
- Estaba almorzando y perdí la noción del tiempo. – Dijo mientras jugaba con ambos dedos índice, juntándolos. ¡Qué pena sentía! – Realmente lo siento, entrenadora. Juro que no se repetirá. – La chica estaba arrepentida.
Luna suspiró con fastidio. Sus jugadoras iban a terminar matándola algún día de estos. Sabían cuánto odiaba la impuntualidad e irresponsabilidad. Sin embargo, no podía estar siempre enojadas con ellas.
- Tienes una suerte enorme. Si el bus llegaba y no estabas, tenía planeado dejarte abajo. – Sincera como nadie. – Y no creas que te quedarás sin castigo. Ya planearé algo. Por ahora, fórmate con el equipo. –
- ¡Como usted diga, entrenadora! –
Como había mencionado la presidenta, no pasaron ni cinco minutos y el bus ya estaba estacionado frente a la preparatoria. Rei, acompañada por Kotono, se hicieron a un lado para acordar ciertos detalles con el conductor. El equipo abordó el bus luego de recibir la orden de Luna. En silencio y orden, cada jugadora se fue acomodando en un asiento. Algunas preferían ir solas, otras se juntaban en parejas.
- ¿Por qué la presidenta y su secretaria también van con nosotras? – Preguntó con descaro Yaten cuando las vio subir y tomar asiento en el bus.
- Recuerda que gracias a ellas tenemos movilización para llegar hasta Aoyama. – Le recordó Akane a la otra joven. – Supongo que su única petición tiene que haber sido el que las llevaran a ambas a ver el juego de hoy. –
- Inteligente. – Admitió Yaten mientras se ponía sus audífonos.
La última en subir fue la entrenadora. La mujer se aseguró por última vez de que todas sus jugadoras estuvieran presentes. Las contó una por una. Nadie faltaba, así que sonrió y se aseguró con el primer asiento de una corrida.
- ¿Puedo ir sentada al lado de la ventana? – Makoto quedó viendo a Haruka con sus famosos ojos de cachorro, esos a los que la rubia nunca se podía negar.
- El asiento es todo tuyo, Koto. – La dejó pasar, y ella se acomodó en el suyo después. Le recordó a la castaña, también a sus compañeras que tenía cerca, del cinturón de seguridad. Posteriormente, se quedó viendo a quien tenía al lado.
Makoto no apartaba su vista del edificio principal de la preparatoria. La tristeza que podía ver en esos ojos verdes llamó su atención. No leía mentes, mas no creía necesitar de la habilidad para saber, y estar segura, que en la cabeza de su amiga reinaban únicamente pensamientos sobre Mizuno. La rubia se guardó para ellas sus deseos de molestar a la castaña. En cambio, usó una mano para desordenar con afecto el cabello de su amiga.
- ¡No hagas eso! – Gruñó la otra jugadora, quitando la mano. Un puchero apareció en los labios de Makoto. Cielos, era tan tierna cuando se enojaba. - ¿Qué te pasa? Eso no era necesario. Siempre te repito que me cuesta controlar mi cabello… -
- Concéntrate. – Era lo único que le iba a pedir. – Si no puede hoy, seguro te podrá ver otro día. –
¿Tan obvia era? No, simplemente Haruka la conocía muy bien. Sus palabras causaron que Makoto se hundiera de a poco en su asiento, su rostro rojo, casi en llamas.
- ¿Quieres que abra la ventana? – Preguntó la capitana, muy divertida por la reacción de la otra jugadora.
- Por favor. –
Para el alivio de Makoto, el viaje transcurrió en relativa calma. Haruka prefirió ir conversando con Unazuki, quien iba sentada en el asiento de atrás. Makoto optó por ir viendo los paisajes de la ciudad. Los árboles desnudos habían perdido ya todas sus hojas y éstas se esparcían en el pavimento, adornando con tonos otoñales las transitadas calles. Muchos ignoraban las hojas, pero los más pequeños no podían resistirse a la tentación de saltar sobre ellas.
A Makoto aún le gustaba y divertía lanzarse en las hojas secas.
- Hemos llegado. – Y para el agrado de Luna, justo a la hora.
Ante ellas se presentaba la preparatoria East Aoyama. Con una larga tradición de grandes equipos ligados al baloncesto, hoy claramente ellas eran las favoritas. Dos años seguidos finalistas en el campeonato. Este año no tenía por qué ser distinto. El sueño de todos era que el equipo actual obtuviera por fin el preciado y esquivo título que tanto deseaban.
- Tengan una muy buena tarde. – Saludó una joven estudiante. Traía puesto el uniforme característico de Aoyama. – Mi nombre es Mariko Usui, formo parte del comité deportivo. Hoy tengo el agrado y honor de guiar a su equipo por nuestra preparatoria. Por favor, síganme. –
El grupo agradeció la gentileza y cortesía. Luego, siguieron a la alumna de Aoyama por el hermoso campus de la preparatoria hasta llegar al gimnasio donde se llevaría a cabo el juego. En la entrada se hallaban tres mesones, cada uno seguido de una fila de jóvenes que aguardaban para hacer ingreso al lugar. Rei y Kotono decidieron separarse del equipo en este punto. Con entrada en mano, se despidieron de todas y entregaron sus mejores deseos a las jugadoras.
Las representantes de Azabu tuvieron unos minutos para conocer el campo donde se enfrentarían con Aoyama. De a poco las graderías iban siendo ocupadas por los estudiantes. Al ser una preparatoria mixta, había presencia tanto masculina como femenina.
- Ahora que ya son familiares con el campo, pasemos a conocer el vestidor que utilizarán ustedes. – Dijo la joven que las estaba guiando. - ¿Alguna duda hasta ahora? -
- ¡Sí, yo tengo una! – Quien alzó la voz fue Haruka. - ¿Cuándo nos dará a conocer su número telefónico? – Preguntó, usando su voz más seductora.
La estudiante de Aoyama se puso a reír.
- Lo lamento, pero eso no es posible. – Respondió a la duda con amabilidad. – ¿Continuamos? –
El equipo partió entre risas por un largo pasillo. A menos de una hora del encuentro, todas parecían estar de buen ánimo. No existían preocupaciones, solo confianza. Tenían la seguridad de que hoy iban a salir victoriosas.
Una vez Setsuna estacionó el auto, apagó el motor y quitó las llaves; cuales guardó en el bolsillo de su blazer, esperó algún tipo de reacción por parte de su acompañante que ocupaba en esos momentos el asiento del copiloto. Ami, sin embargo, no movió hueso alguno. Incluso no parecía estar respirando.
- ¿Está todo bien? –
- No, mi estómago está revuelto. – El nerviosismo siempre la ponía así. – Perdón. Tuviste que traerme hasta acá y ahora tendrás que esperar por mí, ya que te comprometiste con mi madre a cuidarme. – Había llenado de problemas a Setsuna por un simple capricho. – Lo siento mucho. –
- ¿Qué dices? No debes disculparte, Ami. – No estaba molesta ni nada. – Tuve la opción de negarme, pero no pensaba hacer eso. Negarme a tu favor me dejaría como una villana. Además, si te acompañaba, estaría más segura de que nada te ocurriría. – Aparte de eso, tendría también la oportunidad de ver un grandioso juego de baloncesto. Han pasado muchos años desde la última vez que tuvo la oportunidad de ver uno en vivo.
Ami agradeció de todo corazón la bondad de Setsuna, y de paso, le entregó un gran abrazo a la mujer.
Bajaron del auto con total calma. La enfermera se aseguró de no haber olvidado algo dentro del auto. Por su lado, Ami buscó su teléfono, pues tenía planeado enviar un mensaje a su madre para hacerle saber que habían llegado bien a destino.
Fue en eso que se escuchó un estruendoso ruido que venía acercándose. Era similar al de las llantas de un auto cuando se realiza un derrape. De no haberse dado cuenta de la máquina que venía acercándose a toda velocidad hacia ella, Setsuna habría terminado siendo golpeada por el carro. Por suerte pudo retroceder, apegándose lo más que pudo contra su coche. Se había salvado por muy poco.
- ¡Setsuna! – Fue el grito preocupado de la peliazul. La joven llegó al lado de la enfermera y verificó que estuviera bien. Por suerte nada le había ocurrido.
- Mi vida entera pasó frente a mis ojos. – La fuerte impresión aún la tenía temblando.
Del auto que se acababa de estacionar se bajó una hermosa mujer de cabellera larga y extravagante. Las raíces eran doradas, y a medida que descendías por la extensión de tan magnifico cabello, la tonalidad se tornaba de un color rojo potente.
- ¡Qué sorpresa! Y pensar que me encontraría con una colega por estos lugares. – Orbes de tinte escarlata se detuvieron por segundos sobre Setsuna. La poseedora de ellos sonrió a la otra mujer mientras se acercaba a ella con seguros pasos. Llevaba puestos unos tacones dorados imposibles. De esos que solo algunos pueden dominar. - ¿Te comió la lengua un ratón? –
- No se trata de eso, Mai. ¡Casi me arrollas con tu auto! – Reclamó la morena.
- ¿En serio? Qué raro, te habría visto o algo. -
Se trataba de la maestra Mai Ginga, encargada de enseñar Historia en la preparatoria. Ami, que hasta el momento se mantenía en silencio junto a la enfermera, había reconocido a la maestra. Su duda ahora era saber qué hacía la mujer tan lejos de su lugar de trabajo.
- ¡Maestra Ginga, casi nos mata a todas! – Del auto se bajó una alterada joven de cabello negro. El peinado que llevaba era bastante peculiar. Detrás de ella apareció alguien familiar para Ami: Reiko Aya. Eran compañeras en el club de nado. La chica venía ayudando a su amiga Nezu, quien apenas podía mantenerse en pie. Parecía ser que estaba mareada o algo así. - ¿Dónde aprendió a manejar? Venía rebasando la velocidad límite por todo el camino. –
- ¿Perdón? – La maestra se sintió ofendida. – Suzu Nyanko, ¿estás cuestionando mis dotes de manejo luego de que amablemente accedí a traer a todas ustedes hasta acá? –
Así que no fui la única, pensó divertida Setsuna.
- ¡Bien, ya veo que son unas malagradecidas! – Mai despreció al grupo de alumnas y partió de vuelta a su auto. – No cuenten conmigo para regresar a sus hogares… -
Las tres estudiantes fueron por la mujer para pedir disculpas.
- ¿Ves? Debes ser agradecida, Ami Mizuno. – La peliazul observaba la escena frente a ella con cierto alivio. – Agradece que Setsuna es una buena conductora y no tiene la personalidad de la maestra Ginga. – Después sus ojos prestaron atención a la entrada que sostenía con seguridad en una de sus manos. - Acá estoy, Makoto. He venido para apoyarte. -
La semifinal está a la vuelta de la esquina. Azabu v/s Aoyama, por las pantallas de... ¡Ah! De verdad que esto es un fanfic.
Nota: Mai Ginga será el nombre que utilizaré en esta historia para referirme a Sailor Galaxia.
Gracias por los asombrosos reviews. ¡Suerte!
