Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Rick Riordan.

Yo solo me entretengo con ellos y les meto en situaciones extrañas.

Nota:

Este cap fue idea de una lectora a la que se lo dedico. Espero que te guste. Si tienes alguna otra idea con relación a esto, editaré el cap.

Debería haber subido esto hace muchísimo, pero ha sido hoy cuando lo he escrito.

Siento muchísimo la espera.

Espero que os guste a todos.

Ahora, voy a esconderme para que nadie me linche.

Capítulo 61.

Una persona iba a colocarse en el centro de la sala, cuando Percy se levantó como un resorte.

-¿Qué pasa?

-¿Dónde vas?

-¿Te has sentado en un cactus?

Esas eran algunas de las preguntas que le hacían al hijo de Poseidón.

El joven no respondió.

-¡Señorita O'Leary!

La perra del infierno se levantó y se acercó a su amo.

Muchos semidioses tuvieron que apartarse rápidamente para no ser aplastados por una de las gigantescas patas del enorme animal.

El ojiverde se subió encima de ella y ambos desaparecieron entre las sombras.

Los semidioses se miraron sin saber qué pasaba.

Solo sus hijos tenían la sospecha de donde podía haber ido su padre del pasado.

Se hicieron los tontos y siguieron charlando entre sí.

***Percy***

El joven apareció en un oscuro callejón de Nueva York.

Se apresuró a bajar de su improvisada montura y se escondió.

Frunnció el ceño molesto y se acercó de manera sigilosa a un grupo de chicos de aspecto brutal que estaban a diez metros de donde habían aparecido él y su perra.

La señorita O'Leary se tumbó a descansar entre unos contenedores de cartón reciclado.

Había al menos doce jóvenes mirándose desafiantes.

Diez de ellos acorralaban a dos.

Percy puso mala cara.

-¿Qué cojones os creéis que estáis haciendo?

-¿Jackson? -Preguntó uno de los jóvenes muy sorprendido. No es verano. ¿Cómo es que has aparecido?

-No te importa Katto.

-Pero si es el pequeño Perseus. -Se mofó otro.

-Cierra el pico Codie. -Defendió uno de los que estaban acorralados.

-¿Quién me está hablando? Pero si es la mariquita.

Percy se echó sobre los jóvenes a toda velocidad y en cuestión de segundos, diez de ellos yacían en el suelo inconscientes.

Otro tenía una nabaja clavada en el costado.

-¡Dominic! -Chilló el otro joven.

El hijo de Poseidón se acercó a ellos.

-¡Mierda! -Maldijo entre dientes.

-¿Qué haces aquí?

El ojiverde no contestó.

En lugar de eso, se acercó al chico tirado en el suelo, le extrajo la nabaja y la lanzó lejos.

Él y el otro joven observaron estupefactos como la herida se cerraba.

-¿Dominic? ¿Cómo? No es posible.

-A no ser… -Murmuró Jackson.

-¿De qué coño estáis hablando vosotros dos?

-No te alteres Jordan.

-¿Que no me altere? ¡Que no me altere! ¡Mi jodido novio acaba de curarse una herida de nabaja infectada.

-Bueno… Deberíamos salir de aquí antes de que estos se despierten. -Comentó Dominic. -¿Crees que esa perra del infierno puede llevarnos a los tres?

Percy solo atinó a asentir. Aún estaba muy sorprendido.

-Vamos Jordan. -Dijo Dominic.

El joven se levantó y siguió a su novio.

Vio a un caniche color canela retozando entre restos de cartón.

Parpadeó y al mirar de nuevo al perrito, retrocedió de un salto debido a la impresión.

El caniche ya no era un caniche. Era un enorme mastín negro con los ojos rojos. Era del tamaño de un tanque, incluso más grande.

-¿Qué cojones…?

-Os presento a la señorita O'Leary.

Jordan le miró escéptico.

-Me sorprende que hayas dejado a tus nuevos amigos para venir aquí. -Bufó Dominic.

-Tuve un presentimiento de que algo no iba bien.

-Oh. Percy Jackson al rescate. -Se burló Jordan.

-Ese soy yo.

Minutos más tarde, los dos jóvenes miraron al semidiós con seriedad.

-Ya sabes lo que toca. ¿No?

-¿A qué te refieres Jordan?

-Dijiste que la próxima vez que nos viéramos, te harías el tatuaje. -Aclaró Dominic.

Percy suspiró.

-Vamos entonces.

Fueron caminando varias manzanas con la perra del infierno detrás.

Entraron a un establecimiento lleno de dibujos y fotografías.

-Eh Marcus! -Gritó Dominic.

Un chico alto, desgarbado, con el pelo castaño rapado y los ojos negros se acercó.

El chico tenía una camiseta de Ramstein, unos vaqueros desgastados y unas deportivas con calaveras.

Llevaba varios tatuajes, un piercing en la ceja derecha, uno en el labio y otro en la lengua.

También llevaba dos pendientes en cada oreja.

-Hey Dominic. Cuanto tiempo sin verte por aquí.

Ambos chocaron puños.

-¿Qué será esta vez?

Marcus miró detrás de su amigo y vio a Percy.

-¿Por fin se va a hacer el tatuaje? Ya era hora.

Jordan empujó al hijo de Poseidón al interior de la tienda.

Siguieron a Marcus hacia una de las cabinas en las que se hacían los tatuajes.

Percy se quitó la camiseta y se tumbó boca abajo en una especie de camilla.

Apenas sintió el pinchazo de la aguja.

Media hora más tarde, Marcus terminó su obra.

Le dio una serie de indicaciones al ojiverde y después se marcharon.

-No ha hecho ni una mueca de dolor. -Estaba diciendo Jordan mientras salían de la tienda.

Los tres subieron sobre la señorita O'Leary y se trasladaron al salón de los tronos del Monte Olimpo.

Al llegar, Jordan y Dominic se sujetaron el estómago tratando de no vomitar.

-¡Jackson! ¿Qué significa esto? ¿Cómo osas traer a dos mortales al Olimpo? -Bramó Zeus.

-¿Quién coño es esta gente? -Quiso saber Jordan.

-¡Cierra la boca mortal! ¡Soy el Gran Zeus!

-¿Jackson dónde nos has traído? ¿Esto es una especie de secta o algo así? -Inquirió Jorddan.

El joven era alto, musculoso, con el pelo negro y los ojos azules oscuros.

Llevaba los brazos tatuados y casi siempre tenía el ceño fruncido.

-¿Cómo te atreves a hablar? No eres más que un insignificante mortal.

-Esta gente está loca. -Se quejó Jordan.

Dominic miraba impresionado a su alrededor.

-¿Dominic Roomie? -Preguntó Apolo.

Jordan frunció el ceño más de lo habitual.

-¿Y tú quién cojones eres? ¡Deja de mirar a mi novio!

-Soy el dios Apolo y éste. -Dijo señalando a Dominic. -Es mi hijo.

-¿Esto es algún tipo de broma?

Jordan estaba comenzando a alterarse y eso no era bueno.

-¡Jackson! ¡Explícate! ¡Ahora!

Dominic se acercó a su novio poniéndole la mano en el brazo.

Él era más bajo que Jordan, delgado pero con algo de músculo, tenía el pelo castaño claro y los ojos azules tirando a grises.

También llevaba varios tatuajes y un piercing en la lengua.

Jordan iba a apartarse pero no lo hizo. Sabía que si hacía aquello, Dominic se sentiría rechazado y ya la había cagado infinidad de veces con él.

-¿Quién es esta gente? -Preguntó Dominic.

-Son semidioses, cazadoras, amazonas, ninfas, sátiros, un cíclope, una arpía, dioses, una perra del infierno y un centauro. También hay una diosa loba y el oráculo.

Según iba nombrándolos, Percy les señalaba.

-¿Esto es un juego de rol o algo así? -Quiso saber Jordan.

-¿Te llamas Jordan Jameson por casualidad?

-¿Quién pregunta?

-Soy Hermes.

-¿Y ella quién es? ¿Atenea?

-¡Oye! ¿Cómo te atreves? ¡Soy Afrodita!

-¿Eres Jordan jameson? ¿O no?

-¿Qué te importa?

-Sí, se llama así. -Dijo Percy.

-Él es uno de los míos. -Confesó Hermes.

Los miembros de la cabaña once vitorearon.

-¿Cómo se sale de este lugar de locos?

-¿No te crees que podamos existir? -Interrogó Deméter.

-No. Sinceramente creo que sois una panda de chiflados.

-¿Quieres comprobar que somos reales? -Preguntó Poseidón.

El joven se encogió de hombros.

Tras un par de demostraciones y que Apolo le pusiera al tanto de los acontecimientos del día anterior y de ese, Jordan se convenció.

El dios del sol le había enviado los recuerdos como si él mismo hubiera estado allí. También hizo lo mismo con Dominic.

-Vaya con Percy. Sí que le gusta el sexo.

-¿Y a quién no?

El recién descubierto hijo de Hermes chocó los puños con el hijo de Poseidón.

Un caduceo apareció sobre la cabeza de Jordan y una lira sobre Dominic.

Los semidioses les dieron la bienvenida.

-¿Tú sabías todo esto?

Dominic asintió.

-¿Y por qué no me lo dijiste?

-¡Me creerías?

-Ahí tienes razón. -Se rindió Jordan.

Percy se acercó a sus amigos y dijo:

-Ya que eres hijo de Apolo y toda la cosa. ¿Te importaría sanármelo?

El hijo de Poseidón se quitó la camiseta haciendo babear a la mayoría de semidioses y dioses.

Dominic le pasó las manos por la espalda trazando figuras con los dedos.

Al cabo de un rato, Percy ya no sintió molestia.

-¿Qué te ha pasado en la espalda? -Se preocupó Will.

-No es nada. -Dijo el ojiverde rápidamente.

El rubio no le creyó así que se levantó y se acercó a él.

Le cogió por los hombros y le dio la vuelta.

El jadeo que soltó, hizo que los demás semidioses se asomaran para poder ver.

-¡Percy! -Chilló Annabeth. -¿Qué significa esto?

Dominic y Jordan también se desnudaron de cintura para arriba y se dieron la vuelta.

Los tres tenían el mismo tatuaje pero el de Percy se notaba que era reciente.

Se trataba de un lobo en posición de salto enseñando los colmillos. Soltaba llamaradas por la boca y debajo de sus patas estaba escrito:

Perseus Jackson.

Cada uno tenía su nombre debajo de las patas del gran lobo.

-¡Impresionante! -Silvaron los hermanos Stoll.

-Repito… ¿Qué significa esto?

-¿Esa es Annabeth? -Quiso saber Dominic.

Percy asintió.

-No me gustan las entrometidas. -Gruñó Jordan.

-¡No te atrevas a hablarme así!

-Yo no estoy hablando contigo.

-¡Percy!

-Ellos son mis amigos. -Explicó el hijo de Poseidón. Antes de entrar al campamento, formaba parte de una especie de banda callejera.

La rubia le miraba como si no le conociera.

-¿Por qué no me lo dijiste?

-Hay cosas que quiero guardarme para mí.

-¿Y qué hacíais en esa banda? ¿Robar gominolas y atemorizar a críos de cinco años? -Se mofó Clarisse.

-Les dábamos su merecido a hombres maltratadores y violadores cuando la justicia no hacía nada. -Respondió Jordan.

-¿Solo vosotros tres? -Quiso saber Jake Mason.

-Éramos doce. La mayoría se mudó a otros estados. -Explicó Dominic.

-No puedo creerme esto de ti. -Refunfuñó la hija de Atenea.

pero Percy había dejado de prestar atención.

Miraba fijamente algo en el techo.

-¡Mierda…! -Se quejó Will. -Ya está delirando otra vez.