Capítulo 12: Relámpago imparable. (Parte 2)
Makoto dejó atrás el baño mientras continuaba pensando en qué hacer para poder ayudar al equipo. Tenía tantas ideas, muchas jugadas que podían intentar, pero todas esas ocurrencias se esfumaron de su cabeza cuando notó la presencia de cierta peliazul aguardando apoyada en una muralla.
Los ojos de Ami se levantaron del suelo, y cuando se topó con los de Makoto, percibió ese brillo apasionado que arde en ellos cada vez que la castaña juega este deporte que tanto adora.
- ¿Ami? ¿Qué haces acá? – La jugadora estaba desconcertada.
- Estoy acá para apoyar a mi mejor amiga. – Dijo la peliazul a la otra chica. – Ella me regaló una entrada, me dijo que deseaba tenerme presente hoy en su juego, y yo no pude negarme a su pedido. –
La castaña no pudo con la emoción y alegría que sentía en esos momentos. Corrió para abrazar a Ami, casi tumbándola por la potencia con la que llegó para rodear sus fuertes brazos en ella. En el rostro de Makoto se pintó la más radiante sonrisa que la peliazul haya visto en su vida.
- ¡No lo puedo creer! – Makoto estaba muy contenta. - ¡Estás acá, viendo el juego y estás apoyándonos! –
Después de decir eso, la jugadora se separó de la otra joven con una expresión de amargura.
- ¿Ya viste la paliza que nos están dando? –
- Veo que están atrás en el marcador, pero veo también que aún tienen tiempo para revertir este resultado. – Ami prefería ser optimista. El equipo aún tenía oportunidades de ganar, solo tenían que trabajar duro. – Aunque supongo que es más fácil decirlo que hacerlo. Son ustedes las que están allí en el campo enfrentando a las jugadoras de Aoyama. –
- Bueno, no sería tan complicado si conociéramos el patrón de juego que sigue Aoyama. – Patrón que hasta ahora nadie ha podido descubrir. – Las cosas se vuelven algo más sencillas cuando conoces los movimientos del rival. –
- ¿Un patrón? - Ami se puso pensativa por un momento. Alzó una de sus manos y sostuvo su mentón, un gesto que ella realizaba comúnmente cuando deseaba analizar algo. - Quizás es idea mía, pero la jugadora con el número cinco a menudo ingresaba por el sector derecho acompañada de cerca por la que tiene el número catorce. Ellas dos suelen realizar las jugadas más incisivas de Aoyama. –
- Sí, noté eso en un par de ocasiones, pero luego perdí el ritmo porque… -
- Porque ellas intercalan con la que tiene el número veinticuatro. Y esa jugadora traslada el balón hasta la zona y luego lo entrega de regreso a alguna de ellas dos. – Ami había notado la asociación especial que tenían esas tres chicas. El balón circulaba rápidamente entre ellas tres. – O eso es lo que yo noté… -
Makoto interrumpió a la otra chica cuando la agarró con fuerza de ambos hombros y la quedó viendo a los ojos con una expresión de sorpresa.
- ¿Dije una tontería? – Preguntó la peliazul confundida.
- ¡No, nada de eso! – La castaña no se había percatado de ese detalle. Esas tres jugadoras eran la principal arma de Aoyama y ahora, gracias a Ami, ella comprendió esa asociación que tenían. - ¡Eres completamente brillante! –
Ami terminó roja de la vergüenza.
- ¡Qué linda se ve cuando se sonroja! – Makoto no pudo evitar pensar eso. Pero no era tiempo para distraerse con la belleza de Ami, tenía información que entregar a su entrenadora y un juego que ganar. Le dolía en el alma, pero tenía que partir. - Me encantaría quedarme más tiempo contigo, pero el juego se reanudará en cualquier momento... - La castaña rascó su nuca, titubeante. - Yo debo irme ya. -
- Está bien, Makoto. - Ami comprendía a la perfección. - Yo le dije a Setsuna que no me iba a demorar, pero con el tiempo que me he tomado, seguro ella ya debe estar impaciente y preocupada por mí. -
¡Oh, así que fue Setsuna quien trajo a Ami hasta acá! Makoto asintió, ella también entendía la situación de su amiga.
- Ahora sí te prometo un gran espectáculo, Ami. - La jugadora haría todo lo posible para que el equipo pudiera remontar en el marcador. - Gracias a tus observaciones, no dudo que la entrenadora ideará una nueva estrategia para ganar. -
Makoto elevó su puño y lo apuntó directamente en dirección a Ami.
- ¿Uh? - La joven no comprendía qué intentaba hacer la otra chica. - ¿Estará esperando que choque mi puño con el de ella? -
Ami intentó hacer eso, y parece que atinó esta vez, pues cuando ambos puños se encontraron; Makoto rió con gran regocijo.
- ¿Sabes qué? Anotaré una tiro impresionante y te la dedicaré a ti. -
La jugadora partió corriendo antes de poder recibir cualquier tipo de respuesta por parte de su amiga. Juntó todo el coraje necesario para voltear a ver a la peliazul, pues su corazón latía velozmente en su pecho, y sonrió al verla sonrojada; tan roja como lo estaba ella.
El juego se reanudó con total normalidad. El equipo de Aoyama, eso sí, notó de inmediato el cambio de mente que sufrieron las jugadoras de Azabu apenas entraron al campo. Pese a la clara desventaja que mostraban en el marcador, no parecían desesperadas o intranquilas. En cambio, estaban mostrando un mejor rendimiento en comparación a los dos primeros cuartos.
- ¿De qué se trata esto? - La defensa estaba siendo eficaz al momento de neutralizar las jugadas de las contrincantes. La capitana de Aoyama no podía sacarse a Unazuki de encima, sus compañeras sufrían el mismo inconveniente con sus respectivas marcas. - ¿Por qué no pierden el control? ¿Por qué siguen tan animadas? - Azabu se estaba acercando cada vez más al área rival. Estaban llegando, estaban jugando de forma directa. - ¿Acaso ellas...? -
La capitana hizo el intento de entregar el balón a otra chica, pero frente a sus incrédulos ojos, toda la jugada se derrumbó debido a la intervención de un tercero. Esa persona fue Makoto, quien se interpuso entre las dos jugadoras y robó el esférico, asombrando a sus rivales.
La castaña lanzó un certero pase a Haruka. La rubia corrió por el campo siendo perseguida de cerca por una jugadora de Aoyama, pero en vez de intentar anotar, otorgó el balón a la mismísima persona que inició este contraataque: Makoto.
Libre de toda marca, Makoto realizó un tiro simple que entró sin dificultades en el aro. Su celebración fue inmediata, recibiendo los abrazos y felicitaciones de sus compañeras de equipo.
- Ellas ya conocen nuestras tácticas. - La capitana de Aoyama apretó los dientes sumamente molesta. - ¡No, este juego es nuestro! ¡Aoyama ganará y pasará a la final! -
Makoto limpió su frente con una de sus muñequeras. La sonrisa que traía ahora en sus labios nadie se la podría quitar, pues finalmente ella y el equipo sabían qué hacer.
- ¡Es hora de remontar! -
Los minutos pasaban, Aoyama y Azabu se enfrentaban ahora en igualdad de condiciones. Las dueñas de casa se mantuvieron aferradas a su estrategia de ir intercalando diferentes jugadas para sorprender a su rival, pero eso ya no funcionaba de la misma forma que en un principio. Era una táctica que el adversario ya conocía y sabía cómo afrontar.
Yaten y Haruka estaban dando lo mejor de sí para aprovechar cada oportunidad que tenían de anotar. Akane, en compañía de Unazuki, defendían el área de los ataques de Aoyama. Makoto estaba mostrando su mejor faceta, participando de forma flexible tanto en defensa como en ataque. Cuando no estaba protegiendo el tablero, andaba corriendo junto a sus compañeras al frente, intentando marcar algunos puntos. Y ya llevaba un par anotados en su cuenta.
Este era el verdadero espíritu de Azabu.
- Habíamos perdido nuestra chispa, pero finalmente hemos recuperado nuestro anhelo de luchar y vencer. - Haruka ahora lucía un poco más animada y tranquila. - ¡Sigamos adelante, chicas! -
Estaban tan cerca de cumplir su sueño de pasar a la final.
- ¡No dejen que sigan anotando! - Se escuchaba la potente voz de la entrenadora de Aoyama. - ¡No pueden dejar que nos igualen en el marcador! -
Luna se paseaba de un lado a otro, ansiosa e impaciente. Azabu estaba tan cerca de alcanzar a su rival, hacían falta dos puntos para eso, pero estaba resultando tan complicado para sus chicas acercarse y tratar de hacer algo en el área rival. Aoyama se había cerrado por completo, cuidando de esta pequeña ventaja que poseían.
- ¡Akane, tú puedes! - Gritó Luna cuando vio que la joven tenía en sus manos la oportunidad de igualar todo.
La jugadora no se sentía del todo segura, pero igualmente intentó un tiro. Para sorpresa de ella, y fortuna de su completo equipo, el balón entró limpiamente.
- ¡Bien hecho Akane! – Celebró la entrenadora. - ¡Bien hecho chicas! – Después de tanto esfuerzo pudieron alcanzar a Aoyama. Estaba orgullosa de sus jugadoras. Ahora solo tenían que romper esta igualdad y superar al rival. - ¡Ustedes pueden ganar! –
El tiempo corría en contra de ambos equipos. Ninguno quería extender más tiempo este encuentro, querían la gloria de forma inmediata. Era cosa de anotar un solo punto, el que lo hacía, podía llevarse la victoria y el pase a la final.
Azabu era más ambicioso, con sus jugadas hasta la zona de Aoyama, intentaban buscar los preciados puntos. Las otras chicas se notaba que ya se habían resignado a esperar por un error que les cediera un contraataque mortal.
- ¡Sigan empujando, sigan buscando! – Ordenaba Luna. - ¡Ya no queda tiempo! –
Sesenta segundos para el final.
La capitana de Aoyama se desplazó con el balón velozmente, pero tuvo que parar en seco cuando Makoto se opuso a su avance. Los ojos verdes de Makoto parecían cargados de electricidad. Al ver que no podría continuar adelante, la capitana cedió el esférico a una de sus compañeras y comenzó a moverse, siendo seguida de cerca por Makoto.
Cuarenta, treinta y nueve, treinta y ocho…
El área de Azabu era una real fortaleza, nadie de Aoyama podía acercarse lo suficiente al tablero para realizar un lanzamiento seguro.
Menos de treinta segundos.
Ocurrió un tiro desde el sector derecho, la distancia era considerable, de haber entrado; habría valido tres puntos. Sin embargo, la que podría ser considerada la última maniobra de Aoyama, terminó en nada.
Ahora todo era para Azabu.
El rebote fue recogido por Unazuki, quien entregó el balón a Makoto, iniciando el ataque desde el fondo.
Veinte segundos, diecinueve, dieciocho…
El retroceso de las jugadoras de Aoyama fue inmediato. Cada chica tomó su posición en el área, aguardando a ver lo que Azabu tenía planeado hacer. Aunque las opciones eran muy pocas, pues las locales habían cerrado todas las rutas posibles hacia el tablero. Se tomaron muy en serio el trabajo de marcar a sus adversarias.
No pensaban perder, no querían. Si alguien tenía que pasar, ese era Aoyama.
- ¡Quedan diez segundos! – Pero alguien pensaba muy diferente. Azabu merecía la victoria. Se habían esforzado tanto para llegar tan lejos, el equipo tenía que pasar a la final. - ¡Es imposible, no hay nadie libre a quien dar un pase! –
Makoto se dio cuenta que pasar el balón no era una opción para ella.
- ¡Solo un punto y podríamos ganar! – La castaña estaba en la zona de tres puntos. Era ella, era ahora. - ¿Yo? ¿Lanzar desde tan lejos? –
No lo tenía que pensar tanto, solo tenía que hacerlo.
- ¡No hagas eso! – La capitana de Aoyama notó las intenciones de la castaña. - ¡No te atrevas a lanzar! – Corrió a toda prisa para detener la jugada.
Makoto flexionó ligeramente las rodillas, acomodó el balón y aguantó la respiración. Sostuvo cuanto pudo el aliento, y cuando lo liberó, su lanzamiento voló por el aire en dirección al tablero, buscando entrar en el aro.
- Espero que esas horas extras de entrenamiento hayan dado fruto. - Pensó la joven mientras veía el balón alejarse en cámara lenta.
- ¡Llegué muy tarde! - Se lamentó la capitana de Aoyama.
Cuatro, tres, dos…
- ¡El balón entró! – Ami saltó de su asiento emocionada. - ¡Ellas ganaron! –
El tiempo se había acabado, y la barra de Azabu no esperó para hacerse sentir con sus celebraciones y gritos de alegría, pues luego de un muy complicado juego, el equipo de baloncesto venció a la preparatoria East Aoyama.
- ¡Ven acá pequeña Koto! -Haruka agarró a Makoto entre sus brazos. - ¡Ese tiro estuvo estupendo! –
Yaten, Unazuki y Akane se unieron al festejo. Las felicitaciones para Makoto no cesaron. El grupo estaba más que feliz, estaban dichosas. Este triunfo se lo ganaron con el sacrificio y mérito de cada una de las integrantes del equipo.
- Fue un gran juego. – Makoto llegó hasta donde se encontraba la capitana de Aoyama. La joven estaba sentada en el suelo llorando desconsoladamente. – Por un momento realmente creí que no podríamos anotar ni un solo punto. – La castaña le ofreció su mano.
Observando de reojo, la otra jugadora dejó escapar una leve carcajada antes de aceptar la mano de su rival.
- ¡Esta es la remontada más épica que he visto en mi toda mi carrera! Azabu logró reencontrar la senda, luchó sin dar descanso a su rival y obtuvo la preciada victoria. ¿No es eso extraordinario? – A través de los altavoces se pudo escuchar los aplausos de la relatora. – ¡Y allí lo tienen, damas y caballeros! El equipo de Azabu es el primer finalista de esta competencia. ¿Quién será su contrincante? Pues eso lo sabremos mañana cuando Shinbashi y Takanawa se enfrenten. Esperemos que ese juego sea tan emocionante como el que presenciamos hoy. –
Makoto buscó entre la gente en la gradería a cierta persona en especial. Su mirada iba de un lado a otro, hasta que la halló. Estaba sentada junto a la enfermera Meio, acompañada de varias compañeras de la preparatoria y algunas maestras.
Entre la multitud, Ami solo tenía ojos para la castaña. Desde su puesto, Makoto lucía pequeña allí abajo en la cancha. Aún así, ella pudo ver con claridad sus gestos.
Cuando la jugadora elevó su puño, apuntando en su dirección, Ami llevó una mano a su pecho. Sonrió, y esa sonrisa fue acompañada por el rubor de sus mejillas, pues creía saber qué significaba eso: Esa anotación que le entregó la victoria a Azabu estaba dedicada a ella.
- ¡Qué delicioso! – Exclamó felizmente Makoto.
Apenas pusiera pie dentro de su departamento, buscaría un lápiz, y marcaría en el calendario este importante día. ¡Hoy vencieron a Aoyama y pasaron a la final del campeonato!
Era tanta la dicha que sentía por esta victoria que el pastelillo que se estaba sirviendo ahora le sabía mil veces mejor. El dulce sabor del triunfo combinaba de forma perfecta con la deliciosa crema.
- No puedo creer que me hayas traído el pastelillo hasta acá. ¡Eres la mejor, Ami! –
- No es nada, Makoto. – La peliazul trató de bajarle el perfil al asunto.
Ella supuso que a la jugadora le gustaría comer algo luego de terminado el encuentro. Y claramente estuvo en lo cierto. La castaña le agradeció mucho su gesto y ahora contenta se acababa el pastelillo que Setsuna le había regalado en la enfermería.
Aunque ahora que lo pensaba, en estos casos lo mejor sería comer alguna clase de fruta o barrita de cereal. Eran opciones más saludables que un pastelillo.
- ¡Estoy tan feliz por nuestra victoria! –
- ¿Makoto? - Ami no comprendía del todo lo que estaba ocurriendo. Un sentimiento de preocupación golpeó su pecho cuando notó las lágrimas que caían de los ojos de la otra joven. - ¿Por qué estás…? – Ami posó una mano sobre la espalda de Makoto.
- ¡Estoy bien! – Aseguró la castaña a su amiga. Pero continuaba llorando, sus lágrimas contrastaban con la enorme sonrisa que tenía en sus labios. – Es solo que… - Su voz se quebró. Estaba muy emocionada, demasiado. – Tú viniste, ganamos, el equipo está en la final. – Ella solo podía con una gran impresión por día. - ¡Por eso estoy contenta! – Makoto lloraba de felicidad.
- Mako… - La peliazul se sintió alcanzada por los sentimientos de la otra chica. Sonrió, y con ambos brazos, aferró con fuerza a la alta castaña. Era algo incómodo, por cómo estaban sentadas, pero Makoto comprendió esto y se acomodó; recibiendo a Ami con gusto. – Muchas felicidades, el equipo se ganó justamente su pase a la final. –
Tenía tantos deseos de rodear a la peliazul con sus propios brazos. El en fondo de su pecho, su corazón pedía a gritos que lo hiciera.
- Muchas gracias, Ami. – Y lo hizo. Lo disfrutó. La cercanía de la otra chica se sentía sumamente bien. – Espera un poco… - No quería hacerlo, pero tuvo que. Se alejó unos pocos centímetros de Ami, cosa de poder ver su rostro. - ¿Mako? ¿Acabas de acortar mi nombre? –
¿Lo había hecho? Vaya, ni cuenta se había dado. ¡Qué vergüenza!
- Perdón. – Se disculpó de inmediato. El rostro de Ami parecía arder de lo rojo que estaba. – Yo no quería… -
- ¡Luces como un tomate! –
- ¡No digas eso! – Era posible que toda la sangre de su cuerpo se había juntado de forma súbita en su rostro. - ¡No estoy tan roja! –
Makoto ahora se sentía mejor. En compañía de Ami reían sentadas en una pequeña banca que encontraron bajo un árbol. Se sentía dichosa de tener junto a ella a la peliazul. Su amiga hizo de todo para poder ver su juego, tendría que pensar en una forma de agradecerle esto. Quizás unas galletas hechas con mucho amor estarían bien.
Vaya, sí que quería mucho a Ami. Con ella cada momento era especial.
- ¿Dónde se habrá metido esta chica? Saeko la está esperando en casa… -Setsuna se detuvo al dar la vuelta en una esquina y se quedó en silencio contemplando la escena que ocurría a unos metros de donde estaba. La verdad es que no la sorprendía tanto el hecho de haber encontrado a Ami en compañía de Makoto. - Donde está Kino, allí está Ami. -
Setsuna buscó su teléfono y marcó un número de memoria. Aguardó hasta que una voz femenina madura le contestó. Sonrió, pues lo primero que hizo Saeko fue preguntar por su hija.
- No te preocupes, ella está bien. Ahora mismo está charlando con una amiga, pero apenas se desocupe, la llevo de regreso a tu lado. - Aseguró la morena a la otra mujer. - Sí, está más que feliz. Realmente se divirtió mucho hoy. -
Hoy había sido un gran día para todos.
¿Creían que Azabu no iba a pasar a la final? No, señores y señoritas. Acá brilla el sol, las flores crecen preciosas y el amor triunfa.
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