Disclaimer: Todo lo que reconozcáis le pertenece a Rick Riordan.
Lo demás, incluídas las locuras e incoherencias, son mías.
Nota:
Espero que os guste.
Capítulo 62.
Leo Valdez estaba aburrido. Había acabado un proyecto que le había llevado una semana y en ese momento no sabía que hacer.
Hacía unos meses, el latino se había hecho muy amigo de Cecil, un hijo de Hermes.
Todo había empezado cuando el moreno había caído sobre el hijo de Hefesto por ir corriendo sin mirar.
El joven huía de la furia de Valentina Díaz, una hija de Afrodita y de la cólera de Rubi Blue, una hija de Hécate.
Las chicas estaban preparando un brebaje con unas hierbas que les habían dado los hijos de Deméter.
Connor estaba aburrido así que decidió retar a alguien. Casualmente, Cecil pasaba por ahí, y al menor de los Stoll se le dibujó una enorme sonrisa.
-Tienes que hacer enfadar a Val y a Rubi. -Le había dicho.
Y Markowitz aceptó encantado.
Sabían que hacer enfadar a un miembro de la cabaña de Hécate podía ser peligroso, pero por algo él era hijo de Hermes.
La trastada era simple: Cecil estropearía el pelo de Valentina llenándoselo de ramitas, y lanzaría algunas hojas que encontrara por ahí a la extraña poción que estaban haciendo.
El chico sabía que no era buena idea alterar lo que prepararan los hijos de la diosa de la magia, pero no le importaba mucho.
Procedió con su broma y le salió tal y como quería.
El problema era, que dos adolescentes furibundas querían su cabeza.
Corrió lo mas rápido quepudo, y por no mirar cayó sobre alguien.
Rodó para volver a salir corriendo, pero resbaló y volvió a caerse.
-Oye Markowitz… ¿Te importaría levantarte?
Leo Valdez le estaba mirando levemente sonrojado.
Cuando los dos estaban de pie, el hijo de Hefesto le hizo señas para que le siguiera. Cecil obedeció.
Ese día, Valentina y Rubi no pudieron encontrarlo.
De eso ya hacía varios meses.
***JG***
Jason Grace estaba molesto. No quería admitirlo, pero no le gustaba que Leo pasara tanto tiempo con uno de los hijos de Hermes.
Todos los días, cuando él y Valdez podían pasar un rato juntos a solas, las conversaciones eran algo como:
-Pues Cecil y yo…
-¿Sabes que Cecil…?
-Hoy Cecil…
-Cecil me ha dicho…
-¿Crees que a Cecil…?
Cada vez que Leo mencionaba al hijo de Hermes o cada vez que les veía juntos, sentía que le hervía la sangre. Una vocecita en su mente le decía que lo que sentía eran celos pero no prestó atención.
Jason un día había encontrado a Cecil solo y le dijo:
-No quiero que hables con Leo. No te acerques a él.
El menor abrió la boca unas cuantas veces tratando de decir algo, pero la postura de Jason era intimidante.
Tenía los brazos cruzados y el ceño fruncido.
Cecil sabía que nunca había que contrariar a un hijo de los tres grandes, mucho menos a un descendiente de Zeus.
El aire crepitaba alrededor de ambos jóvenes.
Entonces, cuando el moreno iba a decir algo, Leo salió de entre unos fresales.
El rostro normalmente sonriente, estaba muy serio.
Jason se sorprendió pero no dejó traslucir nada en su expresión.
-¿Cuánto tiempo llevas ahí?
-Me escondí para darte un susto. -Le dijo el latino a Cecil ignorando la pregunta del ex pretor.
El rubio apretó los dientes.
-¿Crees que Katie se enfadará si le prendo fuego a un par de fresas?
Cecil le miraba como si se hubiera vuelto definitivamente loco.
-(¿Qué Hades estás haciendo Valdez? ¿Las llamas te han freído el cerebro? ¡Es un hijo de Zeus! ¡No le ignores! ) -Pensó El moreno.
-¿Piensas que Pólux me envolverá en hiedra venenosa como la otra vez?
-Leo… Creo que debería…
El adolescente retrocedió unos pasos y el usuario del fuego le cogió del brazo retrocediendo con él.
Jason puso mala cara.
-Vamos a molestar a Will.
El castaño tiraba del brazo de su amigo.
El ex pretor iba a decir algo pero prefirió darse la vuelta y marcharse. Sospechaba que ya la había cagado bastante por ese día. Pero eso no quería decir que estuviese contento. Por el contrario, seguía muy cabreado. Iría a pelear con Percy o con los hijos de Ares para desquitarse un poco. Porque si no, lo pagaría con alguien que no tenía la culpa. Y no quería liarla más de lo que ya lo había hecho.
***CM***
Cecil estaba asustado y sorprendido a partes iguales.
Siempre había creído que Jason Grace era un chico amable y comprensivo. Pero cuando aquel día le había hablado, había tenido ganas de salir corriendo como si perros del infierno le persiguieran.
Se llevaba bien con Leo, incluso más que eso.
El hijo de Hermes sentía que el latino le empezaba a gustar y mucho.
Sabía que el hijo de Hefesto había tenido una relación con calipso y por eso dudaba que le gustaran los chicos y menos él.
-(¿Cómo podría gustarle él? ¿Un hijo de Hermes?)
Llevaba varias semanas dándole vueltas en su cabeza a lo que sentía.
Sabía que era bueno hablar con alguien pero no sabía con quién.
Entonces, vio pasar a Will Solace y decidió contárselo a él.
-¡Will!
El rubio se giró al escuchar su nombre. Le dedicó una suave sonrisa y se acercó a él.
-¿Qué te pasa? Te noto alterado.
-¿Tienes libre el día de hoy?
Will le miró durante un rato tratando de averiguar lo que le sucedía. Finalmente dijo:
-sí. ¿Por qué?
-Necesito hablar contigo.
-De acuerdo. ¿Dónde quieres ir?
-No sé. Sígueme.
Los dos chicos se alejaron de la zona de las cabañas adentrándose un poco en el bosque. Lo suficiente para que nadie les escuchara, pero no tanto como para que los monstruos les avistaran.
El hijo de Apolo se sentó en el tronco de un árbol y esperó.
Como habían pasado varios minutos y Cecil no hablaba, le preguntó:
-¿qué sucede?
El moreno daba vueltas de un lado al otro Como un animal enjaulado.
-¿Estás bien?
El chico parecía ensimismado así que Will gritó:
-¡Markowitz!
-¿Eh? Ah sí. Perdona. Estaba pensando.
Se sentó enfrente del médico y habló.
-Creo que me gusta Leo Valdez.
-¿Lo crees?
-Lo sé.
-¿Y?
-¿Cómo que y?
-Quiero decir que… ¿Se lo has dicho ya?
Cecil le miró como si pensara que era idiota.
-¿Cómo se lo voy a decir? ¿Estás loco?
-Creo que estás exagerando. Si te gusta, deberías decírselo.
-¿Y si me rechaza? ¿Y si deja de hablarme?
Will resopló.
-Además, hace una semana Jason Grace me dijo que no me acercase más a Leo.
-Creo que está celoso. -Comentó el rubio riéndose.
-¡Pues con menos motivos debo decírselo! ¡El hijo de Zeus me mataría!
-Yo creo que deberías decírselo. Si no lo haces, puede que te arrepientas el resto de tu vida.
Markowitz le miró pensativo.
-¿Pero qué vería el enmí? Seguro que me rechaza.
-A lo mejor te sorprendes.
-¿Hay algo que quieras decirme Solace?
-Para nada…
El hijo de Apolo se levantó, y se alejó tratando de ocultar una sonrisa.
El hijo de Hermes se quedó allí sentado durante un rato pensando en lo que le había dicho su amigo rubio.
Finalmente, después de haberle dado vueltas sin parar, se levantó y se encaminó muy decidido hacia el búnker nueve.
***LV***
El consejero de la cabaña nueve estaba forjando un escudo.
Quería que el objeto se convirtiese en un anillo. Iba a ser un regalo para Jason y ya lo tenía casi terminado.
Aunque seguía cabreado con el hijo de Zeus, ¿quién era el para decirle a sus amigos que no se acercaran a él? Pero le había venido ese proyecto a la cabeza, y sabía que cuando algo se metía en su mente no podría enfocarse en otra cosa hasta no empezar en aquello antes.
Le estaba dando unos últimos retoques, cuando la puerta se abrió.
-¿Tienes un momento?
-Sí. Espera que termino esto.
Cecil obedeció. Cerró la puerta y se sentó en la silla que había al lado de una de las mesas de trabajo.
Unos minutos después, el hijo de Hefesto se dio por satisfecho y se giró para enfrentar a su amigo.
-¿Qué pasa? ¿Se te ha ocurrido una nueva forma de molestar a los hijos de Atenea?
-No. Esta vez, es otra cosa.
Leo le miro con curiosidad.
-¿De qué se trata?
Markowitz respiró hondo y cerró los ojos para infundirse valor.
-Necesito que me prometas, que diga lo que te diga seguiremos siendo amigos.
-¿Le has hecho algo a Festo? Porque me temo amigo, que si le has hecho algo a mi dragón, no podré perdonártelo nunca.
-No. No le haría nada a Festo.
-entonces, puedo prometértelo.
El hijo de Hermes carraspeó y al cabo de un rato dijo:
-Megustas.
-¿Qué? Lo has dicho tan rápido y tan bajito, que no te he escuchado.
-Me gustas.
El Búnker nueve quedó en silencio.
-¿Qué? ¿Es una broma? Porque si es una broma te prometo que me voy a cabrear mucho. Nadie debe jugar con los sentimientos de la gente de este modo.
Leo estaba aturdido y molesto. No le gustaba que jugaran con sus sentimientos.
-No estoy bromeando. De verdad me gustas. Soy un hijo de Hermes, pero aunque me gusta bromear, jamás lo haría con algo así. No soy un desalmado.
El Castaño le creyó. Veía en sus ojos que decía la verdad.
Markowitz tenía los ojos azules ligeramente aguados.
-Yo… Yo…-Comenzó a decir el latino.
-Leo… No hace falta que digas nada. Si no sientes lo mismo que yo, no importa. Solo quería que lo supieras. Necesitaba decírtelo. Solo te pido, que no dejemos de ser amigos.
-No es por eso Cecil. Lo que pasa es que yo… ¡Dioses! Es que yo nunca…
-¿Nunca… Que? ¿Nunca has besado a un chico?
-No. Pero… Quisiera… Me gustaría probar.
Ambos estaban muy sonrojados.
El moreno hacía un rato que se había levantado, y cada vez se iba acercando más al hijo de Hefesto.
-¿Lo dices en serio?
-Por supuesto. ¿Cómo puedes saber si no te gusta algo si no lo has probado nunca?
Cecil sonrió.
-¿Querrías… Que yo… Podría… Podría besarte?
-Markowitz. Estás hablando demasiado.
El moreno se acercó los últimos pasos que le quedaban pegando su cuerpo al de Leo.
-¿Estás listo Valdez?
-¿Vas a besarme? ¿O tengo que hacerlo yo por ti?
Cecil se sonrojó pero acercó sus labios a los del latino.
El beso fue casto y tímido al principio. Pero pronto cogieron confianza, y se volvió más apasionado.
Se separaron unos minutos con los labios rojos e hinchados.
-¿Qué te ha parecido?
Quiso saber Cecil.
-Creo, que no lo sé. ¿Repetimos?
Los dos chicos sonreían cómplices y volvieron a besarse.
***LV/CM***
Dos semanas después, los besos habían ido a más.
Ya se prodigaban caricias por debajo de la ropa, y habían compartido tocamientos… Más íntimos.
En ese momento, habían decidido ir más allá.
Ambos se sentían cómodos con el otro y deseaban explorar el cuerpo del contrario sin impedimentos.
El consejero de la cabaña nueve tenía una cama en el búnker. A veces dormía allí cuando tenía algún proyecto sin terminar y se quedaba hasta tarde trabajando.
Ambos estaban un poco nerviosos, pero no les importaba. Sentían la suficiente confianza con el otro como para no preocuparse por ello.
Leo estaba tumbado en la cama con Cecil sobre él.
El hijo de Hermes estaba besando su cuello, le había quitado la camisa lentamente y bajaba sus labios por su pecho y por todo su torso.
Metió un dedo por la cinturilla de los vaqueros, haciendo que Leo se impacientara.
Los dos adolescentes estaban excitados.
Los pantalones del Castaño también fueron retirados y El moreno ahora besaba sus muslos y bajaba hasta las rodillas. Subió de nuevo sus labios por la pierna izquierda, y al llegar al bulto que se notaba debajo de los calzoncillos, sopló aire caliente en la zona.
Leo se levantó y procedió a desnudar a Cecil. Le acariciaba y besaba haciendo que el otro gimiera y suspirara .
Cuando ambos estuvieron desnudos, se quedaron mirando el uno al otro contemplando la desnudez del contrario.
Se recostaron en la cama y siguieron besándose tiernamente.
Pronto los besos fueron a más y la temperatura fue subiendo.
Las manos viajaban por todas partes tocando cuánto podían abarcar.
En ese momento, la puerta del búnker se abrió pero los chicos no se enteraron.
Los dos estaban ocupados gimiendo el nombre del contrario mientras frotaban sus erecciones juntas.
***JG***
Jason estaba triste.
Hacía varias semanas que Leo no le hablaba. Bueno… Sí que le hablaba, pero el Castaño se mantenía a distancia de él.
Ya no tenían las conversaciones amistosas de antes, ni compartían secretos ni confidencias.
Hablando con Percy, había descubierto que lo que sentía por Cecil eran celos.
Debido a su orgullo, Jason no había ido a disculparse con Leo. A su parecer, él era quien debía disculparse puesto que había sido amigo suyo antes que de Markowitz.
Pero el hijo de Hefesto se iba distanciando más y más y al hijo de Zeus no le quedó más remedio que tragarse su orgullo e ir al búnker nueve a pedir perdón.
Sabía que estaba allí, porque su hermana Nyssa se lo había dicho. No sin antes fulminarle con la mirada como si él fuese una máquina defectuosa.
Cuando llegó allí y abrió la puerta, pues había llamado y nadie le contestaba se llevó una enorme sorpresa.
Leo y Cecil estaban en la cama… Desnudos. Estaban frotando sus miembros juntos y parecían disfrutarlo.
Jason cerró la puerta sigilosamente y se quedó allí mirando.
Al verlos en vez de sentir rabia, se excitó. Se le pasó por la cabeza que él también quería formar parte de aquello.
El hijo de Zeus tenía la boca abiertaAl igual que los ojos.
Tuvo que cerrar los puños fuertemente para evitar tocarse porque se le notaba su erección.
En un momento dado, cuando el hijo de Hermes le practicaba sexo oral a Leo, Jason dejó escapar un gemido.
Ambos jóvenes se detuvieron y se separaron asustados.
Al ver al rubio allí, a Markowitz casi le dio un infarto. Sin embargo, Leo le estaba mirando detenidamente.
-¿Qué haces aquí?
-Yo… Yo venía… Quiero decir… quería… Yo venía a disculparme. Pero…
El hijo de Hefesto sonrió.
-¿Y… has disfrutado de las vistas Grace?
Jason se sonrojó más que la cara de Valdez cuando se prendía en llamas.
-Venga Grace. Contéstame. ¿Has disfrutado de las vistas? ¿Querrías unirte?
Cecil sonrió mirando al hijo de Zeus de arriba a abajo. Se relamió los labios y esperó.
-Yo… Yo…
-No puedes mentirnos Grace. Mi padre es el dios del engaño. Así que puedo detectar cuando alguien miente al igual que los hijos de Apolo.
-Además, desde aquí puedo ver el bulto de tus pantalones.-Comentó Leo.
Jason se tapó con las manos.
-¿ vienes Grace? Esta es la última oportunidad. Si no vienes, tendrás que irte. No puedes disfrutar de las vistas sin darnos algo a cambio.
Jason respiró hondo y sonrió. Se fue acercando a la cama, y a la vez que lo hacía se iba quitando la ropa. Cuando llegó al lado de los chicos, ya estaba completamente desnudo. Dejó que los jóvenes le contemplaran sin pudor alguno y después se subió a la cama.
Lo primero que hizo, fue besar a Leo con pasión y deseo. Después repitió lo mismo con el hijo de Hermes.
El rubio se relamió y volvió a tomar los labios del castaño.
Después, estaba tumbado en la cama mientras Cecil y Leo le besaban, lamían marcaban y acariciaban.
El usuario del fuego era más atrevido así que descendió y mirando al romano a los ojos, pasó la punta de la lengua por su erección.
-Leo… -Gimoteó Grace.
-¿Te gusta?
-Sssiii…
-¿Quieres más?
¡Dioses! ¡Sí!
Cecil se había deslizado a los pies de la gran cama colocándose detrás del latino.
Le tocó levemente el hombro haciendo que girase la cabeza, obteniendo un gemido de protesta de parte del rubio.
-Alza las caderas. Eso es, coloca las rodillas sobre la cama. Así, abre un poco más las piernas. Muy bien.
Mientras Leo volvía a practicarle sexo oral a Jason, Cecil besaba la espalda del castaño. Bajó hasta sus nalgas.
Con una de sus manos le masturbaba y con la lengua lamía la fruncida entrada.
El hijo de Hefesto arqueó la espalda debido al placer.
Gimió roncamente, provocando que Jason se estremeciera.
-Coloca las plantas de los pies en la cama.
El romano obedeció.
-¿Qué… qué vas a hacer?
En respuesta a la pregunta, Leo alcanzó un bote de aceite.
Cecil lo había utilizado hacía un rato y ya tenía dos dedos dentro del usuario del fuego.
-¿Vas a…?
-Me gustaría hacerlo. El hecho de que seas más grande y fuerte que yo, no quiere decir que debas ser el activo.
-Ya lo sé. -Gimoteó el romano.
-¿No quieres Jason?
-S si quiero.
Leo preparó a Jason mientras Markowitz le preparaba a él.
-¿Estás listo Leo?
El mencionado asintió.
El hijo de Hermes se introdujo con cuidado. Distrajo al castaño besándole el cuello.
Al ver el miembro de Leo, Jason se puso nervioso. Era largo y grueso.
-Va a dolerte pero pasará. -Susurró el usuario del fuego.
-Es… estoy listo.
Mientras tanto, Cecil esperaba.
Unos minutos después, los tres estaban listos.
-¡Más rápido!
-¡Más fuerte!
-Así joder!
Debido al placer, Jason se elevó unos metros llevándose con él a los otros dos.
Leo soltaba chispas por los dedos.
Más tarde, todos culminaron aún en el aire.
Cayeron en la cama suavemente. Estaban exhaustos.
Se quedaron dormidos minutos después.
Al despertar, Jason cogió su ropa, se vistió y se marchó antes de que los otros dos abrieran los ojos.
Más tarde, cuando Leo se levantó, descubrió que estaba solo.
Cuando se encontró con Jason, éste hizo como si no hubiera pasado nada.
Cecil tampoco lo mencionó.
Semanas después, cuando Leo iba a encararles, tuvieron que ir al Olimpo.
Lo que no se esperaba, era descubrir que tendría hijos con esos dos idiotas a los que amaba.
