Capítulo 13: Sumergida en la inseguridad.

El contento silbar de Makoto era clara señal de su excelente estado de ánimo. Era el día después de la victoria sobre Aoyama y la joven aún conservaba una impecable sonrisa que, sin exagerar, iba de oreja a oreja.

Las clases habían terminado ya y hoy el equipo de baloncesto tenía día libre, así que la castaña marchaba felizmente hacia la enfermería de la preparatoria cargando su almuerzo en una mano, y en la otra, llevaba unos deliciosos trozos de cheesecake que había preparado para compartir con Ami y la enfermera Meio.

- Buenas tardes, Makoto. – Saludó la mujer luego de abrir la puerta y toparse con la joven aguardando en el pasillo. - ¿Qué te trae por acá? –

- ¡Vengo a almorzar! – La chica mostró el pequeño y lindo bolso donde traía empacada su comida. - ¿Acaso olvidó que el otro día acordamos usted, Ami y yo de almorzar todas juntas? –

Claro que lo recordaba. Sin embargo, Setsuna sospechaba que Makoto hacía todo esto más que nada para estar junto a Ami.

- Por mí no hay problema, Kino, pero hoy Ami no tenía tiempo para venir a almorzar. –

- ¿Cómo dice? –

- Si no me equivoco, ella ahora mismo debe estar con su equipo de natación. –

¿Ami con su equipo un martes por la tarde? Qué raro. Makoto recordaba bien que eran los lunes cuando la peliazul asistía a prácticas de natación.

- ¿Acaso no estaban en competencias? – Ami no fue la semana pasada a entrenar por esa misma razón. - ¿Cambiaron sus horarios o algo por el estilo? –

- No, nada de eso. – Setuna tendría que explicarle todo a la chica. – Resulta que sí, el equipo de natación estaba compitiendo, y lo mejor todo es que lograron clasificar a un torneo de preparatorias. –

- ¡Eso suena genial! Pero aún no entiendo qué tiene que ver Ami en todo esto. -

- La entrenadora de Ami le pidió personalmente presentarse hoy. Presumo yo que es para ayudar a sus superiores con su entrenamiento, necesitan de alguien para cronometrar y anotar sus tiempos. – Quizás Ami también tenga la posibilidad de practicar junto a sus compañeras. – En fin, hoy tenía cosas que hacer, por eso no está acá. Es una lástima, ¿no crees tú? -

Nada de lo que dijo la enfermera le sonó divertido a la jugadora. ¿Cronometrar y anotar? Verdaderamente algo muy aburrido. Pero Makoto supuso que Ami no tuvo más remedio que aceptar el mandato de su entrenadora.

- Pobre Ami, quizás ahora mismo está muriendo de hambre. – Se la imaginó aburrida en un rincón, viendo cómo sus superioras dan vueltas a la piscina mientras ella solo debe presionar los pequeños botones de un tonto aparato. - ¡No puedo dejar que ella sufra de esta manera!

De seguro una rebanada de cheesecake le vendría de maravilla.

- ¡Iré a ver cómo está Ami! – Fue la decisión que tomó rápidamente la joven.

- Espera allí jovencita… - Setsuna trató de frenarla, pero a Makoto nadie la podía detener cuando una idea se le metía en la cabeza.

La joven sacó de su bolso un recipiente plástico donde tenía la porción de cheesecake para la enfermera. Se lo entregó en sus manos, luego se despidió de ella y posteriormente partió trotando por el mismo largo pasillo por el que había llegado minutos antes.

Setsuna sinceramente no se sentía admirada por lo que acababa de ocurrir, pues ella esperaba una reacción así por parte de Makoto luego de saber que Ami no estaba en la enfermería. La sorpresa era que no haya partido al segundo que supo esto.

- Eres tan obvia, Kino. – La mujer sonrió de todas formas. – Bueno, por lo menos pensó en mí y me trajo un postre. Le debo agradecer después por esto. –


En equipo de natación de la preparatoria es relativamente nuevo. Eso sí, poseen un recinto único donde pueden entrenar para las competencias a las que han clasificado gracias al talento que muestran las jóvenes que ingresan a este equipo. Un precioso edificio cerrado con dos piscinas es usado cada lunes por el grupo, pero cuando llega la época de competencias, abre sus puertas casi toda la semana para las jóvenes deportistas.

Al borde de una de las piscinas se encontraba Ami que, con cronómetro en mano, seguía de cerca la última vuelta que daba una de sus superioras. Cuando la nadadora tocó las baldosas, finalizando su carrera, Ami presionó un botón para detener el tiempo.

- Impresionante. - Fue lo único que pudo decir la peliazul al ver de reojo la nueva marca de la otra joven.

Del agua emergió Michiru, meciendo su cabeza de un lado a otro luego de retirar la gorra que usaba para nadar. Después siguieron sus gafas empapadas. Sosteniéndose del borde, quedó observando a Ami. No necesitó decir nada, la peliazul sabía bien lo que esperaba oír.

- Felicitaciones superiora Kaioh, rompió nuevamente su récord. – Se escuchó la felicitación por parte de Ami. – Fue una carrera impecable. –

- Muchas gracias. – Michiru, sin embargo, no parecía asombrada, menos contenta con la noticia. – Pero si deseo ganar en las próximas competencias, debo mejorar aún más. – La joven era muy exigente, por eso nunca parecía conforme con sus marcas.

Desde el otro carril aparece Reiko, jadeando totalmente agotada. Es tanto su cansancio que debe recibir la ayuda de la chica que estaba cronometrando su tiempo para aferrarse del borde de la piscina.

- ¿Tiempo? – Preguntó la nadadora mientras se quitaba su gorra.

- Seis minutos con treinta y tres segundos. –

Reiko refunfuñó molesta, pues no hallaba la forma de reducir su tiempo. Por más empeño que ella pusiera en su entrenamiento, nada cambiaba. Quizás no lo admitía, pero realmente se sentía desanimada y frustrada.

- Superiora Aya, no debe darse por vencida. – Ami apareció junto la ayudante de Reiko para animar a la nadadora. – Su marca es admirable, también su técnica de nado. Se nota el amor que usted siente por la natación. –

- ¡Qué dulce eres Ami! – Reiko se sintió conmovida por las palabras de su compañera. Esta chica era tan buena con todos. – Dime, ¿por qué no saltas un rato a la piscina y te diviertes? Un par de vueltas no le vienen mal a nadie. –

La propuesta tomó por sorpresa a Ami.

- No lo sé, yo solo estoy acá para ayudar… -

- Vamos Ami, aprovecha esta oportunidad. – Se unió Michiru para respaldar la idea. – Y si quieres yo puedo tomar tu tiempo. –

La peliazul no estaba muy convencida. Titubeante, se volvió a negar a la invitación.

- No soy tan buena como ustedes. Yo prefiero nadar cuando todo el equipo tiene práctica, así la entrenadora me puede decir en qué mejorar. –

- Patrañas. – Dijo Michiru, quien luego de dejar la piscina, se acercó y posó una mano en la espalda de Ami. – No te estás dando el crédito suficiente. Te hemos visto nadar, eres muy buena. Ten confianza en tus habilidades, Ami. –

La chica agachó la mirada apenada, también algo roja por las palabras de su superior.

- Está bien. – Su voz fue un susurro, pero Michiru la pudo oír perfectamente. – Pero tendrán que prestarme unas gafas y una gorra. No traje mis cosas hoy. –

Una vez que Ami se consiguió lo que necesitaba, esperó hasta que Reiko le diera la señal para saltar al agua. Al final del carril la esperaba Michiru, pendiente de sus acciones. Quería analizar el desempeño de la peliazul para poder aconsejarla luego.

Ami rápidamente atrajo las miradas de sus otras compañeras con su nado ágil y elegante. Michiru y Reiko se sonrieron la una a la otra, pues para ellas no era sorpresa el increíble nivel de la otra joven.

Era una pena y un gran desperdicio de talento el hecho de que la entrenadora nunca eligiera a chicas de primer año para las competencias.

Cuando Ami alcanzó el final, allí estaba Michiru para darle una mano y ayudarla a salir de la piscina.

- ¡Seis minutos con cincuenta y siete segundos! – Reiko se acercó rápidamente a felicitarla. - ¡Chica modesta, eres tan buena como yo! – La nadadora no dudaba que algún día Ami podría superarla. – Supongo que tendré que esforzarme el doble para no quedarme atrás. –

- Yo nunca podría superar a alguien como usted, superiora Aya. -

La tranquilidad en el ambiente se acabó de forma violenta a causa de los incesantes gritos que provenían desde una banca cercana a la piscina. En ella se encontraba sentada una solitaria Makoto.

- ¡Eres la mejor, Ami! – Celebraba la castaña como si se tratara de una competencia. - ¡Vamos, otra vuelta a la piscina! ¡Nada una vez más! –

Las compañeras de Ami la quedaron viendo con curiosidad. La pobre chica, por otro lado, no hallaba cómo esconder su rostro completamente rojo.

- ¿Qué está haciendo Makoto acá? -

La duda quedó sembrada en Ami luego de escuchar a Michiru hacer tal pregunta. La quedó viendo de reojo, ignorando por completo lo que ocurría a su alrededor.

- ¿Michiru conoce a Mako? -


Esta era sin duda una interesante casualidad, pues resulta que Makoto, Michiru y Ami estaban relacionadas de una forma y otra.

Las tres jóvenes se apartaron por un momento del lado de la piscina, las dos nadadoras se tomaron un tiempo para descansar y aprovecharon de sentarse junto a Makoto en la banca que minutos antes ella estaba utilizando.

- Así que tú eres la novia de Haruka Tenoh, amiga de años de Mako. – Esto aclaraba las cosas para la peliazul. Por un momento se sintió tan confundida, pero ahora gracias a la explicación de Michiru, entendía la razón de que ella conociera a la castaña. – Vaya, esta es una agradable sorpresa. – Dijo para después reír.

- Me ofende que nunca menciones que también soy tu amiga, Makoto. – La de melena aguamarina fingió estar molesta con la otra chica. – Creo que ya no te obsequiaré chocolates ni te invitaré a mi departamento a probar videojuegos con Haruka. –

- ¡No seas así, Michiru! – Makoto ya estaba haciendo pucheros, pues se había creído el falso enojo de la otra joven. – No estés molesta conmigo. -

Ami observaba el intercambio en silencio con una pequeña sonrisa en su rostro. Parecía ser que las otras dos eran muy cercanas.

- No seas tonta, Makoto... –

La pequeña sonrisa de Ami se esfumó de pronto.

Michiru sostuvo el rostro de Makoto y le apretó las mejillas con cariño. Fue un simple gesto, uno que la peliazul no pudo ignorar, pues le produjo una extraña sensación en el estómago.

- Yo no me podría molestar contigo. – Luego la mayor le acarició la cabeza a la jugadora.

Nuevamente Ami no pudo apartar la vista. Y de nuevo, algo en ella no se sintió a gusto con esta cercanía.

¿Qué podía decir o hacer? Todo el día estuvo deseosa de ver a Makoto, pero ahora que la tenía frente a ella, parecía que la castaña deseaba más hablar con Michiru que con ella.

- ¡Qué alegría, yo ya estaba asustada! – La castaña no pudo evitar sonrojarse. Nuevamente Michiru la había engañado.

¿Por qué se sentía de este modo? Era una sensación muy incómoda y molesta. Es un disgusto que Ami no entiende por qué existe o siente. Estaba mal, muy mal que ella se sintiera afectada de esta forma.

- Disculpen… - La peliazul tuvo que alzar la voz, interrumpiendo la conversación de ambas jóvenes. – Debo ir a secarme y cambiarme ropa. –

Ante la pronta partida de su amiga, Makoto recordó que en un principio había venido por ella. Le tenía que dar su cheesecake y quizás, si Ami quería también, almorzar juntas.

- Ami, yo traía para ti… -

- Quizás para otro día, Mako. – Fue la rápida respuesta de la peliazul que dejó muda a su amiga. Ni siquiera volteó, simplemente dijo eso y siguió con su camino. Incluso se sintió algo cortante.

- ¡Claro! ¡Para otro día, Ami! -

La castaña no pudo evitar sentirse mal. Se había ilusionado con la idea de compartir con Ami aunque sea una hora, pero nada de eso ocurrió. Hoy tendría que llevarse de regreso a su hogar el regalo que preparó para ella.

Le dolía mucho, pero no podía obligar a Ami a pasar todo su tiempo libre con ella. Quizás tenía mejores cosas que hacer.

- Creo que ya es hora de que me retire. - Dijo la jugadora, levantándose de un salto y mostrando una sonrisa forzada a Michiru. - Saluda a Haruka de mi parte. - Sin nada más que decir o hacer, Makoto partió a paso lento hacia la salida del edificio.

Michiru, extrañada por la repentina retirada de Ami, se preguntó si algo de lo que había dicho o hecho le afectó de forma negativa. No solo por ella se sentía preocupaba, Makoto también sufrió un cambio brusco de ánimo. Michiru sospechaba era a causa de la partida de la peliazul.

- Espero que esto no sea grave. – La joven rogaba que no fuera una pelea entre amigas o algo similar.


Saeko se detuvo por un instante frente a la puerta. Meditó por unos segundos lo que planeaba decir a Ami, siempre le gustaba saber qué decir a su hija, más cuando parecía estar deprimida por algo.

La chica había llegado de la preparatoria hace un par de horas, pero cuando Saeko la llamó para conversar sobre su día, Ami ya había desaparecido en su habitación y no había vuelto a salir. Por más que Saeko la llamó para almorzar junto a ella, Ami nunca apareció en el comedor.

- Ami, querida… - Saeko golpeó dos o tres veces antes de abrir la puerta y asomar la cabeza. - ¿Ami? –

Encontró a la peliazul recostada en su cama, dando la espalda a la puerta. Estaba cubierta por una manta delgada azul que Ami conserva desde pequeña. Es su manta favorita.

- ¿No tienes deseos de comer algo? Si quieres puedo prepararte un emparedado. – Sugirió la mujer.

Pero no hubo respuesta alguna por parte de Ami. La joven continuó en la misma posición en que Saeko la encontró, con su rostro cubierto por un brazo, casi como si estuviera escondiéndose de algo.

La mayor decidió entonces tomar asiento en la cama de su hija. Lo hizo con cuidado, para no sobresaltar a la peliazul. Una de sus manos fue a parar a la cabeza de Ami y comenzó a acariciar su cabellera. Esto siempre ayudaba a relajar a Ami.

- ¿Qué ocurre contigo? ¿Tienes algún problema del que quieras hablar? – Saeko estaba preocupada por ella. – Si hay algo en lo que te pueda ayudar, cuenta conmigo, Ami. – Le daba mucha tristeza ver a su hija tan deprimida por algún asunto que desconocía. Quería saber, la quería apoyar.

Ami finalmente se da la vuelta y queda recostada de espalda en su cama. Ahora la mayor podía ver lo rojo que estaban sus esquivos ojos.

Estuvo llorando, seguramente desde que se encerró en su habitación hasta ahora.

- Creo que soy mala. –

- ¿Disculpa? ¿Por qué crees eso, Ami? –

- Hice algo muy malo a Mako. –

Finalmente, Saeko obtuvo un nombre. Así que todo esto tenía que ver con su amiga.

- ¿Me podrías explicar qué ocurrió con ella? – A la mayor se le ocurrían mil y una ideas, pero la única verdad la tenía Ami.

La peliazul se tomó su tiempo, pues así como su madre, ella también tenía la costumbre de pensar bien las cosas que quería decir. Una vez que consiguió una idea clara, se hizo con un cojín y se abrazó de él, tomando asiento para hablar.

- El otro día Mako, Setsuna y yo acordamos almorzar juntas en la enfermería, pero hoy tuve entrenamiento con el club de natación y no pudimos reunirnos. – La chica apoyó su mentón en el cojín que estaba abrazando. – Mako fue tan buena que llegó hasta el edificio donde entrenamos y traía con ella un regalo para mí. ¡Pero eso no es lo malo! De hecho, yo me sentí muy feliz cuando la vi después de casi todo un día sin saber de ella. – Ami sintió un nudo en la garganta. – Lo malo es que yo me enojé por algo tonto y rechacé su regalo. Me marché sin hablarle y no pudimos almorzar juntas. – Quería llorar nuevamente. – Yo fui mala con Mako... -

El abrazo de Saeko no se demoró en llegar. La mujer rodeó a su hija y la consoló por un largo rato, hasta que Ami finalmente volvió a calmarse.

- Mamá, yo sentí celos de ella. –

- ¿Celos de tu amiga? –

- Ella tiene una facilidad para hacer amigas que me sorprende. Y con la superior Kaioh parecía tener tanta confianza, me sentí muy incómoda e insegura. – Le daba tanta vergüenza admitir todo esto. – Sé que está mal que me sienta de esta forma, pero no lo pude evitar en ese momento. Por eso creo que soy una mala persona. –

Saeko analizó bien todo lo que acababa de escuchar. Era bastante, un tema muy importante y que necesitaba ser aclarado de inmediato. No era sano que Ami se sintiera de esta forma.

- Es necesario que sepas que sentir celos es algo que suele ocurrir. Sin embargo, tienes razón en decir que no son algo bueno. – La mujer tomó con cuidado una de las manos de su hija. – Nacen más que nada por la inseguridad y la falta de confianza, también la poca comunicación. Está bien que reconozcas y sepas esto. – Saeko trató de explicar todo de la forma más sencilla, pero ella sabía que los celos a veces eran algo más complejo. – No debes temer, no debes sentirte desplazada. Sé que Makoto es tu primera amiga en años, pero no debes temer. –

Ami escuchó atenta a todo lo dicho por la mayor. Asintió una vez que su madre terminó de hablar, comprendiendo todo.

- Espero que mis palabras te sirvan de algo. Gracias por tener la confianza y valor de hablar conmigo sobre estos temas, querida. –

- Gracias a ti por escucharme, mamá. – Ahora se sentía un poco mejor. Conversar con la mayor siempre le dejaba muy buenas enseñanzas. – Ahora sé qué debo hacer mañana. –

Saeko asintió, entendiendo a qué se refería. Después se levantó de la cama con cierto esfuerzo y volteó a ver a su hija.

- ¿Y qué me dices sobre el emparedado que te ofrecí hace un rato? ¿Quieres comer algo ahora? –

- Sí, creo que un emparedado estaría bien. – Esta vez Ami aceptó. - ¿Crees tú que podrían ser dos? Tengo mucha hambre. – Sonrió cuando su madre asintió a su pedido. – Genial, entonces creo que me limpiaré el rostro y bajaré a comer. No me tomará mucho tiempo. –

La mujer parte hasta la puerta de la habitación y allí se queda por unos segundos. Vuelve sus ojos hacia la peliazul, quien dejó de lado la almohada que estaba abrazando y se quitó de encima la manta que la cubría. La miró por poco tiempo, luego volvió a hablar.

- Espero que todo esto entre Makoto y tú se resuelva pronto. – Saeko sabía lo mucho que Ami apreciaba a la otra joven, así que podía entender lo mucho que este malentendido estaba afectando a su hija. – Y cualquier cosa, sabes que puedes buscarme para hablar. –

- Gracias mamá. – Nunca se iba a cansar de agradecer por todo lo que su madre hacía por ella.

La doctora partió, dejando a solas a la chica. Ami se levantó de la cama y avanzó hasta llegar a su escritorio. Allí había dejado su teléfono, justo sobre el maletín que usaba para cargar con sus libros en la preparatoria.

Algo ansiosa, tomó el aparato y lo revisó.

Se sintió un poco dolida de no encontrar un mensaje o alguna llamada por parte de Makoto.

Bueno, ella no tenía la obligación de enviar un mensaje. Y de todas formas, unas pocas palabras escritas o leídas en un teléfono no iban a solucionar este malentendido.

Era necesario algo más directo, Ami sabía bien eso.

- Mañana será un largo día. –


Nadie pidió drama, pero acá tienen un poco. (?) Muchas gracias por sus bonitos reviews. :)

Gracias por leer. ¡Suerte!