Capítulo 14: Nueva perspectiva.

La maestra Haruna se despidió de las últimas chicas que quedaban en el salón antes de partir. Le recordó a las pocas estudiantes presentes terminar sus deberes para la próxima clase de inglés, también que se dieran el tiempo de estudiar los temas que han visto estos días. Con un último "adiós" abandonó el salón, el sonido de sus tacones haciendo eco mientras se alejaba a su próxima clase.

- ¿Alguien me puede explicar qué rayos enseñó hoy la maestra Sakurada? Les juro que no entendí ni una pizca de lo que dijo en toda la clase. – Usagi pasó toda la hora en un estado de perpetua confusión.

- Quizás no comprendiste la clase porque te quedaste dormida cuando la maestra estaba explicando. – Comentó Minako mientras ordenaba sus pertenencias. – De todas formas, solo habló de tiempos verbales y esas cosas. Nada del otro mundo. –

- ¡Para ti es fácil, pues viviste varios años en Inglaterra! ¡Tú sabes inglés! –

- And that's what makes me so fabulous!

- ¡No te entiendo, Mina! – Esto era tan frustrante para Usagi. - ¿Qué es lo que Minako acaba de decir, Ami? – La joven buscó ayuda en la otra estudiante, pues sabía del gran nivel que poseía la peliazul en el idioma extranjero. Era una experta total. - ¿Ami? ¿Me escuchas? –

Usagi se percató que su compañera no parecía estar prestando mucha atención a su entorno. La chica continuaba sentada en su banco, con su libro de inglés abierto y sus lápices sin guardar.

- Tierra llamando a Ami Mizuno, ¿nos escucha? – Llamó Minako, quien también advirtió el estado de la peliazul.

La joven finalmente salió de su trance y quedó observando al par de rubias que tenía frente a su puesto con curiosidad.

- ¿Perdón? – Preguntó Ami, inmediatamente sintiéndose apenada. - ¿Me estaban hablando? -

- ¡Esto es nuevo! – Minako nunca había visto a la otra chica tan distraída. - ¿Está todo bien contigo, Ami? Ya casi todas se han marchado, las únicas que quedamos en el salón somos nosotras tres. –

Ami pestañeó un par de veces, perpleja. En seguida, giró su cabeza en varias direcciones, registrando el salón de clases y todos sus rincones.

Y en efecto, solo quedaban ellas tres en el lugar.

- ¡Qué vergüenza! –

Se había sumergido tanto en sus pensamientos que no había notado que la clase ya había acabado. Tanto se había desconcentrado que olvidó preguntar a la maestra Sakurada sobre la duda que le había quedado del texto que revisaron en clases. Tanto se desconcentró, tanto, tanto; que Ami no se reconocía a ella misma.

- ¿Crees que esto tenga que ver con Kino? – Preguntó en voz baja Usagi mientras observaba a la peliazul ordenar sus cosas a velocidad meteórica.

- Tiene que ver con Kino, totalmente. – Susurró en respuesta Minako.

Una vez Ami tuvo todo listo, el trío dejó el salón y continuaron charlando mientras caminaban por el pasillo. Usagi tuvo la oportunidad de preguntar nuevamente por lo que habían visto en la clase de inglés. Ahora con la explicación de Ami, sabía qué debía buscar en la computadora apenas llegara a su hogar. Aunque lo más seguro era que Usagi primeramente leería el nuevo manga que compró y después pensaría en estudiar.

- ¿No quieres almorzar con nosotras Ami? Siempre comemos bajo este árbol enorme que hay cerca de la pista que usan las corredoras del equipo de atletismo. – Minako se deleitaba almorzando y admirando a las bellas atletas. Era como estar en el paraíso. - ¿Qué dices? ¿Vienes con nosotras? –

- ¡Vamos Ami, será divertido! – Animaba Usagi. – Así podemos compartir nuestros almuerzos... –

- No confíes en Usa, ella roba comida. –

- ¡Minako! – Hoy parecía que la otra chica estaba en su contra.

Ami estaba agradecida de la invitación, sin embargo ella no pensaba almorzar aquel día. Realmente no tenía hambre. Además, debía solucionar el asunto pendiente que tenía con Makoto.

- Lo lamento, pero tengo un tema que resolver prontamente, así que debo declinar la invitación. – Se disculpó la joven. – Pero muchas gracias por considerarme en sus planes. De verdad, estoy muy agradecida. –

- Bueno, no hay problema. – Minako comprendía perfectamente. – Solo dile a tu novia basquetbolista que cualquier día de estos te vamos a secuestrar para que almuerces con nosotras. –

- ¿Perdón? ¿Mi novia? –

- ¿Qué tan deliciosa es la comida de Kino? He escuchado que ella es muy buena en la clase de cocina. – Usagi tenía muchos deseos de conocer a la jugadora. Si los rumores sobre sus habilidades gastronómicas son ciertos, entonces sus almuerzos deben ser exquisitos. - ¿Acaso te prepara almuerzos especiales solo para ti? ¿Con corazones y notas llenas de amor? –

¿Aún creían que Makoto y ella están juntas? Cielos, este par sí que es obstinado.

- Creo que ya me debo ir. - Sería una perdida de tiempo tratar de explicar a las dos nuevamente este asunto. La vez pasada estuvo media hora tratando de lograr lo imposible, así que no pensaba esforzarse ahora. Ami hizo una pequeña reverencia y se despidió de las chicas. - ¡Nos vemos! –

La peliazul partió de prisa esquivando otras alumnas mientras se alejaba de la vista y presencia de las dos rubias. Minako y Usagi hicieron señas a su compañera, luego se quedaron viendo la una a la otra y sonrieron.

- ¡No negó nada! – Gritaron al unísono. - ¡Ellas totalmente están saliendo! – El nivel de sincronía entre las dos era tal que repitieron las mismas palabras al mismo tiempo que la otra. - ¡El romance está…! –

- ¡Aino! ¡Tsukino! – Se escuchó desde el fondo del pasillo. Era la presidenta del consejo estudiantil, Rei Hino. Se veía muy molesta, como siempre. - ¡Nuevamente las encuentro gritando en medio de un pasillo! – Ya habían colmado su paciencia. - ¡Hoy no se salvarán del sermón! -

- ¡Corre! - Usagi fue la única en escapar de las dos.

Minako, sonriente y coqueta, se quedó en su sitio esperando a la pelinegra.

- Corre tú, yo me quedo acá charlando con la presidenta. Bye Usa! – Si tenía suerte, hoy quizás conseguía el número de la chica.


Las graderías vacías y silenciosas, un campo de juego casi desierto, balones dispersos por toda la superficie del suelo y la figura de Makoto que sobresalía en aquel abandonado gimnasio.

Era la única que quedaba en el lugar, todo el equipo ya había partido. Después de una dura jornada de entrenamiento, nadie tenía energías para continuar jugando.

Nadie, excepto la castaña.

- Como ya saben, nuestras rivales en la final serán las chicas de Shinbashi. Nos tocará jugar con las actuales campeonas de esta competencia. Esta será nuestra mayor batalla, equipo. – Recordó la joven las palabras de su entrenadora. – ¡Debemos esforzarnos el triple! ¡Vamos a estar en óptima forma para el juego y sorprenderemos a todos con una gran victoria!

Luna no mintió cuando dijo que se esforzarían en triple. Prueba de ello fue la práctica de hoy. Hasta Haruka, quien estaba acostumbrada al ejercicio, había quedado exhausta y apenas podía caminar cuando se marchó.

- Pero yo debo continuar si quiero mejorar. – Makoto tenía una gran meta que alcanzar. Para ella no existían los descansos. - ¡Yo estoy segura de que vamos a ganar esta final! -

Así que no pensaba bajar los brazos, no hasta conseguir todo lo que ella quería.

- Makoto burla la defensa de Shinbashi y avanza velozmente hasta el tablero. ¡Esperen un momento! Se ha detenido y piensa realizar un tiro. - La castaña estaba relatando sus propias acciones. Le parecía divertido, por eso lo hacía. - ¡Lanzó…! –

Pero el balón terminó rebotando en el aro, volando en dirección contraria. Cayó al suelo, dando pequeños botes, pasando de largo por el lado de la jugadora y terminando su trayecto no muy lejos de ella.

- …Pero falló miserablemente. – Terminó por decir algo desanimada. – Así no es como se anotan puntos. –

Pero para eso estaba acá, para seguir practicando. Esos tiros le tenían que salir perfectos.

- Buenas tardes, Mako. –

La chica giró levemente su cabeza y encontró a Ami a unos pasos de donde ella se encontraba. Estaba sosteniendo el balón que no entró en el aro. La joven estiró sus brazos y ofreció el esférico de regreso a la jugadora.

Makoto dudó por una fracción de segundo, pero después avanzó y fue por el balón.

- Buenas tardes, Ami. – Saludó sin hacer ninguna clase de contacto visual. - ¿Qué tal todo? ¿Aprendiste algo nuevo hoy? –

- No mucho, realmente. Solo leímos apuntes de clases pasadas y resolvimos algunos ejercicios en matemáticas. – La peliazul tímidamente respondió. - ¿Qué hay de ti? ¿Nuevamente entrenando sola? –

La castaña asintió sin decir una palabra.

- Ya veo. –

La conversación pronto llegó a punto muerto. Ninguna de las dos tenía idea alguna sobre qué decir ahora, pese a que ambas sabían muy bien que había mucho de qué hablar.

- ¿Qué ocurre contigo, Ami Mizuno? Abre la boca y discúlpate con ella. – Se obligó mentalmente. – Todo el tiempo que estuviste esperando afuera a que terminaran de entrenar lo usaste para pensar en algo ¡No es tan complicado!

La peliazul prestó atención a su amiga cuando la escuchó carraspear.

- Yo creo que te debo una disculpa. – Dijo Makoto con la cabeza agachada. – No te pregunté si estaba bien ir a tu práctica de natación. Seguro te hice sentir mal ayer por aparecer de la nada en el lugar, además de que me puse a gritar como loca y todo eso. – Realmente estaba arrepentida. – Entiendo que quizás quieres un tiempo para ti, sin que yo me entrometa en todo… -

Ami estaba llorando. ¡No, cielos! ¿Qué rayos había hecho ahora?

- ¡No, lo que menos quería era hacerte llorar! – Había estropeado todo nuevamente. No le bastó con molestar a su amiga, ahora la había puesto triste. - ¡Por favor, discúlpame! ¡Yo no quería…! –

- ¡No es eso! – Gritó la peliazul. - ¡La que debe pedir disculpas soy yo! –

Makoto se extrañó por el volumen de voz que usó Ami para responder.

- ¡Ayer me comporté como una tonta! – Continuó la joven. Por más que trató de resistirse las ganas de llorar, igual terminó derramando amargas lágrimas. - ¡Te preocupaste y me llevaste algo para comer, eso fue un gesto tan lindo de tu parte! ¡Pero yo tuve que arruinar todo con mis tonterías! – Se estaba alterando demasiado. Tenía que recuperar la calma, no podía estar gritando a la castaña de esta forma. - ¡Lo siento! Yo realmente… - Uno, dos, tres; tenía que contar para calmarse. – Yo… -

Sintió las fuertes manos de Makoto sostener sus hombros. Ami levantó la vista y se encontró con la tierna mirada de la castaña. Esos ojos tan sinceros que le aseguraban que todo estaría bien.

- Yo soy una gran tonta. –

- No lo eres. – Aseguró la castaña con una pequeña sonrisa. – De hecho, eres de las personas más brillantes que conozco. Tienes una colección de calificaciones perfectas que confirman lo que digo. -

El comentario de su amiga logró sacarle una débil carcajada.

- ¿Y no es tonto que siendo yo tan brillante como tú dices, siempre me sienta insegura sobre algunos asuntos? –

Makoto pensó en responder, pero Ami se lo impidió cuando continuó hablando.

- ¿Por qué ella continúa hablándome? ¿Acaso soy interesante? ¿Por qué quiere ser mi amiga? ¿Qué le puedo ofrecer yo a ella? – Esas fueron las dudas iniciales que tuvo la peliazul cuando conoció a la castaña. – Nunca he sido buena haciendo amigas, tú eres la primera que tengo en años. Eres muy importante para mí por tal razón. –

Ami fue por las manos de Makoto y las sostuvo con cuidado entre las de ella.

- Y créeme, adoro los momentos que comparto contigo, incluso me encantaría que fuera aún más tiempo el que pasamos juntas. Pero sé que eso es imposible, pues tienes otras amistades. – No podía monopolizar el tiempo de Makoto. – Tú tienes muchas amistades maravillosas. Me gustaría, aunque sea por un día, tener tu misma suerte. O ya sabes, ser más como tú. –

- ¿Qué hay de malo con tu forma de ser? Tú eres la chica más agradable, considerada y buena que conozco. ¡Cualquiera que sea tu amiga, será la persona más suertuda del planeta! –

- Pero yo no soy tan buena como crees. Makoto, yo me sentí molesta de tu cercanía con Michiru. Me sentí celosa de tu relación con ella... -

- ¡Yo también he sentido celos de Michiru! – Admitió la jugadora. – Cuando comenzó a salir con Haruka me sentí dejada de lado. Estaba furiosa, pues creía que Haruka me había cambiado por Michiru. ¡No la podía tener cerca, no me caía para nada bien! –

- ¿Hablas en serio? –

- ¡Es la santa verdad! – Makoto estaba siendo totalmente sincera con Ami. Este era, además, un tema que había hablado con muy pocos. Confiaba lo suficiente en Ami como para compartir con ella su secreto. - Pero luego tuve el tiempo para conocerla y aceptar que ella también era importante para Haruka. Que su existencia en la vida de mi mejor amiga no significaba que yo sería olvidada. –

La castaña dio un paso al frente y rodeó a la peliazul con ambos brazos. Ami la recibió felizmente, aún con los ojos húmedos y sonrojada. Pero ahora más tranquila. Se sentía finalmente en paz.

- No deseo que te sientas de esa forma. Quizás no eres mi primera amiga, puede que no seas la última, pero quiero que sepas que para mí eres tan o más importante que los demás. – La llegada de Ami a su vida cambió todo. – Y nada ni nadie podrá cambiar eso, porque yo… - Su corazón quería hacerse escuchar. Makoto se separó un poco y miró a Ami directamente a los ojos. Cielos, se veía tan linda. – Yo te… -

¿Estaba bien decir todo ahora? ¿Era el momento adecuado? ¿En serio estaba pensando en confesar sus sentimientos?

Ami estaba equivocada, ella no era tan segura como aparentaba ser. También tenía muchas dudas y momentos en que se sentía insegura.

- ¿Qué rayos se supone que hacen ustedes dos? ¿Estoy interrumpiendo algo? –

Ambas chicas sintieron que se les congeló la sangre al instante que oyeron una tercera voz unirse a la conversación. Aún abrazada de su la peliazul, Makoto levantó la vista y encontró a Luna observando el íntimo momento entre ambas.

- ¡Entrenadora Luna, no es lo que usted cree! – La jugadora se alejó de la otra joven y levantó las manos. - ¡Le juro que solo estábamos hablando como buenas amigas! – La chica estaba completamente roja de vergüenza.

- ¡Claro! Haré como que te creo, Makoto. –

Ami, por otro lado, no hallaba el valor para voltear y enfrentar a la mujer. Prefería mil veces quedarse quieta y no hacer comentario alguno, pues creía que de ese modo Luna olvidaría su presencia en el lugar y no recibiría alguna clase de regaño de su parte.

- Mizuno, ¿verdad? –

Estaba muerta, sabía su apellido.

- Sí, Ami Mizuno, entrenadora. –

Luna asintió, recordando perfectamente de quien se trataba.

- Entonces, señorita Mizuno, hágame el favor de acompañarme afuera. Makoto debe ordenar todos estos balones y luego ducharse, pues su tiempo extra para entrenar ya se acabó. –

La entrenadora hizo un par de gestos a la peliazul para que la siguiera. Ami se despidió de su amiga y fue luego detrás de la entrenadora. Antes de desaparecer por completo de la vista de Makoto, se volteó e hizo señas a la chica.

- ¡Mañana hablamos, Makoto! Prepárate para una larga charla sobre qué cosas se pueden y no se pueden hacer en un gimnasio. – Fue lo último que escuchó decir a Luna antes de que partiera.

La jugadora quedó allí, nuevamente a solas, pero ahora con el corazón furiosamente agitado. Y parece que estuvo conteniendo la respiración todo el tiempo, pues sintió que le faltaba el aire, así que tuvo que dar hondas inhalaciones. ¡Las piernas le temblaban como si estuvieran hechas de papel!

- Estuve a punto de confesarme. – No lo podía creer. – Yo le iba a contar todo a Ami.

Makoto cayó sentada al suelo. Con una mano en el pecho, trataba por todos los medios de calmar a su alocado y enamorado corazón.


Las bellas atletas abandonaron la línea de partida a toda velocidad. Algunas rezagadas fueron quedando atrás, otras comenzaron a sacar ventaja del resto, dando larga zancadas mientras corrían por la pista.

Minako sostenía entre unos palillos un rollo de huevo. El bocado no pudo llegar a su boca debido a que su total atención fue puesta en la carrera de las atletas que pasaron frente a donde se encontraba almorzando ella.

- ¿Te comerás eso? – Preguntó curiosa Usagi.

- Ah ah... – Fue la distraída respuesta de Minako.

- Tomaré eso como un no. – Era ofensivo tener esperando al pobre rollo de huevo tanto tiempo para ser comido. - ¡Gracias! – Acto seguido, la rubia estiró el cuello y se sirvió el bocado que hasta ese momento su amiga había ignorado.

- ¡Usagi! – Gritó molesta la otra chica. - ¡Ese rollo de huevo era el último que me quedaba! –

Una pequeña disputa comenzó entre ambas estudiantes que empezaron a robarse comida a diestra y siniestra. Los tomates cherry, onigiri, carne rostizada y otras deliciosas preparaciones; volaban de un almuerzo a otro.

- ¿Acaso no saben que está mal robar comida de un almuerzo ajeno? –

Minako y Usagi detuvieron su pelea para observar de pies a cabeza a la recién llegada.

- ¡Ami! – Dijeron las chicas al unísono.

La peliazul saludó de forma cortés a sus compañeras. Pero no solo se trataba de ella, pues acompañando a la joven se encontraba Makoto Kino. La castaña también saludó al par que la quedó observando con gran asombro y curiosidad.

Cuando Makoto vio que pasaron unos segundos y Ami no hablaba a las otras dos, sutilmente le dio un empujón con su hombro, instándola a iniciar la conversación.

- Perdonen que me aparezca de la nada, chicas. Sé que la invitación para almorzar juntas aplicaba solo por ayer, pero yo me preguntaba… -

- ¡Claro que sí, Ami! – Interrumpió Minako, entendiendo claramente a lo que quería llegar la peliazul. - ¡Siéntate con nosotras y almorcemos juntas! –

- ¿En serio? –

Tanto Minako como Usagi asintieron enérgicamente.

- ¡Muchas gracias! –

Ami tomó asiento entre ambas rubias y sacó de una linda bolsa celeste su almuerzo. Dichosa se sentía, pues este almuerzo se lo había preparado Makoto.

- ¿Y tú qué? ¿No piensas sentarte o es una tradición tuya comer de pie? – Fue la pregunta que hizo Minako a la castaña.

- ¿Perdón? –

- ¿No quieres almorzar con nosotras también? – Usagi cruzaba los dedos para que Makoto aceptara. Se moría de ganas de probar la comida de la castaña. – ¡Siempre hay espacio para alguien más! -

La jugadora posó sus ojos en Ami. Su amiga le entregó una pequeña sonrisa y se encogió de hombros.

Makoto no pudo más que aceptar la invitación. Con tranquilidad, tomó asiento junto a Tsukino y buscó su almuerzo. Le fue complicado ignorar los ojos de la rubia, estaban fijos en su comida. Al final, Makoto tuvo que ofrecer gentilmente unos cuantos bocados a Usagi.

- ¡Usagi, terminarás asustando a Ami y a Kino! ¡Son nuestras invitadas, muestra tus modales! – Vino el regaño por parte de Minako.

- No hay problema, Aino. Me gusta compartir mi comida. – Aseguró la castaña. – Tú también puedes sacar un poco si quieres. –

Los celestes ojos de Minako brillaron emocionados.

- Creo que tú y yo seremos muy buenas amigas... - Sin perder más tiempo, la rubia se puso junto a Makoto y buscó lo que deseaba probar de su almuerzo. - ¡Qué agradable eres, Makoto! Sin duda debes ser una excelente novia, Ami se sacó la lotería contigo. -

- ¿Disculpa? ¿Novia? - Un potente tono carmesí se apoderó del rostro de la jugadora. La joven frunció el ceño y comenzó a balbucear palabras aleatorias. Algo en su cabeza hizo corto circuito al parecer. - No... Ami y yo... -

Ami se hizo con un trozo de salmón que se sirvió mientras observaba el intercambio que ocurría entre Makoto y las dos rubias. Realmente no pensaba esforzarse en explicar todo a la castaña. No es que no quisiera hacerlo, Ami primero deseaba terminar su almuerzo. Después había tiempo para hablar con ella.

Aunque la verdad era que se estaba acostumbrando al hecho de ser confundida constantemente por la novia de Makoto.

- La chica que llegue a ser la novia de Makoto realmente será muy afortunada. - Ami esperaba que esa chica supiera cómo apreciar a la castaña. - Hábil, atlética, buena cocinera, leal, comprensiva, sincera y muy lin... -

Ami detuvo sus pensamientos justo allí. Lentamente, y de forma disimulada, miró a Makoto.

- Bueno, no estoy equivocada. Makoto de verdad es muy linda. - Y no había nada de malo en admitir eso.


El fanfic pudo haber terminado hoy con la confesión de Makoto, pero como no ocurrió tal cosa, esto continúa. Broma, esta historia aún necesita más azúcar, flores y colores. Y juegos de baloncesto, no olviden eso.

Gracias por sus lindos reviews y por leer la historia. ¡Suerte!