Capítulo 15: La idea ganadora.
El día había comenzado bastante mal para Makoto: Estaba atrasada para sus clases. Y si tenía que responsabilizar a alguien por su retraso, pues entonces toda la culpa recaía sobre ella.
A Makoto se le ocurrió la brillante idea de desvelarse la noche anterior frente al televisor viendo la final del campeonato femenino de lucha libre que tanto le gusta. ¡Fue fantástico! Vio a su luchadora favorita ganar el cinturón del campeonato.
A la mañana siguiente, por desgracia, Makoto se despertó en el mismo sofá donde estuvo viendo televisión la noche anterior. Se había quedado dormida entre los cómodos cojines, y se olvidó completamente de poner a cargar su teléfono la noche anterior, por eso la alarma no había sonado aquel día a la hora de siempre. El aparato lo encontró apagado en el mueble que chocaba junto al sofá.
Makoto maldijo mentalmente lo descuidada que era algunas veces.
Se tuvo que olvidar del desayuno, no tuvo tiempo para empacar su almuerzo, y cuando pensó en tomar el autobús para llegar más rápido a la preparatoria, cayó en el hecho de que había salido sin dinero de su departamento.
- Cuenta hasta cien, Makoto. – Se repetía constantemente. – Solo es un mal comienzo, el día pronto mejorará. – Tenía que mantenerse positiva. También tenía que correr, pues estaba muy atrasada para sus clases.
Estaba absolutamente prohibido para una jugadora del equipo de baloncesto el llegar tarde a una de sus clases. Aquella que incurriera en esta grave falta, corría peligro de ser castigada. Y si era jugadora titular, hasta podía perder dicha titularidad debido a su irresponsabilidad.
Makoto no podía arriesgarse a perder su puesto dentro del equipo principal, aquel que está a días de disputar la final del campeonato. Sería terrible quedar fuera a estas alturas.
Por eso, sin importar cómo, ella tenía que llegar a su salón de clases antes que la maestra y, obviamente, sin que nadie se diera cuenta. Ambos escenarios la podían meter en aprietos. En ambos casos, Luna terminaría enterándose de su falta y Makoto sufriría un castigo ejemplar.
- ¡No puedo quedar fuera del juego contra Shinbashi! – Su meta era ganar esa gran final junto al equipo. - ¡Debo darme prisa para llegar a mi salón! –
Ya en la preparatoria, el único problema que podía presentarse en estos momentos sería toparse con la presidenta del Consejo Estudiantil. Rei solía pasearse por los pasillos para reprender a las alumnas que llegaban atrasadas a clases. De encontrarse con ella, Makoto firmaba al instante su propia sentencia de muerte.
- Pero eso sería tener muy mala suerte. Es una preparatoria enorme, toparme con Rei es prácticamente imposible… -
La castaña apenas pudo dar tres pasos antes de notar la presencia de la azabache en el siguiente pasillo, justo doblando por una esquina. Se devolvió sobre sus pasos sigilosamente y se recargó contra la muralla, suspirando. Luego, Makoto asomó parte de su cabeza, solo para poder observar a Rei desde su escondite.
- Está regañando a otra chica. – Sentía lástima por la pobre joven. Los sermones de la presidenta eran eternos, seguramente llevaba un par de minutos escuchándola. – Parece estar muy concentrada, quizás no me llegue a notar si paso… -
De pronto, el peso de lo que parecía ser una mano se sintió sobre su hombro.
- Estoy muerta. – Pensó Makoto al instante.
Lentamente volteó a ver que se trataba de Kotono, quien cumplía el rol de secretaria en el Consejo Estudiantil. La chica le estaba observando fijamente, cosa que estaba intimidando a Makoto por alguna razón. Kotono solía ser muy amable, pero Makoto temía que en el fondo fuera igual de estricta que Rei.
Sin embargo, Kotono levantó un dedo y lo puso frente a sus labios. Hizo un sonido con la boca que le aclaró todo a la jugadora: La estaba dejando ir, ella no diría nada sobre este encuentro. Iba a mantener rotundo silencio.
Makoto le mostró su más sincera sonrisa, estaba verdaderamente agradecida. Kotono, por otro lado, simplemente asintió con su cabeza y partió a encontrarse con Rei. El hecho de que se pusiera frente a la azabache, obstruyendo momentáneamente su visión, sirvió para que Makoto pudiera escabullirse por el pasillo en dirección a su salón de clases.
- No todas las heroínas usan capa. - Pensó Makoto al borde de las lágrimas.
Corrió lo más rápido que sus piernas le permitieron. Se imaginó a sí misma disputando el juego de su vida, con el tiempo en contra, arremetiendo en la zona de sus contrincantes para anotar la canasta más impresionante de la historia. Solo así, con esa idea en mente, Makoto pudo redoblar esfuerzos y aceleró todo lo que pudo hasta llegar sin aliento a su clase.
- ¡Hola, Kino! – Vino el saludo de un par de chicas que se hallaban frente a la entrada del salón. Makoto no se demoró nada en devolverles el saludo.
Se sintió extrañada de ver a otro grupo de compañeras conversando tranquilamente junto a la ventana que daba con el pasillo. Lo más raro de todo fue toparse con la clase a solas, sin un maestro o maestra dando órdenes.
- ¿Qué rayos está pasando acá? – Se sentía confundida, pero al mismo tiempo aliviada. Esto era favorable para ella. No había nadie presente que tuviera la autoridad para castigarla por su retraso.
- ¡Te salvaste, Makoto! – Se escuchó la voz de Naru. – Hoy los maestros están en reunión. Nos dejaron leyendo un texto, pero nadie está haciendo eso como puedes apreciar. –
- Tomoko sí está leyendo. – Makoto apuntó a la otra chica, quien levantó la vista y saludó a su amiga, solo para luego volver a la lectura. La castaña aprovechó para tomar asiento en su puesto y arreglar en algo el desorden que era su cabello. No tuvo mucho tiempo para peinarse en la mañana. - ¿Y por qué la reunión? ¿Acaso planean acabar con Matemáticas? Eso me alegraría el día. –
- Nada de eso. – Dijo Naru a su compañera. – Es por lo del festival deportivo. ¿Acaso te olvidaste? Comienza la próxima semana. –
Makoto sintió que algo se iluminó en su memoria.
- ¡El festival deportivo! – No podía creer que se había olvidado de un evento tan importante. - ¡Amaba los festivales de mi antigua secundaria! Solía anotarme en varias competencias, pues me divertía mucho derrotar a los chicos. – Luego todos se enojaban con ella, pero a Makoto poco le importaba eso. Derrotar a los hombres le traía mucha satisfacción. - ¡Apuesto que el festival deportivo acá en Azabu debe ser mil veces más entretenido! –
- Lo mejor de todo es que no tendremos deberes ni exámenes en esos días. – Para Naru eso era lo que más importaba. - ¡Por eso amo los festivales deportivos! –
A Makoto le había quedado muy claro el hecho de que debía estar leyendo el texto que dejó la maestra, pero la castaña no encontró nada mejor que ponerse a dibujar garabatos en uno de sus cuadernos. Todo el interés por cumplir sus deberes como alumna fue olvidado, y en reemplazo, ideas sobre el festival deportivo invadían su cabeza.
- Me pregunto si Ami estará pensando en competir en algo. – Sería una agradable sorpresa toparse con la peliazul en una de las pruebas. ¡O mejor aún! Que ambas quedaran en el mismo equipo.
En uno de los márgenes de la hoja que estaba utilizando, Makoto vino y dibujó una pequeña Ami a la cual le pintó su cabello y ojos con azul. Orgullosa de esta creación que obviamente había sido influenciada por sus pensamientos, volvió a usar el lápiz y esta vez dibujó un pequeño corazón junto a ella. Risueña, Makoto cerró el cuaderno de golpe y se plantó a reír.
De pronto las alumnas se movieron del lado de la ventana e hicieron ingreso desde el corredor apresuradas para volver a sus asientos.
Justo en ese momento ingresó al salón, marchando segura, la maestra Ginga. Bajo su brazo traía un portafolio repleto de exámenes que debía corregir, documentos importantes e información que tenía que entregar a las alumnas. Como era de costumbre, su rostro no lucía para nada amigable.
Al verla en el salón, Makoto torpemente buscó en su maletín un libro y se puso a leer la primera página que apareció cuando lo abrió.
- ¡Ya pueden dejar de aparentar que están leyendo, chicas! – Mai conocía muy bien a su clase. Era obvio que no le iban a hacer caso y que ignorarían por completo su orden. - Ahora quiero que todas estén en orden y me pongan atención. Tengo noticias que de seguro les interesan. –
La mujer escribió en el pizarrón un par de cosas que le servirían para hacer memoria mientras hablaba a la clase. La emoción en el rostro de las jóvenes era evidente al leer cada uno de los temas que abordaría la maestra Ginga.
- Como pueden ver acá, - Mai apuntó la pizarra. – nuestro festival deportivo está muy cerca. De hecho, es la próxima semana. –
Los murmullos comenzaron a escucharse y esparcirse por todo el salón. El tema del festival emocionaba a todo el mundo. No obstante, Mai pidió silencio, pues le resultaba imposible hablar por sobre todas las voces de sus alumnas.
- Ahora que puedo continuar, dejen que les explique todo esto sobre el festival. – La pelirroja tomó asiento en el borde de su escritorio, cruzando brazos y piernas. – Dos días de competencias y actividades para ustedes. Eso es el festival deportivo. Ustedes disfrutan y se olvidan de las duras responsabilidades de ser estudiante por dos días. – Aunque como maestra, ella también planeaba divertirse. Algo tenía que rescatar de todo esto. – Nos toca formar parte del equipo blanco. Compartimos con seis clases más, así que somos bastantes. Traten de inscribirse en las competencias, será divertido. –
Eso no se lo tenía que recordar, Makoto planeaba inscribirse en cada una de ellas.
- Como son de primer año, tendrán que realizar una exposición en el salón el primer día del festival. El tema es libre, así que nos pondremos creativas y realizaremos una actividad para elegir el tema de la exposición. –
La maestra se bajó de su escritorio y buscó en él una pila de papeles que había preparado con anterioridad para este momento. Cada estudiante recibió en su pupitre un papel en blanco, allí tendría que escribir o explicar en pocas palabras su idea para la exposición del salón.
- Tienen cinco minutos para escribir sus ideas. Cuando hayan terminado, pasen a mi escritorio y dejen sus papeles acá. – Dicho esto, Mai se volteó a limpiar la pizarra. Su plan era anotar las ideas de las chicas en ella y luego realizar una votación.
Makoto observaba detenidamente el pedazo de papel que le habían entregado. Su cabeza en estos momentos estaba igual que la hoja: Vacía. No había ideas, absolutamente ninguna ocurrencia que pudiera escribir. Era como sufrir una especie de sequía de creatividad.
- ¿Una exposición sobre baloncesto? – Esto fue lo primero que se le vino en mente. Para la castaña parecía una grandiosa idea, pero estaba segura que sus compañeras de salón no pensarían lo mismo. No a todo el mundo le gustan los deportes. - ¿Un maid cafe? – La joven se puso roja y negó con la cabeza. – No, eso está muy trillado. –
¿Entonces ahora qué? Quería aportar con una idea original que fuera del gusto de todas, pero nada genial se le ocurría.
- Quizás debería dejar la hoja en blanco. - Pensaba Makoto mientras sostenía su cabeza con una de sus manos. Distraída miraba el bolso de otra chica, más específicamente, el tierno llavero de oso que colgaba en él. Le recordó al lindo oso de peluche que Makoto conserva desde su infancia. – Espera un momento… -
La castaña se hizo con un lápiz y comenzó a escribir furiosamente en la hoja. La idea vino a ella como un rayo, con destellos incluidos. Estaba segura que esta sería la idea ganadora.
Una a una, las alumnas fueron dejando sus papeles sobre el escritorio de la maestra. Ella leyó, clasificó y contó cada idea que sus alumnas le entregaron. Después dispuso cada una de esas ideas, sin repetir, en el pizarrón. Ahora venía la hora de la verdad, pues tendrían que decidir entre todas cuál sería la temática de su exposición.
- Mira, alguien quiere realizar una exposición de peluches… -
- ¿No estamos muy grandes para los peluches? –
- ¿Peluches? ¿En serio? –
Makoto trató de hacer oídos sordos a los susurros de algunas de sus compañeras, pero era imposible no poner atención a sus palabras, más aún cuando la idea de los peluches había sido suya.
- ¡Qué tontería! – La joven se sintió muy apenada. - ¡Todo el mundo se reirá de mí si se enteran que fue mi idea! – La castaña buscó el libro de antes para esconder su rostro detrás de este. Estaba completamente roja, ¡tenía que esconderse de todas! - ¡Que todo esto se acabe pronto para irme a casa! -
- Iré preguntando una por una, así que manténganse en silencio. – Habló Mai a la clase. – Bien, comencemos con esto… -
Makoto estaba pensando en cambiarse el nombre e irse a vivir a Groenlandia. Iba a trabajar cuidando animales y enviaría cartas de amor a Ami todos los días. Esa sería su nueva vida.
- Me gustó mucho la idea de los peluches. –
¿Peluches? ¿A alguien le gustó su idea?
La castaña bajó el libro y quedó mirando extrañada a la chica que acababa de votar por su ridícula ocurrencia.
- Tu turno, Mitsuri. – La votación recién iniciaba, así que la maestra continuó.
- ¡Peluches, muchos peluches! – La chica parecía muy emocionada. - ¡Llenemos el salón de peluches! –
Otro voto para la idea de Makoto.
- ¿Por qué? ¿No es acaso una tonta ocurrencia? – La jugadora no lo comprendía.
- ¡Voto por la idea de los peluches! –
- Maid cafe, eso es sencillo de hacer. –
- Yo quiero una exposición de peluches, suena muy tierno. –
- Eso de la exposición histórica suena genial. –
Cinco, seis, siete votos; poco a poco la idea de Makoto tomaba la delantera y se posicionaba como una de las favoritas.
- Te toca, Kino. –
La maestra aguardó paciente a que la castaña eligiera una de las opciones. Eran variadas, cada una diferente a la otra, podía optar por cualquiera realmente.
- ¡Yo quiero la idea de los peluches! – Pero ya había cambiado de parecer, no dejaría que los comentarios de unas pocas la hicieran sentir mal. ¡Esta era su grandiosa idea y la pensaba defender con orgullo!
Diez, once, doce y trece; el apoyo general de la clase terminó inclinando la balanza en favor de la exposición de peluches. Cuando terminó la votación, Makoto celebró en silencio, feliz de ver que su idea había triunfado. La maestra Mai anotó unas cosas en una libreta suya y después se dirigió a su clase.
- Ustedes no paran de sorprenderme. – La mujer se puso a reír. – Será una exposición de peluches entonces. -
- ¿Y en qué equipo quedaste, Koto? – Haruka y Makoto se encaminaban juntas en dirección al gimnasio.
La castaña había compartido su almuerzo en compañía de Minako y Usagi a la hora del almuerzo y se divirtió muchísimo conversando con ellas. Lamentablemente Ami no pudo estar presente debido a que tenía responsabilidades que cumplir con su equipo de natación. De todas formas, ambas quedaron de caminar juntas de regreso a sus hogares una vez terminadas las clases.
- Quedé en el equipo blanco. – Respondió la chica. - ¿Qué hay de ti? -
- Pues creo que seremos rivales, mi clase quedó en el equipo rojo. – La vida las hizo amigas, el destino las enfrentaba como enemigas en las competencias del festival deportivo. – Así que ya sabes… ¡Te haré puré, Koto! – Y sin previo aviso, Haruka vino y desordenó el cabello de la otra joven, para después escapar corriendo.
- ¡Ven acá, cobarde! – Makoto fue detrás de ella en busca de una riña seria. Nadie se podía meter con su cabello y salir impune. - ¡Yo te haré puré a ti! –
Llegaron al gimnasio entre juegos y persecuciones. Luna, que se encontraba ya en el lugar, las mandó a cambiarse de ropa inmediatamente. Tenía muchas cosas que discutir con el equipo, así que pidió que fueran rápidas y que estuvieran lo más pronto posible formadas frente a ella.
- Como bien saben, nuestro próximo juego será contra Shinbashi, campeonas actuales de este campeonato. Es la final, la última batalla que debemos sortear para ser nosotras las campeonas. – Como de costumbre, Luna se paseaba de un lado a otro mientras discutía los temas del día con sus chicas. – Supongo que también deben estar al tanto del festival deportivo… -
Ante aquellas palabras, todo el grupo se puso alegremente a comentar sobre el asunto, interrumpiendo a la entrenadora. Era irresistible hablar sobre el festival deportivo.
- Sí, veo que ya saben de eso. – Luna esperó a que las jóvenes callaran para volver a hablar. – Debido a que estamos en medio de preparativos, no tendremos mucho tiempo para entrenar esta semana. De hecho, el próximo lunes y martes tenemos cancelados ambos entrenamientos. –
Mas era obvio que Luna no planeaba perder este valioso tiempo. Ella se había adelantado a todos estos contratiempos y tenía un plan de entrenamiento especial preparado.
- El resto de la semana vamos a realizar ejercicios intensos para ganar resistencia. – Comentó la entrenadora a sus jugadoras. – La sorpresa es que este sábado y domingo llevaremos a cabo las prácticas de lunes y martes, donde trabajaremos estrategias para enfrentar a Shinbashi. –
El asombro fue general en el grupo de jugadoras. ¡Esta era la primera vez que entrenarían un fin de semana! Sin duda se trataba de una sorpresa que fue bien recibida por el equipo. Por sobre todo Makoto. Ella parecía ser la más emocionada por las noticias.
- ¡Bien, mucha plática y muy poca acción! ¡Vayan a trotar de inmediato! - Fueron las órdenes de Luna. - ¡Hoy quiero que den diez vueltas más que de costumbre! –
- ¡Si, entrenadora! – Fue la respuesta de todo el equipo.
Eran pasadas las cinco de la tarde cuando Ami y Makoto se volvieron a ver luego de un largo día de clases.
La peliazul estuvo aguardando por su amiga sentada en una banca que se hallaba cerca a la entrada de la preparatoria. Makoto la encontró leyendo muy concentrada un libro que seguramente había pedido prestado de la biblioteca, el mismo que guardó en su maletín cuando divisó a su amiga.
Minutos después, ambas caminaban juntas por una larga avenida que era protegida por las sombras de los edificios y por donde muy poca gente transitaba a esa hora.
- Veo que hoy tuviste la oportunidad de nadar junto a tus superiores nuevamente. – Comentó Makoto al notar que la otra chica traía el cabello húmedo. - ¿Te divertiste mucho? –
La peliazul asintió en silencio. Makoto no pudo pasar por alto la pequeña sonrisa que Ami traía, esas que la jugadora adoraba admirar.
- Me alegra saber que estás compartiendo con ellas. –
- De todas formas, este será el último entrenamiento de la semana. – Dijo la peliazul. – Hasta el miércoles de la próxima, donde se vuelven a retomar las prácticas una vez terminado el festival deportivo. Pero dudo que pueda nadar esos días. – Los entrenamientos se volvían más serios debido a que las competencias estaban a la vuelta de la esquina. – A todo esto, ¿en qué equipo quedaste, Mako? –
- ¡Soy del equipo blanco! –
En el rostro de Ami se formó una mueca de tristeza.
- ¿O sea que seremos rivales? –
Todas las esperanzas que Makoto tenía de compartir equipo con Ami fueron sepultadas en ese preciso momento. Era duro de aceptar, pero la clase de su amiga pertenecía al equipo rojo. En algún momento del festival deportivo tendrán que competir entre ellas.
- ¡Qué mal! Yo quería que estuviéramos juntas. –
- Bueno, supongo que no podrá ser así este año. Quizás el próximo. – Ese era el único consuelo que la peliazul le podía entregar a su amiga. – Aunque la verdad es que yo no suelo participar en las competencias. Prefiero observar y animar a los demás. – El único ejercicio de alto rendimiento que Ami realizaba era el nado. El resto del tiempo evitaba el esfuerzo físico. – Así que ten por seguro que yo estaré apoyándote cuando estés compitiendo. –
- ¿A pesar de que seamos de diferentes equipos? –
- ¡Pues claro! Rojo o blanco, eso da igual. – Ami sonrió a la otra chica. – Para mí es mucho más importante darte ánimos para que ganes todas las competencias. –
Luego de esas palabras, Makoto se sintió como si estuviera flotando en las nubes, tan liviana como una pluma. También se sintió inmensamente contenta. La enorme sonrisa en su rostro era clara señal de que las lindas palabras de Ami tuvieron un efecto positivo en ella.
- Eres tan dulce, Ami. – La castaña se acercó hasta el lado de su amiga y se hizo con el maletín de ella. Después, como si nada, tomó una de las manos de la peliazul. Hoy estaba siendo bastante osada. - ¿Qué te parece si vamos a comer un helado? –
Ami fue tomada por sorpresa tanto por la acción de Makoto como por su súbita invitación, pero pronto se encontró a sí misma aceptando el helado y aferrando la mano de la otra joven con seguridad.
- Suena bien para mí. – Contestó la peliazul.
- ¡Entonces vamos por esos helados! – Exclamó contentísima la jugadora.
El día sin duda había comenzado muy mal para Makoto, pero en el transcurso de la mañana las cosas fueron mejorando de a poco. Y ahora que estaba en compañía de Ami, todo le parecía perfecto a la jugadora.
- Ya decía yo que este día iba a mejorar. - Los helados serían el broche de oro para acabar con esta maravillosa jornada.
Esta vez no voy a prometer nada y simplemente dejaré este nuevo capítulo. Aquí tienen, espero lo disfruten. :)
Muchas gracias por sus asombrosos reviews. ¡Suerte!
