Capítulo 16: Osokoto.

Hoy era viernes, el último día que se asistía a clases. A esta altura de la semana la gran mayoría de las estudiantes están agotadas y lo único que desean es que las clases terminen pronto. Ansían disfrutar el fin de semana y descansar, aunque sea un poco.

Makoto es la excepción.

La maestra Ginga dispuso a sus alumnas en un semicírculo para comenzar con una ronda de sugerencias sobre lo que podrían hacer para la exposición del próximo lunes. La castaña era sin duda la con mayor motivación, aportando ideas para la decoración y también con llamativas actividades que las visitantes de su salón podían realizar.

Si ayer Makoto sufría una sequía de ideas, hoy estaba experimentando una verdadera explosión de creatividad.

- Entonces vamos a tener una sección donde enseñarán a reparar peluches, otra con libros para confeccionar uno, venta de peluches hechos por ustedes y un lugar donde pondrán aperitivos para las visitas. – Era lo que Mai había apuntado hasta el momento. - ¿Algo más que se les ocurra? – Preguntó la mujer.

Una de las chicas levantó su mano.

- ¿Qué tal si alguien se disfraza como un peluche gigante? Eso sería muy divertido, ¿no creen? – Propuso la joven que tomó la palabra. – Podría ser un disfraz de oso o algo por el estilo. –

Makoto alzó la mano esta vez, sacudiéndola de un lado a otro para llamar la atención de la maestra. Mai intuía qué deseaba comunicarle la castaña.

- No me digas nada, deja que adivine yo. – La mujer cerró los ojos y frunció las cejas, emitiendo unos ruidos raros para concentrarse. - Quieres ser la que use el traje, ¿verdad? –

- ¡Me leyó la mente, maestra Ginga! –

La jugadora ya podía verse a sí misma vestida de oso. Un oso tierno y enorme, dispuesto a servir de ayuda en la exposición de su clase.

- ¿No tienes ya suficientes responsabilidades que cumplir, Makoto? – Le preguntó una de sus compañeras. – También tienes que confeccionar un peluche para la exposición y te comprometiste con el lienzo de la entrada. –

- No se preocupen, tendré todo bajo control. – Aseguró a toda su clase. De hecho, ya sabía dónde podía conseguir el disfraz para aquel día. – ¡Prometo ser el mejor oso de peluche tamaño real que hayan visto en sus vidas! –

Mai se estaba divirtiendo mucho hoy con las ocurrencias de las chicas.

- Me gusta tu actitud, Kino. – Dijo la maestra. – Está bien, tú usarás el traje el próximo lunes. Lo anotaré en la lista. –

¡Excelente! Todas sus sugerencias fueron escuchadas, sus pedidos concedidos y se aseguró de anotarse en un montón de competencias. Makoto ansiaba que el lunes llegara pronto, pues estaba segura de que este festival deportivo sería asombroso.

- ¡Debo apresurarme! – Se decía a sí misma la jugadora. - ¡Tengo que conseguir ese disfraz de oso antes de ir a entrenar! –

Las clases acabaron en un abrir y cerrar de ojos. La verdad es que no estuvo muy concentrada y quizás ya había olvidado la mitad de las cosas que le enseñaron, pero Makoto no se desanimaba. La verdad es que estaba eufórica. Corría esquivando a otras jóvenes que caminaban por los pasillos, se aventuraba en busca del salón de teatro, pues allí estaba segura que encontraría el traje que necesitaba.

- ¿Saben dónde está Natsumi Ginga? Quiero conversar con ella sobre un asunto importante. – Makoto comenzó a preguntar, una por una, a las chicas presentes a esa hora en el salón. El sitio era inmenso, precioso también. Era el lugar que utilizaba el club de teatro para ensayar y llevar a cabo sus obras. - ¡Es de suma urgencia que hable con Natsumi! –

Entonces alguien habló desde las alturas respondiendo a la prisa que traía la jugadora.

- ¿Por qué estás tan desesperada buscándome, Kino? ¿Acaso el mundo se va a acabar? -

Makoto elevó la vista y encontró a quien con urgencia requería hallar subida en una escalera, metros sobre suelo, acomodando escenografía que se utilizaría en la próxima obra del club.

- ¡Natsumi, me alegra verte! –

- A mí no me alegra para nada ver tu cara. – Respondió descortés la otra joven. - ¿No te tenía prohibido venir al salón de teatro? –

La castaña trató de hacer memoria y recordar cuándo la habían vetado, pero sinceramente no recordaba aquel suceso.

- ¿Sabes? Necesito tu ayuda, Natsumi. – Volvió a hablar Makoto. - ¿Podrías bajar para conversar? –

- No. – Y la chica volvió a lo suyo. Además, se puso a silbar mientras trabajaba, solo para ignorar y atormentar a la jugadora.

Pero al ver que Makoto no se movió de su lugar, que se mantuvo firme e inmutable observando cada uno de sus movimientos, Natsumi se sintió nerviosa y tuvo que detener todo lo que estaba haciendo.

Cómo odiaba tener que lidiar con la castaña.

- ¿Qué quieres? – Preguntó una vez que bajó de la escalera y estuvo frente a la otra joven.

Makoto agradeció su disposición para conversar.

- Me comprometí a ser un peluche gigante. –

- Solo tú sales con cosas tan raras, Makoto. – Natsumi rodó los ojos, ya sintiéndose exasperada. – Explícate, ¿sí? –

- Resulta que necesito un traje de oso para disfrazarme el próximo lunes. Es para la exposición de mi salón, ¿sabes? Haremos una exposición de peluches y yo seré uno de tamaño real. –

La pelirroja se imaginó a Makoto disfrazada de oso y no pudo evitar sonrojarse. Se le hizo tan tierno que no pudo resistirlo.

- Tú eres la mandamás del club de teatro, ¡tú sabes de disfraces! - ¿Quién mejor que Natsumi para ayudarla? Era obvio que ella tendría algún traje guardado por allí que le podía servir. – Por eso vengo humildemente a ver si puedes prestarme… -

- No. –

¿Por qué era tan complicado tratar con Natsumi? Makoto estaba más que segura que se hacía la complicada por simple capricho.

O quizás aún la odiaba por…

- No creas que he olvidado lo que le hiciste a mi hermano. –

Era tan incómodo hablar de esto, pero al parecer Natsumi aún no lograba olvidar las cosas del pasado.

- Tú le rompiste su corazón. –

- Él me lo rompió a mí cuando comenzó a comportarse como un patán. – Makoto agachó la mirada, recordando sucesos que no eran agradables para ella. – Si nuestra relación terminó fue por algo. –

Seijuro Ginga, hermano de Natsumi, fue novio de Makoto por un tiempo. Pero eso era algo que muy pocos sabían. De hecho, solo Natsumi se enteró de esta relación. Una que nunca logró aceptar.

- ¿Sabes? No quiero hablar de esto ahora. Yo no debo darte explicaciones por las decisiones que tomé. – Todo apuntaba a que su plan inicial para conseguir un traje de oso se cancelaba. Se marcharía con las manos vacías. Lo mejor sería comenzar a pensar en otra idea. – Lamento haber venido a molestarte. Ten un buen día, Natsumi. –

Makoto no tenía ánimos de discutir, ella había venido en paz. Irse era lo mejor que podía hacer. Quizás desde un principio esta idea había sido una total locura.

- ¡Espera, Makoto…! –

Natsumi la estaba llamando.

La castaña volteó, sin muchas esperanzas de que algo bueno fuera a ocurrir, pero fue gratamente sorprendida cuando halló a Natsumi apuntando hacia unos baúles escondidos entre la escenografía que aún debía ser acomodada.

- Allí hay muchos trajes. – Le era complicado, pero sería justa con la otra chica. No podía estar molesta con ella por toda la eternidad. Al fin y al cabo, hasta ella reconocía que su hermano era un patán algunas veces. – Busca lo que quieres y luego te marchas. Tenemos un ensayo dentro de media hora. –

Makoto no podía creer lo que estaba ocurriendo.

¿Natsumi estaba siendo buena con ella? Esto era un claro avance. Quizás no estaba tan estancada en el pasado después de todo.

- ¡Muchas gracias! – Makoto trató de abrazar a Natsumi, pero esta se escapó subiéndose a la escalera que antes estuvo ocupando. La castaña al final se abrazó a sí misma. – Sabía que no podías ser tan mala. –

- ¿O sí? Créeme, soy una villana. Tú simplemente no me conoces bien. –

Makoto se puso a reír, luego fue a sumergirse en una búsqueda sin precedentes. ¡Los baúles del club de teatro estaban repletos de los más diversos disfraces que alguien podía imaginarse! Fue pura coincidencia el hecho de que pudiera encontrar justamente lo que ella quería.

- ¡Es perfecto! – Un traje de oso con ojos redondos y brillantes, panza suave, cinta rosada en el cuello y nariz con forma de corazón. – ¡Es la cosa más linda que puede existir en el mundo! –

El único detalle es que el disfraz parecía ser un poco corto de piernas y brazos.

- ¡Natsumi! – Llamó Makoto. - ¿Le puedo hacer unas cuantas modificaciones a esto? Juro que no lo arruinaré. –

- Simplemente vete ya. – Eso era un sí, pero dicho de una forma más tosca y aparentemente desinteresada. - ¡Pero antes que te vayas, debes prometerme algo! –

La castaña se detuvo en la puerta del salón, justo cuando ya se iba marchando feliz de la vida con su disfraz de oso.

- ¿Qué sería eso que debo prometer? – Preguntó curiosa.

- Debes traer a mucha gente a ver nuestra obra, ¿entiendes? – Era el precio por llevarse el disfraz.

Makoto levantó su pulgar.

- ¡Traeré a toda mi clase! – Era una promesa. - ¡Ten un bonito día, Natsumi! –

Natsumi la vio marcharse y suspiró. Retomó sus tareas, pero mostrando un tipo de seriedad diferente a la que ella está acostumbrada a lucir mientras trabaja. Más bien, parecía pensativa.

- Creo que me iré a dar una vuelta a la exposición de peluches. – Antes de la obra tenía algo de tiempo. Pero iría sola, además de que no le comentaría a nadie sobre esto. – Pero solo para asegurarme que Makoto no dañe el traje.

Natsumi juraba solemnemente que no existían segundas o terceras intenciones escondidas detrás de esta decisión.


El entrenamiento acabó más tarde de lo habitual, pero Makoto no se quejaba. Era duro, agotador, mas era necesario si querían estar a la par con Shinbashi. Si deseaban tener una opción, este era el camino que debían seguir.

- Aún quedan las prácticas de mañana y el domingo. Seguro la entrenadora nos exprimirá las últimas gotas de energía que nos quedan. – Todo sea por salir campeonas. El sacrificio de hoy sería el triunfo del mañana. – Tengo hambre, no he comido nada desde el desayuno… -

Cuando estás tan ocupada y con tantas ideas en la cabeza, algunas veces olvidas que debes almorzar. Algo así le ocurrió a Makoto hoy, que por andar corriendo de un lado a otro, olvidó comer su almuerzo.

De todas formas, ella no fue la única que aquel día olvidó almorzar.

A una corta distancia de ella divisó a cierta peliazul que venía caminando cabizbaja. Parecía como que le habían drenado toda la energía del cuerpo. Venía cargando su maletín y un bolso deportivo pequeño. Lo más seguro es que el equipo de natación acababa de terminar los entrenamientos.

Cuando Ami levantó la cabeza, se encontró de frente con Makoto. Una vez allí, una débil sonrisa apareció adornando su rostro. La jugadora imitó su gesto.

- ¿Quieres almorzar conmigo? – Lo divertido fue que ambas hicieron aquella pregunta al mismo tiempo.

Al rato, Makoto y Ami se hallaban almorzando en la enfermería, sentadas junto a un enorme ventanal que dejaba entrar luz natural a la habitación. La castaña había traído aquel día para compartir unas deliciosas porciones de kuchen, también recordó traer para la enfermera Meio, solo que ella no estaba presente en aquel momento para recibirlo. Pero pensaba guardárselo, seguro después se lo agradecería.

- Hoy tuve un día de locos. – Comentó la castaña mientras escogía qué iba a comer primero. – Apuesto que tú también tuviste un día atareado. –

- Sí, bastante atareado. – Asintió la otra joven. - Pero ahora finalmente tengo algo de tiempo para descansar y comer algo. – Lo mejor de todo es que podía compartir estos momentos de paz con su amiga.

Para salir de la rutina de comer siempre lo mismo, Makoto y Ami solían intercambiar algo de sus almuerzos. La peliazul tenía la costumbre de elegir siempre dos onigiri, dando a cambio un emparedado. Makoto había notado la preferencia de su amiga, así que trataba de innovar con los onigiri y, por ejemplo, los preparaba con algún relleno especial.

- El relleno de ciruela le da un toque ácido exquisito. – Como siempre, Ami acertaba con exactitud el sabor de la pasta que llevaba el onigiri. – Muchas gracias, Mako. –

- ¡No hay problema! – La castaña era inmensamente feliz cuando cocinaba algo para la peliazul. – Y déjame decirte que tu emparedado está sublime. Si tuviera que comer una sola cosa por el resto de mi vida, escogería tus emparedados sin dudar. –

Ami se sintió halagada, pues Makoto había elogiado la comida que ella había preparado con sus propias manos. De hecho, la hacía sentir ciertamente orgullosa. Quizás eran simples emparedados, pero Ami siempre trataba de esforzarse a la hora de prepararlos.

- A todo esto, ¿por qué traes un traje peludo en esa bolsa, Mako? –

Al final la curiosidad terminó por ganar la batalla y la peliazul se animó a hacer aquella pregunta que hace un buen rato rondaba por su cabeza.

- Es un disfraz de oso. – Reveló la chica a su amiga. – Es para la exposición de mi salón. –

- Recuerdo que me contaste que sería una exposición de peluches. – Algo que Ami encontró sumamente tierno e ingenioso. Makoto se había lucido con la idea. - ¿Acaso te piensas disfrazar de oso aquel día? –

- ¡Esa es la idea! ¡Me convertiré en un peluche de tamaño real! –

La otra joven visualizó a Makoto usando el traje y, en efecto, le pareció una grandiosa idea. De seguro muchas chicas pedirían una foto o un abrazo con la jugadora aquel día.

- La exposición de tu salón suena tan interesante y divertida. – Comentó Ami después de terminar su almuerzo. – La única idea que yo aporté para la exposición de mi clase fue la de hacer galletas temáticas. –

- ¿Acaso no era una exposición sobre el espacio? –

- Sí, por eso pensé que las galletas serían más interesantes si tenían forma de estrellas, planetas o cometas. Pero después de proponer la idea y comprometerme a que las traería el próximo lunes, recuerdo que en realidad no soy muy buena… -

- ¡Yo te ayudaré a preparar las galletas! –

Makoto tenía que trabajar duro para suprimir su mala costumbre de interrumpir a la gente. Ami aún no había terminado de explicar su predicamento y ella ya se había lanzado a gritar tonterías.

Bueno, pero esta vez no era realmente una tontería. De hecho, ofrecer su ayuda a la peliazul estaba muy bien. Si ella sabía hacer galletas, tenía que compartir su conocimiento.

- ¿Quieres ayudarme a preparar las galletas? – Ami lo meditó por un momento.

Tenía la opción de sufrir un día completo pensando en cómo preparar unas galletas, fallar en el intento y resignarse a comprar dichas galletas en una tienda al día siguiente o podía aceptar la ayuda de su amiga, pasar un tiempo de calidad con ella y preparar dichas galletas, pero estas vendrían con el toque mágico que Makoto agrega a todas sus preparaciones.

¿En serio era necesario demorarse tanto tomando una decisión? Obviamente iba a ir por la segunda opción. Era la que más le gustaba después de todo.

- Está bien, Mako. – Sí, pasar toda una tarde junto a la castaña, preparando galletas, sería muy divertido. – Acepto tu ayuda. –

Una brillante sonrisa se dibujó en los labios de la jugadora.

- ¡Genial! – Celebró con gran entusiasmo Makoto.

Una vez acabaron con sus postres, ambas chicas se pusieron de acuerdo sobre el día y hora a la que se reunirían en el hogar de Ami. Al final, acordaron que se juntarían el domingo, luego del entrenamiento de la jugadora.

- Deja que te escriba una lista de los ingredientes que debes comprar. – Makoto no se demoró nada en ir por una libreta y un lápiz. – Las vamos a decorar con glaseados de diferentes colores, así se verán preciosas. Para eso necesitamos… -

Ami la observaba detenidamente y de vez en cuando asentía a lo que ella decía.

- Qué afortunada soy de tener a Mako en mi vida. – Su simple presencia la hacía sentir especial. Era agradable, era cálido como el sol, era nuevo y extraño. – Bueno, es mi primera amiga en años. Es normal sentirme de esta forma. – Eso era lo que ella suponía.

Sin embargo, Ami ignoraba el verdadero origen de sus sentimientos por Makoto. Ignoraba que en los más profundo de su ser florecía el más puro e inocente amor de todos: El primer amor.


Juraba que este capítulo quedaría muy extenso y resulta que quedó algo escaso de palabras. Quizás me olvidé de alguna idea. Oh bueno, el próximo capítulo compensará todo lo que a este le pudo faltar. ;D

Gracias por sus increíbles reviews. ¡Suerte!