Capítulo 18: El festival deportivo de Azabu. (Parte 1)
El salón de la clase 1-D se encontraba completamente en penumbras. Cortinas oscuras impedían que la luz ingresara por las ventanas y la puerta se encontraba cerrada de manera tal que no pudiese filtrarse ni el más fino rayo de sol. En el centro del aula, sin embargo, una máquina proyectaba en el techo las más asombrosas imágenes de constelaciones existentes en nuestro basto universo. Se trataba de una de las actividades principales del salón para este festival deportivo: Una charla sobre el espacio.
- Existen más estrellas en el espacio que humanos en la Tierra. Allá afuera, dispuestas en las más intrigantes constelaciones, esperan a que alguien las descubra. – La encargada de realizar la charla a las visitantes era Ami. Con su basto conocimiento, era la persona adecuada para esta tarea. - ¿Y quién sabe? Quizás allá afuera hay una estrella esperando a que tú la descubras. –
Las proyecciones cesaron y la luz volvió al salón. Los aplausos fueron espontáneos una vez terminada la charla de la peliazul, quien tímidamente recibía las felicitaciones de otras estudiantes. Todo el mundo parecía haber disfrutado de su trabajo, algo que la hacía sentir muy feliz.
- ¡Eso estuvo fenomenal! – Seiya se separó del grupo de chicas con la intención de saludar a la joven. – Eres muy buena en esto, Ami. –
- Muchas gracias. –
- Excelente presentación. – Taiki apareció rápidamente al lado de la peliazul para aplaudir su desempeño en esta charla. – Es agradable escuchar tan informativo discurso en una instancia como esta. Los festivales deportivos no suelen ser tan educativos, pero tú supiste entregar aquello de una forma didáctica e interesante. Mis respetos, Ami. –
- No fue nada de otro mundo. – Comentó la chica apenada. Era extraño, ella no estaba acostumbrada a tanta atención, felicitaciones y halagos. – Debo admitir que me he divertido bastante llevando a cabo esta tarea que me encomendaron, pero no puedo evitar sentirme nerviosa a veces, justo antes de comenzar una charla. – Pero con unos sencillos ejercicios de respiración, aquel nerviosismo se iba rápidamente. – Esta ya es la tercera presentación que hago. –
Cada una hora Ami tenía que realizar una charla distinta para las visitantes del salón. Lo sorprendente era que se había memorizado toda la información y realizaba la exposición sin ayuda de tarjetas de memoria. De nuevo, este era el trabajo perfecto para ella.
- Apuesto a que Taiki felizmente se sentaría todo el día a escuchar tus charlas. – Bromeó Seiya, ganándose la mirada furiosa de su hermana. – A todo esto, ¿dónde está Odango? Desde que llegué no la he visto por ningún lado. –
- ¿Te refieres a Usagi? – Ami volteó buscando a la rubia. – Pero si ella está allí. –
La peliazul apuntó a una media luna que se encontraba dando la espalda al grupo. La persona que iba dentro de aquel disfraz estuvo todo el tiempo escondiéndose y evitando ser vista por cierta azabache. La verdad es que prefería no ser reconocida por nadie, así se ahorraba cualquier situación embarazosa.
- ¿Odango? -
- ¡Me delataste, Ami! – Al verse atrapada, Usagi no tuvo más remedio que mostrarse frente a todos usando este ridículo disfraz de Luna. - ¡Adelante, ríanse de mí! Sé que me veo ridícula. –
Seiya sentía que se moriría en cualquier momento.
- ¿De qué hablas, Odango? Te ves muy linda. – La joven le dio unas palmadas cariñosas en la cabeza de la rubia. De alguna forma la quería animar, Usagi no era de ser tan insegura. - ¿Quieres que te consiga una porción de Takoyaki? La clase de Taiki las está preparando en su puesto. –
- ¿Harías eso por mí? –
La azabache asintió con seguridad a la rubia, ganándose a cambio una linda sonrisa de ella.
- ¡Yo también quiero Takoyaki! – Irrumpiendo en la conversación, Minako apareció cargando una bandeja repleta con las galletas que Ami había traído. Se le había olvidado que su trabajo era ofrecerlas a las otras estudiantes. – Y por favor, coman galletas. Están deliciosas. – Ella ya se había comido un montón en secreto.
Taiki y Seiya aceptaron, cada una se hizo con un par de galletas que probaron de inmediato.
- ¿Tan pocas? Vamos, saquen más, están muy delgadas. – Insistió Minako.
- Estamos guardando espacio para cuando visitemos la exposición de Yaten. – Admitió Taiki a las otras chicas. – Su clase armó un Maid Café y le prometimos darnos una vuelta por el lugar. Dijo que estaría muy interesante. –
- No dudo que esté interesante, pero díganme… - Un aura misteriosa rodeó a Minako mientras usaba un tono de voz profundo para hablar. - ¿Oyeron sobre el oso de la clase 1-C? –
Las hermanas Kou se quedaron viendo la una a la otra intrigadas.
- ¿Un oso? – Hablaron al unísono.
La rubia sonrió triunfal, pues había captado completamente su atención.
- Dicen que hay un oso que se está sacando fotos con todo el mundo. – Eso decían los rumores que Minako consiguió escuchar de otras alumnas. - ¡Que es la cosa más linda que existe en el mundo! ¡Baila y ríe a todo momento! –
- ¡Hay que ir luego de visitar el salón de Yaten! – Seiya ya se había animado. - ¡Taiki, di que sí, suena muy genial! –
- Está bien. – Taiki no estaba muy convencida que digamos, pero aceptó igualmente. – Pero luego de ver a Yaten. –
- Y luego de traerme mi porción de Takoyaki. – Recordó Usagi. – También la de Minako. –
Las chicas se despidieron de Taiki y Seiya desde la puerta del salón, agradeciendo por la visita a su exposición. Las hermanas se fueron charlando sobre lo que había comentado Minako. La cantidad de jóvenes que andaban caminando por los pasillos era impresionante, no se comparaba en nada a los días de clases normales. Todo el mundo estaba viviendo el espíritu del festival deportivo con gran entusiasmo.
- Creo que me tomaré un descanso e iré a visitar algunas exposiciones. – La próxima charla de Ami sería dentro de cuarenta minutos o más, así que tranquilamente podía ir a pasear por los salones vecinos. Había un salón en especial al que quería ir antes que cualquier otro. - ¿Desean acompañarme? – Preguntó al par de rubias.
- ¡Claro! Deja que lleve esta bandeja con galletas a un lugar seguro. – Minako lo que más quería era ir a visitar otras clases.
- ¡Por favor, esperen por mí, tengo que quitarme el disfraz! – A Usagi le tomaría algo de tiempo si no le daban una mano. - ¡Ami, ayúdame con esto, no puedo alcanzar el cierre! –
- Tranquila, ya voy, Usagi. –
Esto seguramente tomaría algunos minutos. Bueno, tal vez no terminarían visitando varias exposiciones, pero eso daba igual. Ami se conformaba con que visitaran una sola clase y sería feliz.
- ¡Bienvenidas sean todas a la clase 1-C! –
Un grupo de alumnas fue recibido en la entrada del salón por un animado oso. Se trataba de alguien disfrazado, obviamente una chica de esta clase, pero no por eso dejaba de ser vistoso para todas. Era un disfraz precioso. Quien iba adentro se tomó el papel muy en serio, lo cual hacía que la experiencia fuera más divertida y especial.
- Mi nombre es Osokoto y me siento feliz de que hoy estén acá. Gracias a todas por venir. – Mientras hablaba, el oso realizaba un alegre baile. – Aprovechen de conocer a todos mis amigos en el mesón de peluches. Ellos están buscando un hogar, así que no duden en comprar uno o dos. –
También el grupo podía pasar a escuchar la charla sobre reparación de peluches o llevarse un panfleto informativo sobre cómo confeccionar uno. Ambas actividades eran completamente gratuitas.
- ¿Nos podemos tomar una fotografía contigo, Osokoto? – Preguntó una de las chicas.
No podían faltar las fotos.
- ¡Pues claro! Osokoto adora las fotos. –
El oso tomó posición detrás del grupo levantando ambos brazos, saludando a la cámara. Las jóvenes posaron y sonrieron junto a Osokoto. Una de ella tomó la foto y al final todo el grupo celebró al ver lo preciosa que había quedado la toma. Obviamente agradecieron a Osokoto por la amabilidad y disposición. Lo siguiente que hicieron fue ingresar a la exposición para admirar los peluches que estaban a la venta. Al parecer ninguna planeaba irse con las manos vacías.
- ¡Otra bienvenida exitosa! -Osokoto se sentía orgullosa y satisfecha de su actuación.
Pero luego de varios grupos de alumnas, bastante baile y movimientos alocados, un sinfín de fotografías y otras cosas más, Makoto Kino había alcanzado su límite.
No planeaba admitir aquello, claro está.
Makoto se limitaba a tomar asiento por un minuto o dos, y luego volvía a los suyo, como si nada malo ocurriera.
- Estás haciendo un excelente trabajo, Makoto. – Vinieron las felicitaciones por parte de Tomoko.
Al verse descubierta en su silla de descanso, la castaña se puso de pie de un salto y comenzó a danzar de inmediato. No quería demostrar que necesitaba urgentemente una siesta o algo para comer.
- ¡Muchas gracias! – Ella estaba bien, lo tenía que estar por toda su clase. - ¡Osokoto realmente se está divirtiendo! – Ese tono chillón que Makoto estaba utilizando le causaba mucha gracia a Tomoko.
- Pues creo que Osokoto tiene trabajo que hacer. –
La joven apuntó hacia la entrada del salón, donde venían haciendo ingreso tres chicas conocidas por la jugadora. Una de ellas fue capturada entre los peludos brazos de Osokoto, que de solo posar sus ojos en ella, sintió que su energía rejuvenecía.
- ¡Auxilio, socorro! – Chilló Usagi al presenciar la escena. - ¡Ami fue atrapada por un oso! –
- ¿Quién eres y por qué abrazas a nuestra Ami? Solo se la prestamos a una persona en esta preparatoria. – Minako estaba lista y preparada para enfrentarse al oso, incluso a puños si resultaba necesario.
Ami levantó ambas manos, tratando de calmar los ánimos de todos.
- Está bien, chicas. Osokoto solo está feliz de verme. – Y ella también estaba muy contenta de ver a su querida amiga.
Cuando el abrazo se acabó, la cabeza del disfraz fue retirada y Makoto dejó ver a las dos rubias su rostro sonriente. Unos cuantos mechones rebeldes cubrían su frente sudada y sus mejillas estaban rosadas. La temperatura dentro del traje aumentaba considerablemente cuando andabas moviéndote constantemente.
- ¡Qué gusto me da ver a las tres juntas! – Exclamó la castaña. - ¿Vienen a visitar nuestra exposición? Si es así, yo les puedo dar un tour personalizado. O mejor dicho… - La chica regresó la máscara de oso a su lugar. - ¡Osokoto las guiará con mucho gusto! –
El trío estalló en risas al escuchar el tono chillón que empleó la castaña.
Al rato, Osokoto y compañía se encontraban de pie oyendo atentamente los mejores consejos para coser y rellenar un peluche. Después presenciaron la "operación en vivo" de una Hello Kitty que había perdido un brazo. Al final todas aplaudieron cuando dicho peluche obtuvo un nuevo y funcional implante. Por último, pero no por eso menos importante, llegaron frente al mesón que presentaba la exposición de los peluches hechos por las mismas alumnas de la clase.
- ¡Aprovechen de llevarse un lindo peluche! – Naru era la encargada de atender el mesón. – Todas nuestras recaudaciones serán posteriormente donadas a una fundación infantil. –
Había peluches para cada gusto, Usagi realmente no podía decidirse por uno, para ella todos estaban muy lindos. Minako optó por un zorro de felpa que le encantó al instante que puso sus ojos sobre él. Ami también parecía indecisa sobre cuál peluche elegir.
- ¿Cuál hiciste tú, Makoto? – Sintió curiosidad Minako.
- Hice ese mapache que está allí. – Aquel que realmente lucía como un ornitorrinco con gafas de sol. Pero bueno, confeccionar un peluche en plena madrugada nunca fue una idea muy inteligente. – Nadie lo ha comprado aún. – Lo cual resultaba algo triste.
- ¡Yo lo quiero! – Usagi daba enérgicos brincos mientras extendía el dinero a Naru. - ¡Ahora se llamará Tanuki! –
La rubia amaba los peluches. Su cama estaba repleta de una colección de peludos amigos.
- Ahora que compraron el mapache, ¿por qué no traes el otro peluche y lo pones en el mesón? No veo razón para tenerlo guardado en tu bolso, Makoto. –
Minako y Usagi estaban distraídas discutiendo sobre cuál peluche que habían comprado era el mejor, pero Ami prestó especial atención al comentario que Naru le hizo a Makoto. La peliazul quizás podía comprar este otro peluche del cual estaban hablando.
- Ya te dije que no está a la venta. – Respondió la castaña sonando algo fastidiada. La verdad es que no quería dar explicaciones de por qué hizo dos peluches. – Solo olvida que ese otro peluche existe. –
- ¡Vamos! Por algo trajiste uno extra. – Insistía Naru. – Prometo guardar el secreto. -
Gracias a la máscara que estaba utilizando, nadie pudo ver el delicado rubor que cubrió las mejillas de la castaña.
- Es un regalo para alguien especial. – Explicó finalmente algo apenada. – Por eso no lo quiero vender. –
Naru hizo el gesto de sellar sus labios con un cierre imaginario. Ami por reflejo imitó la acción sin que nadie presente se diera cuenta. Tanto ella como la otra chica ahora debían guardar el secreto de Makoto.
- Un regalo para alguien especial. – Esas palabras hicieron eco en la mente de la peliazul, pese a que ella simplemente deseaba olvidar este asunto y dejarlo enterrado bajo siete metros de tierra. Quizás diez. Puede que con una capa de cemento arriba. – ¿Pero para quién? –
No importaba.
Ami sacudió la cabeza un par de veces, luego volvió su atención al mesón de donde escogió al azar un peluche. Naru recibió el pago de la chica. Era el dinero justo, así que no tenía que dar cambio.
- ¿Cuál peluche compraste, Ami? – Makoto se salió momentáneamente del personaje y se acercó con curiosidad al lado de su amiga.
- ¡Una tortuga! –
- Veo que te gustan mucho las tortugas. – La castaña había notado la afición que tiene la peliazul hacia este específico animal. – Escogiste un peluche muy bonito. –
- ¡Osokoto! – Llamó otra joven a la castaña.
- ¿Qué ocurre? – Justo ahora que estaba charlando con Ami a gusto la interrumpían. Esto no era divertido.
- ¡Un grupo nuevo espera en la entrada a que les des la bienvenida! – Llevaban aguardando un par de minutos ya y estaban impacientes por conocer a la mayor atracción del salón. - ¡Vamos, quieren sacarse fotos! –
Genial.
¡Simplemente genial!
Perfecto.
- Voy de inmediato… - Contestó la jugadora dejando notar todo su agotamiento en una sola frase.
- ¿Mako? – Ami entendía que su amiga debía irse, pero le quería entregar algo antes de que se fuera. – Ten, toma. –
La joven recibió por parte de la peliazul una bolsa de papel. Algo había adentro, pero Makoto ignoraba de qué podría tratarse. Tampoco tenía tiempo para abrir el presente y saciar su curiosidad.
- Es un emparedado. – Aclaró Ami. – Te lo puedes comer cuando tengas algo de tiempo para descansar. –
¡Fantástico! Se moría de hambre, pero apenas tuviera tiempo, se comería el emparedado agradecida. La peliazul siempre era tan considerada.
- ¡Muchas gracias! – Makoto partió finalmente a cumplir con su trabajo. - ¡Nos vemos después! –
- ¡Hasta luego, Mako! –
Al rato, Ami dejó el salón junto a Minako y Usagi. Antes de irse, la peliazul volteó a ver a Makoto por última vez. Sin querer, cierta pregunta volvió a aflorar en su mente, referente a aquel peluche que guardaba su amiga para alguien especial.
- ¿Para quién? –
- ¡Maid Café, allá vamos! – El grito de Minako la sacó de sus pensamientos.
El par de rubias ya se había adelantado e iban marchando con destino fijado en el salón 1-E.
- ¡Aguarden por mí, chicas! –
Grupo tras grupo, Makoto estuvo cerca de una hora recibiendo gente en su clase. Ya terminado el último baile, una vez que se sacó todas las fotografías que las jóvenes pidieron, finalmente era libre de hacer lo que ella quisiera. Al fin podía sentarse a comer el emparedado que Ami le había obsequiado.
- Eres un regalo caído del cielo. – Makoto estaba hablando con su comida. Quizás había perdido algo de cordura luego de pasar tanto tiempo metida en un disfraz. – Nadie me podrá separar de ti, emparedado… -
- Se le avisa a la comunidad estudiantil que dentro de media hora se dará comienzo a las actividades deportivas programadas para este primer día de festival deportivo. – Por los altoparlantes distribuidos en cada pasillo de la preparatoria se escuchó la voz del maestro Tomoe. Él era encargado de las clases de ciencia. Al parecer, también era el encargado de dar los avisos referentes a las competencias del festival. – Todas las representantes presentarse en la pista de atletismo para la carrera de 500 metros. –
Makoto sintió el peso de muchas miradas posarse sobre ella.
- ¿No eres tú nuestra representante? – Preguntó Tomoko a su amiga.
- Sí, soy yo. - A estas alturas la castaña solo quería desaparecer junto a su emparedado y nunca más volver a pisar el suelo de la preparatoria.
- A todas las alumnas que participarán en la carrera de 500 metros se les llama a presentarse en la pista de atletismo. En media hora comienzan las competencias. – Repitió nuevamente el maestro Tomoe.
Makoto suspiró resignada. Con cuidado envolvió su emparedado con la servilleta que venía cubierto y lo devolvió al interior de la bolsa de papel de donde lo sacó. Lo guardó en su bolso para comerlo después.
- Lo siento, Ami. – Se puso de pie con gran convicción. – Prometo que me comeré el emparedado después. –
Estaba lista para dar lo mejor de sí en la carrera.
- ¡Ganaré esos puntos por mi clase y por el equipo blanco! –
- Makoto… - Naru la señaló. – Primero quítate el disfraz de oso. –
Es verdad, los osos no pueden competir en las carreras. Eso iba contra las reglas.
Nuevamente un capítulo largo que debo dividir en dos. ¡Pero es un capítulo nuevo! Espero que lo disfruten mucho. :)
Gracias por sus reviews. ¡Suerte!
