Disclaimer:
Los personajes y todo lo que reconozcáis le pertenecen a Rick Riordan.
Los OCs son míos.
Nota:
Este personaje no es mío.
Le pertenece a DiAngeloFamilia.
Ha creado a este personaje para utilizarlo en la historia y me ha gustado mucho.
Espero que a vosotros os encante tanto como a mí.
Disfrutad del capítulo.
Capítulo 68.
Los semidioses estaban mirando a los lobos queriendo saber la historia de Dorian y Terry además del accidente que dejó ciego a Cameron.
Pero ellos estaban ocupados hablando entre sí mentalmente y no parecían estar por la labor de contar nada.
Entonces, escucharon unos pasos y giraron la cabeza.
En el centro de la sala estaba…
Todo el que se encontraba en el salón de los tronos miró a su alrededor con asombro varias veces.
-¿Nico? ¿Pero cómo…?
-¿Hermes? ¿Cómo puede ser? Si estás en tu trono.
-¿Nos han puesto algo en la bebida? Creo que veo doble. -Comentó Malcolm.
Afrodita sonreía. Ella ya sabía por qué la gente estaba tan desconcertada.
Lo que no sospechaba, era lo que pasaría después.
-Pues yo veo a la persona de allí toda borrosa. -Refunfuñó Percy.
Zeus miraba del trono de su hermano, al centro de la sala de forma compulsiva.
-No puede ser. -Susurró.
Atenea miraba fijamente a aquella persona/aparición. Como ya la habían bautizado algunos en su mente.
Eros… Si eres tú… -Gruñó Poseidón.
Apretaba los puños y tenía los ojos cerrados.
Una risita alertó de inmediato a todos.
De detrás de una columna apareció un hombre alto sin camisa,, un poco musculoso, con el pelo negro rizado y los ojos rojos.
Detrás de él tenía unas alas rojas y doradas.
-¿Cuánto llevas ahí? -Gruñó Zeus.
-Desde el principio. -Contestó el hombre alado.
-Ja… Ja… Ja… Qué gracioso… -Hironizó el rey del Olimpo.
-Venga pequeño Z. No querrás hacer enfadar a un primordial… ¿Verdad?
-Lo que quiero es que te largues.
-Pero esto es demasiado divertido como para perdérmelo. ¿Por qué pasar mi tiempo uniendo mortales si puedo estar aquí viendo cómo los dioses sufren por amor?
Afrodita no pudo evitar reírse.
-Y lo peor es que son idiotas.
-Bueno… Si tú estás aquí, ¿Quién es esa persona? -Preguntó Atenea.
Eros no contestó.
Transformó un cojín en un gran trono rojo y negro decorado con escenas amorosas y de guerra.
Se acomodó donde quiso y se sentó a observar.
Zeus quería quejarse, pero decidió mantenerse callado.
-Oye. ¿No vas a contestar? ¿Vas a quedarte allí sin decir nada? -Se exasperó la diosa de la sabiduría.
-¿Tú qué ves cuando me miras Atenea? ¿Un libro?
-¡No eres más que…!
En cuestión de un parpadeo, todos pudieron ver a una chica alta, atlética, con el pelo negro largo casi hasta la cintura y los ojos rojos.
Sonreía con algo de malicia. Parecía una de las hijas de Hermes cuando llenaban los zapatos de las chicas de la cabaña diez de caca de pegaso.
Sujetos a un cinturón llevaba varios cuchillos, una espada y a la espalda un arco con flechas.
Malcolm vislumbró algo brillante debajo de las mangas de su camisa.
Supuso que allí también llevaría armas escondidas.
-Me presento. -Dijo.
-Ya era hora. -Bufó Hera.
La chica simplemente ignoró a la diosa del matrimonio.
-Hola a todos. Mi nombre es Alya.
-¿Cómo la estrella? -Quiso saber Percy.
-¿Conoces las constelaciones? -Se sorprendió Annabeth.
-Por supuesto. Alya significa Princesa. Es una de las estrellas de la constelación Serpens.
-Ya lo sabía.
-Pareces molesta Annie. -Comentó Thalia.
-Para nada.
Alya interrumpió.
-Tengo quince años.
-¿Eres hija de algún semidiós? ¿O sólo de Eros y un/a mortal?
-Haces muchas preguntas. ¿Cómo has sabido que soy hija de Eros?
-Por el color de ojos y por la capacidad de tomar la apariencia de la persona a la que de verdad amamos.
-Digna hija mía. -Se jactó Atenea.
-A parte de mi capacidad para tomar la apariencia de la persona que más amáis, puedo controlar levemente las emociones, respirar bajo el agua, hablar con los caballos y transformarme a voluntad.
-¿Eres descendiente mía o te di mi vendición? -Quiso saber Poseidón.
Alya sonrió ampliamente.
-Mi apellido es Jackson.
Varias cosas ocurrieron al mismo tiempo.
Eros aplaudió y rió como si le hubiesen dado la mejor noticia, Tyson soltó un gritito de júbilo, la señorita O'Leary ladró haciendo temblar todo el salón, Poseidón palideció y dejó caer su tridente haciendo un enorme agujero en el suelo, los semidioses tenían la boca abierta debido al asombro, los dioses se quedaron paralizados y Percy se levantó de un salto alzando el puño y gritó:
-¡Sí! ¡Tengo una princesa! ¿Habéis oído? ¡Mi primera princesita!
Alya abrazó a su padre con fuerza.
Después, cuando el hijo de Poseidón se sentó, la chica volvió al centro de la sala.
El dios del mar estaba líbido de furia pero sabía que si hacía enfadar a Eros, las consecuencias serían catastróficas.
Se limitó a poner mala cara, recogió su tridente, cerró el agujero del suelo y miró mal a todo el mundo.
Cuando dirigió su vista hacia Eros, el muy maldito le hizo ver a la persona que no deseaba mirar.
Se negaba a creer que él fuera la persona a quien más amaba.
-¿Habéis acabado con el drama de una vez? Me aburro.
-Pero… ¿Cómo es posible que Percy haya tenido varios hijos de la misma edad? Aquí hay algo que no encaja.
-Sé que eres hija de Atenea… -Comenzó a decir Eros. -También sé que tu madre ha decidido mantenerse virgen, (cosa que me parece una estupidez,) pero también tengo claro que a ella y a sus hijos les gusta el conocimiento. Por tanto, creo que eres lo bastante inteligente como para saber lo que es una orgía.
Poseidón quería llorar.
-Soy irresistible. -Dijo Percy un poco pálido.
-Hola. Sigo aquí. ¿Sabéis?
Todos la miraron.
Alya carraspeó y continuó hablando.
-Mis padrinos son tío Jordan y tío Dominic.
Los mencionados chocaron los puños con su hermano de banda.
-Hay algo interesante que debéis saber. -Comentó Noah.
Alya sonrió ampliamente.
-Soy la diosa de la lealtad y de los mestizos. Los protejo, los busco…
-¿Qué? ¿Qué clase de broma es esta? -Bramó Hera.
Zeus le hacía señas frenéticas para que se callara pero su esposa no le prestaba atención… Como siempre.
-¡No eres más que una niña que se cree alguien! ¿Pero sabes qué? ¡No eres nada!
-Por una vez yo soy el sensato. -Susurró el dios del rayo.
-¿Cómo es posible que seas diosa? -Hera seguía despotricando.
Con un movimiento de la mano, Alya la silenció.
-Por si te interesa saberlo, mi padre, el dios primordial Eros, me hizo inmortal.
-¡Genial! ¡Soy padrino de una diosa! -Gritó Dominic.
-¿Tienes pareja? -Quiso saber Percy.
El chico había sacado su espada y amenazaba con ella a todo el mundo.
-No. He decidido mantenerme soltera y virgen para siempre.
Artemisa, Atenea y Hestia sonrieron.
Eros puso mala cara pero no dijo nada.
El hijo de Poseidón se relajó.
-¿Sabes manejar todas esas armas que llevas? -Se interesó Ares.
-Por supuesto.
-Me gusta. Qué pena que hayas decidido mantenerte casta y pura. Nuestros hijos serían magníficos. Formidables guerreros.
Afrodita frunció el ceño con molestia.
Alya ya no prestaba atención a Ares. Estaba mirando a sus hermanos.
-Venga Al. Otra vez no. Sé buena. -Pidió Chace con cara de cachorrito.
Pero hermanito… Es muy divertido.
-No lo es en absoluto.
-Alya… No molestes a tus hermanos. -Intercedió Percy.
-Pero papá… -Protestó.
-Ven a sentarte conmigo princesa y cuéntame algunas anécdotas vergonzosas de todos tus hermanos.
La chica sonrió y obedeció.
Tailor, Chace, Aspen, Blake, Noah, Nathan, Ryan, Ashley, Canis, Carsten, Dirk, Dorian y Newt se estremecieron.
-Una vez, Aspen se comió una hormiga. Cuando Blake le vio, decidió hacerse el valiente y se metió una abispa en la boca. Puedes imaginarte lo que pasó.
Esa fue la primera de muchas historias que Alya le contaría a su padre.
Nota: Te lo dedico DiAngeloFamilia.
Gracias por crear a Alya.
