Capítulo 21: Tú haces que todo sea mejor.

Las repisas y estantes repletos de títulos aguardando por ser descubiertos, las mesas de madera y las sillas con cómodos cojines coloridos, uno que otro sofá donado por algún desconocido y que han sido acomodados en cierto rincón o contra alguna muralla, plantas decorando y afiches informativos; así es la biblioteca de la preparatoria, uno de los sitios más acogedores y tranquilos para Ami. Su lugar favorito en toda la preparatoria.

En más de una ocasión, Taiki la invitó a acompañarla en el lugar. Ami aceptó, todas las veces, pues no tenía razones para negarse. Al contrario, existían muchos puntos a favor para aceptar su invitación.

Taiki es una persona agradable, suele tener temas muy interesantes de conversación y es una estudiante admirable. Además, estaban los libros, aquellos en los que Ami se podía sumergir y perder, esos de donde podía extraer todo ese maravilloso conocimiento que ella desea aprender.

- No sabía que te gustaban las novelas de romance.

O esas obras de clichés repetitivos que de vez en cuando la peliazul leía, siempre en secreto.

- Es divertido leer una novela de romance de vez en cuando. – Admitió Ami aquella vez que Taiki la descubrió hojeando un título que escogió al azar desde la estantería.– No sabes lo que un libro te puede ofrecer hasta que lo lees.

Siempre era lo mismo: Charlaban, leían juntas, se acompañaban y compartían. Pero de vez en cuando, Taiki tomaba asiento y ponía sobre la mesa una libreta negra. Allí escribía, mientras charlaba con la peliazul. Cuando lo hacía, solía pedirle consejos o críticas. Ami obviamente le ayudaba en lo que podía.

Ami siempre sintió curiosidad, mas nunca se atrevió a preguntar sobre qué escribía Taiki en aquella libreta. Simplemente no le parecía educado inmiscuirse en asuntos privados.

Hoy, por cosas del destino, recibió una respuesta a esa interrogante.

- ¿Una canción? – Ami repitió las palabras de la otra joven. - ¿Estabas componiendo una canción? –

Taiki asintió, mostrándole a la peliazul la misma libreta negra que en varias ocasiones la vio utilizar, en cuyas hojas Ami pudo reconocer la sofisticada letra de la castaña.

- Llevo mucho tiempo componiendo canciones como pasatiempo, pero hace muy poco tiempo que, junto a mis hermanas, decidimos formar una banda, y las canciones que he creado son las que interpretamos. – Taiki le contó esto con una gran sonrisa en el rostro. – Lamentablemente, hace un mes aproximadamente, comencé a tener problemas para escribir. –

Esta dificultad que sufría al momento de componer la tuvo por mucho tiempo deprimida y frustrada. Se trataba de un bloqueo, la sensación de no encontrar la inspiración, las palabras adecuadas que necesitas. Fue terrible para Taiki, quien estuvo a punto de dejar este pasatiempo que tanta satisfacción le traía.

- Pero cada vez que compartía contigo, afloraba en mí lo mejor de mi creatividad. – Confesó la castaña. – Podía escribir con fluidez, como yo quería. -

Quizás se trataba de simple sugestión. Puede que Taiki se sintiera más a gusto en la biblioteca, compartiendo con alguien amigable, que rodeada de sus hermanas o en horas de clases. Pero ella le atribuía su inspiración a Ami, quien siempre tuvo una recomendación, una crítica constructiva, cada vez que la necesitó. Y estaría por siempre agradecida de ella por su ayuda.

- ¿Te sientes bien, Ami? Estás muy roja. - Taiki soltó una carcajada, pues sospechaba lo que podía estar pensando ahora mismo la otra chica. – Por favor, no me malentiendas. – Pidió después, sonando seria. – Sí, Seiya nunca pierde la oportunidad de molestarme sobre los supuestos sentimientos que siento por ti, pero yo estoy segura de que lo único que siento por ti es profundo respeto y admiración. –

La peliazul se relajó y dejó escapar un profundo suspiro. ¿Fue tan evidente para la castaña lo que ella estaba pensando? Bueno, parece ser que este era el momento adecuado para aclarar todo.

- Eres muy gentil, con buenos sentimientos y sumamente brillante. Sé que algún día llegarás muy lejos. – Agregó Taiki. – Creo que fue eso lo que me inspiró. –

La joven buscó entre las páginas de su libreta la canción que escribió con la ayuda de Ami. La peliazul notó los borrones, las ideas anotadas en los márgenes, los diminutos garabatos que la castaña dibujó, tal vez, en busca de inspiración.

- Esta es la canción, mi obra culminada. – Se sentía orgullosa de su creación. – ¿Y sabes qué? Todas las alumnas de esta preparatoria tendrán el gusto de escucharla hoy en vivo. –

Minako tuvo todo este tiempo razón.

- Pues para finalizar este festival deportivo, mis hermanas y yo tendremos la oportunidad de cantar para todas ustedes. –

- Le debo una gran disculpa a Minako. – Pensó Ami después de oír esto.

Así que lo del concierto era verdad, así que serían Taiki y sus hermanas quienes protagonizarían el espectáculo de hoy. ¿Quién lo habría imaginado? Era una gran sorpresa.

- Esto es fantástico, Taiki. – Habló finalmente la peliazul. – Tendrán la oportunidad de darse a conocer a un gran público. Estoy segura de que a todo el mundo le encantarán sus canciones. –

La castaña asintió, sonriendo algo nerviosa.

- Eso espero. – Estaban acostumbradas a una menor cantidad de espectadores, pero si querían dar un gran salto y hacerse conocer, este era el primer paso que dar. – Eso sí, tengo un serio problema y necesito que me ayudes. –

- ¿Y en qué podría ayudarte? –

- Bueno, yo puedo ser buena escribiendo, pero soy bastante mala cuando se trata de poner nombres. – La que solía nombrar las canciones era Seiya, pero esta canción era especial, no podía ser nombrada por la azabache. – Pero tú me ayudaste a crear esta canción, así que quiero que tú le pongas un título. –

Ami debía reconocer que se sentía halagada, pero estaba segura de que debía ser Taiki quien escogiera el título. Este era el fruto de su esfuerzo. Ella solo le ayudó en algunas cosas, nada tan espectacular como para cederle tal honor.

- No creo que pueda, Taiki. – La chica se disculpó luego. – Siento que estoy adueñándome de algo que no es mío. –

- No, no pienses eso, Ami. – Aunque la castaña la entendía. Insistir quizás haría sentir a la peliazul incómoda o presionada. Intentaría con otro método. – Entonces solo dame una palabra, yo trataré de inventar un título con lo que me ofrezcas. –

¿Solo una palabra? Bueno, eso era más sencillo.

- Esmeralda. – Por alguna razón, Ami pensó en el color de ojos de Makoto. – No, espera… -

- ¡Niebla esmeralda! – Taiki soltó un creativo nombre al instante. Ese sería el título estupendo para la canción. - ¡Muchas gracias, Ami! – La castaña tomó su libreta y la guardó en su bolso. Lo siguiente que hizo fue ponerse de pie, estiró un poco las piernas, y después volteó a ver a su acompañante. – Fue un agrado charlar contigo. –

La peliazul le sonrió en respuesta.

- Y espero que no te pierdas el concierto de hoy. – Agregó Taiki. – Quizás mis hermanas y yo no somos artistas famosas, pero siempre nos esforzamos en entregar lo mejor de nosotras cada vez que cantamos. –

- Trataré de estar en primera fila. – Sentía mucha curiosidad por saber de qué escribía la castaña. ¿Serían canciones románticas? ¿Qué género preferían interpretar? ¿Taiki solo se dedica a tocar instrumentos o también cantaba? Eran tantas interrogantes. – Mucho éxito con la presentación. –

- ¡Gracias! –

Le habría encantado quedarse más tiempo conversando con la peliazul, pero Taiki tenía asuntos que supervisar referentes al concierto. Se marchó tranquila, pues tuvo la oportunidad de aclarar ciertos asuntos con Ami. Esperaba que esta amistad que compartían se fortaleciera ahora que todo era más claro.

- ¿Kino? –

Al doblar por una esquina, Taiki se da cuenta de la presencia de Makoto en el lugar. La joven se notaba avergonzada. Seguramente se sentía mal por haber sido atrapada espiando a las otras dos chicas.

- ¡Discúlpame, por favor! – Pidió Makoto, horrorizada. - ¡No era mi intención entrometerme en asuntos que no me incumben! –

Taiki levantó las manos, pidiéndole que se relajara.

- Está bien, tranquila. – Dijo con serenidad. – No estoy molesta. –

- ¡Yo solo estaba buscando a Ami, pero la vi contigo y no quería…! –

- Kino, respira y cálmate. – Vio a la otra joven hacer lo que le pidió. Makoto inhaló por la nariz y después soltó el aire por la boca. Eso la ayudó bastante. - ¿Mejor? –

- Sí, gracias. –

Taiki revisó el reloj que llevaba en su muñeca.

- ¿Sabes? Lo que estaba conversando con Ami allá no se trataba de algo privado. – Comentó la castaña, apuntando disimuladamente hacia donde aún se encontraba sentada la peliazul. – Solo le estaba pidiendo su opinión sobre algo. –

- No hay necesidad de explicarme nada. – Makoto agachó la cabeza, sintiéndose de lo peor.

- Sí, bueno, supuse que sentías algo de curiosidad. –

Solo se permitió cinco minutos para hablar con Makoto, tenía que irse a cumplir con sus responsabilidades. No obstante, aún quedaba algo por decir.

- Deberías ser sincera con Ami. –

El color se drenó por completo de la cara de Makoto.

- ¿De qué hablas? – Preguntó con un tono claramente nervioso.

Taiki rodó los ojos y suspiró.

- Ella puede ser una genio en muchos aspectos, pero cuando se trata de sentimientos, los de ellas y de otras personas, Ami aún es una inexperta. –

Makoto sabía perfectamente a qué se refería Taiki. De todas las personas que existen en este bello mundo, ¿tenía que ser justamente ella quien le estuviera aconsejando sobre este tema? No es que le desagrade, pero por mucho tiempo, Makoto ha visto a Taiki como competencia.

- Pero veo que eres genuina, que quieres lo mejor para ella. Y, obviamente, lo mejor para ti. – Continuó Taiki. – Así que reacciona, haz algo. Pero sé clara con Ami. –

Quizás Taiki nunca fue su enemiga.

- Gracias. – Fue la casi inaudible respuesta de Makoto. – Yo pensaré en tu consejo. –

La otra joven asintió.

- Bueno, te dejo. – Taiki se despidió.

Los ojos de la jugadora le siguieron hasta que la vio perderse doblando por otra esquina. Soltó un profundo suspiro, restregando su rostro con ambas manos. Sentía un enjambre de pensamientos consumir su cabeza. Era raro, quería llorar, quería reír, quería golpear el árbol que tenía a unos metros de distancia, quería correr donde Ami y contarle todo.

Quería tantas cosas, pero Makoto no se pudo decidir qué hacer.

Lo que hizo fue observar a su amiga desde una distancia segura, desde este escondite, y después de un rato, Makoto también se fue del lugar.


La cancha del equipo de volleyball nunca había estado tan atochada como aquel día. La maestra Haruna estaba sobre un modesto escenario que se armó en medio del campo, donde se podía apreciar una batería, una guitarra y un teclado, todos distribuidos entre altavoces, escenografía y una pequeña pizarra cubierta donde estaba escrito el nombre del equipo ganador de este festival deportivo.

- ¿Están listas para conocer al equipo ganador de este año? – Preguntó la mujer, usando un micrófono para hacerse escuchar en cada rincón de la preparatoria.

Las alumnas vociferaron su respuesta entre gritos y chillidos que dejaron a más de a una sorda.

- ¡Entonces no esperemos más! – Haruna tomó un extremo del lienzo que estaba cubriendo la pizarra y tiró de él con fuerza, revelando ante todas las estudiantes lo que ya era sabido por muchos. - ¡El equipo ganador de este año es el equipo rojo! –

Desde el lejano puesto que consiguieron, Minako y Usagi se abrazaron, celebrando por la victoria de su equipo.

- ¡Bien hecho, equipo rojo! – Gritó Minako. - ¡Vamos Ami, celebra, ganó nuestro equipo! –

La peliazul estaba feliz, pero para ella no tenía mucho sentido celebrar. Además, no se sentía con los ánimos para festejar esta victoria, pues estaba preocupada pensando en cierta castaña.

- ¿Dónde estará Mako? Ella dijo que no se perdería el anuncio del equipo ganador. – La última vez que la vio fue después de terminado el juego de los quemados, cuando fue a los bebederos. - ¿Se habrá sentido mal?

La voz de la maestra Haruna atrajo nuevamente la atención de las alumnas, incluida Ami, pues aún quedaba una presentación especial que realizar.

- Supongo que muchas se deben estar preguntando para qué tenemos todos estos instrumentos aquí arriba, ¿verdad? – A esta altura, el secreto del concierto ya se había divulgado por toda la preparatoria, pero seguía siendo algo que emocionaba a las estudiantes. - ¡Pues déjenme presentarles a todas ustedes a tres jovencitas muy talentosas, tres estrellas que surcaron el cielo y llegaron hasta nuestra preparatoria para deleitarnos con sus asombrosas voces, tres chicas que quizás muchas ya conocen! –

Por una escalera que se hallaba dispuesta detrás del escenario, ascendieron Seiya, Taiki y Yaten, quienes tomaron sus respectivas posiciones detrás de cada instrumento. Seiya era la vocalista y la que manejaba la guitarra, Taiki tomó asiento frente a la batería y, por último, Yaten revisó que el teclado estuviera bien conectado a los amplificadores.

- ¡Dejo con ustedes a Three Lights! –

Los aplausos y el clamor de la multitud no se dejaron esperar. Las hermanas fueron recibidas de la mejor forma posible, algo que les hizo olvidar con rapidez el nerviosismo que sintieron segundos antes de subir al escenario. Seiya acomodó su guitarra y acercó el micrófono para hablar.

- Primero que todo, queremos agradecer por esta gran oportunidad que se nos está dando hoy. Estamos muy felices de poder presentarnos ante ustedes, de mostrar nuestra música. – Fueron las palabras de la azabache. – Esperamos que sea del agrado de todas. –

Nuevamente los aplausos se hicieron escuchar.

- ¿Entonces qué esperamos? – Seiya volteó y sonrió a sus hermanas. Con un limpio movimiento, su guitarra rugió, dando comienzo a la fiesta. - ¡Vamos todas a bailar y celebrar! – Exclamó a todo pulmón contra el micrófono.

La harmonía entre cada integrante de la banda, entre los sonidos que sus instrumentos producían, pronto inundaron el ambiente. Un ritmo rápido, que te invitaba a moverte, acompañado de la melodiosa voz de Seiya, parecían tener hipnotizadas a todas las chicas. El baile era espontáneo, la alegría se contagiaba. Esta era la mejor forma de terminar el festival deportivo de este año.

- ¿Dónde está la fogata? – Preguntó Usagi. - ¡Yo quería una fogata! –

- ¡No hagas un berrinche por algo que era poco probable que fuera a ocurrir, Usa! – Le aconsejó Minako a su amiga. - ¡Mejor baila, mueve tu esqueleto! –

- Sí, Usagi, diviértete. – Ami también animaba a la rubia.

- ¡Lo dice la señorita que buscó dónde sentarse para no tener que bailar! – Contraatacó Minako, pero ahora contra la peliazul. - ¡Vamos, tú también debes bailar! – Dijo mientras se acercaba hacia Ami meneándose.

- ¡No, no, no! – La chica sacudió los brazos desde su seguro asiento. - ¡Me duelen las piernas! –

Minako hizo un puchero.

- Bueno, supongo que tendré que buscarme otra pareja de baile. – Entre vueltas y sacudidas, la rubia encontró a su pareja perfecta a unos cuantos pasos de distancia.

Rei estaba charlando con Kotono bajo la sombra de un árbol, alejadas de todo el festejo.

- Deséenme suerte, chicas. – Dando un giro, y terminando con una pose estilo disco, Minako se sintió con todo el ánimo para atreverse a ir por la pelinegra. – ¡Hoy es mi día! – Dijo antes de partir, dejando a sus amigas desconcertadas.

Usagi se quedó viendo a Ami.

- Ya decía yo que andaba muy interesada en la presidenta. – Usagi se encogió de hombros, riendo. – Bueno, supongo que quedamos tú y yo, Ami… -

- ¡Odango! –

Usagi abrió ambos ojos como platos y sintió que se volvió de piedra.

- ¡Odando, voltea! –

La rubia mordió su labio inferior, cerrando los ojos.

- Es Seiya, ¿cierto? – Preguntó a su amiga.

- Sí, es ella, apuntando desde el escenario en esta dirección. – Decenas de miradas estaban puestas sobre Usagi, pero Ami se sintió incluso más ansiosa que la misma rubia a causa de esto. – Creo que deberías voltear. -

Y así hizo Usagi, lentamente se giró, alzando los brazos y saludando a la azabache desde aquel rincón lejano donde estaba.

- ¡Odango, ven acá, te quiero conmigo en el escenario! – La invitó Seiya, sonriéndole con encanto. Pero la rubia estaba algo lejos, así que quizás no notó esto último. - ¡Vamos, ven a bailar aquí! –

Usagi acababa de convertirse en la envidia de media preparatoria.

- ¿Yo? ¿Me habla a mí? – Pero la chica no lo creía. - ¿Quiere que yo suba al escenario? –

Todo esto le parecía tan absurdo, tan ilógico, necesitaba ayuda para aceptar lo que realmente estaba ocurriendo.

- Esto no es un sueño, ¿verdad? – Preguntó Usagi a Ami, quien le respondió negando suavemente con su cabeza. Eso hizo que su corazón redoblara en latidos. – Oh. –

Pero hoy parecía ser el día perfecto para hacerle caso al corazón.

- ¡Arriba, Odango! –

Seiya le dio una mano a Usagi para que subiera al escenario. El rostro de la rubia parecía iluminarse con su enorme sonrisa que iba de oreja a oreja. Sus grandes y redondos ojos celestes temblaban, emocionados. No necesitó que nadie se lo pidiera, pues apenas Usagi puso pie en el escenario, ella comenzó a brincar, moverse y girar, sintiéndose libre y feliz.

- Tiene el ritmo de una licuadora descompuesta. – Pensó Yaten al verla, pero prefirió seguir concentrada en sus asuntos y dejar que la otra chica divirtiera.

Fue así como en cosa de minutos, Ami se encontró repentinamente sola.

Minako pudo convencer a Rei, después de varios intentos fallidos, de bailar con ella. Ahora estaban tratando de ponerse de acuerdo sobre quién guiaría a la otra. Usagi, por otro lado, estaba viviendo sus cinco minutos de fama junto a Seiya.

Ami estaba feliz por las dos.

- Veo que nadie te ha sacado a bailar. – Una voz conocida sacó a la peliazul de sus pensamientos.

Makoto, después de estar ausente por casi dos horas, finalmente había aparecido. Se hallaba de pie junto a su amiga, traía puesto el uniforme de la preparatoria, así que Ami intuyó que la castaña estuvo ocupada duchándose y cambiándose ropa, pues su cabello atado aún lucía algo húmedo.

Era raro, pues la castaña no parecía estar evitando verla directamente a los ojos.

- Bueno, no creo que nadie esté interesado en sacarme. – Murmuró la peliazul.

Entonces, para su sorpresa, Makoto le ofreció una de sus manos.

- Quizás sí hay alguien. – Dijo a su amiga.

Le tomó mucho valor hacer esto, lo pensó bastante, pero la castaña no podía ignorar el deseo que sentía, pues quería ser ella la afortunada persona que tuviera el honor de bailar con Ami.

- ¿Le gustaría bailar conmigo, señorita Mizuno? –

Esos bellos ojos finalmente se posaron en ella, y Ami juraría que sintió una eléctrica descarga recorrer su columna vertebral, una sensación que le dejó mariposas revoloteando en el estómago.

Quería sentir eso de nuevo.

- Está bien. – Aceptó con timidez. – Pero debo admitir que no soy muy buena… -

Makoto la levantó y la atrajo cerca de ella, tan cerca, que Ami pudo percibir el dulce aroma floral del perfume de la castaña.

- Hoy no nos preocupemos de nada. – Le dijo sonriéndole. – Solo disfrutemos. -

Esmeralda, los ojos de Makoto son como una niebla esmeralda que la envuelve, la desorienta, que le hace perder la claridad.

Ami ama los ojos de Makoto, recién hoy se vino a dar cuenta de aquello.


Era tarde ya, el cielo se había tornado oscuro y las estrellas, una a una, se encendían, iluminando y también embelleciendo el manto negro que cuelga sobre la bulliciosa ciudad.

El concierto había acabado, se cerró con broche de oro el festival deportivo, y ahora las estudiantes partían a sus hogares más que felices. Hoy había sido una jornada memorable.

Makoto y Ami estaban juntas, aguardaban de pie bajo la luz que proporcionaba un farol en la acera, charlando sobre la increíble velada que habían vivido.

- No puedo creer que Usagi se haya subido al escenario a bailar. ¡Qué suerte! Apuesto a que Seiya la invitó. – Puede que la rubia no conociera los mejores pasos de baile para lucirse, pero fue evidente lo mucho que se divirtió allí arriba junto a las hermanas Kou. - ¿Y viste a Minako? –

- Sí, sacó a bailar a la presidenta Hino. – Ami aún no se lo creía. – Es increíble que la haya podido convencer. –

- No lo sé, conozco poco a Minako, pero ella luce como alguien que es capaz de lograr lo imposible cuando se lo propone. –

Las chicas rieron, recordando lo contenta que vieron a Minako bailando con Rei.

En eso, un auto oscuro se estacionó frente a las amigas. Vidrios polarizados no permitían visualizar el interior, pero el del lado del copiloto descendió, dejando ver en el interior a la madre de Ami.

- Buenas noches, chicas. – Saludó la mujer que iba sentada frente al volante. – Lamento la demora, Ami. ¿Has visto cómo está el tráfico? Horrible, atochado por todas partes. –

- Está bien, mamá, no llevamos mucho tiempo esperando. –

- Bueno, entonces no se queden allí, suban al auto. – La mayor hizo un gesto con una de sus manos, invitando a las chicas a apresurarse para entrar al carro.

Ami se acercó y abrió la puerta del copiloto, pero al percatarse de que su amiga no siguió su ejemplo, volteó buscándola, encontrando a Makoto de pie junto al carro.

- ¿Qué estás esperando, Mako? –

La castaña pestañeó un par de veces e inclinó la cabeza.

- Pensaba despedirme de ustedes y después marcharme. – Comentó con naturalidad. – Creo que trataré de alcanzar el autobús. –

Ami negó con la cabeza y luego le regaló una sonrisa a su amiga. Al escuchar la respuesta de la castaña, Saeko se asomó nuevamente para hablar.

- Oye, Makoto, yo no tengo problema alguno con llevarte a tu hogar. De hecho, ese era el plan desde un inicio. –

- ¡No, señora Saeko, yo puedo esperar el autobús! – Makoto no quería estorbar o ser una molestia. Este era seguramente el tiempo que Ami y su madre podían estar a solas y charlar, relacionarse. No se quería interponer en eso. - ¡En serio agradezco su bondad, pero tengo que rechazar…! –

- Pero ya es tan tarde y está tan frío, no pienso dejarte aquí sola. – Insistió la doctora. – Si puedo llevarte sana y salva hasta la puerta de tu casa, yo lo haré. Eso me dejará más tranquila a mí y también a Ami. –

Los ojos de la castaña se desviaron donde estaba la peliazul, quien aún esperaba por ella fuera del auto. De hecho, estiró su mano en su dirección.

- Vamos a casa, Mako. – La voz de Ami sonó tan dulce.

Esa frase le apretó el corazón, la estremeció, esas simples palabras hicieron sumamente feliz a Makoto por alguna razón.

- Bueno, supongo que no puedo negarme. – La chica terminó aceptando la invitación. – Ustedes dos sí que saben convencer a alguien. – Dijo esto último riéndose, justo antes de subir al auto.

En el asiento de atrás, Makoto se relajó observando las luces de las pocas tiendas que aún quedaban abiertas y de los letreros nocturnos que llamaban la atención con sus colores. La ciudad parecía incluso más viva de noche que de día.

Se puso a pensar, planear realmente, sobre qué le podía obsequiar a la madre de Ami para agradecer su amabilidad. Lo más seguro sería preguntarle a su amiga sobre los gustos de la doctora.

- ¿Escuchas eso, Ami? Ese ruido que hace el motor me preocupa, creo que llevaré el auto con el mecánico esta semana. – Saeko conversaba cada vez que se detenían en un semáforo. – Pero bueno, ustedes dos están muy calladas, ¿cómo estuvo el último día del festival deportivo? –

A diferencia de su amiga, Ami secretamente iba observando por el espejo retrovisor a la otra chica. La vio encogerse de hombros, evitando responder. Quizás sentía algo de vergüenza de conversar con Saeko.

Una sonrisa misteriosa floreció en los labios de la peliazul, quien volteó a observar por la ventana del copiloto.

- Hermosa. – Susurró.

Saeko prestó atención a su hija.

- ¿Cómo dices, Ami? –

- Fue una jornada hermosa. – Agregó después. Y su sonrisa creció unos cuántos centímetros más.


Aquí con una nueva entrega de "No puedo creer que Ami y Makoto aún sean amigas, ya deberían ser novias", el fanfic. Espero que les guste, lo hice con mucho amor.

Muchas gracias por sus reviews y por darse el tiempo de leer. ¡Suerte!