Capítulo 23: Con valor, fuerte y claro.
Hoy era viernes, y así como cada día, Ami circulaba por los pasillos de la preparatoria a primera hora de la mañana.
En una mano sostenía el último título de interés que estaba leyendo. Ya casi acababa, le quedaban menos de veinte páginas. Seguramente hoy lo terminaría de leer.
Debido a que era aún temprano, muy pocas estudiantes andaban por los corredores. Esto era algo positivo, pues Ami no tenía que preocuparse por chocar con alguien debido a que iba poniendo más atención a su lectura matutina que al camino.
Eso sí, existía alguien que siempre estaba antes que Ami en la preparatoria: Rei Hino.
Su responsabilidad como presidenta del Consejo Estudiantil la obligaba a madrugar cada mañana y estar presenta antes que cualquier otra alumna en la preparatoria. Pero ella siempre parecía feliz. Quizás le causaba dicha trabajar desde tan temprano por sus compañeras.
Como ahora, que venía caminando en dirección a Ami, cargando una especie de portafolio donde sobresalían unos cuantos folletos. Seguramente traían información importante que debía ser esparcida por toda la preparatoria de forma rápida y sencilla.
- Buen día, presidenta. – Saludó con cortesía Ami al pasar por su lado.
- Muy buen día, Mizuno. – Devolvió el gesto la azabache, poniendo atención a la otra chica. – Ah, Mizuno… - Rei se detuvo y volteó, tratando de llamar la atención de Ami. Pero la peliazul continuó caminando. - ¡Mizuno! –
Ami detuvo su avance a unos pasos de la presidenta y cerró su libro de golpe.
¿Acaso la iba a reprender por algo? Si ella trataba de ser cuidadosa de respetar todos los códigos y normas existentes en la preparatoria. ¿Qué había hecho mal?
Sin embargo, Rei no sonó molesta. De hecho, cuando Ami la enfrentó, notó que le estaba sonriendo mientras apuntaba a sus pies.
- Se te cayó tu separador de páginas. – Indicó la azabache.
La peliazul bajó la vista y, en efecto, su separador de hojas yacía tirado en el suelo. No se había dado cuenta de que se había caído.
- Muchas gracias por notarlo, presidenta. –
- No hay problema. – Respondió Rei.
Ami se agachó por el objeto y lo devolvió a su lugar de siempre, allí entre las hojas de su libro. Luego volvió su mirada a ver lo que hacía Rei frente al tablero de anuncios. Allí la chica colgó uno de los folletos que traía.
La presidenta giró, topándose con Ami en el mismo lugar en donde la detuvo, viendo con curiosidad el folleto que ella dejó en el tablero.
- ¿Es información sobre algún curso intensivo o clases de reforzamiento? – Preguntó la peliazul mostrando gran interés. Obviamente esperaba que tuviera relación con el estudio y aprendizaje.
Rei le extendió un folleto para que saciara su curiosidad.
- No, nada de eso. Es sobre el próximo festival que se realizará en la comunidad. – Informó la presidenta. – El festival de invierno. –
Ami recibió el papel y lo comenzó a leer inmediatamente.
- Mi abuelo forma parte del comité cultural encargado de realizar este festival, así que te puedo asegurar que será un evento grandioso. – Rei sonaba muy orgullosa de la gran labor de su abuelo. – El espectáculo de fuegos artificiales será extraordinario este año. –
- Suena a que será un festival muy divertido. –
- ¡Claro que lo será! Deberías ir, Mizuno. – La azabache ordenó sus folletos y después partió caminando con calma por el pasillo. – Aunque claro, siempre es mejor ir a un festival acompañada. – Rei de detuvo y giró ligeramente su rostro, dejando ver una pequeña sonrisa en sus labios. Lucía un aire de complicidad en sus ojos. - ¿No crees eso, Mizuno? –
La peliazul asintió a lo dicho por la presidenta con cierta timidez.
- No olvides invitar a alguien entonces. –
Rei se despidió de la otra chica y continuó con su camino. Aún tenía algunos folletos más que repartir por la preparatoria. Ami, sin embargo, se mantuvo en esa baldosa de la cual no se había movido por aproximadamente cinco minutos. Se quedó pensando, observando el papel que sostenía entre sus manos. Su mente repetía, una y otra vez, las palabras de Rei.
- No olvides invitar a alguien entonces. –
Ami sabía muy bien a quién deseaba invitar.
- Quizás podría ir con Mako. -
Estaba claro que su interés por Makoto había cambiado, Ami lo entendió luego del baile que tuvo con ella el último día del festival deportivo. Cuando sintió todo lo que sus autores favoritos describen en párrafos eternos que hasta para entonces ella nunca había comprendido del todo. Relatos románticos, historias de amor, sucesos que Ami finalmente pudo experimentar en su propia vida. Y que, sin embargo, se quedaban muy cortos en comparación a las vivencias de aquella tarde.
Makoto le gustaba, esta era la primera vez que se sentía de esta forma.
¿Cómo debía proceder ella ahora que reconocía lo que sentía por su amiga? ¿Por qué no existía un libro, con detallados pasos, que te diga qué hacer en estos casos?
- He estado actuando diferente con ella, sé que lo ha notado, pero qué pasa si hago algo que la termine asustando. –
Sostenerse de su brazo o tratar de tomar su mano, buscar estar más tiempo con Makoto, tratar de ser más comunicativa sobre lo que piensa o siente, regalarle un chocolate o un caramelo; Ami ha intentado todo esto hasta ahora, y la castaña ha reaccionado bien a sus acercamientos y acciones, pero eso no le aseguraba nada.
Que a su amiga le gusten las chicas no quiere decir que tenga alguna oportunidad con ella.
Y, de todas formas, ¿por qué se estaba haciendo un problema por este tema? Solo quería invitar a Makoto a un festival. No había necesidad de analizar tanto las cosas.
¿Por qué, de pronto, todo parecía más complejo ahora que veía a Makoto de otra forma?
- Sabes que deseas que esto sea una cita, algo romántico. – Dijo una vocecita desde un rincón distante de su mente. – Quieres que ella te tome de la mano y que te be… -
Quizás estaba pasando mucho tiempo con Minako, su consciencia comenzaba a sonar como ella.
- Tengo todo el día para pensar sobre esto. – Atormentarse por una invitación a un festival era ridículo. – No creo que sea tan complicado. –
Terminó siendo muy complicado.
Estuvo la mayor parte de sus clases pensando en cómo decirle a Makoto que quería ir junto con ella a un festival. Distraída, apenas pudo tomar apuntes y concentrarse. Lo cual levantó las sospechas de Minako y Usagi, quienes no perdieron la oportunidad para hacer preguntas y hundir a la peliazul más en su miserable estado de confusión.
¿En serio estar enamorada era tan extraño?
Ami llegó hasta el gimnasio justo a tiempo para observar el entrenamiento en solitario de Makoto. La encontró realizando carreras desde un extremo del campo hasta el otro, y luego retrocedía de espaldas, volviendo al punto de inicio. Este ejercicio lo realizó unas cuantas veces más. Lucía concentrada en su trabajo, Ami incluso sintió que estaba mal interrumpir su entrenamiento. De todas formas, Makoto terminó advirtiendo su presencia en el lugar.
- Si no es la señorita Ami Mizuno en persona. – La castaña dejó de lado su práctica para ir a saludar a la otra chica. – Tienes pies silenciosos, nunca noto cuando llegas. – Makoto le sonrió. – Serías una perfecta espía secreta. –
Ami se rio, pues no lograba visualizarse a sí misma como espía.
- ¿Qué estabas practicando? Luce algo complicado eso de andar de espaldas. –
- ¿Eso? Es un ejercicio de retroceso. – Explicó Makoto, para luego continuar. – Cuando tu equipo pierde el balón y se inicia un contraataque del rival, siempre debes tener tus ojos sobre ellos y anticipar sus acciones, además de que estás obligada a defender tu propia área. – Ami le estaba escuchando atentamente. – Los debes enfrentar cara a cara, aunque tengas que retroceder. Por eso practico este ejercicio. –
También estuvo practicando un retroceso de lado, y dando brincos pequeños de derecha a izquierda, pero siempre viendo al frente a su imaginario contrincante.
- Al principio me tropecé y caí un par de veces, pero ya le agarré el truco a esto. –
- ¿Te piensan dar un papel más defensivo en este próximo juego? – Preguntó la peliazul.
- Algo así. – Dijo la jugadora mientras iba por un balón. – Me mantengo en mi posición habitual, pero la entrenadora quiere que apoye la defensa. – Makoto se puso a botar el esférico. Se había alejado del lado de Ami, pero estaba posicionada en una perfecta línea paralela de ella. – La entrenadora sabe que Shinbashi será un equipo duro, así que no nos podemos confiar. – Sonaba muy seria cuando hablaba del otro equipo.
Entonces, Makoto se relajó un poco y sonrió a su amiga.
- ¡Atenta! – Llamó su atención y, solo cuando la vio preparada, le lanzó un pase sencillo de atrapar.
Ami recibió el balón sin mayor dificultad.
- ¿Y qué hay de ti, Ami? – Sintió curiosidad Makoto. - ¿Tiene algo nuevo que contarme? –
La joven vio a su amiga agachar la mirada luciendo algo apenada.
- Sin duda hay algo nuevo. – Pero algo que quizás le constaría compartir a la peliazul, pensó Makoto.
Vio a Ami jugar con el balón, lo lanzaba de una mano a otra, mientras parecía estar pensando. Seguramente meditando cómo comunicarle a ella lo que tanto le afectaba en estos momentos. Y es que gradualmente su amiga se fue tornando más y más roja, también nerviosa.
- Está bien, no hay problema si no me lo deseas contar ahora. De hecho, no estás obligada a decirme algo. – Lo que menos deseaba la castaña era incomodar a la otra chica.
El mismo balón que la jugadora había lanzado antes, ahora le fue devuelto en un pase que se fue algo desviado hacia la derecha. Makoto hizo un esfuerzo e igualmente lo atrapó.
- ¿Tienes algo de tiempo libre este sábado? – Fue la tímida pregunta de Ami.
Ahora fue el turno de Makoto para lucir pensativa.
- Sí, tengo todo el día libre. – No recordaba ninguna clase de compromiso o tarea inconclusa que debía acabar. - ¿Por qué? ¿Acaso tienes algún panorama en mente? –
El balón volvió a cambiar de manos cuando Makoto lo lanzó a Ami con sumo cuidado.
- Bueno, verás… - La joven abrazó el esférico, buscando algo de contención. Sus manos estaban temblando y sudando sin control. Pero se obligó a continuar luego de dar una profunda inhalación. – Este sábado se llevará a cabo el festival de invierno, un evento tradicional de la comunidad, donde se celebra el término del otoño y se da la bienvenida a la nueva estación… -
- Ami, tranquila, estás casi rapeando. – Makoto nunca la había escuchado hablar tan rápido. – ¡Respira un poco! –
La peliazul dejó caer el balón y cubrió su rostro con ambas manos, avergonzada. Pronto sintió el reconfortante contacto sobre su espalda de una de las manos de la castaña.
- Ami Mizuno, rapera y espía secreta. –
Por lo menos eso le sacó una buena carcajada a su amiga. Puede que también le haya entregado algo de confianza, pues la joven descubrió su rostro sonrojado.
- Makoto… -
Esta vez no fue "Mako", sino su nombre completo.
Bien, estaba lista, ahora se lo diría todo.
- ¿Quieres ir conmigo al festival de invierno que se llevará a cabo este sábado? –
Ami esperó cualquier cosa, menos que Makoto se pusiera a reír en su cara.
¿Esta era su forma de rechazar su invitación? ¿O acaso estaba contenta, tanto, que así lo expresaba? Era confuso realmente.
Pero cuando la jugadora vio la reacción de la peliazul, sus labios temblorosos y la incertidumbre reflejada en sus azules ojos, Makoto dejó inmediatamente de reír y comenzó a disculparse.
- ¡No, lo lamento, no malinterpretes mi reacción! – No fue su intención ser grosera. - ¡Es que todo esto me resulta divertido! –
Estaba segura de que Ami no comprendía nada, y que seguramente se sentía a la deriva y dolida, así que sin perder tiempo, la tomó de una mano y la guió hasta la banca donde descansaba su bolso deportivo.
- ¿Quieres saber por qué es divertido todo esto? – La jugadora se puso a buscar algo entre sus pertenencias. Cuadernos, cambios de medias, su almuerzo a medio comer; todo terminó en el suelo a causa de su búsqueda. – Porque tú y yo pensamos exactamente lo mismo. –
Ami no lo podía creer.
- Es el panfleto. – Balbuceó la peliazul.
Makoto sostuvo frente a ella el mismo papel que Ami tenía doblado y guardado en uno de los bolsillos de su falda. Mismo papel que sacó y estiró con cuidado para compararlo con el de su amiga.
- Rei me lo dio luego de reprenderme por andar corriendo por los pasillos. – Dijo una risueña Makoto. – Cuando leí que se trataba de un festival, en seguida pensé en ti. –
Exactamente lo mismo le pasó a Ami.
- Planeaba invitarte, pero tú me ganaste en eso. – Era una derrota que estaba dispuesta a aceptar. - ¿Y sabes qué? Con gusto acepto tu invitación, Ami. –
De la simple dicha que esta respuesta le causó, la peliazul saltó y se abrazó de su amiga. Era cómico ver a la pequeña chica aferrarse de otra que, siendo más alta, obligaba a Ami a pararse en la punta de sus pies.
- ¡Gracias, Mako! –
Luego de separase, Ami comenzó a hablar con entusiasmo sobre lo mucho que deseaba ir a este festival, también de la última vez que fue a uno; años atrás, sobre que debía pedirle permiso a su madre y que deseaba usar un kimono bonito para la ocasión.
Makoto la estuvo escuchando atentamente, hasta que mencionó lo del kimono. Después de eso, la castaña recordó un detalle importante, algo con lo que necesitaría ayuda urgentemente.
Suerte que sabía a quien acudir en estos casos.
Después de una larga jornada de estudios y duras prácticas con sus respectivos equipos, Haruka y Michiru encontraban cierto relajo en caminar tomadas de la mano de regreso a sus hogares. Era aquel momento que esperaban todo el día a que llegara, ese tiempo solo para ellas dos. Cuando la rubia aprovechaba para coquetear con su novia y robarle dulces carcajadas con sus ocurrencias.
- Eres preciosa. – Susurraba Haruka contra su oído, mientras se cargaba contra ella y rodeaba su cintura con un brazo. - ¿Sabes qué? Deberían tenerte en exposición en el Museo del Louvre, pues eres una verdadera obra de arte. –
Michiru escondía detrás de su palma su radiante sonrisa.
- Eres una aduladora. –
- Nunca he oído que te disgusten mis halagos. – La rubia sonreía con ese encanto que solo ella posee.
Entonces Michiru la obligó a detenerse, pues sostuvo su rostro con ambas manos. La quedó viendo directamente a los ojos, devorando con la mirada los labios de Haruka. Su gesto fue claro para la rubia, quien se inclinó a besar a su novia.
- ¡Michiru! –
La de melena aguamarina desvió su rostro, buscando a quien la llamaba, y recibió el beso de la otra joven en la mejilla. Haruka se quedó en aquella posición, gruñendo, pues había perdido la oportunidad de besar a su novia.
Fue Makoto quien interrumpió el beso de la pareja.
- ¡Michiru, necesito tu ayuda! – Venía acercándose a toda velocidad, pero se detuvo a medio camino cuando vio la posición en la que se encontraban las otras dos. - ¿Estoy interrumpiendo algo? – Preguntó algo avergonzada.
- No, solo discutíamos sobre teorías de termodinámica. Nada importante. – Fue la sarcástica respuesta de Haruka.
La castaña le mandó una mirada severa por su comentario.
- Ya, perdón, no las quería molestar. – Se disculpó luego. – Es solo que necesito la ayuda de Michiru con urgencia. –
- ¿Mi ayuda? – La joven inclinó su cabeza, intrigada.
Para estar más cómodas y en un ambiente más tranquilo que una calle concurrida, la charla fue llevada a una cafetería que se encontraba a un par de cuadras. Era un sitio pequeño y acogedor, y por el horario, ellas eran las únicas clientas siendo atendidas.
- ¿Y bien? ¿En qué te puedo ayudar, Makoto? – Michiru trajo el tema de nuevo a la vida.
La castaña agachó su mirada, concentrándose en el té de manzanilla que ella había ordenado.
- Verás, necesito un kimono para este fin de semana, pero no tengo idea de dónde conseguir uno. – Comentó la chica. – Deseo saber de alguna tienda donde vendan o arrienden alguno, pero a precios accesibles. –
Makoto vive sola desde hace años y tuvo que aprender a manejar su dinero con responsabilidad. Ella aún no puede hacer uso de las cuentas que dejaron sus padres luego de morir, que obviamente la tienen a ella como heredera, pero recibe mensualmente una pensión. No es un dineral, pero es una ayuda con la cual puede vivir.
De vez en cuando, si ahorra lo suficiente, Makoto puede darse un gusto. Comprarse una cena de su restaurante favorito, un par de tenis nuevos, esa prenda que tanto le gustó en la tienda de ropa.
En fin, tenía dinero ahorrado. Podía costearse un kimono, pues quería lucir preciosa en su salida con Ami. No todos los días puedes ir a un festival con la chica que te gusta. Quería disfrutar esta linda ocasión.
- Tú sabes mucho sobre moda y conoces de tiendas, Michiru. No quiero nada despampanante o de última temporada, con un kimono que tenga un estampado de flores y que sea de mi talla soy feliz. – Makoto se hizo con las manos de Michiru y la miró con sus grandes ojos brillantes. – Anda, ayúdame, ¿sí? –
Era importante, Michiru lo podía ver en los ojos de su amiga. Era algo que la emocionaba, que la tenía inquieta. No sabía qué razón existía para que Makoto deseara comprarse un kimono, pero pensaba apoyarla y, obviamente, la aconsejaría.
- Con gusto te ayudo, querida. – Dijo la joven de cabellera ondulada. – Pero sé muy bien que comprar un kimono significa desembolsar una cantidad descomunal de dinero. Incluso alquilar uno te costaría caro. – Los precios eran altos incluso con aquellos de estampados simples. – Podrías usar el dinero que ahorras, pero para qué utilizar ese ahorro ahora. Te puede servir para otra ocasión. –
- ¿Entonces qué sugieres, Michi? Makoto sabe usar máquinas de costura, pero dudo que sea tan diestra como para fabricarse un kimono desde cero. – Comentó Haruka antes de dar un sorbo a su malteada.
Haciendo uso de una cuchara, Michiru revolvió con calma su café. Deseaba esperar a que se entibiara un poco antes de beber. Sonreía, pues advirtió que mantuvo a Makoto y Haruka atentamente aguardando por su respuesta.
- ¿Saben? Las prendas que no utilizo las guardo en este enorme closet que tengo en mi habitación. Tengo de todo, cualquier tenida que te imagines. – Contó Michiru a las otras dos. – Todos los kimonos que he comprado o me han regalado, y que por diversas razones nunca usé, deben estar en ese closet. – La joven bebió de su café para después continuar. – Estoy segura de que alguno te puede quedar, Makoto. –
¿Acaso estaba insinuando que…?
- ¿Cuánto me cobrarías por uno? – Fue la ingenua pregunta de la castaña.
Michiru no pudo evitar reírse.
- No, yo no pienso cobrarte nada. Yo te regalaré uno de mis kimonos, el que mejor te quede. – Le aclaró finalmente. – Así no tendrás que utilizar tu dinero ahorrado. –
Makoto no podía creer que esto fuera real. Había quedado sin palabras. Este bondadoso gesto le había tocado el corazón, al punto de emocionarla hasta las lágrimas.
- Michiru, gracias… - Pero llorar en público le era terriblemente vergonzoso. La castaña usó sus palmas para tratar de impedir que las lágrimas continuaran cayendo. - ¡Muchas gracias! –
Makoto recibió el apretado abrazo de Michiru, quien se levantó de su asiento y la fue a consolar. La chica se aferró de ella, agradecida y conmovida.
- Vamos, no llores. – Le pedía la de cabellera aguamarina. – Haru, ven y ayúdame a calmar… -
Haruka estaba cruzada de brazos en su propio asiento, tratando de contener sus propias lágrimas.
- ¿También te emocionaste? –
- No, me mordí la lengua. – Era una mala mentira, lo sabía.
Al final, Michiru tuvo que contener tanto a su novia como a su amiga.
- A todo esto, ¿para qué necesitas un kimono? – Una vez que los ánimos se calmaron, Haruka sintió curiosidad e hizo aquella pregunta a Makoto.
Y por la reacción de su amiga, la rubia sospechó que podía tratarse sobre algo relacionado a cierta peliazul que ella conocía.
- Bueno, Ami me invitó a ir con ella a un festival, por eso todo este asunto sobre… -
- ¡Una cita con tu chica! – La interrumpió Haruka. - ¡Lo sabía! ¡Una cita con Mizuno! –
- ¿Tendrás una cita con Ami? – Esto era nuevo para Michiru. ¿Por qué recién venía a enterarse del interés que Makoto siente por su compañera de natación? Pero por supuesto, ¡con razón siempre andaban juntas! - ¡Makoto, me lo habrías dicho desde un principio! –
- Pero no se trata de una… -
- ¿Te gusta maquillarte, Makoto? Déjame maquillarte ese día. – Eran las súplicas de Michiru. Al parecer, este asunto la había emocionado tanto o más que a Haruka, quien se puso a darle consejos a la castaña sobre cómo conquistar el corazón de su amada. - ¿Qué clase de peinado te vendría mejor? -
Era imposible, esto sería de lo que la pareja hablaría toda la tarde, sobre su salida con Ami.
Pero, por otro lado, era bonito ver que se preocupaban por ella. Haruka y Michiru siempre estaban a su lado cuando más lo necesitaba. Su apoyo era bien recibido, también la emoción que les causaba todo este asunto.
Makoto bajó la vista y se fijó en su propio reflejo, ese que se podía apreciar en el té que reposaba en su taza.
- Será el sábado. - Ya lo había decidido. - Le diré cómo me siento por ella ese día. -
Como poseo nulo autocontrol, y tenía este capítulo listo desde hace meses, decidí actualizar hoy. No se acostumbren, estoy segura que no volverá a ocurrir. Esto es algo súper raro.
Muchas gracias por sus asombrosos reviews y por darse el tiempo de leer. ¡Suerte!
