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Le fue muy difícil reprimir su terror y sabia que las nuevas especies tenían un excelente sentido del olfato. A veces podían recoger el aroma de las emociones y le habían asegurado que el miedo era una que podían detectar. Sakura no podía permitirse el lujo de arruinarlo todo. Todo era cuestión de tiempo y de no levantar sospechas.

Sus manos temblaban mientras escondía la nota plegada dentro del primer cajón y se metia en el bolsillo la llave. Cerrarlo con llave le daría más tiempo para poner en marcha su plan antes de que lo encontraran. Ella levantó la mirada hacia el reloj de la pared y su corazón se acelero. Un centenar de cosas podían salir mal y entonces estaría en un montón de problemas si su plan fallaba. Los minutos pasaron a paso de tortuga hasta que por fin dieron las cuatro. El oficial que estaba vigilando al paciente saldría a cenar y ella tenía veinticinco minutos exactos antes de que él regresara.

Sintió sus piernas flojas al ponerse de pie, avanzó lentamente alrededor de su escritorio y respiró hondo en un intento de calmar sus nervios. Durante las últimas veinticuatro horas había repasado y preparado las cosas para que su plan transcurriera sin complicaciones.

Sasori no estaba en su escritorio y eso significaba un obstáculo menos. Ella corrió hacia el ascensor, pulsó el botón y rezó para que quien quiera que estuviera vigilando a Sasuke no se hubiera entretenido en su puesto. Sus dedos rozaron las llaves en el bolsillo de su chaqueta para asegurarse a si misma que podría hacerlo mientras las puertas se abrían.

La silla del oficial en el pasillo estaba vacía cuando traspasó las puertas del ascensor y entró en el sótano. Ella alzó su puño en el aire en señal de alegría. Sus zapatos planos no hacían mucho ruido mientras corría hacia la habitación del paciente y sacó la llave de su puerta. Ella había cogido la llave de repuesto del escritorio de Sasori una hora antes,cuando habían traído a una especie que se había lastimado un brazo en un combate de sparring. La llave giró y la puerta se abrió. Sasuke yacía inmóvil en la cama y ella entró rápidamente en la habitación después de bloquear la puerta para que quedara abierta.

Sólo le llevó un minuto apagar las máquinas, retirarle las vías intravenosas y quitarle el tubo de alimentación. Ella miró su pecho y su cara en busca de signos de dolor o conmoción por la pérdida repentina del apoyo. Su respiración se mantuvo constante.

Ella no tocó sus ataduras, pero se juró que lidiaría con ellas más tarde y usó un pie para quitar el bloqueo de las ruedas de la cama de hospital. Ella la maniobró hacia el pasillo. Le resulto muy duro hacer que la cama girase mientras la empujaba a lo largo del pasillo para llegar al ascensor, pero logró hacerlo.

El miedo se apoderó de ella con fuerza cuando las puertas empezaron a abrirse y gimió cuando vio que no había nadie dentro. Ella le dio un fuerte empujón y consiguió meter su cama en el estrecho espacio. Apretó el botón mientras se apoyaba contra la cama, no tenía ni idea de qué decir y que resultara creíble si alguien la pillaba llevándolo a la planta alta del centro médico.

Las puertas se abrieron y ella se asomó por el borde para mirar la gran sala. Todo el mundo estaba todavía cenando. Pulsó el botón que mantenía las puertas del ascensor abiertas, se volvió y agarró la barandilla de la cama. Tuvo que tirar de ella con todas sus fuerzas, pero logró sacarla del ascensor. Ella retrocedió y dio un paso en su interior, pulsó el botón para que se cerraran las puertas y salió antes de que se cerraran.

Las puertas traseras del centro médico normalmente estaban cerradas, pero tenía las llaves. El sudor corría por su espalda y entre sus pechos mientra abría esa puerta. No había ningún oficial fuera, donde la camioneta de alquiler le estaba esperando. Ella se apresuró hacia ella, abrió la puerta corredera trasera y rápidamente sacó la rampa.

-"Joder"-, susurró ella, agarró el cabecero de la cama y tomó carrerilla. Sabía que era una locura intentarlo y pensó que si no conseguía coger suficiente velocidad la maldita cama la atropellaría cuando se deslizara hacia atrás.

La desesperación le dio la fuerza extra que necesitaba y las ruedas de la cama golpearon contra la rampa. Fue un movimiento brusco pero el impulso que había tomado le ayudó a subir la cama hasta la parte posterior de la pequeña camioneta. El agotamiento le hizo desear el poder desplomarse sobre su culo, pero miró su reloj de pulsera y vio que no tenía tiempo que perder. Tenía exactamente nueve minutos para salir de Sakura antes de que alguien fuera a comprobar a Sasuke. Sólo podía rezar para que no comieran demasiado rápido y volvieran pronto.

Ella cerró las esposas que había comprado en un sex shop y que había dejado puestas en el parachoques interior de la camioneta para inmovilizar las ruedas de la cama cuando se pusieran en movimiento. Metió una manta enrollada entre el borde dela cama y la pared, para que amortiguara el efecto de cualquier bache. La duda le asaltó.

¿Qué pasa si termino matándolo? Oh, mierda. He perdido el juicio, pero ya es demasiado tarde. De ninguna manera podría llevarlo de vuelta a su habitación antes de que se den cuenta de que me lo he llevado. ¡Mierda!.

Ella miró sus rasgos llenos de cicatrices y apretó los dientes. No iba a permitirle morir y eso era lo que iba a pasar si no seguía adelante con su plan.

No le resultó fácil hacer que la rampa regresara al interior de la camioneta por los mismos raíles por los cuales que había salido. La cosa parecía más pesada ahora que cuando la había sacado fuera, pero lo logró. El miedo a que la pillaran secuestrando a una nueva especie y lo que le harían después, fue suficiente motivación para moverse aunque estuviera agotada. Ella cerró la puerta trasera, echó la llave y corrió a la cabina.

Se sentó en el asiento del conductor, miró su bolso que estaba oculto a la vista ,en el suelo y buscó a tientas las llaves. Se abrochó el cinturón de seguridad, arrancó la camioneta y poco a poco piso el acelerador. Se pusieron en movimiento, pero condujo con cuidado para evitar sacudir demasiado a su huésped.

Un rápido vistazo a su reloj hizo que se apresurase hacia la entrada de los empleados. Ella tenía poco tiempo para conseguir sacarlo de alli. Puso el aire acondicionado alto y esperó que eso eliminara cualquier rastro de su miedo. Abrió la ventana mientras se acercaba a las puertas y a los oficiales que la custodiaban.

-"Querido Dios", rezó en voz baja.-"Por favor. Haz que esto funcione. Por favor".

El oficial que la detuvo llevaba un protector polarizado que cubría su rostro. El cristal oscuro ocultaba su identidad, pero ella reconoció su voz.

-"Hola, Dra. Haruno"-. Él volvió la cabeza para mirar hacia la parte trasera de la camioneta. -"¿A dónde va?"-

-Ayer compré unos muebles para mi casa y tengo que devolver hoy la camioneta"-. Ella levantó el brazo para mostrarle su reloj. -"Tengo que devolverla a las cinco. ¿Puedes comprobarlo rápidamente y dejarme ir? El local de alquiler de coches me cobrará un extra si llego tarde"-.

-"Por supuesto"-. Él se subió en el escalón del lateral de la camioneta y miró dentro de la cabina para asegurarse de que nadie estaba obligandola a salir o había alguien ocultándose en el suelo, frente al asiento del pasajero. -"¿Está la puerta trasera abierta?".

¿Por qué diablos tenia el tipo que querer mirar alli? Vamos, maldita sea. Se las arregló para mantener su voz calmada. -"Sí. No hay nada dentro, excepto las mantas que utilice para que no se rayara mi nueva mesa de comedor. Ve y compruébalo".

Él se bajó y ella quiso gritar cuando le vio caminar hacia la parte trasera de la camioneta. Su mirada se fijó en la gruesa verja ante ella y en el otro macho de las especies junto a ella. Había más especies patrullando la pasarela del muro con rifles.

Ella podría chocar contra la verja en un intento de huir, pero ellos abrirían fuego y podrían disparar accidentalmente a Sasuke. De ninguna manera correría ese riesgo.

-"¡Alerta!" dijo uno con gruñido desde lo alto.-"Tenemos a una furgoneta entrante".

Las botas golpearon el pavimento y el agente pasó corriendo junto a su puerta para llegar a la entrada. Una furgoneta destartalada se detuvo al otro lado y un hombre robusto salió de ella.

-"No tienes permiso para estar aquí", dijo uno de los oficiales de las especies. -"Vuelve a tu vehículo y da la vuelta. Esta entrada se encuentra fuera de tus límites".

-"Cálmate. Sólo necesito que me indiques como llegar". El hombre miró a la camioneta, pero tuvo la precaución de apartar la mirada. -"No disparen. ¡Maldita sea! ¿Esas son armas de verdad? Sólo me he perdido. Creo que he cogido un camino equivocado". Más oficiales entraron en escena. Ellos cuidadosamente lo agarraron, lo hicieron girar y lo cachearon.

-"¿Hola?"- Ella sacó la cabeza por la ventanilla para llamar la atención del oficial.

-"Tengo que irme. ¿Puedes comprobar la parte trasera y dejarme pasar?"

El oficial estaba concentrado en el desconocido y en lo que la camioneta destartalada pudiera contener. Ella contaba con eso. Él le hizo una señal con la mano para que se marchara y la verja se abrió.

La culpa la devoró mientras conducía despacio por delante del tipo que había contratado para distraer a los agentes. Lo tenían esposado en el suelo y se disponían a registrar su camioneta. Él le lanzó una mirada asesina antes de que ella acelerara. No le arrestarían si mantenía la historia de que se había perdido y ellos no encontraban nada alarmante dentro de su camioneta. No lo retendrían mucho tiempo.

Sakura no se relajó hasta que se metió entre el tráfico en la carretera. Tuvo mucho cuidado de no sobrepasar el limite de velocidad para no llamar la atención. Lo último que necesitaba era que la detuvieran por exceso de velocidad. Se preguntó cuánto tiempo pasaría antes de que la Organización de las Nuevas Especies ordenara que un helicóptero buscara desde el aire su camioneta de alquiler. Supuso que no tardarían mucho.

Cuando se acercó a la salida exhaló un suspiro de alivio. No había gasolineras o tiendas a la vista. La carretera era de dos carriles, unos que no solían usar frecuentemente y por fin vio la envejecida y casi caída verja.

El camión se balanceó cuando se detuvo frente a ella. Alzo la mirada hacia el cielo y agudizó sus oídos en busca del ruido de un helicóptero. Sólo oía el ruido del motor de su camioneta en marcha. La puerta de entrada a la propiedad chirrió estrepitosamente cuando la abrió de par en par, regresó a la camioneta y condujo por el camino. Se detuvo de nuevo, bajó y cerro las puertas otra vez. A un kilómetro de las puertas había un cobertizo abandonado y una granja. Ella había dejado abiertas las puertas del cobertizo la noche anterior así que simplemente condujo la camioneta dentro.

No se calmó hasta que cerró las puertas y abrió la puerta trasera de la camioneta. Tuvo que usar la pequeña linterna que guardaba en el bolsillo interior de su chaqueta para ver en la oscuridad mientras subía a la zona de carga. La cama estaba en la posición correcta, gracias a las esposas que la habían mantenido contra la pared y en silencio le dio las gracias al tipo del sex shop que le había jurado que eran las mismas que usaba la policía.

Probablemente se había creído la excusa de que quería comprar las esposas más fuertes que tuvieran para jugar con su novio culturista. Se detuvo al lado de la cama. Sasuke descansaba pacíficamente mientras su pecho subía y bajaba. Lágrimas de gratitud llenaron sus ojos. Él había sobrevivido.

-"Te tengo aquí. Lo logramos. Ahora sólo tenemos que esperar hasta que anochezca un poco y te llevaré dentro de la casa".

Se inclinó sobre él y apartó los mechones de su sedoso cabello negro de su mejilla. Su piel se sentía más caliente, pero eso era normal en las especies. Aún así le tomaría la temperatura cuando le instalara en el salón, lo había equipado con los suministros necesarios para cuidar de él. Ella se aseguraría de que la eliminación tan rápida del tubo de alimentación no le provocaba una infección.

-"Ahora solo estamos tú y yo, Sasuke. No te asustes si eres consciente de lo que ha pasado. No voy a hacerte daño. Lo hice para salvarte.

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