Toca fondo, pero no eternamente
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Disclaimer: SS y sus personajes no me pertenecen, son propiedad y autoria de Masami Kurumada.
Había permanecido en ese sitio por mucho tiempo, tanto así que por un momento olvidó su malestar, por ese momento aquella desagradable sensación en el cuerpo se le había esfumado como humo al viento al igual que su respiración. La chica a la que había acompañado por el pueblo para saldar su deuda estaba en una de las mesas que dan a la ventana, allí la chica descansaba su rostro sobre unas de sus manos con la vista perdida en la nada. Todo este tiempo había pensado que la chica era algo extraña, despistada e ingenua, pero el único con esas cualidades había sido él mismo. Desvió el rostro siguiendo el camino de regreso a casa y como un golpe todo se le aventaba sobre él, las náuseas, la asfixia, el doloroso latido de su corazón. Esta vez agachó la cabeza y salió a paso firme, ocultando sus ojos de la vista de los demás, mientras que en su mano la pelota que le había regalado aquella joven era estrujada a más no poder, blanqueando los nudillos de la mano.
Miró hacia atrás mirándola por última vez. No sabía cuándo volvería al pueblo, ni tampoco sabía si volvería a verla algún día.
Llegó a su templo sudado, había caminado a todo lo que daban sus pies sin parar en ningún momento. Cuando pasó el umbral de su templo un sentimiento de confort había llenado su cuerpo, se echó en el sofá más cercano descansando su espalda en el espaldar con la cabeza echada hacia atrás, respiraba agitado, llenaba sus pulmones de aire nuevo, de tranquilidad, de confianza, de protección.
No sabía por qué, pero por alguna extraña razón se sentía mal y no mal en el sentido físico como había estado desde hace casi dos horas, sino mal en conciencia, se sintió el mayor idiota de todo el mundo, ¿cómo podía estar él agobiándose por esas cosas cuando había personas en el mundo quienes aun teniendo menos podían superarlo?. En realidad, eso jamás había pasado antes por su cabeza, tal vez porque nunca había sufrido de esos males, él siempre fue una persona con el suficiente orgullo y confianza como para que se pudiera meditarlo siquiera, pero ahí entraba en otra situación, en que él jamás había estado pendiente del resto de las personas, no como el siempre creyó y se jactó. Fue en su juventud tan orgulloso y egocéntrico que pensando que estando cerca de las personas ya era suficiente para que estas abandonaran sus problemas, como si se tratase de un Dios quien bendijera todo lo que tocaba a su paso y fuera suficiente para que el resto se postrara a sus pies. Y no podía estar más alejado de la realidad. Él quien se jactaba de ser alguien misericordioso y bondadoso jamás se había preocupado por un aldeano que estuviera en mayor problema, ¿Cuántas personas había en el pueblo que necesitara asistencia médica especial?, ¿Cuántos eran los que no tenían los medios como para costearse sus medicamentos?, ¿Cuántos eran los padres quienes no tenían como alimentar a su familia?, ¿Cuántos huérfanos existían aún en ese pueblo? Y podía seguir extendiendo la lista de preguntas, pero eso lo haría sentir mas miserable y egoísta, y no quería sentirse así, no quería ser así nuevamente.
La cabeza le daba vueltas por tantas cosas y amenazaba con dolerle las sienes, exhaló con fuerza sin saber realmente que hacer, restregándose el borde de su mano por la frente para quitarse el exceso de sudor notando algo extraño, en ella traía la pelota que le había pasado aquella joven del pueblo, la mantenía apretada todavía, soltó su mano para liberarla de la tortuosa presión de su fuerza y la miró por unos segundos. Él realmente quería ayudar al pueblo, pero no sabía que hacer o si estaba apto para hacerlo y entre tanta confusión, como si de una señal divina se tratase una idea le llegó a su mente, tenía dos opciones no hacer nada y quedarse con esos ruidos en su mente y alma o se armaría de valor y contribuía en su propia sanidad y en la del resto. Se levantó mirando la esfera en su mano una vez más, no sabía por qué, si había sido tal objeto el que lo había ayudado, pero de algo estaba seguro, que volvería al pueblo, por él, por su mente, por su tranquilidad.
Estaba por anochecer cuando todos habían recibido una invitación a reunirse en el templo de la Diosa Athena. Saga quien había terminado de bañarse se encontraba descansando sobre su cama leyendo un libro. Se levantó de inmediato y temió que algo malvado estuviera rondando por el Santuario o por los alrededores, por lo que corrió lo más rápido que pudo en busca de géminis. Se puso su armadura y subió hasta el templo de su Diosa, encontrándose en el camino a sus demás compañeros, quienes enfundados en sus corazas doradas se les veía su cara de preocupación, incluyendo a Kanon quien al no ser el legítimo guardián fue aceptado por la Diosa y llamado a reunirse con el resto. Todos iban serios, alguno que otro intentaba lograr calmar el ambiente con algún comentario gracioso, pero no lograban su cometido.
Cuando los trece llegaron frente a Saori se arrodillaron en forma de saludo. La Diosa les dio la bienvenida, el grupo se levantó y esperaron atentos a la noticia que su Diosa.
—Queridos Caballeros, los he llamado para darles a conocer una gran noticia. —Comenzó a hablar la joven pelilila quien se veía particularmente emocionada y hasta orgullosa. La mayoría se habían relajados ante lo dicho por su Diosa quitando esa postura rígida casi robótica, para dar paso a las verdaderas posturas de aquella noche— En vista de lo alejado que se ha encontrado el Santuario del pueblo de Rodorio en los últimos años, hemos decidido con Shion que es hora de hacernos participes en el crecimiento cultural, educativo y espiritual, de formar un vínculo positivo con los habitantes del pueblo, —La mayoría estaban sorprendidos y hasta emocionados por la noticia, todos habían sido participes fantasmas en cuestiones sociales con el pueblo, desde siempre se les había prohibido bajar al pueblo a no ser que sea por asuntos puntuales, la tarea de buscar las cosas necesarias para cada ser humano eran hechos por personas anexas al santuario o aprendices.
Saga en particular tenía una batalla interna, estaba totalmente de acuerdo con la dedición tomada por la joven Saori, pero no podía evitar sentirse culpable de que la brecha que existía entre el Santuario y Rodorio fuera por su culpa.
Durante los primeros años de su poder sobre el santuario él solía bajar en su lapsus de conciencia donde por, quizás remordimiento, daba vueltas por el pueblo con su identidad oculta tras los ropajes papales, pero las cosas fueron cambiando paulatinamente, ya no podía tener control de si mismo y de a poco las visitas al pueblo fueron menguando hasta que ya no colocaba ni un pie fuera del Santuario, prohibiendo que el resto de los caballeros dorados fueran a mezclarse con el resto del pueblo, incluyendo a la mayoría de los caballeros de plata, siendo solo permitido solo a un grupo de caballeros de bronce, los cuales estaban bajo la confianza del Patriarca.
Fueron estas las razones por las que después de terminadas las guerras y su vida de vuelta en el mundo terrenal era que sentía un deber con el lugar.
—Estuvimos en una difícil aceptación de nuestros servicios con el poder político en Athenas, pero por fin nos han accedido a retomar las decisiones sobre los habitantes y el pueblo, incluyendo defensa, economía y educación, con algunas restricciones, pero eso es lo de menos, ya hemos logrado lo que queríamos. Y como primera acción, estamos planeando la restauración y el patrocinio del orfanato del pueblo, más la construcción de una universidad en el pueblo —La sorpresa de los santos no se hicieron esperar, algunos estaban en total acuerdo, más algunos creían que era un proyecto muy grande para comenzar. No cabía duda de que cuando la Diosa deseaba era en grande, quizás para ella era solo un grano de arena en comparación con sus planes con la humanidad—, por eso haremos un festival para dar a conocer esos proyectos al pueblo en el solsticio de primavera, ahí nos daremos a conocer al pueblo y empezaremos una nueva era de paz.
Las felicitaciones por parte de sus caballeros no se hicieron esperar, Saori se veía feliz y emocionada, se notaba que era un asunto de gran importancia para ella y nadie se atrevió a declinar alguna ayuda, aunque no estuvieran del todo de acuerdo, como era el caso de DeathMask y Shura.
—Caballeros estamos a solo tres meses y medio del solsticio de primavera, —Tomó Shion la palabra y el resto de los presentes callaron— y necesitamos la ayuda de ustedes para poder llevar a cabo una buena presentación, por lo que si no tienen algún inconveniente—
—Yo creo esto es una perd… ¡ogh! —En la fila se podía ver a DeathMask inclinado tras un golpe en las costillas por parte de Afrodita quien parecía bastante abochornado por tal comentario de su compañero.
—¿DeathMask, ocurre algo? —Preguntó Shion con sarcasmo.
—Nada… todo en orden —dice con dolor, el resto de sus compañeros rieron a costa del dolor del cuarto guardián.
—Bien como nadie está en desacuerdo, estaremos reuniéndonos para los preparativos, así que estén atentos, pueden retirarse. —Fue la orden directa, el resto contento de ya poder volver al templo se despidieron de la Diosa y de Shion antes de salir con calma por la puerta principal.
Saga salió de ahí con algo de recelo, el tenía planeado acercarse al pueblo a su ritmo, pero al parecer tenía menos tiempo del que esperaba, ¿podría llevar las cosas con tranquilidad en tres meses?, sinceramente esperaba que sí, no podría imaginarse a él mismo haciendo tremendo espectáculo por otro ataque de pánico.
—¿Qué te pareció esto?, ¿No crees que es maravilloso? —se escuchó una voz a un lado de él, que lo hizo volver a la realidad. Aioros se había adelantado hasta llegar a su lado— Así podrás hacer lo que has venido deseando desde hace tiempo. —le dice aparentemente feliz por él, pero tal parecía que él era el único que no parecía muy feliz con eso— ¿ocurre algo?, no te veo muy entusiasmado —pregunta.
—Me encanta —dice con su tono de voz monótona.
—Pues avísale a tu cara, pareciera que fuera una mala profecía en vez buenas nuevas. —le dice bromeando, una mueca que parecía ser sonrisa apareció en la angustiada cara del gemelo y Aioros quitó esa cara burlona por una preocupada— ¿Hay algo por lo que deba preocuparme? —Saga agacha la cabeza, había conversado lo último que le había ocurrido solo con Mu, pero con las noticias recientes necesitaba contarle esto a su mejor amigo.
—Tuve un ataque de pánico hace unos días en el pueblo y salió lastimada una persona —dice, Aioros se queda callado por un momento la espera de alguna otra cosa que Saga pudiera aportar- Mu dice que es mi mente quien intenta protegerme de otros eventos traumáticos y que costará algo de tiempo en que pueda quitarse.
—Vaya, ¿fue algo muy grave? —Saga le explicó todo lo que había sucedido, evitando contarle que se había encontrado con la joven que había lastimado, no lo encontraba realmente importante, por lo demás no omitió nada— No parece algo tan grave, pensé que habías mandado a otra dimensión medio pueblo —Intenta subirle el ánimo, pero por la cara de su compañero parece no funcionar— Mira, aunque no puedo perdonarte que hayas ido primero a contarle a Mu tus problemas antes que a mí, pienso que tiene razón, creo que si bien pudo pasar algo peor también creo que puedes superarlo y hacer que no pase nada en un futuro.
—Tengo tres meses para no desaparecer el pueblo —le dice, el dramatismo estaba en los genes geminianos al parecer, pensó Aioros.
—No creo que desaparezcas el pueblo, pero solo tú puedes quitarte esos pensamientos negativos de tu cabeza, que lo único que hacen en vez de incentivarte es darte los peores panoramas, por favor no caigas en la paranoia —le dice con sinceridad, apreciaba a Saga mucho mas que a un viejo amigo, si no más bien como su hermano y por eso no quería que el se perdiera solo por esos lados donde la cordura mental no tiene regreso, pero como lo había dicho, solamente él podía salir de la burbuja del pesimismo y pasar al mundo de la realidad, no esperaba que fuera el positivismo en persona, pero que pudiera ver las cosas de otras formas que no sean las negativas era un gran paso— Bien, tengo que dejarte, piensa en lo que te he dicho por favor. Buenas noches Saga.
Ambos se despidieron en Sagitario y Saga siguió su camino alejados del resto, meditó en el trayecto a su templo las palabras de Aioros, en lo que podía pasar si él seguía cayendo en esos pensamientos positivos, necesitaba llevar las riendas de sus pensamientos y creen en sí mismo, era una batalla que él tenía que pelear con su negatividad. Cuando llegó a Géminis se fue directo a su cama dejando su armadura guardada y volviendo a su habitación. Mañana sería otro día, haría que todo esto que él estaba viviendo valiera la pena.
No había bajado al pueblo como en unas dos semanas, quería esperar un par de días antes de volver a pisar el lugar, pero no contaba con una misión importantísima donde no podía negarse a ir y la cual le había tomado un poco más de la cuenta en terminar. Así que estaba ahora pisando la entrada del pueblo para intentarlo una vez más. Saga tenía la vista fija en la calle que guiaba al centro del pueblo, con la mente repitiéndose frases positivas y con la mano derecha apretando una pelota de goma hasta deformarla por completo. Caminó con pasos seguros adentrándose entre las pequeñas casas para dar inicio a las construcciones más grandes.
No había avanzado mucho cuando una sensación conocida le invade el pecho, las palpitaciones se habían acelerado. Se detuvo para respirar profundo, mientras que su mano estrangulaba sin piedad la pelota. Cuando se hubo relajado decidió dar un par de pasos más, siguiendo un ritmo de respiración profundo y hasta exagerado. No se detuvo hasta que el dolor de cabeza se instaló en su mente que tuvo un poco de precaución, todo le daba vueltas de una forma lenta, por lo que se apoyó en una de las paredes de una casa, apretando y relajando.
No pasó mucho para que todo se diera vuelta a su alrededor de forma más rápida y la boca se le llenara de saliva. Pensó en seguir, pero se sentía terrible. De pronto algo ocurrió, no supo porque, tal vez fue instinto o precaución propia, pero giró su cabeza a un costado y vio a unos cuantos metros a un hombre de avanzada edad cargando un par de cajas sobre una carreta de madera y sobre él una escalera de emergencia antigua a punto de caer sobre el anciano.
Saga dudó, entre la maraña de sensaciones que sentía, no sabía si ir en su ayuda, bastó que alguien pegara el grito para advertir que la escalera se había desprendido por completo cayendo en picada hacia abajo. La gente que estaba pasando por ahí, se quedó absorta ante la catástrofe que se avecinaba, algunos se tapaban los ojos ante lo inevitable y otros simplemente se habían quedado petrificado sin saber qué hacer.
Se sintió primero un golpe seco y luego el sonido metálico del fierro al caer al suelo, las exclamaciones de la gente alrededor no se hicieron esperar, acercándose para comprobar con sus propios ojos lo que había sucedido. Nadie supo cómo, ni a qué hora un hombre se había interpuesto entre el anciano y la vieja escalera, deteniendo el impacto solamente con su brazo derecho para luego caer el objeto al suelo. La gente se le había acercado hablando todos a la vez.
Saga se giró para ver al anciano y este sin saber bien que había pasado le dio las gracias, donde este lo único que pudo hacer fue asentir. Bastó apenas unos segundos para que el lugar se atestara de gente, la mayoría curiosos que se acercaron luego de los gritos de los ya presentes. Saga empezó a sentirse extraño rodeado de tanta gente y salió de ahí como pudo, ya había sido suficiente por el día de hoy.
Se había alejado del pueblo, había llegado al comienzo del bosque, avanzó unos cuantos metros adentro y se recostó debajo de un árbol, ahora si podía relajarse luego de eso. El griego suspiró cansado, eso había sido extraño, por un momento se había sentido como en esos tiempos antes de que Ares invadiera su mente, por un momento se había sentido pleno, que era él mismo, pero había sido por solo un momento, ya que pronto había vuelto ser la persona actual, ver tanta cantidad de gente observándolo lo habían puesto nervioso otra vez. Sacudió su cabeza alejando esos pensamientos pesimistas y se quedaría con este lapsus de tiempo donde fue el Saga que siempre debió haber existido. Cerró los ojos, aún era temprano para volver al santuario y quería extender esa felicidad por un tiempo más antes de volver. Y así Saga quedó inmerso en un sueño tranquilo, en medio de un lugar sereno y con una pequeña sonrisa en los labios.
Saga llegó al santuario con las energías renovadas, se duchó y caminó a su habitación para recostarse en su cama, haberse quedado apoyado en el árbol no había sido tan buena idea después de todo, pero adolorido y todo no podía quitarse el gusto de la satisfacción. Había dado un gran paso hoy, aunque por un momento pensó que colapsaría. Llenó sus pulmones de aire y le parecía ahora algo tan renovador, como si sintiera la libertad en cada inspiración, como si con eso su cuerpo se llenara de nuevas oportunidades. Llevó una mirada a su mano, quien tenía consigo la pelota de espuma que le había prestado aquella joven, la apretó con fuerza, deformándola hasta quedar reducida bajo su palma, luego la soltaba y veía como esta volvía a la normalidad, no importaba las veces o la fuerza que él utilizara, esa pelota siempre volvía a su estado original.
¿Él podría llegar a ser esa pelota alguna vez?, ¿que a pesar de que la vida lo comprimiera a tal punto de creer dejarlo inservible él pudiera a volver a ser la misma persona que antes?, ¿podría gozar de esa capacidad?. El día de hoy le había demostrado que sí, pero nadie le aseguraría que mañana sería exactamente igual que el día de hoy, tal vez el mañana lo apaste de nuevo, pero él sabía que tenía que ser fuerte para soportarlo y volver. Lo meditó un poco más con algo más de confianza y pensó que tal vez haberse cruzado con esa chica le sirvió para darle una pequeña lección. Quizás algún día se cruzaría nuevamente con ella y le agradecería, pero por ahora, se enfocaría en superarse cada día más.
—Saga ¿estás ahí? —se escucha la voz de Kanon afuera, adiós a la tranquilidad.
—Tal vez está descansando —la voz de otra persona resonó.
—Ese maldito todavía debe estar holgazaneando. —lo escuchó afuera de su cuarto— ¡Muy bien Saga mueve tu trasero, vamos a… ¿qué ocurre contigo? —Kanon había abierto la puerta y este se había quedado en el umbral mirándolo extrañado.
—Nada, ¿Qué ocurre contigo?, ¿no sabes tocar acaso? —le pregunta sentándose en la cama mientras ambos se golpeaban con la mirada.
—Se tocar muchas cosas, mujeres por lo general, pero mi preocupación ahora está en ti, dime ¿qué hiciste con la mazmorra que tenías de habitación? —Kanon observa de arriba abajo y vuelve a mirar a su hermano—. Y yo que creía que la luz del sol no llegaba hasta este lugar —
—No fastidies y dime ¿a qué has venido? —dice mientras se sienta en su cama y deja de lado la pelota.
—Aioros está preocupado por ti, te vio bajar esta mañana al pueblo y llegar sin armar un lio —Kanon entró y se paseo por la habitación como buscando algo que rompiera con el orden.
—Eso no es asunto suyo —Saga lo ve con el ceño fruncido, odiaba la mala costumbre de su hermano en no respetar su espacio.
—Lo sé, pero díselo a él, es más insistente de lo que creí. — Kanon se asomó por la ventana, afuera el día estaba hermoso, iba a lanzarle otra broma a su hermano, pero lo pensó mejor y decidió dejarlo así por el momento, quizás con su mal humor podría cambiar hasta el clima.
—Lo siento si me preocupo por mis amigos, —el castaño entra e inspeccionando la habitación con una mirada rápida, ahora entendía porque el dragón marino había tardado tanto, tan solo hace unas semanas Saga había estado con una crisis que lo mantenía recluido en su cuarto a no ser que tuviera misiones que hacer o ir a algún entrenamiento. Por lo general se mantenía con la habitación a oscuras y desordenada, pero ahora estaba todo en orden y la luz del sol entraba por la ventana y eso a Aioros le fascinaba— Pareces estar de buen humor. —
—Define buen humor, por favor. —dijo Kanon.
—Sabes a lo que me refiero, —dice y se dirige donde Saga y se sienta, la verdad era que no tenía buena cara, pero el ambiente no tenía esa aura oscura y triste, más bien, era algo normal—vine porque necesito hacer unos trámites en el pueblo, y todos están ocupados con la fiesta de primavera que está organizando la señorita Athena, y bueno, tu hoy bajaste al pueblo y no tuviste ningún problema, así que ¿me acompañas? —le dijo pasando un brazo detrás de la espalda. Apenas llegó de su misión en Alemania, Aioros le comentó que era él el encargado de supervisar todo para el festival, que Camus, Shaka y Mu eran los encargados del proyecto en físico, pero que toda decisión tenía que aprobarla él y Shion.
Saga no sabía bien si ir o no, hoy había salido todo bien, pero no quería tampoco tentar a su suerte.
—Kanon irá también —le dice creyendo que así podía convencerlo. Saga le regala una mirada de fastidio, obviamente eso no lo convencería—, vamos es solo ir a buscar un par de cosas y volveremos. El pedido que hice hace diez días debió haber llegado hoy en la mañana. —
—De acuerdo. —dice finalmente, ¿qué podría hacerle bajar otra vez?. Además, el sol estaba por ponerse, ya las actividades en el pueblo debieran estar terminando, por lo que no habría mucha gente.
—Muy bien, ¡vamos! —Aioros no cabía en su emoción, se levantó y salió de la habitación seguido de Kanon. Saga se incorporó con algo de pereza, respiró profundo y botó el aire con fuerza mientras se golpeaba las mejillas, estaba a punto de salir cuando se dio cuenta de que algo le faltaba. Sobre la cama había dejado la pelota de espuma, la tomó rápidamente y salió de la habitación para encontrarse con los otros dos. Internamente les rogó a los dioses de que no se arruinara el día.
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Llegaron al pueblo cuando el sol se estaba poniendo en el horizonte, Aioros se había dedicado todo el camino a hablar sobre el festival de primavera que se celebraría dentro de tres meses en las afueras del pueblo, por el camino que da al bosque, donde todos los caballeros debían participar en la organización, tanto la elite dorada como el resto de la orden y sería en conjunto con los habitantes del pueblo, todo con el fin de concluir los deseos de su Diosa.
El trio de santos se encaminaron, Aioros se encargaba de que no hubiera silencio, ya que era en ese momento cuando el cosmos de Saga se volvía inestable.
—¿Qué es lo que vinimos a buscar exactamente? —preguntó Kanon, mientras giraba descaradamente su cabeza al pasar por el lado de una jovencita.
—Kanon, ten más respeto —le corrigió su hermano, quien apretaba y soltaba la pelota a cada instante. Sintiendo el comienzo de una pequeña opresión en su pecho, pero que había estado controlando desde que llegó.
—Vamos, no puedes negar que era hermosa —responde y escucha algo parecido a un gruñido— ¿Y bien? —le pregunta al castaño, ignorando a su hermano. El arquero se veía particularmente feliz, desde que eran niños, siempre le gustó verlos pelear.
—Telas —respondió sin más. Ambos gemelos se miraron.
—¿Telas? —preguntaron a la vez. Aioros mantenía su cara de felicidad, mientras ambos estaban desconcertados, ¿para que quisieran unas malditas telas? Se preguntaban los dos.
—Ya llegamos, la tienda que está cruzando la plaza. —dijo Aioros, cruzando junto con sus dos compañeros. La tienda se encontraba a mitad de cuadra y por fuera no se veía la gran cosa.
Al entrar quedaron sorprendidos por la cantidad de gente que había en el lugar, casi podían decir que estaba el pueblo entero ahí. En cada costado de la tienta había rollos de telas que estaban en exhibición, la gente se empujaba para poder elegir y comprar. Aioros como pudo se metió mientras Saga y Kanon lo seguían por atrás. Esto era bastante incómodo, apenas si podías moverte con libertad sin chocar con alguien.
Saga sentía que no podría controlar su ansiedad por mucho tiempo, las mujeres que allí se encontraban iban y venían, empujándolo y golpeándolo con sus enormes carteras. Se encontró a él mismo respirando de forma irregular y una sensación desagradable amenazaba por acrecentarse en la boca del estómago. Sintió una mano que lo jaló de ahí, había sido Aioros que por fin había podido llegar al mostrador.
—No te quedes atrás —le dice, mientras que le entrega a la dependienta, una hoja. La señora lee la factura y los mira sorprendidos.
—Enseguida vuelvo —le dice y sale de inmediato. Ahí en el mostrador, los tres se quedan esperando, la temperatura en el lugar era bochornosa, apenas si se podía sentir que corría algo de viento. Saga se apoyaba sobre el mesón de madera y apretaba los dedos en el borde, Aioros notó que sus dedos estaban blancos por la presión, luego subió la mirada para verlo directo a los ojos, estaba pálido y tenía la mandíbula tensa.
—¿Estas bien? —preguntó por lo bajo, pero no hubo respuesta de su compañero. Bastó solo unos segundos cuando escucha algo crujir, lleva la mirada al mesón y este se había partido en el borde, donde los dedos de Saga no dejaban de hacer presión. Maldijo en voz baja, le tomó las manos y las bajó— Deberías esperar afuera, Kanon lleva a Saga afuera yo esperaré aquí —
Kanon tomó a Saga por los hombros y lo sacó del lugar, caminaron un par de pasos para alejarse de la gente que había afuera de la tienda, no sabían en que momento había llegado más gente. Saga se apoyó en un local, llenando sus pulmones de aire fresco, mientras llevaba una mano a su bolsillo, sacando la pelota, apretándola con desesperación y soltándola apenas unos segundos para volver apretarla lo más que podía. Cerró sus ojos, intentando concentrarse en la pelota y eliminando el bullicio que había cerca de ellos. Respiró hondo una vez más, la bulla parecía desaparecer poco a poco, la presión en su abdomen parecía liberarse y su corazón comenzaba a llevar un ritmo más normal.
Kanon se acercó a su hermano, observándolo sin molestarlo, sabía que este estaba luchando por mantenerse estable, solo se quedaría ahí hasta que él pudiera estabilizarse por completo, confiaba en su hermano, sabía que podía hacerlo.
—¿Estas mejor? —pregunta el dragón al verlo incorporarse y abriendo sus ojos. Saga solo asiente y Kanon suaviza la expresión de su rostro— Espérame aquí iré a ayudar a Aioros, no tardo. —Saga volvió a asentir y Kanon se marchó rápidamente. Saga volvió a concentrarse, podía sentir como el flujo de sangre pasaba por todo el cuerpo, apoyó su espalda en el mismo local y se cruzó de brazos esperando, miró el cielo, ya se había oscurecido. Pasó una de sus manos por la cara quitándose el sudor frio de la frente, cuando su vista se clavó en alguien que pasaba en la calle contraria, al otro lado de la plaza.
No era la mejor imagen, pero podía ver la silueta de la joven de aquel día, viniendo desde una de las calles, en esa dirección se encontraba la cafetería. Iba con un vestido azul y el cabello suelto mientras caminaba del gancho de una mujer, en dirección al oeste. La quedó observando hasta que ambas siluetas se perdieron de su vista.
—Ya estamos listos, ¿Cómo te sientes? —La voz de Aioros lo hizo regresar a la realidad.
—Estoy bien —le dice, y ve como le arrojan algo mientras lo atrapa, era un rollo de tela. Miró a la dirección de donde venía, y vio a Kanon acarrear varios rollos.
—Ahora que estas mejor deberías ayudarnos con esto, toma —le dice y le entrega otros cuatro rollos. Los tres iban cargados con cinco rollos de lino blanco y tul dorado— Hora de irnos, si sigo un momento más aquí enloqueceré. —Dice Kanon, aunque no sería el único que lo hiciera.
Los tres cargaron como pudieron los rollos de tela, Aioros y Kanon comenzaron a caminar mientras Saga se quedaba observando por el sitio donde la chica había desaparecido. La voz de su hermano lo llamó y este cargado como los demás siguió el camino.
El día anterior había sido frustrante y Aioros se sentía culpable de que Saga haya llegado medio mareado a su templo. El castaño de reojo miraba al moreno quien se encontraba unos metros lejos de él, el entrenamiento matutino estaba por terminar y él quería acercarse a su amigo para disculparse, saber cómo se sentía, si podía ayudar en algo, en lo que sea. Dohko dio por finalizada otra jornada de entrenamientos y para eso los hizo correr cincuenta vueltas alrededor de la arena.
—Hola —Le dice el castaño estando a un lado del moreno. Aioros lo había alcanzo en la segunda vuelta, con algo de pena en tocar el tema del día anterior.
—Hola —le responde Saga parcamente, el entrenamiento había sido durísimo, lo delataba el sudor que lo envolvía al punto de pegar su ropa al cuerpo.
Silencio
—¿Cómo estás? —pregunta. Saga lo mira de reojo, había algo extraño aquí. Pasan la tercera vuelta.
—Bien —es la sutil respuesta, Aioros se muerde la lengua, esto sería más difícil de lo que creía. Así que tenía dos opciones o estirar el pre dialogo con preguntas y respuestas simples o iba directo al grano.
—Sabes, quería disculparme… —dice jadeando— fue muy imprudente de mi parte haber insistido en que me acompañaras al pueblo, —Saga lo mira con toda su atención— pero es que estaba tan contento por tu progreso de ayer en la mañana, habías llegado de tan buen humor que pensé que podrías lograrlo una segunda vez —jadea y toma un poco de aire, la garganta se le comienza a secar— , además estaba confiado de que si ibas con alguien cercano podría ser menos complicado, —se ríe— que tonto… —Aioros no sabía cómo terminar ese monologo suyo e iban recién en la décima vuelta. Pronto el silencio se hizo presente, no era un buen indicio para el castaño.
—No tienes por qué sentirte culpable, —dice jadeante el moreno al ver como Aioros disponía en alejarse— supongo que tenté a mi suerte… —respira— al igual que tú pensé que podría ser menos incomodo el ir contigo y Kanon, pero… —hace una pausa, se completaban quince vueltas— supongo que no funciona de esa manera. Gracias por preocuparte por mi progreso, —Saga le regala una sonrisa y le palmea el hombro— significa mucho para mí. —Ya eran veinte vueltas.
—De nada —responde, en realidad no tenía mucho ya que decirle, Saga le había dicho todo y se había sacado un peso de encima. No podía evitar sentirse mal por sus problemas, ni sentirse feliz por sus progresos, que saberse el culpable de que retrocediera lo que con tanto esfuerzo hizo por su cuenta le devastaba hasta un punto inimaginable, o no, para el geminiano— Espero no arruinarlo la próxima vez —sonríe y Saga se alegra de que el cosmos de Aioros volviera a ser el mismo.
La conversación de ellos pronto se hizo más fluida, tanto que no se dieron cuenta cuando habían pasado las treinta vueltas y que no quedaba mucho para terminar su entrenamiento. Saga le prometió que le invitaría un café el día que él se hubiera librado de aquella crisis tan molesta y Aioros le prometió que lo apoyaría en todo lo que tuviera en su alcance. Cuando terminaron las cincuenta vueltas ambos se iban como los amigos que habían sido desde el comienzo, antes de que cualquier guerra o envidia se interpusieran entre ambos.
Hola querubines!, volví después de... no sé cuantos días. la verdad es que no pensé que podría gustarles la historia, es que siempre que tengo algo llega la inseguridad cuando ya le he publicado y me martifico con eso jajaja, pero de verdad estoy feliz de que le hayn dado una oportunidad sobre todo a Radamanthys'Queen, Mago del hielo, Monik83 y Tankar 856. Por sus comentarios, besitos enormes para ustedes y espero les guste este capitulo igual.
Y obviamente a los lectores fantasmas que andan por ahí, sí tu, gracias.
Bueno, creo que no es un secreto para nadie que Saga está algo mal de la cabeza, si bien es algo que se ve en toda la serie, yo quise darle un toque más humano y que no fuera por obra de los dioses que esté curado y sanado de su pequeño estrago mental, por lo que esto fue algo mas sutil en comparación con lo de la serie.
Esperemos que pueda llevar a cabo su meta y no quede en el camino, cualquier cosa puede pasar con ese hombre.
De nuevo, muchas gracias por los comentarios, espero les guste este capítulo y nos leemos pronto (espero).
