¡Hola comunidad! Hace muuucho que no subo lo que había dejado pendiente. Lo sé, pasó DEMASIADO TIEMPO, pero es que yo tengo muchas responsabilidades y poco tiempo libre. Lamento mucho eso, pero es algo que nos pasa a muchos...

Sin embargo, aquí está el prólogo de esta historia. Espero les guste.

AVISO: EL SIGUIENTE CONTENIDO PUEDE CONTENER SPOILERS, ASÍ COMO TEMAS SENSIBLES. LÉASE BAJO SU RESPONSABILIDAD.

Deseos de un caballero: PRÓLOGO

•ೋ••ೋ•

Narra Link.

La soledad de la noche estaba bañando los espacios vacíos de mis aposentos. El reloj de una de las paredes marcaba las 5 de la mañana, hora a la que regularmente abandonaba mi cama para ir a mi trabajo.

No obstante, eso había cambiado desde hace semanas.

Definitivamente no había vuelto a pisar el castillo desde que Ganon fue destruido y todo regreso a su estado normal, o bueno, al menos para los habitantes normales.

La razón por la que dejé de seguir a Zelda, -ya que era lo único que iba a hacer ahora que no había peligro alguno-, fue porque yo ya no podía con todo ese peso que vengo cargando desde que inició mi periplo.

Lo primero de lo que me di cuenta era de que el padre de Zelda había fallecido. Y si, ya estaba algo mayor e igual hubiera muerto antes de siquiera pasar una cuarta parte de esos 100 años que me dormí, pero... De verle la cara de dolor y soportar el sufrimiento que tenía por su hija era algo que no podía aguantar en mi interior. Tenía que disimular como él, ya que en esos momentos no había tiempo para llorar.

Después de eso, vino la revelación de que todo Hyrule fue destruido. Ver las ruinas y todas las estructuras hechas añicos eran sinónimo de cuantas almas inocentes habían caído bajo las garras de Ganon.

Pero esas dos cosas no eran lo peor...

Recuerdo que la primer región que visité fue la de los Zora. Me enfrenté cara a cara con el repudio de los seres acuáticos hacia mi y los de mi raza por el hecho de que no pude salvar a Mipha...

El consejero era un anciano que solo me deseaba muerte y desdicha, desconfiando de que fuera yo quien los sacara de aprietos. Y eso lo comprendo.

A pesar de que el Rey Zora y el príncipe Sidon me recibieron de brazos abiertos, sabía que sentían ese dolor de que su querida princesa no regresará. El aire de rechazo podía percibirse en los alrededores.

Y vaya que eso no era todo. Me contaron que ella me había confeccionado una armadura Zora, que, tiempo después, me di cuenta que era el traje que vestiría el que fuera el próximo cónyuge de la hija del monarca.

A Mipha siempre le tuve cariño, ya que fue mi primer amistad. Era solo un niñato que, cuando su papá, quien trabajaba también de caballero, visitaba a los Zora y se ponía a jugar con la mismísima soberana del reino de agua... Y ella misma me curaba las heridas que me hacía por travieso. Era una persona muy dulce, y tenía un precioso corazón que brillaba con intensidad.

Me volví muy cercano a ella con el paso del tiempo, pero ni así me pude enterar de que ella tenía sentimientos románticos por mi.

No hasta que me había dado cuenta de que yo sentía algo por Zelda. Y es que el hecho de no corresponderle a Mipha le agregaba más sal a la herida.

Y bueno... La muerte de mis otros amigos campeones también fueron duros golpes para mi estabilidad emocional...

Todo eso y más me hicieron renunciar a hacer lo que me gustaba, conduciendome a una depresión muy dura.

Dejé de comer, ocasionando mi pérdida de acondicionamiento para ser caballero y pelear. No salía por nada del mundo de mi casa. Perdí contacto hasta con Zelda.

Simplemente, acabé con todo lo que tenía...

Por fin podía llorar por lo que había sucedido en mi letargo, pero... ¿De que servía si me sentía mal de todas maneras?

Yo ya no tenía motivo alguno para vivir. Ya había cumplido mi deber como dictaban las Diosas. Podía hacer lo que se me antojara ahora mismo que ya no empuñaba la Espada Maestra.

Y eso me motivó a hacer una locura.

Y si hubiera tenido el sable que erradica al mal, le hubiera dado un último uso poco convencional. Pero ahora yacía descansando en el bosque Deku y yo tenía prisa.

No obstante, en mi casa tenía una armería muy grande. Así que no lo dudé dos veces y me levanté de la cama para realizar mi último acto.

Mis rápidos pasos fueron hasta una pequeña habitación repleta de armas.

Saqué la más filosa y poderosa, siendo una espada de la guardia.

Pero antes de enterrarmela como loco, subí a mi cuarto. Busque un objeto en especial en uno de los cajones de la mesita de noche que estaba al lado de mi cama y lo saqué.

"Diario de Link"

Le eché una última ojeada al pequeño cuaderno donde plasmaba mis sentimientos, emociones y deseos, que nunca podría cumplir de mi propia mano. Aquí al menos podía soltar lo que nunca pude decir en mi labor de caballero por temor a lo que pensaran otros, sabiendo que yo tenía una labor muy importante.

O Almenos eso creía.

—Solo agregaré algo y luego me pondré en marcha.

Con una prisa, busqué un lápiz y con el empecé a escribir unas últimas palabras. Sabía que esa persona leería primero esto, así que escribí su nombre en el texto que estaba creando.

Después de unos minutos, cerré la libreta y la postre en la mesa pequeña donde lo había resguardado.

Me puse justo frente a la foto que había colgado hace un tiempo, donde aparezco junto con mis amigos campeones y la hermosa princesa de Hyrule.

Puse el artefacto filoso justo en frente de mi corazón, sin dejar de mirar fijo aquella imagen que estremecía mi corazón.

—Tranquilos muchachos... Hoy, nos veremos en el mismo mundo donde ustedes están ahora... Pagaré mi deuda con todo Hyrule.

Observé detenidamente el rostro de cada uno de ellos para dirigirles unas palabras uno por uno.

—Daruk, el pequeño Yunobo está dando lo mejor de sí. No tienes idea de lo bravo y valiente que es su corazón, a pesar de aparentar ser lo contrario. Revali... Teba es muy serio y algo terco cómo tú, pero tiene una hermosa familia que lo quiere como tal... realmente son muy unidos y te admiran. Urbosa... Tal vez, si me hubiera hecho tu confidente, hubiera logrado ser más cercano a Zelda... Pero eso no importa ahora. Lo que si es de interés es que Riju es la matriarca más fuerte y segura de si misma que ha habido después de tu partida. Es toda una mujer empoderada.

Por último mire a dos personas especiales para mi. Tragué saliva de solo verlas. Incluso las manos me empezaron a temblar.

—Mipha... Uh... N-no se si valga la pena decírtelo pero... Perdóname... Se que me pediste proteger a Zelda y recuperar la sonrisa que una vez tuvo pero... No puedo si siento una pizca de falsedad en ella... Y-y.. Bueno, tu hermano es un orgullo para el Rey Zora. Pronto tomará su lugar y... Se que prosperará como todos lo creen... Me alegro de haberlos conocido a ambos.

Las piernas también comenzaron a flaquearme, así como mi corazón latía poco a poco más fuerte. Las lágrimas no faltaron en mi rostro, cayendo desesperadamente de mis ojos.

—Z-Zelda... Creo que...lo único que te puedo decir es que también me perdones... Tú y los demás... Te echaré de menos...y...gracias por todo. Contigo pude soltarme y confesar el porqué de mi habitual silencio ante los demás...También quiero decirte que, desde hace tiempo, justo cuando te conocí, yo T-te... Yo te...

—¡LINK! ¿ESTÁS AHÍ?

¡Diosas! Una voz sonaba gritando mi nombre afuera de mi casa. Sabía que era ella, y si no me daba prisa, tendría que abortar mi misión.

[I]Con miedo y prisa, me enterré rápido la espada en mi corazón. Y después de haberlo hecho, ya no pude sentir ni ver absolutamente nada, volviéndose todo silencioso y negro.

"L-lo siento... "

•ೋ••ೋ•

Esta fue la primera parte del prólogo, pronto subiré la segunda. Esperaré ansiosa sus opiniones :)