Lazos
Se alzó de puntitas y asomó su pequeña cabeza por la verja que delimitaba el jardín trasero de la casa contigua. Sus ojos curiosearon y detallaron todo a su alrededor. Desde la lujosa casa de dos pisos, la fuente de mármol pulido, el sendero rojizo y empedrado que surcaba todo el césped, hasta las rosas rojas sembradas en un cantero. Sus pies comenzaban a resentirse así que decidió darse prisa y rebuscar con más ahínco, hasta que al fin lo encontró. Su tan ansiado y codiciado objetivo: un niño, el vecino, su vecino.
Se habían mudado hace un par de semanas por temas de trabajo. Recordaba lo ajetreada que fue la primer semana, yendo de aquí para allá presentando los debidos respetos a cada vecino con tartas de manzana, bandejas de galletas, pasteles… Fue divertido comer todo eso, pero le resultaba algo tedioso tener que repetir su nombre y su edad a cada rato. Cuando el día casi llegaba a su fin vieron un auto grande y lujoso estacionarse al lado de su casa. Sus padres se dieron cuenta de que habían saludado a todos los vecinos, menos a los de al lado ¡Qué despistados! Decidieron esperar a que bajaran del automóvil para saludar.
—Buenas noches, somos los vecinos de junto —saludó su madre al ver bajar una pareja—. Los Higurashi.
La mujer, ligeramente más alta que su madre, volteó a verlos y endulzó su mirada al toparse con sus ojos chocolate. Luego miró a su marido quien le sonrió a modo de saludo.
—Es un gusto, nosotros somos los Taisho. Esta casa llevaba un tiempo en oferta. Acabamos de llegar de una cena muy importante y lamentamos no haberlos saludado antes —la voz gutural pero amable del señor la intimidó por breves segundos, obligándola a retroceder un paso—. ¿Se mudaron hoy?
—Sí, esta misma mañana. Hemos estado muy ocupados con la llegada de los camiones con la mudanza y los nuevos vecinos.
—Ya veo —el hombre volteó entonces a verla, notando el color inusual de sus ojos— ¿Y esta ternurita?
—Oh, ella es Kagome. Nuestra única hija —contestó su madre—. Kagome anda, saluda —pero ella no se movió del lugar—. Es algo tímida.
La joven pareja se sonrió y miraron detrás suyo, más precisamente el vidrio trasero polarizado que le impedía ver si había o no alguien dentro del vehículo.
—Izayoi, hazlo bajar. Es de mala educación que vea todo pero que no hable y no queremos que piensen que nuestro hijo es un malcriado —bromeó el señor.
La señora asintió y se apresuró a abrir la puerta trasera del auto. A primera vista no vio nada allí, pero por la insistencia de la mujer en "sacar algo" se dio cuenta de que tal vez sí había alguien dentro. Podría ser un bebé de juguete, como el que ella tenía, ella también tenía un hijo. No obstante, nada le preparó para ver que la señora sacaba a un niño a regañadientes que se revolvía inquieto en los brazos de su madre. Lo depositó en el suelo frente a ella y el chico no tardó en esconderse tras las piernas de la joven mujer. Lo miró con aparente curiosidad. Tenía el mismo color de ojos de su padre.
—Él es Inuyasha —presentó—, tiene seis años y medio y es nuestro único hijo hasta el momento. Tal vez puedas llevarte bien con ella. ¿No crees Inuyasha? —habló esta vez al pequeño que miraba recelosamente a la chiquilla delante de él.
Kagome estaba maravillada por tener un niño con el cual jugar, hasta ahora solo había visto personas solteras, matrimonios ancianos o parejas con hijos adolescentes. Pero este niño le presentaba una nueva oportunidad, podría ser su próximo compañero de juegos y, tal vez, el único. Lo invitaría a jugar al té, a la casita, verían películas de Disney mientras tomaban una rica chocolatada, iría a su casa a merendar y viceversa… Nunca antes una fantasía se le antojó tan realista y deseable. Y estaba ahí, delante suyo, a un par de escasos metros. Unos metros que la separaban de su próxima amistad. Respiró hondo ignorando que los adultos habían seguido hablando mientras que ella estaba perdida en sus pensamientos y extendió su mano al niño delante suyo —que seguía apresando la pierna femenina entre sus manos como si la vida le fuera en ello—.
—Hola. Soy Kagome… Jigu… Higurashi ¿Así era, papá?
—Sí, pequeña. Así se pronuncia —apremió el joven padre que veía entretenido la escena. Amaba cuando su hija tomaba la iniciativa.
—Eso. Higurashi —repitió—. ¿Quieres jugar conmigo? —pero no obtuvo respuesta— Tengo un juego de tacitas nuevas. Puedes tener la rosa con más brillo, esa me encanta, pero te la puedo prestar —sus padres siempre le dijeron que debía compartir si quería tener amigos— ¿Quieres? —volvió a insistir.
Notó que la pequeña mano del chico se aflojaba ligeramente, lo que ella interpretó como una respuesta afirmativa y no dudó en tomar su mano dispuesta a guiarlo dentro de su nueva casa. Claro que no se esperaba que su nuevo vecino —y próximo hiper mega mejor amigo— se zafara de su agarre a medio camino y se limpiara en su remera de Batman. Se volteó cohibida al perder el contacto y vio que observaba con detenimiento —e inclusive con asco— algo arriba de su cabeza.
—Yo no te he dicho que quiero jugar al té, niña tonta —los adultos voltearon a mirarlos. La madre del chico lo miraba con aparente reproche, pero no le importó—. Y tus lazos son tontos, yo no juego con niñas con lazos bobos.
Lo vio sacarle la lengua y adentrarse a toda prisa en su propia casa mientras la cerraba de un portazo a la espera de que sus padres dejaran de hablar con los nuevos vecinos. No dijo nada, ni siquiera podía prestarle atención a las insistentes disculpas que la pareja le daba de parte de su hijo por ser tan grosero.
Sus lazos no eran bobos ¿O sí? Le gustaba lo que podía hacer con ellos. Enredarlos en sus piernas y bailar ballet, también estaba el baile artístico con cintas o decorar habitaciones —como la suya propia—. Pero esta vez ella los usaba en el cabello, atando sus dos coletas con dos gráciles moños color rosa pastel que combinaban con sus zapatitos de charol.
Varias semanas habían pasado y cada vez que intentaba entablar conversación con el chico, éste la esquivaba o la insultaba levemente para intentar ahuyentarla. Pero no lo lograría. Cuando algo se le metía en la cabeza nada ni nadie podría quitárselo. Si logró no comer sopa por una semana —sus padres se cansaron de tener que recalentar el mismo plato todos los días y optaron por botarlo en el fregadero—, lograría ser su amiga también.
—¿Cuánto tiempo más piensas espiarme?
Casi se cae de espalda al escuchar la voz del chico cerca, terriblemente cerca. Ya no estaba jugando con un auto de carreras en la entrada de la casa, ¿Dónde estaba? Y como si leyera sus pensamientos, la respuesta llegó de parte del niño que la hacía dejar de lado sus galletas con chocolate solo por pensar en él.
—Aquí —bajó la mirada, encontrándose con un pequeño agujerito en la madera que separaba los jardines por el cual se podía apreciar un único ojo dorado—. Eres muy distraída —se burló.
—No soy distraída —se defendió mientras dejaba de sostenerse de puntitas y observaba aquel agujero por el cual se comunicaban.
Notó que la miraba con atención. Tal vez fuera la falda apompada color rojo granate o el moño rojo carmesí que sostenía su coleta alta lo que llamaban su atención. Sonrió con entusiasmo. No por nada lo había estado "espiando" estas semanas, aunque sea algo había aprendido: El chico era fanático del color rojo. Y ella se disfrazaría de cereza si eso servía para que voltease a verla aunque sea una vez.
—Sigues vistiendo cosas bobas.
—No son bobas, son lindas —el ojo dorado desapareció y supo que tenía intenciones de irse por haber osado contestarle. Rodó los ojos. Niños…; pensó—. Te traje algo.
—¿Sí? Pues quédatelo. No me interesa —y siguió alejándose.
Apretó los puños y se ajustó el moño rojo con el mismo énfasis de quien se arremanga una camisa para pelear. Se puso de puntillas y arrojó algo al otro lado del jardín con todas sus fuerzas.
Escuchó un sonoro y dolorido: ¡Au! Por parte del chico. Pero no le importó y se metió a su casa lista para merendar y dormir temprano. ¡Ese chico era imposible! ¡Nunca más volvería a hablarle! Era tan altanero, grosero, malhumorado… tan... Idiota.
Claro que su postura no duró mucho cuando, al día siguiente, salió al jardín a buscar la correspondencia para llevársela a su madre y encontró un papelito bastante arrugado y sucio metido a la fuerza en el buzón. Tenía su nombre en el frente, con una caligrafía bastante horrible —y escribieron la "K" al revés— pero no importaba. La llevó a su cuarto y la leyó con algo de esfuerzo.
"Hola… Amm… ¿Vecina? Lo que seas. Gracias por esa espada de madera, me gustó que tuviera mi nombre escrito en rojo. Porque me gusta ese color y ayer traías ropa de ese color, me gustó. Solo quería decirte que, aunque tus lazos son bobos, te quedan bien.
P.D.: Solo si son rojos.
Inuyasha T."
Sí, en definitiva de ahora en adelante ese sería su color favorito también. En cuanto su padre llegara de trabajar le diría si podían pintar la casa entera de rojo. ¡Estaba decidida a conquistar a su vecino!
Fin
¡Volví! Lo sé, me demoré. Pero esta palabra me dio muchos problemasss. Inicialmente quería hacer algo referente a "la marca" en el universo original (Sengoku Jidai) porque era algo más fácil de manejar. ¡Pero no se me ocurría nada! Y por alguna razón esta idea se me hizo más interesante. ¿Qué opinan? ¿Les gustó? ¿Merece un review? ¡Seguro que sí!
Ahora daré las respuestas a los reviews que me dejaron últimamente en esta historia y, al final, una pequeña aclaración con respecto a mis otras historias.
Rinnu: Comprendo que dé pena dejarlos así ya que cuando leo este tipo de recopilaciones también me quedo con ganas de más. Aunque es emocionante saber que cada capítulo es una nueva aventura ;) Este reto es de la página de Facebook "EsDeFanfics" y se llama #DesafíoDeRescate :D
JessM21: Por alguna razón todas las notificaciones me llegaron una vez que eliminé todos mis correos electrónicos. Mi casilla debió estar llena :s ¡Gracias por seguirme desde el inicio!
AmyCat45: Muchas graciasss, me alegra que te guste mi forma de escribir. Me hace sentir que mi trabajo en general está bien hecho :')
SheilaStV: Siii, creo que todos los comentarios que he recibido en el reto anterior me dieron fuerzas para participar en otro más :0
Sipi, la referencia fue hecha con esa intención ;)
¡Me encantó la invitación! En estos cuatro años que llevo siendo fanficker nunca me hicieron una invitación tan linda. Siento que si me lo has dicho es porque realmente te gustaría ver más de mis proyectos o porque mi redacción encaja con el reto. La verdad es que grité de emoción al leer el correo. Lamentablemente no he podido pasarme por la página pero lo haré en cuanto pueda ;) tal vez mañana :0
Ely: Gracias por tomarte la molestia de comentar y me alegra que te fascinen mis fanficssss! :D
Videl: ¡Te has estado pasando por todos mis fics! Jajajaja wooow, fui súper stalkeada. Gracias por revisar mis fics y comentar cada uno de ellos ;)
Contestando a tu otro comentario: Bueno, en esa época yo estaba en la… ¿Pre-adolescencia? O algo así. Así que todo me caía mal y tuve múltiples intentos de suicidio (yerba mala nunca muere jajaja) fallidos. Por lo cual reflejaba la presión de la vida cotidiana en mis fanfics. Ahora que estoy más estabilizada busco tener finales más felices antes que trágicos (aunque sigo amando la tragedia). ¡Gracias por preguntarrr!
Con respecto a mis otros proyectos:
"¡Otra vez!" Aún no hago el borrador y por eso tendrán que esperar.
"Una aventura de… ¿Perros?" Estoy haciendo el borrador, pero ayer lo revisé y al agregar escenas quedó todo mezclado. Como un puzzle mal armado, horrible. Así que por "problemas técnicos" me demoraré un poquitín.
"¡Un año a todo drabble!" Tuve un ligero —"gran"— ataque de depresión y no me sentía capaz de nada. Pero ahora estoy mejor. Veo que a muchos les gusta la idea de que continúe con los drabbles del otro reto, lo haré, ¡Pero ustedes deben proponerlos! ¿De acuerdo? Dejen en los comentarios el título (o número) del drabble el cual ustedes creen que necesita una continuación y yo lo haré con la palabra que mejor le quede.
Fechas de actualización para febrero: 7-14-21.
¡Espero sus comentarios! ¡Besos!
25.1.19
