Calcetines
Inuyasha corría a toda velocidad a través del bosque cargando un enorme costal de arroz mientras Miroku lo seguía de cerca, el peso sobre su espalda lo volvía más lento de lo normal. Esta vez exigió quedarse con la parte más grande del botín. Dos tercios de arroz eran para él, el otro tercio era para el monje y su familia. Sonaba injusto, sobre todo si se tenía en cuenta que tenía cuatro bocas que alimentar, mientras que él solo compartía los alimentos con Kagome. Sí, era injusto, pero los trueques eran tan generosos que su compañero no tenía necesidad de quejarse. Un solo costal de arroz podía alimentar a su familia por un mes entero, tal vez por un mes y medio si se racionaba bien. Fue por eso que Miroku no se molestó con su pedido, en su casa no faltaba comida.
Saltaba las piedras del río con agilidad y rapidez mientras aferraba fuertemente su preciada carga. Era un único bulto, pero tenía el tamaño de la mochila amarilla de Kagome, esa extraña bolsa poseía una elasticidad imposible de alcanzar por cualquier ser viviente. Y fue eso justamente lo que pidió cuando llegó la hora de cobrar.
—Quiero un costal tan grande como el bolso de viaje de mi esposa —se cruzó de brazos mientras miraba fijamente al terrateniente, ignorando por completo la cara de asombro de este.
—¿Qué dijo?
—Quiere decir que le dé el costal más grande que tenga en agradecimiento por sus servicios —Miroku fue el encargado de traducir lo que pedía ¿Tan difícil era entenderlo? Sus instrucciones fueron específicas y sencillas.
No tardaron mucho más en salir de la aldea, a pesar de eso el viaje les había llevado dos días de ida y otros dos días de vuelta. Ambos estaban ansiosos por volver a casa, querían ver a sus esposas. Especialmente Miroku, que añoraba sacarse de encima el mal humor del hanyou que empeoraba a cada segundo. Era su amigo, pero ni Buda podría darle suficiente paciencia como para lidiar con sus cambios de humor. ¡Dios, quería llegar a casa lo antes posible!
—Inuyasha, ¿No crees que sería más fácil si cargaras mi bolsa también y me llevaras en tus brazos? Como esas princesas en los cuentos de la señorita Kagome.
—Cállate.
—Y yo que intentaba iniciar una conversación… Le diré de tu falta de compañerismo a la señorita Kagome.
—¡Qué te calles!
—Sí, sí.
No hablaron en lo que restaba del camino. Miroku necesitaba el aire para mantener el paso detrás de su amigo e Inuyasha se limitaba a mirar al frente, ocasionalmente giraba las orejas a los lados para asegurar el perímetro o confirmar que su compañero lo seguía de cerca. Muchas veces estuvo lejos de casa, se iba por viajes que en ocasiones duraban una o dos semanas. Siempre se ponía ansioso a la hora de volver a casa, pero esta vez "ansioso" no era la palabra que usaría para describir su estado. No, estaba eufórico. La sola idea de volver a ver a su esposa lo ponía loco de alegría. No sabía por qué. Lo único que hacía de esa espera un poco más amena era el hecho de poder recordarla. Vislumbrarla jugueteando con los niños de la aldea, cocinando mientras le hablaba sobre su día, comiendo alguna fruta en el campo abierto o durmiendo entre sus brazos sobre la copa de un árbol. Recordarla era lo único que lo hacía sentir que la tenía con él. Y… era justamente eso lo que lo preocupaba. Kagome había comenzado a tejer poco antes de que se fuera.
—Quiero ayudar con los ingresos de la casa. No está bien que solo tú trabajes —había dicho.
Una tarde compró un pequeño y maltratado ovillo de lana, era la última que le quedaba a la vendedora. Una señora más vieja que Kaede. Tejió algo similar a un gorro y eso pareció gustarle. Compró más ovillos, carreteles y agujas para tejer, de todos los colores y formas. Tejía bufandas, guantes, pequeños abrigos para los niños de la aldea, todo lo que le recordara a su época. Las personas comenzaron a comprarle lo que tejía y Kagome usaba el dinero para comprar cosas para la cabaña. Se le hizo una costumbre extraña al principio, pero luego vio lo feliz que la hacía y decidió dejar que siguiera con su pequeño pasatiempo. Inclusive le trajo madejas de hilo traído de Occidente para que pudiera adornar lo que tejía. Kagome se alegró tanto que lo obligó a hacerle el amor ahí mismo. Era una pena que esta vez no hubiera conseguido traerle nada, tal vez en la próxima salida tendría más suerte.
Llegaron a la aldea al anochecer. Acompañó a Miroku hasta su casa, saludó a Sango y una vez que comprobó que todo estaba bien se dispuso a volver junto a su compañera. Las ventanas de la cabaña dejaban ver la luz de las velas que resplandecían en el interior. Corrió la esterilla de bambú y se adentró en su hogar.
—He vuelto —anunció mientras dejaba el costal a un lado. Ni siquiera alcanzó a voltearse cuando escuchó los pasos de Kagome a su espalda. Giró la cabeza para mirarla y ella aprovechó ese momento para lanzarse a sus brazos al tiempo que lo abrazaba por el cuello.
—Bienvenido, Inuyasha.
Cerró los ojos y lo besó dulcemente, transmitiéndole todo el amor que sentía por él y las ansias que tenía de volverlo a ver. Inuyasha sonrió en medio del beso, la abrazó por la cintura, dándose cuenta de que al fin estaba en casa. Junto a Kagome, su mujer, su compañera.
—Te extrañé y al parecer no fui la única —bromeó la azabache en cuanto sintió que un bulto se presionaba con total descaro contra su ingle—. Pero dejemos eso para después, te tengo una sorpresa.
—La sorpresa puede esperar, esto no —Inuyasha se centraba ahora en el cuello de su esposa, intentando estimular la marca para distraerla.
Sin embargo, sus esfuerzos fueron en vano. Ni los roces, besos o susurros consiguieron tentar a Kagome lo suficiente como para dejar que la tomara en el suelo de la sala. Intentó colar una de sus manos debajo de su kosode para tocar sus pechos, pero ella se alejó.
—¿Quieres la sorpresa o no?
Inuyasha suspiró. Sabía por el ceño fruncido de la azabache que estaba a punto de enojarse y no quería dormir fuera esa noche.
—¿Después de la sorpresa podremos seguir? —Kagome asintió— Bien, tráela.
Él aprovechó para recargarse contra la pared de madera mientras ella iba a buscar la famosa "sorpresa", ¿En serio era tan importante? Esperaba que no tardara demasiado o comenzaría a dolerle cierto lugar de su anatomía y prefería evitarlo. Su esposa reapareció pocos segundos después y se sentó frente a él con una pequeña caja de madera, la ilusión podía adivinarse en sus ojos en el momento en que depositó el obsequio en sus manos. Estaba por abrirlo con rapidez para terminar con esto lo antes posible, pero ella lo detuvo.
—Es un regalo para ambos, es pequeño pero sé que te gustará.
Inuyasha asintió y se apresuró a abrir la tapa de la pequeña caja. En su interior había trozos de papeles coloridos que cubrían el misterioso objeto para darle más énfasis al regalo. Podía sentir la mirada ansiosa de Kagome sobre él, lo que lo incitó a remover esos papeles para descubrir lo que se hallaba en el fondo.
—¿Y esto? —alzó uno de los calcetines y se lo enseñó a la azabache con total desconcierto, pero los ojos de ella seguían expectantes. Como si aún no hubiera comprendido la magnitud de aquel obsequio— E… Eres muy amable Kagome, son muy lindos y todo, pero… Creo que se han encogido o ¡Espera! ¿Se supone que tengo que usar uno en cada dedo? Entonces tienes que tejer otros ocho.
Tal vez eran algo de su época similar a los guantes, una prenda que él no sabía cómo usar. Kagome seguía sentada frente a él mientras miraba atentamente su reacción. Movió sus orejas inquieto… ¿Se suponía que debía usarlos? Quizás eran para sus orejas y por eso eran solo dos… Agh, no comprendía nada.
—¿Te has quedado sin lana? Si es eso puedo ir a la aldea vecina y conseguirte una o dos madejas o… ¿Por qué lloras? No, no es que no me gusten. Son muy lindos y me gusta que sean celestes, que tengan voladitos y…
—Estoy embarazada.
—¡¿Qué?!
Kagome sonrió adivinando su reacción. Se acercó cautelosamente y tomó las manos masculinas, las guio hasta posarlas en su vientre y le sostuvo la mirada dejándole ver lo realizada que se sentía.
—Que seremos padres… Tonto.
Y por primera vez fue consciente de lo que estaba oyendo. Se permitió volver en sí y centrarse en lo que su mano tocaba. Palpó el vientre, ahuecando solo un poco la palma de su mano. El vientre de Kagome aún era plano, pero alcanzaba a sentir la hinchazón propia del embarazo. Una hinchazón que no lograba vislumbrarse gracias a sus ropas de sacerdotisa. Estaba atónito, miraba con renovado interés las diminutas prendas. Comprendiendo al fin que aquellos dos delicados calcetines estaban hechos para resguardar los pequeños pies de su cachorro, para protegerlo del frío invernal. Estaban hechos con el amor de una madre, una madre que tejió con esperanza y anhelo cada una de esas noches hasta finalizar su tarea.
Sí, Kagome había comenzado a tejer desde hace algún tiempo. Y no hubo mejor manera de decirle que esperaban un hijo que con esos dos pintorescos calcetines.
FIN
Me volví a demorar. Me odio :)
Tenía listo el drabble desde la última actualización, pero me faltaba escribir dos párrafos y posponía la edición. Lo lamento y espero que la demora haya valido la pena ;-;
Muchas gracias por sus hermosos reviews, aunque recibí pocos de todas formas me alegraron el día ;)
Este miércoles (3.3.19) empiezo la universidad y estoy ¡MUY! Asustada. Pero no daré marcha atrás, no aún xD así que deben saber que me voy a demorar más con mis dos fics :s
¿Les gustó este drabble? ¿Qué sintieron? Sinceramente amé este :') ¡Respondan en los comentarios!
Por cierto, esto es algo IMPORTANTE y lo comento por si a algún otro usuario le sucedió. El martes 22 de marzo de 2019 recibí un correo electrónico de un usuario llamado babe528lady149, creí que era un review o alguna notificación así que lo abrí. El correo era breve, estaba en inglés y al traducirlo decía esto: Hola Zio Takumi, quiero ser un hombre malo. Póngase en contacto con este sitio en reunión. MYADULT. CLUB. Regístrese y búsqueme. Mi apodo es 47394, si no es problema para ti.
A decir verdad me dio miedo, no se lo he comentado a nadie. Pero llamé a un número de emergencia y corroboré que no estoy siendo monitoreada. Tengan cuidado.
29.3.19
