Inocente
Era de noche y la brisa veraniega invitaba a más de uno a dormir hasta el mediodía. El sonido de las copas de los árboles meciéndose arrullaba a los niños aún mejor que cualquier canción de cuna. Y el más pequeño de la casa había sido el primero en dormirse tras cenar. Estaba en su pequeña habitación, arropado con sus mantas favoritas, tapado hasta las orejas para disfrutar del placentero calor que su propio cuerpo le otorgaba. Pero ni siquiera todas las sábanas del mundo podrían haber disminuido la claridad con la que los sonidos llegaban a sus oídos. Primero fue un ligero golpe contra la madera el que logró perturbar su sueño, luego un suspiro y su cuerpo se removió intentando ignorar los sonidos del exterior. Finalmente un grito ahogado atravesó la pared de su habitación y no tardó en sentarse mientras se frotaba los ojos. Con suerte los sonidos habrían sido producto de un sueño y pronto podría regresar a dormir, pero un jadeo volvió a romper la paz nocturna.
—¿M-mamá? —otro jadeo, esta vez un poco más angustiado que antes— ¡Mamá!
Nadie podría engañarlo, esa era la voz de su madre. Distorsionada o no distinguiría su timbre de voz en cualquier lado. Se puso de pie, respirando lo más silenciosamente posible para intentar escuchar a su madre de nuevo.
—N-no… por favor… mmm…
¡Y allí estaba! Su madre estaba en peligro, suplicando por su vida a tan solo un par de metros de distancia. ¿Y su padre? Tal vez se había ido de viaje nuevamente, estaba demasiado dormido como para recordarlo pero no lo suficiente como para no socorrer a su madre. Corrió hacia la entrada de su habitación y se dirigió a la habitación de sus padres. Nada más cruzar el marco de la puerta quedó horrorizado. Su mamá estaba siendo sometida por un hombre en la cama que ella compartía con su padre. Estaba sobre ella y la hacía sollozar mientras que se arqueaba de una forma monstruosa debajo de las sábanas. Casi parecían una misma criatura en medio de alguna clase de transformación. Los pequeños pies de su mamá sobresalían de las sábanas, cada uno a los lados de aquel hombre de negra cabellera que apenas y podía respirar. Su padre siempre le prometía protegerla, ¿Pero dónde mierda estaba ahora que atacaban a su hermosa y preciada madre? Kenji, con apenas dos años de edad, no tuvo más remedio que arremeter contra aquel vil atacante. Aún con el pelo desordenado, la cara cubierta parcialmente de baba y sus piecitos descalzos tuvo la osadía de correr en dirección al robusto hombre y empujarlo por la espalda hasta sacarlo de encima de su mamá.
—¡No toques a mamá! —gritó, lo que a su tierna edad apenas sonaba como un chillido, mientras miraba con odio los ojos grises del sujeto. Que, por cierto, tenía una cara muy desorientada. Volteó a ver a su madre y pudo ver su torso desnudo, lo que no le importó ya que solía bañarse tanto con ella como con su papá. Ella lo miraba aterrada— ¿Estás bien? —y entonces su figura de hombre fuerte e imponente se derrumbó en el momento exacto en que abrazó a su madre mientras sollozaba. Si él no hubiera estado ahí, ¿Qué le habría hecho ese sujeto a su mamá?— ¿Y papá?
Kagome no reaccionaba, solo sabía que había estado pasándola de lo lindo hasta hace unos instantes y luego su ''visita a las estrellas'' fue brutalmente interrumpida por su único hijo, quien ahora la abrazaba. No sabía si era para ''consolarla'' o para cubrir su desnudez de aquel hombre que Kenji miraba con odio.
—Pues papá… papá… —pero las palabras no salían.
—¿Papá qué?
—Lo estás viendo, cachorro —esta vez fue Inuyasha quien contestó de mala manera mientras se cubría para que Kenji no viera más de lo que ya había visto. Gracias a Dios la luna nueva había oscurecido la habitación mucho más que de costumbre.
—Tú no eres mi padre.
—Cariño, él es papi —consoló Kagome mientras miraba a su pequeño hijo a los ojos. Nunca creyó que el hecho de que Kenji aún no había visto a su padre en luna nueva le representaría un problema tan grande.
—Papá no tiene el pelo así, ese no es papá ¡Quiero a papá! —sollozó.
—Kenji, sé que papá siempre tiene el pelo de color plateado, pero a veces se transforma y su pelo se vuelve negro. Cuando crezcas lo entenderás mejor —explicó—. Además, papá siempre tiene un collar especial en su cuello y ese hombre lo lleva, ¿Ves? —Señaló— Es porque ese hombre es papi.
Vio la mirada de su hijo dirigirse a su padre, que había descubierto su cuello para dejar que su cachorro viera con facilidad el collar de cuentas que lo caracterizaba. Sin embargo, pudo ver en la mirada del pequeño que no estaba del todo convencido. Miró seriamente a su mujer y asintió con la cabeza, dándole una orden muda.
—Abajo.
Y el extraño hombre fue a parar al suelo, siempre cuidando que la delgada sábana lo cubriera. Kenji no entendía muy bien qué le había pasado a su padre, pero era seguro que solo alguien podía besar el suelo de una manera tan graciosa: su papá.
—¿Y qué estaban haciendo? —preguntó, ahora un poco más recuperado de la sorpresa inicial. Y ahora fue el turno de Kagome de ponerse nerviosa.
—M-me… me hacía masajes.
—¿Ah, sí? ¿Y por qué no tenías ropa, mami?
—Es para que tu padre sepa dónde… hacer presión. Me dolía mucho la espalda.
—¿Y yo también te puedo hacer masajes? ¿Dónde te duele? ¡Quiero ayudar!
—¡Kenji! —Kagome sujetó fuertemente la sábana que la cubría. Si su hijo hubiera levantado la tela solo un centímetro más podría haber visto más de la cuenta. Mucho más— Es tarde… mejor ve a dormir, ¿Sí? Mañana podrás hacerme masajes.
—¿De verdad?
—Claro. Ahora a dormir que es tarde.
Kenji se levantó, ahora más tranquilo, y se despidió de sus padres con un breve saludo. Mientras tanto, Kagome e Inuyasha esperaron un par de segundos para poder hablar.
—Extraño los seguros de tu época.
—Yo también.
FIN
¡VOLVIIII! ¿Les gustó este one shot? No es drabble, ya que excede las 500 palabras. Espero que haga reír a más de uno, lo suficiente como para que me dejen un review contándome lo que les ha parecido este one shot producto de mi imaginación ;)
¡Una sonrisa equivale a un review!
''Fickers unidas para llevar el canon hasta la cima''
1.5.19
