Hijo

—O…O sea que yo… que yo… —se detuvo para tomar aire y volvió a mirar a su esposo. Él la miró con seriedad y la apretó con fuerza cuando la sintió ser arremetida por una nueva contracción.

—¿Eso responde tu pregunta? —Kagome abrió la boca para intentar completar la pregunta que llevaba minutos intentando pronunciar, pero fue interrumpida— Sí, Kagome, estás en trabajo de parto. Y tengo que llevarte con Kaede.

—Pero la anciana Kaede está… —apretó levemente la mano de Inuyasha, quien le correspondió la caricia para intentar reconfortarla— está…

—En la otra aldea y no vuelve hasta dentro de dos días, lo sé. Por eso te llevaré hasta allí. Tendrás que aguantar.

Kagome hizo una pequeña mueca con la boca, sabía que no le agradaba la idea, pero era la única opción que tenían. Sango se había ido a su antigua aldea y Miroku estaba muy ocupado cuidando de sus propios hijos —por no decir que no tenía experiencias como partero y ni muerto le permitiría ver entre las piernas de su mujer—. La aldea a la que se había ido Kaede quedaba a día y medio, si se apresuraba llegarían en solo medio día, tal vez menos. Tendría que llevar a Kagome en sus brazos y la posición solo haría las contracciones más dolorosas, incluso podría adelantar un poco más el parto.

—Bien, haré un pequeño bolso con tu ropa y la del cachorro para poder irnos lo antes posible —estaba por levantarse y dejarla tendida en el suelo, pero su esposa se aferró a su mano mientras una nueva ola de dolor la golpeaba. No podía dejarla.

—Espera a que pase este dolor y luego iremos.

—Kagome, sabes que mientras más tiempo pase los dolores empeorarán aún más. Debemos irnos.

—Por favor.

Iba a negarse, a correr hasta el baúl con la ropa de ambos y armar un pequeño morral con la muda de ropa que utilizarían luego del parto, la tomaría a la fuerza y emprendería la carrera. Pero no pudo, no pudo negarle un respiro antes de soportar diez horas en sus brazos mientras se desangraba.

—Está bien. Avísame cuando se te pase para que pueda levantarme.

—Sí.

Sin embargo, nunca sacó a Kagome de la cabaña. Tal y como lo predijo, los dolores aumentaron con demasiada rapidez. Cada vez que estaba por soltarla e irse ella sentía una nueva contracción y él se quedaba. Se sentía incapaz de dejarla siquiera un segundo, no mientras la escuchara gritar desde la otra habitación. El pantalón de Kagome comenzó a empaparse con sangre y tuvo que quitárselos para aminorar el dolor que le generaba tener las caderas atadas.

No tardó mucho en oscurecer. En ese tiempo se dio cuenta de que no habrían llegado nunca con Kaede aún si hubieran salido dos o tres horas antes. Kagome habría dado a luz en el bosque, definitivamente era mejor tener al cachorro en la seguridad de su hogar. El parto estaba muy avanzado, ¿Cuánto tiempo llevaba así? ¿En qué momento se rompió la fuente? Recordaba haberla visto adolorida en la mañana y caminaba ''de manera graciosa'', pero creyó que era normal en el último mes. Jamás pensó que podría tratarse de las primeras —y más leves— contracciones. Trató de levantarla a la fuerza un par de veces aprovechando ese instante en el que su valor se sobreponía a la empatía por el dolor de su compañera, intentando por todos los medios ignorar sus quejas. La quinta y última vez ella tiró de su cabello mientras gritaba de dolor en un intento desesperado porque la soltara. Lo hubiera intentado una sexta vez de no ser porque verla sollozando en el suelo le partía el corazón. Era su compañero, la había preñado y se haría cargo de todo lo que eso significaba, pero en esta parte no podía ayudarla. Trató de hacerla sentir cómoda. Le trajo un almohadón gigante que utilizó las últimas semanas y se lo colocó en la espalda para que el suelo de la cabaña no le resultara tan incómodo. Hizo que recostara la cabeza en su regazo y con un paño le limpiaba el sudor de la frente. Sostenía su mano cada vez que tenía una nueva contracción. Le impresionaba la fuerza que ponía en su agarre. Kagome siempre fue una mujer de apariencia frágil, pero si hubiera apretado la garganta de Naraku con la mitad de la fuerza con la que le apretaba la mano estaba seguro de que la batalla hubiera terminado mucho antes.

—¿Qué tienes, linda? —Kagome se revisaba cada media hora entre las piernas, pero ahora llevaba un buen rato palpándose y parecía realmente concentrada.

—Siento… una cabeza.

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Miroku estaba caminando por el bosque con un par de peces a cuestas, cuando sintió una energía muy familiar. Se quedó parado en medio del camino esperando a que la presencia se dejara ver, aunque tuvo que correrse rápido porque de lo contrario habría sido arrollado por la enorme mancha roja.

—¡Inuyasha! Amigo mío, ¿Dónde te habías metido? Toda la aldea los está buscando a ti y a la señorita Kagome, llevan tres días sin ver sus caras. No será que estuvieron… —Inuyasha detuvo su pequeña carrera para girarse de medio lado y mirar a su antiguo compañero de viaje.

—¡Cállate, monje!

—Cálmate, solo bromeaba contigo. Creí que a estas alturas conocerías bien a tu mejor amigo.

—Keh.

—Como sea, ¿Dónde estuvieron todo este tiempo? Y… ¿Por qué estás tan encorvado?

—¿Eh?

—Sí, pareciera que cargas una de las piedras de Shippo en tu espalda.

—Ah, es que Kagome ya dio a luz.

—Pues haberlo dicho antes… ¡¿Qué ya qué?!

—Lo que escuchaste monje pervertido —se ladeó lo suficiente como para que Miroku pudiera ver las pequeñas cuerdas de tela que amarraban un bulto a su cuerpo, pero no se enderezó— ¿Lo ves?

—Oh, pues felicidades amigo mío. ¿Puedo verlo?

—Como quieras.

Si bien sonaba tajante, Miroku sabía que su amigo estaba ansioso porque alguien viera a su primogénito. Especialmente sus mejores amigos, por algo se dirigía tan rápidamente a la aldea.

—A ver, ya quiero conocer a mi sobrino. ¿Quién será el próximo amigo de mis retoños?

Apenas logró remover el cabello blanco que tapaba su visión y se quedó sin habla al mismo tiempo que Inuyasha sonreía con soberbia.

—Son… ¡Son dos!

—No eres el único con buena puntería.

Fin

¡Lo amé! Esta es la continuación de "Retorcer", ¿Qué les pareció? Iba a hacerlo desde la perspectiva de Kagome pero al final utilicé la de Inuyasha. Espero haberlo hecho bien ¡Espero ansiosa sus comentarios!

P.D.: utilicé magia blanca para aprobar el parcial Int. al Pensamiento Científico. Hubo personas de casi treinta años que reprobaron con un dos. Yo tengo 18 años y aprobé con un seis, el equivalente al 75% del parcial bien resuelto. Estaba tan feliz que decidí escribir este drabble para que nos pongamos felices juntos. ¡Los amo y espero que me sigan leyendo!

30.5.19