Sabor

Se removió en el sofá de la sala mientras miraba con anhelo la televisión. En serio deseaba encenderla para poder distraerse hasta que fuera la hora de cenar. Vio a su madre pasar de su habitación a la cocina y se encaminó hacia ella. Tiró de su delantal para captar su atención mientras repetía la misma pregunta de siempre.

—¿Ya volvió la luz?

—No Inuyasha, volverá más tarde.

—¿Cuándo? —vio a su madre rodar los ojos a sabiendas de lo que iba a decirle— No puedo estar todo el día sin luz. Dentro de poco pasarán el capítulo más sangriento de la serie y necesito verlo.

—Inuyasha…

—¿Qué pasará cuando Miroku quiera hablarme de eso en la escuela mañana? —interrumpió.

—Es probable que tampoco tengan electricidad, así que no podrá verlo.

—¿Pero y si la tienen? ¿Seré el único idiota que no haya visto el episodio? ¡Me spoilearán!

Izayoi no entendía mucho sobre esos términos que utilizaban los jóvenes hoy en día, pero no pasó por alto la pequeña grosería que salió de los labios de su hijo. Fue así que terminó sacándolo al patio. ¡Los niños necesitaban salir más! En sus tiempos los juegos se llevaban a cabo en la naturaleza, no frente a una pantalla tonta que solo les vaciaba la cabeza. No señor, ella era una buena madre y obligaría a su hijo a tomar aire puro. Lo empujó fuera y cerró la puerta con llave para que no entrara hasta dentro de un par de horas. Escuchó que refunfuñaba y empujaba desde el otro lado con la esperanza de entrar a la fuerza, pero el seguro no era competencia para él.

Inuyasha se sentó en el pórtico con la vaga esperanza de que su madre se compadeciera y lo dejase entrar de nuevo. Pero pasaron los segundos, los minutos, las horas y él seguía sentado allí. Se había cansado de arrancar el césped bajo sus pies y no tenía su auto de carreras favorito para poder matar el tiempo, se encontraba realmente aburrido.

—Maldita.

Lo suficientemente aburrido como para prestarle atención a su vecina.

—Desgraciada.

Se acercó a la cerca que dividía los jardines y espió por uno de los agujeros que tenía la madera. Podía ver a su vecina sentada en el jardín trasero, agitaba un frasco con agua dentro al mismo tiempo que parecía gritarle a sus muñecas. Tenía el ceño fruncido y sus ojos fijos en una de las dos muñecas, sus labios apretados delataban la ira que la invadía. Además de la forma en la que trataba a sus juguetes, claro. Echó un rápido vistazo a la casa de la chica comprobando que tampoco tenía electricidad. Rodó los ojos, tendría que distraerse de alguna forma.

—Envidiosa. Cara de…

—¿Quieres jugar? —interrumpió mientras se asomaba por encima de la cerca.

Kagome pareció salir de su trance y volteó a mirarlo con la misma ilusión de siempre, pero no duró más de un segundo porque su semblante volvió a endurecerse. Incluso parecía más furiosa que antes. Apretaba sus pequeños dientes y agitaba con mayor velocidad el pequeño frasco.

—No.

—Iré a buscar mis juguetes para… ¿Qué? ¡Pero si siempre eres tú la que me busca para jugar!

—Pues ya no quiero —comenzó a levantar sus cosas para meterlas adentro de la casa. Kagome estaba huyendo frente a sus narices. ¡Planeaba dejarlo hablando solo!

—Feh, ¿Quién las entiende? Llevas meses pidiéndome que juegue contigo y ahora que estoy dispuesto a soportarte ya no quieres. Eres tan molesta.

Kagome se giró en su dirección, permitiéndole ver lo que sostenía en sus pequeños brazos. Aquel comentario la había molestado aún más.

—Entonces ve con Nabiki, parece que ella no te resulta una molestia —sus palabras tenían cierto tinte de indiferencia, pero sus ojos delataban lo dolida y traicionada que se sentía.

—¿De qué hablas? ¿Estás enojada porque le presté mis colores? Estás loca si piensas ignorarme solo por eso.

—¡Hablo de que te besó, grandísimo tonto!

Ouuu, con que era eso. No pudo evitar rascarse la cabeza mientras recordaba lo sucedido hace un par de días. Era cierto que esa niña lo frecuentaba mucho y que tenía la misma manía de Kagome por vestirse completamente de rojo. A veces le traía galletas o panecillos que su madre hacía por la tarde, le regalaba dibujos o collares, esa clase de tonterías. Nabiki era muy… Absorbente. No le daba tiempo ni de respirar.

El jueves a la salida tenía que devolver varios libros a la biblioteca, la chica se le prendió como sanguijuela e insistió en acompañarlo bajo la excusa de ayudarlo a cargar la mitad del peso. Él llevaba seis libros, ella cinco. Al salir de la biblioteca Nabiki pareció ver algo, cuando quiso asomarse a mirar se lo impidió tomándolo de las solapas del uniforme mientras estampaba sus finos labios con los suyos. Estaba sorprendido y asqueado, ¡Una niña lo había besado! Solo pudo quedarse parado mientras su mente trataba de procesar lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, el mundo no había dejado de moverse. Alguien pasó a su lado y le pegó un codazo ignorando completamente a la chica que seguía con los labios posados en los suyos.

—Se les olvidó un libro —le dijo mientras depositaba el pesado tomo en su mano.

No fue hasta que la vio caminar por el pasillo que se dio cuenta de que se trataba de Kagome. Desde ese día había dejado de llamarlo, tampoco le prestaba atención en el autobús o en el receso. Nabiki y ella habían mantenido cierta rivalidad desde el primer día de clases, pero jamás creyó que esto fuera a afectar la "relación" con su vecina. Ahora que lo pensaba, la muñeca dentro del frasco que parecía estar ahogándose era increíblemente similar a Nabiki. Ojalá fuera solo una coincidencia.

—No es como si me hubiera gustado —se apresuró a responder.

—Pues tampoco pareció desagradarte.

—¡Fue un asco! No tienes ni idea de cuántos vasos de jugo tuve que tomar para sacarme el mal sabor.

—No sé, ¿Un vaso? —respondió mientras rodaba los ojos, Kagome no era ninguna tonta. Era obvio que le había gustado.

—Peor. Dos vasos —masculló. Pero no pareció calmar a Kagome, quien había retomado su andar y se dirigía al interior de su hogar.

¿Qué debía hacer? Él no tenía la culpa, ni siquiera soportaba a su compañera de banco. Bueno, tampoco soportaba a su vecina pero era un poquito más tranquila que Nabiki. Si dejaba que se fuera estaría mandando al caño su nueva "amistad". Pero si le pedía que se quedara estaría atado a Kagome de por vida… ¿Qué debía escoger?

Antes de que su propio cerebro pudiera evaluar las opciones su corazón ya había decidido. Brincó por encima de la valla que los separaba utilizando una de las macetas de su madre como apoyo y corrió hacia Kagome. Vio cómo la chica ladeaba su rostro para ver qué había sido ese sonido —el de la maceta haciéndose añicos contra el suelo, claramente— y él no desaprovechó esa oportunidad para tomarla del mentón y estampar sus labios contra los tibios de Kagome. Pudo escuchar dos cosas en ese momento. La primera, el sonido del frasco al caer de las manos de su vecina solo para quedar reducido a pequeños trozos de vidrio. La segunda, el retumbar de su corazón en su pecho. Todo su cuerpo palpitaba fuertemente, pero lo atribuyó a la pequeña carrera. Sí, eso debía ser.

Lo que no podía negar es que sus labios ya no tenían ese mal sabor de antes, ese sabor que intentó borrar durante dos largos días. Ahora sabían a Kagome, a su pequeña y fastidiosa vecina.

FIN

Escribí esto el jueves y recién hoy pude subirlo por falta de tiempo. Como veo que a todos les gusta mucho esta temática decidí darles un nuevo drabble de ellos c: Originalmente iba a escribir una segunda parte de "Sabor" (donde Kagome trabaja en una cafetería e Inuyasha es un cliente recurrente), pero no se me ocurría nada. Entonces escribí esto con el título "taza", pero olvidé incluir la taza así que al final utilicé esta palabra :o ¿Les gustó? ¿Me faltó algo? Díganme qué opinan en los comentarios ;)

Gracias a las tres personitas que comentaron, sus breves palabras me alegraron el día c: esta semana tengo más parciales así que espero que sean pacientes ¡Los amo!

P.D.: Hoy a la mañana leí una "guía" de fanfics donde mostraban las señales para darte cuenta si tu fic es malo o no. Ya sospechaba que mis fics eran malos, pero que un puto libro me lo confirmara me dolió mucho (: es que pasan los años y no tengo muchos seguidores/comentarios/favoritos o no tantos como otras chicas. Digo, literalmente una chica de doce años que pone "i c vezaron" tiene más seguidores que yo… así que tal vez termine estos proyectos y me retire, no lo sé ;-; pero ustedes hacen que escribir valga la pena, en serio que sus comentarios representan un gran apoyo para mí.

20.6.19