Ojos
Kagome mecía a su pequeño hijo sin parar, casi por inercia. Ni siquiera se molestó en ofrecerle su pecho, sabía que no lloraba por hambre, frío o por necesitar un cambio de pañal. No, el niño lloraba casi como si quisiera expresar lo que su padre se estaba callando en ese momento. Dejó de mirar el rostro del recién nacido y enfocó sus ojos en los de su esposo, pero no los encontró. Inuyasha ocultaba su mirada detrás de su flequillo con rabia y vergüenza, incluso diría que con algo de miedo.
Kagome siguió meciendo al niño con más ahínco intentando distraerse, si Inuyasha la pillaba mirándolo con lástima no haría más que empeorar la situación. Lamentaba tanto lo ocurrido hace solo unas horas...
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La noche era tranquila, silenciosa y algo calurosa. La azabache dormía tranquilamente hasta que un gruñido a su espalda la despertó. Estaba acostumbrada a que Inuyasha refunfuñara o se quejara en medio de los sueños, pero este gruñido era permanente y muy gutural. Su instinto, desarrollado a lo largo de la búsqueda de los fragmentos, le permitió despertarse en un instante y permanecer completamente alerta comprobando que comenzaba a amanecer. Su hijo seguía durmiendo, para su fortuna. Miró a su espalda comprobando que Inuyasha se encontraba mirando fijamente la puerta de entrada mientras sostenía el mango de su espada.
—¿Inuyasha? —llamó, pero él no se movió. Mantenía las orejas plegadas, estaba furioso —Inuyasha, ven aquí.
Esta vez usó un tono más dulce para sacarlo de su trance. Él movió su oreja dando a entender que la había escuchado, pero estaba atento a otra cosa. Estaba escuchando cosas que ella no podía oír. Kagome se concentró tratando de sentir alguna energía maligna, pero nada, todo parecía estar bien. En cambio, escuchó pasos acercarse rápidamente hasta su habitación, se hacían más fuertes a cada segundo al igual que lo gritos que los acompañaban. No eran alaridos de horror sino gritos de furia y odio. Cuando finalmente los pasos se detuvieron frente a su puerta Inuyasha se colocó a su lado sin dejar de gruñir. La puerta corrediza se abrió con tal fuerza que casi se sale de los rieles que la mantenían en su lugar dejando ver a un grupo de personas con linternas y ¿Arcos?
—¡Ahí está! ¡Tiene los ojos del demonio!
Kagome volteó en todas las direcciones buscando algún posible enemigo, pero nada. Solo su hijo, Inuyasha y ella. ¿Acaso ellos pensaban que…?
Uno de ellos levantó su linterna para iluminar mejor la habitación haciendo que los ojos de Inuyasha destellaran como el mismísimo oro a causa de la luz, pero también iluminaron sus orejas y colmillos. Inuyasha en este momento, por su postura, no se veía diferente de un perro agresivo defendiendo la puerta de su hogar.
—No hay necesidad de ponernos violentos —por primera vez habló, creía comprender lo que los aldeanos pensaban—. Sé que mi esposo se veía diferente hace unas horas, olvidé decir que es un hanyou. Lamento la confusión por…
—¡Les dije que no era normal que una sacerdotisa estuviera casada! Dejaron entrar a mi casa a una persona profana y a dos horribles demonios. ¡Atrápenlos! —la voz del terrateniente la ofuscó por unos segundos, ¿Ella era profana? ¿Qué dijo sobre su familia?
Al ver que los hombres irrumpían en su habitación con trinches, arcos y palas el terror la invadió. Sólo alcanzó a tomar a Keita en sus brazos y acurrucarlo en su pecho para tratar de protegerlo. No hacía falta que su cabeza comprendiera lo que estaba pasando, su instinto se lo gritaba. Intentaron golpear a Keita con un palo, pero Inuyasha tomó el arma en el aire en cuanto vio la intención del aldeano. Si antes estaba furioso, ahora que habían intentado dañar a su cachorro estaba loco de rabia.
Alguien quiso golpearlo por la espalda, por fortuna él logró esquivarlo. Kagome miraba a su alrededor en medio de un trance, un doloroso trance. Siempre había creído que hay algo bueno dentro de cada persona sin importar lo que aparente, pero esto… intentar asesinar a un bebé solo por tener un par de orejas caninas —las cuales ella adoraba y mimaba casi a diario— le resultaba tan inhumano.
El sonido de los trinches, los gritos, los insultos e intentos por dañar a alguno de los tres hizo que sus ojos se cristalizaran. Abrazó a Keita, que había comenzado a llorar, con más fuerza. Nunca pensó que algo así pasaría. Creía que con estar en la aldea de Kaede estarían a salvo, que el mundo entero se había vuelto más comprensivo y menos prejuicioso. Pensó que con todo lo que hicieron durante la búsqueda de los fragmentos la gente dejaría de temerle sin motivo a los demonios. Pero hoy, por primera vez, le daban asco los humanos. Le generaban tanta repulsión que deseó con todas sus fuerzas no ser parte de esa especie.
Las manos trataban de tocarla por todas partes, Inuyasha no lograba ahuyentarlos a todos con la eficacia que quisiera. A pesar de todo él también estaba desorientado, hacía mucho tiempo no era atacado por humanos y eso lo tenía ligeramente confundido… Y aterrado. Trataban de quitarle a Keita de sus brazos, pero ella lo mantenía firmemente agarrado.
—¡Atrapen al engendro! ¿Tan difícil es sacarle esa cosa de los brazos a una puta?
Al escuchar cómo insultaban a su familia Inuyasha tomó del cuello al terrateniente y lo miró con profunda rabia en los ojos. Kagome sintió un escalofrío en ese momento, las mejillas de su esposo comenzaban a mostrar un par de marcas violáceas y su energía se sentía mucho más amenazadora que antes… además de mortífera. Si todo seguía así Inuyasha terminaría transformándose y matando a todos los hombres presentes en la habitación, eso sería la excusa perfecta para cazarlo y matarlo más tarde. No, de ninguna manera dejaría que su compañero se manchara las manos con sangre de escorias. Con esfuerzo logró reaccionar levantando una barrera alrededor de su familia justo antes de que otro hombre golpeara la pierna de su esposo con una pala para intentar que cayera. Inuyasha soltó al hombre a causa del terrible ardor que le generó la barrera que Kagome había colocado. Se volteó para mirarla con desaprobación, quería salir de esa estúpida burbuja para acabar con todos y cada uno de esos humanos que osaron levantarle la mano a su compañera e intentaron arrebatarle a su cachorro.
Kagome se levantó del suelo mientras sostenía a Keita con uno de sus brazos, sin inmutarse por el rostro de su esposo. Estiró su mano y acarició dulcemente su mejilla para tratar de tranquilizarlo y hacer que se concentrara en ella. No en las personas fuera de la barrera, no en las amenazas o los gritos, solo en ella. Una vez que encontró su mirada se dio la valentía para hablar… y también para llorar.
—Vámonos mi amor, no nos quieren aquí.
No se necesitó nada más, solo una caricia y las dulces palabras de su esposa para hacerlo reaccionar. Tomó a su familia en brazos y los sacó de ese lugar. Corrieron a través de la aldea y del bosque, pero aunque ya no se oían más que grillos y ranas de todas formas él podía escucharlos en su cabeza como si quisieran hacerle daño aún a la distancia.
Una vez que creyeron estar solos y lejos de cualquier tipo de civilización los depositó en el suelo. Apoyó su espalda contra un árbol y permaneció estático por varias horas dejando que Kagome lidiara sola con el llanto de su pequeño hijo. Era una mierda.
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—Perdóname, no debí omitir que eras un hanyou. Se me había olvidado que las personas…
—No —la cortó—, perdóname tú a mí. A veces olvido que estás casada con un monstruo.
La azabache sintió una dolorosa punzada en el corazón y se obligó a depositar al niño en la cama hecha de hojas que había improvisado. Inuyasha no era eso, no era un monstruo desalmado dispuesto a asesinar a cualquier humano que se le cruzase. Era un hombre común y corriente, un hombre que amaba y sufría con la misma intensidad que cualquier otro. Se acercó a él teniendo cuidado de que todo el dolor y lástima que sentía no se viera reflejado en sus lagunas chocolate. Lo tomó del mentón y corrió su flequillo con una sutil caricia que dejó los ojos masculinos al descubierto. Él corrió su rostro aunque sin deshacerse del agarre de su mujer.
—Mírame. —Pero él no obedeció. La azabache reafirmó su agarre y lo obligó a sostenerle la mirada— He dicho que me mires.
Incapaz de negarse una segunda vez decidió obedecer y lo que vio lo dejó pasmado. El odio en los ojos de Kagome. El ceño fruncido, los labios contraídos y la ferocidad hecha fuego contenida en sus oscuras pupilas. Los ojos de su esposa siempre habían sido expresivos y en más de una ocasión habían demostrado emociones negativas. Ya había visto el odio reflejado en ellos, hace mucho tiempo cuando peleaban contra Naraku, pero jamás hacia él. Inuyasha se amedrentó con esa mirada, sintiéndose de cierta forma digno de ser visto así. Su compañera al fin se daba cuenta del engendro con el cual se casó.
—Hmp, engendro… Así le dijeron a nuestro…
Tomó su cabeza y lo guio hasta su pecho donde lo arrulló de forma cálida y amorosa. Sabía que no podía mirarlo con pena porque lo enfurecería y se daría asco a sí mismo, así que decidió utilizar su lenguaje: la ira. Dejaría de lado la profunda tristeza que le generaba que sus seres amados serían tratados así, tal vez, durante el resto de sus vidas. Se concentraría en la furia que le generaba ser parte de esa estirpe, el asco que sentía por haber creído que eran buenas personas y el odio que crecía en su interior hacia el terrateniente. Solo así Inuyasha estaría ligeramente abierto a hablar. Lo apretó con fuerza, tratando de fundirse con él en aquel cálido abrazo. Mimó la base de sus orejas sin dejar de mirar la inmensidad del bosque, sin dejar de pensar en la aldea que habían dejado atrás.
—No vuelvas a decir eso, ¿Me oyes? No les creas. Me casé con el amor de mi vida y eso es todo lo que debes saber.
Él no respondió, se quedaron en silencio otro par de minutos siendo acompañados por el sonido de las cigarras, los grillos y, obviamente, los gritos de Keita pidiendo atención.
—¿Sabes? Mi abuelo siempre fue un hombre un tanto… loco. Le gustaba contarnos historias de terror cuando mamá no estaba, a veces eran historias de arañas gigantes o de ogros tan altos como un edificio. —Inuyasha seguía sin mirarla a los ojos, pero le prestaba atención. Al menos eso le decía la posición de sus orejas— Pero las historias que más miedo me daban, mis favoritas, eran las que tenían a demonios disfrazados de humanos. Ellos y solo ellos son los verdaderos monstruos. Nosotros solo somos una familia tratando de ser feliz y para mí, Inuyasha, mientras menos te parezcas a un humano mejor serás.
Inuyasha olió en el aire las lágrimas de su esposa, además de las de su hijo, y se permitió abrazarla. Ella reposó su frente en la coronilla de su compañero mientras lloraba silenciosamente. El aroma de su hembra, los latidos del corazón y el embriagante olor a leche materna que salía de su pecho comenzaron a mecerlo.
—Fue mi error haberlos traído conmigo a esta aldea —musitó—. Debí venir sola a bendecir las cosechas. No creí que el detalle de la luna nueva fuera a generar tantos problemas…
—No te disculpes. Los humanos son así. Siempre han sido así.
La azabache no respondió. Sabía que aún quedaban muchas cosas por hablar y asimilar, y el bosque no era el lugar para eso. Se estiró hasta tomar al bebé en brazos mientras lo mecía suavemente intentando transmitirle la sensación de "Ya pasó, todo está bien". Se puso de pie y le extendió la mano a su marido.
—Vamos a casa… te prepararé ramen. Sé que no es como el de mi época pero…
—Es perfecto.
Por primera vez en toda la mañana se dignó a ponerse de pie y mirar a su hijo comprobando que poco a poco dejaba de llorar.
—Tiene tus pulmones —bromeó.
—Y tus ojos…
FIN
¡Hola! ¿Cómo están? ¡Felices vacaciones! Todavía me falta un poco para salir de vacaciones por complicaciones con las fechas, pero prometo compensarlos.
¿Cómo creen que me quedó? ¿Implementé bien la palabra? Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo c: Recuerden dejar reviews para saber sus opiniones, siempre los leo.
Quería comentarles tres situaciones:
*Como salgo de vacaciones recién el 5/12 (sí, tuve un mes extra de clases) ahora no voy actualizar cada cierta cantidad de días para poder completar el reto anual a tiempo sino que cada cierta cantidad de HORAS. Así es, habrá un nuevo drabble cada ciertas horas (varios drabbles en un mismo día) para finalizar el reto antes de las 00:00hrs del 31/12/19. Cabe aclarar que esto iniciará a partir del 5/12. Lo cual nos lleva a la siguiente situación.
*Con el objetivo de motivarme y cumplir un reto extra he propuesto la siguiente idea: ¿Llegaré a los 200 reviews antes de que finalice el año y/o el #DesafíoDeRescate? Actualmente tengo 103 reviews y, si ustedes colaboran dejando un comentario por cada drabble (puede ser algo como "me gustó", "sigue así" o una crítica muchísimo más extensa donde analicen el drabble en sí —adoro estos últimos, me hacen llorar jajaja—), será muy sencillo cumplir este reto. Pero deben ayudarme ;)
*Borraré mis fics del otro fandom o al menos los quitaré de la red por un par de semanas/meses. Voy a decirle a mi hermana para ver ese anime (no puedo nombrarlo) y es muuuy probable que ella decida buscar fanfics de ese anime una vez que lo terminemos. Como no es un fandom popular es obvio que va a terminar leyendo mis fics y no me sentiría PARA NADA cómoda con la idea. Así que, como prevención, los borraré durante un tiempo. Luego volveré a subirlos. Les doy una ventaja de diez días para leerlos y comentar si es que quieren, luego de ese plazo serán anulados. ¡Quedan avisados! :o
25.11.19
