Irresistible

Empujó su pene con fuerza dentro de la húmeda vagina de la joven. Con sus manos tomaba su bien formado trasero para acariciarlo y marcar el ritmo mientras se deleitaba con las reacciones de su acompañante. Entraba y salía lentamente disfrutando al máximo de la deliciosa fricción que se generaba entre sus sexos.

—Inuyasha…

Sus orejas se encontraban extremadamente sensibles, intentando captar cualquier sonido ajeno a ellos para detener lo que hacían o —mejor aún— simplemente para escuchar mejor los dulces gemidos de la pelinegra. Así como sonaba extremadamente atemorizante cuando lo amenazaba también lograba hacer que su voz cobrara deliciosos tintes agudos que hacían que sus quejidos fuesen sensuales, femeninos e inclusive similares a súplicas o sollozos. Kagome era sensual y fogosa, dispuesta a hacerlo en cualquier lugar sin importar qué tan cerca se encontrara el grupo. Era una amante perfecta. Se encontraba sentado en un claro, con la azabache sentada sobre sus piernas. Había corrido la delgada ropa interior femenina y levantado su falda para poder penetrarla. Él tampoco se había molestado en desvestirse, simplemente sacó su miembro y, tras frotarse un par de veces contra su vagina, decidió entrar disfrutando de las expresiones de la joven sacerdotisa.

Desde que tuvieron sexo en su época, por mera casualidad, no habían parado de tener fugaces encuentros. En ocasiones lo hacían en el pozo en el momento exacto en que ocurría la transición entre las épocas y se quedaban en el fondo hasta que terminaban su "trabajito". Otras veces lo hacían en el río cuando iban a pescar el desayuno, en su habitación, en luna nueva o, como ahora, en el bosque. Kagome aparentaba ser una joven tranquila y obediente, pero le gustaba la adrenalina casi tanto como a él. A veces mordía sus orejas mientras la llevaba en su espalda sabiendo que estaba todo el grupo presente, le encantaba provocarlo sabiendo que no podría tomarla en ese preciso instante. Era una perra jodida… Y le encantaba.

Alzó su mirada para encontrarse con los ojos entreabiertos y oscurecidos de su acompañante. Tenía la boca abierta dejando salir un hilillo de baba, producto de uno de los apasionados besos que se dieron durante el encuentro, y una expresión completamente perdida. La vio llevarse uno de los dedos a la boca y comenzar a lamerlo sin quitarle la mirada de encima. Su indirecta era obvia. Inuyasha dejó de sujetar las caderas femeninas y coló sus manos por debajo de la ropa de la joven para apretar sus pechos. Ella lanzó un gemido y se retorció involuntariamente. La sentía tan apretada…

Kagome dejó de saltar sobre el ojidorado para pegar sus caderas lo máximo posible al suelo, haciendo que su grueso pene entrara en ella hasta la base. Se sujetó de los hombros masculinos y movió sus caderas de forma circular mientras lo miraba a los ojos. Esta vez fue el turno de Inuyasha de jadear.

—¿Te gusta lo que te hago? —no era una verdadera pregunta, a esta altura sabía que le encantaba que ella hiciera eso.

—Sí…

—¿Sí qué? —preguntó en medio de un gemido ahogado mientras tomaba su cara entre sus manos.

—Sí, me encanta lo que… Agh…

Lo había apretado, sentía el sexo femenino palpitar cada vez más rápidamente. La sacerdotisa siguió realizando movimientos ascendentes y descendentes girando sus caderas hacia los lados ocasionalmente. Inuyasha bombeaba con fuerza dentro de ella sin importarle qué tan altos eran sus gruñidos. Estaba absorto, en medio de un frenesí de excitación. Y nadie debe molestar a un hanyou excitado. La única capaz de calmarlo era Kagome. La única que podía acercársele durante las noches de luna nueva —en las cuales deseaba estar solo—, cuando se transformaba en youkai o cuando recordaba su pasado junto a su madre y deseaba no ser de esa especie… La única que siempre estaba ahí era Kagome. Y ahora, era la única mujer con la cual estaría dispuesto a aparearse durante el resto de su vida.

El olor de la excitación de ambos, el sonido que generaban sus reiteradas embestidas y los gemidos casi desesperados de la chica lograron hacer que finalmente se rindiera. Sintió cómo su pene se sacudía violentamente en su interior liberando su cremosa semilla. Algunas gotas desbordaron por fuera de su entrada y terminaron manchándolo a él también. Ver el sexo de Kagome completamente lleno por su pene lo hacía todo tan excitante.

—¿Ya aprendiste?

—¿Eh?

Aún estaba aturdido por las sensaciones que tenía. Su piel se encontraba extremadamente sensible. Apenas se había percatado de que ella había dejado de moverse una vez que ambos alcanzaron el orgasmo. Su mirada, antes perdida, ahora era completamente seria y dominante. Era una nueva faceta que se había "desbloqueado" una vez que comenzaron a tener sexo efusivamente.

—No vuelvas a decir que mi comida es mala, ¿Me oíste? —tomó su rostro, depositó un casto beso en sus labios y se sacó la blusa dejando sus pechos al aire— O no te daré el postre.

Ohh… Definitivamente no volvería a quejarse de la comida nunca más en su vida.

FIN

Si continúo escribiendo dos drabble por día creo que antes de fin de año puedo finalizar el reto ¡Pero no hay que escupir para arriba! Si me llego a demorar un solo día significa que voy a tener que escribir cuatro drabbles en un día. Y eso no es bueno (?

Recuerden comentar en todos los drabbles. Sé que da flojera y solo quieren dar click en el siguiente, pero recuerden que los escritores somos personas y cada comentario es una caricia al alma c:

10.12.19