Salmón

Kagome miraba entretenida el agua mientras se relamía los labios. Miró detrás suyo encontrando a su esposo dormido sobre una de las ramas del árbol. Con picardía se ató el cabello en una coleta alta y dio los primeros pasos dentro del agua teniendo cuidado de no hacer demasiado ruido. Tomó su arco y flechas mientras miraba a los peces pasar entre sus piernas. Fijó un objetivo y disparó, descubriendo que falló. No se molestó en buscar la flecha clavada en el fondo del río y siguió disparando una flecha tras otra intentando pescar su alimento dando una y otra vez con el mismo resultado. Su ansiedad le estaba jugando en contra. Al cabo de casi una hora Kagome no se sentía mal sino horrenda y espantosamente mal. ¿Ella, una sacerdotisa con excelente puntería, no era capaz de atinarle a un par de peces? Nunca se había molestado en aprender a pescarlos, durante la búsqueda de los fragmentos eran Inuyasha y Miroku quienes los atrapaban. Observó lo profundamente dormido que se encontraba su compañero, no lo pensó dos veces y tomó tanto aire como pudo.

—¡Abajo!

De inmediato Inuyasha fue a dar de cara al suelo. No sabía si sentirse más sorprendido por haber sido despertado de forma tan abrupta de su siesta o porque el tono de su esposa dejaba ver más euforia y ansiedad antes que enfado. Se levantó sobándose la cabeza mientras la miraba con el ceño fruncido listo para reprocharle.

—¿Qué demonios fue eso, Ka…?

—Peces, peces, quiero muchos peces.

Inuyasha la miró confundido. Hace solo un rato su mujer estaba en la orilla del río con los pies en el agua y ahora la encontraba a mitad del agua rodeada de flechas clavadas en la tierra mientras le señalaba el agua como si fuera la primera vez que veía a un pez. Parecía una chiquilla. Dejó los reclamos para después y se acercó a la orilla para mirar las flechas comprobando que ninguna había dado en el blanco. ¿Kagome había intentado pescar? Y lo que era aún peor: había fallado en reiteradas ocasiones. Arqueó una ceja extrañado.

—¿Y tú para qué quieres peces? —indagó.

—Para comer, obviamente.

—Hay jabalí en la casa. Si no te gusta también hay algo de ternero y caldo de pollo —se cruzó de brazos y la miró de pies a cabeza—. Ahora sal de ahí o te dará un resfriado.

—No me voy a resfriar. Quiero…

—Y yo quiero que salgas —la cortó—. No tenemos las medicinas de tu época para que te recuperes rápido y dudo que tu cuerpo acepte esta vez el remedio de hígado. Además…

Escuchó un chapoteo en el río y luego el sonido del agua escurrirse. Su esposa estaba parada sobre la hierba del río y lo miraba con tristeza. No dijo nada, simplemente le dirigió una última mirada al río y se fue dejándolo atrás.

—Kagome —llamó.

—Quiero estar sola.

Movió sus orejas sin entender. Kagome, su esposa, ¿Quería estar sola? Desde hace un par de semanas no se despegaba de su lado y difícilmente lo dejaba ir a exterminar demonios. La soledad no era propia de ella. Observó el río lleno de peces y flechas. Ella había estado tan desesperada por ese alimento que no solo había gastado dos docenas de flechas sino que lo había despertado de su sueño. Su compañera sabía lo difícil que le era conciliar el sueño y por eso se aseguraba de que nadie lo molestara mientras dormitaba. Suspiró cansinamente y procedió a sacarse la parte superior de su traje mientras caminaba hacia el interior de las aguas.

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La azabache estaba en su cabaña mientras rebuscaba algún resto de comida que se asemejara a un marisco. Suspiró cansinamente sabiendo de antemano que no tenían nada parecido. Era como abrir en reiteradas ocasiones la puerta del refrigerador esperando encontrar un banquete, solo para que al revisar encuentres un triste limón con moho. Se sentó mientras preparaba su mejor cara de enfado para recibir a su marido que llegaría en cualquier momento.

—Ese idiota lo único que besará hoy será el suelo —resopló.

No era su culpa tener ese tipo de antojos. Inclusive debería agradecer que quería comer algo tan sencillo como pescado y no le pedía cosas más complejas como, por ejemplo, chocolate. Hmp, recordaba la cara que puso su padre cuando su mamá, estando embarazada, le pidió que le trajera helado de cereza en pleno invierno. ¡Ja! Esa sí que fue una odisea. Pero no, ella tenía un compañero garañón al cual le molestaba realizar cualquier tipo de tarea. En cuanto llegara lo pondría a limpiar toda la cabaña para redimirse, claramente seguiría ignorándolo.

—Perro idiota —sin más que hacer decidió irse a dormir un rato. Últimamente tenía mucho sueño.

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Inuyasha llegó a su hogar poco tiempo después de que su compañera se quedara dormida, el aroma tan fresco le indicaba que había estado buscando algo antes de irse a dormir. Caminó hasta la pieza matrimonial encontrándola dormida y con el ceño fruncido. Incluso dormida seguía estando molesta. Escuchó el estómago de ella gruñir y plegó las orejas, obviamente su compañera no quiso comer nada que no fueran esos peces que vio al mediodía.

—¿Quién demonios me mandó a tener una mujer tan exigente?

Lejos de enfadarse volvió a la cocina mientras tomaba su morral y ponía manos a la obra.

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No supo bien cuánto tiempo estuvo dormida, tampoco es que le importase. Tenía la deliciosa sensación de que había comida cerca. Y no cualquier comida ¡Mariscos! Se volteó comprobando que algo de humo estaba llegando a su habitación. Debía ser Inuyasha recalentando algo de comida. Pero ellos no tenían pescado y eso olía a pescado asado, fresco, suave. Olía tan bien que casi podría jurar que eso se desharía en su boca. No quería levantarse, juraba por Dios que no, pero su estómago tomó el mando por un segundo obligándola a incorporarse con una rapidez impropia de ella. Corrió hasta el umbral de la puerta teniendo cuidado de no tropezarse. Sus ojos buscaron recelosos en la habitación encontrando a su esposo echando leña al fuego y, lo más importante ¡Con deliciosos pescados ensartados en palos mientras se asaban! No fue consciente de la forma en la que miraba la comida sino hasta que escuchó la risa varonil de su acompañante. Recuperó la compostura por un segundo y se obligó a fruncir el ceño.

—Volviste —musitó intentando que la ansiedad por sentarse a comer no la delatara.

—¿Estás segura de que te conviene estar enojada, Kagome? —Bromeó— Siéntate a comer.

—N-no.

—¿No? ¿Y qué se supone que haga con todos estos peces? No puedo yo solo —a veces era divertido ver la forma en la que su mujer se hacía la difícil. Parecía un gato al que se le abre la puerta y no se decide por entrar o salir.

—Claro que puedes tú solo. Además no quiero esos peces, son pequeños y los pusiste demasiado tiempo en el fuego. No deben tener sabor —se dio media vuelta para que no viera la forma en que sus ojos la delataban.

¿A quién engañaba? ¡Estaban perfectos!

—Ya veo. Si no te gustan también tengo cangrejo.

¿Cangrejo?

—Puedes acompañarlo con arroz, está condimentado con esa especia que te gusta e intensifica el sabor. Y, si tampoco te gusta, tengo este jugoso salmón.

Kagome ladeó ligeramente el rostro notablemente confundida. ¿Por qué le mentía? Solo veía esos peces normales asándose en el centro de la cabaña, ninguno era un salmón. Además, esa especie no habitaba en el río donde discutieron. Volvió a encararlo con la clara intención de reprocharle lo ocurrido al mediodía, pero sus ojos se toparon con un enorme pez cortado en fetas acompañado de arroz y legumbres. ¡Al demonio la discusión!

Se sentó rápidamente en el suelo cerca de su esposo, pero aún más cerca de la comida. Vio con ojos soñadores la forma en la que aquel cuenco vacío se llenaba con distintos cortes de todos los peces que Inuyasha había pescado a lo largo de la tarde.

—Sobre lo de hace unas horas... —comenzó— Creo que solo me sentí sorprendido por lo que me pediste, no es que fuera una molestia. Por eso quería pedirte…

—Sí, sí, come y calla.

FIN

¿Recuerdan que en el último drabble dije que si me demoraba SOLO UN DÍA debía escribir cuatro drabbles por idiota? Bueno, no me atrasé un día sino toda una semana jajaja si hubiera seguido a ese ritmo se supone que el reto debería finalizarse este 21/12, pero por IMBÉCIL alargué el tiempo y el reloj sigue corriendo c: Esta vez me demoré porque en lugar de ser ficker me tomé la libertad de ser reader (leer fanfics, solo quería decirlo en inglés para que suene más genial xd) recomiéndenme autoras y fanfics porque creo que ya he leído todo lo del fandom, me aburre tanto releer ;-; Son las 03:32 a.m. en mi país. Me había ido a dormir pero me desperté porque sentí un mosquito en mi brazo. No se imaginan mi cara cuando descubrí que era una araña (: así que no pude volverme a dormir porque no la encuentro y puede estar enredada entre las sábanas. Agradézcanle esta actualización a araña-chan (?

Supongo que no hace falta aclarar el motivo de los antojos de Kagome, ¿Verdad? 7u7 ¡Gracias por sus hermosos comentarios! En especial para Rinnu que dejó un review en cada drabble, fue súper lindo ese detalle. Al igual que las lectoras que se salen de la ducha para leer lo que escribí y recién después continuar bañándose ¡Amo esa pequeñas anécdotas que colocan en cada comentario! No se olviden de dejar su pequeño mensaje en esta viñeta ;)

PD: Escribí cuatro malditos drabbles más, pero dos de ellos son MUY complejos y extensos así que los dejaré casi para el final (uno de ellos es la tercera parte de ''Memorias'' y ''Atadura''). El otro era HER-MO-SO, pero me trabé en un punto clave así que ahora mismo (literalmente AHORA MISMO APENAS TERMINE DE SUBIR ESTE DRABBLE) lo borraré y comenzaré con una idea nueva. Tengan paciencia, please.

PD 2: Un usuario, no recuerdo bien quién, dijo que ''Memorias'' parecía más la precuela de ''Atadura'' antes que la secuela ¡Y tiene razón! Lo ubiqué bien cronológicamente, pero en las notas del final puse que era la precuela. Que tonta. En fin, el orden correcto de esta trilogía es: Memorias-Atadura-? (última parte).

19.12.19