Zapato

Inuyasha sonrió cínicamente mientras escuchaba al idiota de su jefe dándole órdenes. Tenía las manos colocadas detrás de su espalda como si fuera un mayordomo en lugar del diseñador de la empresa y una postura de total sumisión. Al menos eso pretendía aparentar.

—Quiero los nuevos diseños para dentro de quince días. Nuestra competencia piensa lanzar un nuevo modelo y nuestras acciones podrían bajar si prefieren su marca antes que la nuestra.

—Es imposible —comenzó, anticipando que se arrepentiría de haber respondido—. Me dio tiempo hasta dentro de dos meses para terminar los bocetos y pasarlos en limpio.

—Correcto. ¿No puedes hacerlo en quince días? Que sea para esta semana entonces. ¿Alguna objeción?

—No, ninguna —apretó los dientes disimuladamente. Se iría despidiendo de ese fin de semana con Miroku y Sango en la playa.

—Perfecto. Ah, y la presentación de esta tarde… No me gustó la propuesta para el comercial del último modelo. No quiero que el automóvil aparezca en las calles. Es aburrido, soso, común. Prefiero que lo cambies por el desierto —aquel robusto hombre se recostó sobre su mullido asiento, regodeándose con la cara de pánico de su empleado—, un vehículo en un ambiente tan hostil es mucho más atractivo que una calle cualquiera. Nos hace ver como si nuestra marca fuera apta para cualquier terreno. Y así tiene que ser. Cámbialo todo.

—Entendido. Si me disculpa, mi horario de trabajo terminó hace dos horas. Me encargaré de decirle todo al guionista mañana temprano.

Su jefe le dio tiempo de tomar su abrigo, colocárselo y caminar hasta la entrada. Aparentemente no tenía nada más que decir. Reitero… aparentemente. Ya había abierto la puerta de la enorme oficina, solo un paso más y estaría fuera de la vista de su superior. Podría irse a casa.

—Ah, Inuyasha, solo una cosita más —vio al muchacho detenerse en seco y mirarlo de soslayo, demostrando que tenía su total atención—. Tú estarás a cargo de dirigir el comercial de mañana. No confío en los otros incompetentes. Eso es todo. No te duermas muy tarde —le dedicó una sonrisa torcida y lo vio desaparecer de su oficina. Le pareció ver que los ojos de su empleado brillaron de una forma peculiar ¿Qué más daba? Enojado o no de todas formas debería obedecerlo. Por eso amaba ser jefe. Sonaba a éxito.

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Inuyasha tomó las caderas femeninas y las arrastró hasta el final de la cama antes de volver a hundirse con violencia en la pequeña mujer. Se agachó para besar el níveo cuello, teniendo especial cuidado de no dejar marcas. Escuchó los gemidos cerca de su oído y acrecentó las embestidas haciendo que esos sonidos aumentaran su frecuencia y volumen. Quería escucharla gritar su nombre para ser muy consciente de a quién se estaba cogiendo. Apretó los grandes senos hasta llenar completamente sus manos, se regodeó al sentir el caliente y duro pezón palpitando contra su palma. Metió su miembro hasta la base mientras corría a besar los carnosos labios desaforadamente. Los mordió, los succionó y lamió a su antojo sin dejar de hacerle rudamente el amor a esa mujer.

Las pequeñas y delgadas manos sujetaban con fuerza las sedosas sábanas que parecían pequeños remolinos a estas alturas. Podía sentir la forma en que sus pechos se movían agitadamente ante cada nueva estocada. La forma en que abría sus carnes casi parecía rallar lo doloroso y al mismo tiempo la excitaba. Le encantaba despertar con tanta fuerza los más bajos instintos de Inuyasha. A veces se volvía tan enérgico y salvaje que ella parecía estar allí solamente para complacerlo. Como si tuviera que aguantar su fogosidad hasta que estuviera satisfecho.

Y aquello le encantaba…

Inuyasha se apartó en el momento exacto en que el interior de la joven comenzó a contraerse con fuerza en torno a su hombría, quería admirar su rostro. Sonrió son sorna al ver en todo su esplendor el orgasmo femenino. Su espalda se arqueó, los pies parecían temblar sin obedecer a su dueña, abrió enormemente la boca en busca de aire y sus ojos se volvieron blancos ante el inminente placer que le proporcionaba el clímax. Inuyasha aprovechó esos escasos instantes para moverse a su antojo, intentando prolongar el orgasmo femenino y al mismo tiempo buscar el suyo. Se contoneó unos cuantos segundos antes de finalmente llenar el cálido interior con su esencia. Se quedó inmóvil durante unos instantes y luego salió de la mujer mientras se limpiaba con un pañuelo de mano que estaba sobre la mesita de luz. Una vez que la mujer reacompasó su respiración y volvió en sí volteó a ver al albino con el ceño fruncido.

—No hagas eso —se quejó mientras miraba con desaprobación la forma en que el chico usaba el pañuelo. Él solo sonrió pícaramente sin dejar de usar el pequeño pedazo de tela.

—Sabes que me encanta hacerlo. Se lo merece —musitó.

La azabache solo rodó los ojos sin tener intenciones de seguir discutiendo. Se relajó en el mullido colchón dejando su torso expuesto sin pudor alguno. Momentos después el ojidorado se recostó a su lado y la rodeó con un brazo.

—¿Hoy fue muy malo contigo?

—Keh, lo mismo de siempre. Quiere que le resuelva su vida. Que termine sus proyectos, resuelva el del resto y presente los míos a tiempo. Es una mierda. —Miró con cierta curiosidad el anillo de casada de la mujer y lo delineó con su pulgar.

—También es una mierda conmigo.

—Y eso que eres su esposa —susurró. Sí, se cogía a la mujer de su jefe. Oh, qué bien sonaba. Casi le daban ganas de ponerlo como ringtone.

La joven lo golpeó juguetonamente en el pecho a modo de advertencia. No le gustaba ser consciente de que le era infiel a su marido. Bueno, tampoco se sentía realmente mal. Si ella estaba siendo… acompañada a tan altas horas de la noche era porque su esposo debería estar en un bar cualquiera rodeado de putas. Sí, recordárselo a sí misma la hacía sentir mejor.

—¿Cuánto tiempo tenemos antes de que venga?

—Mmm… —la chica miró brevemente el reloj digital en la mesita de luz mientras hacía cálculos mentalmente— yo diría que entre una y dos horas dependiendo de con cuántas mujeres esté ahora. ¡Oye!

Inuyasha ni siquiera le dio tiempo de ponerse triste, solamente la tomó de la cintura y la sentó sobre sus caderas mientras seguía recostado. No, mientras él estuviera ahí no permitiría que ella se deprimiera. En cambio, se la follaría hasta el hartazgo solo para dejarle una sonrisa de oreja a oreja durante, por lo menos, una semana. Aunque claramente no dejaría que pasara tanto tiempo antes de volver a estar entre sus piernas. Delineó la estrecha cintura con el pulgar y miró a la mujer con sus ojos cargados de deseo intentando transmitirle lo mucho que le encantaba follársela, lo mucho que amaba esa relación que mantenían.

—Creo que es tiempo suficiente para seguir divirtiéndonos, mi querida Kagome —canturreó y masajeó los turgentes pechos deleitándose con el dulce jadeo que se escapó de los labios de la azabache.

Inuyasha era un hombre apasionado por los autos, por ello creyó que trabajar como diseñador en una empresa automovilística le vendría como anillo al dedo. Sin embargo, no contó con que su actual jefe —desde hace dos años— fuera un total cretino al cual le encantaba sacarle canas verdes. Creía que se debía a que era un ex-militar, tal vez eso contribuía a su mal genio. Cada día intentaba orillarlo a la renuncia con miles de tareas, cada una más ardua que la anterior. El día que finalmente iba a presentar la renuncia su jefe lo invitó inesperadamente a una cena en su casa. Allí la conoció. La mujer de su superior. Dulce, atenta, graciosa y con un cuerpo de infarto que haría que su cabeza —cualquiera de las dos— estallara con solo mirarla por el rabillo del ojo.

Pasaron un par de meses en los cuales pospuso su renuncia. Las cenas en la casa de su patrón por temas de negocios eran cada vez más habituales.

¿Qué buscas en una reunión? ¿Negocios o placer?

Inuyasha, en cualquier otro momento, habría optado por la primera opción. Sin embargo, ahora respondía sin atisbo de duda: ambos. Negocios con el director, placer con la mujer del director. Si lo resumiera en una frase diría que el placer era su negocio.

Una noche de copas su patrón se desmayó en el sofá y él aprovechó para llevarse a la cama a esa preciosura de mujer que clamaba por una buena verga. Y Dios le había dado la mejor de las vergas. Únicamente por este último componente, únicamente por Kagome, él no había renunciado y tampoco estaba en sus planes hacerlo en un futuro. No importaba qué tan mierda fuera el día, no importaba si su superior le pedía agua de una piedra o un río en el desierto. No solamente lo haría a la perfección sino que además a la noche se desquitaba con Kagome. Al principio la usó, no lo negaría. Era muy parecido a follarse a la hermana de un amigo, le jodes la vida. Pero ahora todo era distinto. Ya no se veían únicamente para coger —lo cual él llamaba ahora, con todo placer, "hacer el amor"—, a veces iban a tomar un café o a ver una película que su marido se negaba en rotundo a ver. Incluso la acompañó a comprarse ropa cuando empezó el verano. Cumplía el rol del esposo ideal, mientras que el verdadero se perdía en quién sabe dónde.

Había ocasiones, como hoy, en las que sí hacían el amor rudamente sin importarles qué tan alto llegaran a gritar. Y había otras en las cuales tocaba el timbre de su casa con un pequeño ramo de flores, una película de terror en mano y una caja con condones saborizados en el bolsillo. Esos días eran los más desagradables para él porque sabía que algo malo había pasado para tener que hacerlo. Ya sea porque vio a su superior follándose a la secretaria en el escritorio a plena luz del día o porque esta vez la "reunión de negocios" era realizado en un antro de mala muerte con mujeres con "un poco de rostro en su maquillaje". Siempre mentía diciendo que debía irse a casa temprano a terminar un proyecto, tomaba su abrigo sin esperar respuesta y conducía a la casa de Kagome. Claro, haciendo una pequeña parada antes para comprarle los presentes. Esas noches se lo hacía tan dulcemente que quería gritarle con todo su cuerpo que ella merecía ser amada, que era una extraordinaria mujer y que, si ese idiota no la amaba, lo haría él.

Se giró e incorporó tomando el frágil cuerpo de Kagome entre sus brazos quedando ambos arrodillados en la cama. Tomó su trasero y lo alzó hasta que ella pudo afianzar sus torneadas piernas en su cadera. Comenzaron a moverse simultáneamente de forma coordinada dando pequeños brinquitos en el lugar. Inuyasha mantenía los ojos cerrados mientras dejaba escapar un ocasional jadeo, necesitaba perderse en ella y en los sonidos que la azabache emitía. Necesitaba perderse en el placer que Kagome le daba.

Cuando su patrón se excedía con sus caprichosos pedidos él buscaba numerosas maneras de vengarse. No solamente llevándose a la cama a una mujer ajena casi a diario sino con "pequeños detalles" como arrojar su cepillo de dientes al inodoro y luego colocarlo nuevamente en su lugar, limpiarse luego de tener sexo con su pañuelo personalizado —el cual siempre utilizaba para taparse la nariz cuando se resfriaba o estornudaba— o, su preferida, venirse en las sábanas y no cambiarlas. Solo con imaginarse la cara que pondría al saber que duerme todos los días en unas sábanas que poseen la esencia de una persona ajena… Agh, solo pensar en eso hacía que casi se viniera.

Entreabrió los ojos para fijarse en el plano vientre de la muchacha. La adoraba tanto que casi añoraba poder tener un hijo con ella, un heredero que se alojara allí durante nueve maravillosos meses. No solo sería su mayor alegría, también su mayor venganza por todas las humillaciones que sufrió a manos de su jefe. Rio con ganas al imaginarse la cara del desgraciado si es que algún día Kagome quedaba embarazada. Sería todo maravilloso. Hasta que lo llamaran a la sala de maternidad para conocer a su primogénito solamente para descubrir que su "hijo" tenía un par de pintorescos ojos dorados.

Sintió el cuerpo de Kagome ser azotado por un segundo orgasmo y la besó apasionadamente mientras ahogaba su grito de gloria. Habría seguido así toda la noche. Grabando con fuego todo en su memoria. El olor de ella, sus gemidos, el calor que inundaba su cuerpo, la forma en que ella lo acogía tan cálidamente en su interior, el sonido de los resortes de la cama o la forma en que su cuerpo parecía estar más cansado a cada segundo pero al mismo tiempo se revitalizaba. Definitivamente habría seguido… de no ser por el sonido de un auto entrando en la cochera.

Se detuvo en seco intentando captar cualquier sonido que le diera una pista sobre ese auto. Algo que le dijera que era un auto destartalado, que iba de paso o que pertenecía a algún vecino que acababa de llegar a su casa. Cualquier cosa que le dijera "Tranquilo, no es tu jefe llegando temprano a casa. Tú sigue follándote a su mujer." Pero nada, el motor dejó de escucharse dejándolo sin posibilidades de descartar o confirmar sus sospechas. Aunque… el sonido de las llaves en la puerta de entrada parecieron ir por la segunda opción. Kagome y él palidecieron, se miraron con el pánico pintando su rostro y luego desviaron su mirada avergonzada al cuerpo del otro. ¡Los descubrirían in fraganti!

—Llegó antes —musitó Kagome llena de terror ¡¿Por qué mierda hoy llegó antes?!

Se escuchó la puerta siendo abierta y posteriormente cerrada. Abrieron los ojos enormemente al ver un atisbo de esperanza. Ellos estaban en el segundo piso. Su marido siempre se sacaba los zapatos y el abrigo antes de subir. Dejaba el maletín tirado en algún lugar y… ¿Qué más daba? Eso les daba unos cuantos minutos de ventaja. Kagome fue la primera en reaccionar. Tomó al chico rudamente por los cabellos y lo empujó debajo de la cama ignorando sus quejas mientras pateaba enérgicamente todas sus pertenencias al mismo lugar. Incluyendo sus bragas que hasta hace un par de horas habían estado completamente empapadas. Estiró un poco las sábanas mientras intentaba que su corazón no dejase de funcionar debido al terror que la invadía. Apenas había colocado una pierna dentro de la cama cuando la puerta de la habitación matrimonial dejó ver la figura de su imponente marido. Se lo notaba cansado. Si tenía suerte se dormiría con solo tocar la almohada e Inuyasha podría irse por la ventana del baño, desnudo, pero al menos se iría.

—H-hola… querido, llegaste antes hoy —¡Tonta! Se supone que ni siquiera le prestas atención a su hora de llegada. Quiso pegarse una palmada en la frente, pero la voz de su esposo la interrumpió… y heló.

—¿Por qué estás desnuda?

—Hace calor —Dios bendiga al subconsciente— y no creí que te molestara que durmiera así ya que…

—Da igual —la cortó—. Estoy cansado.

—Tú duerme. Debió ser un día agotador —Por favor, intenta no denotar tanto entusiasmo y urgencia en tu voz.

—Hmm…

Kagome aprovechó que su esposo se sentó en su lado de la cama para ir a colocarse un delgado camisón. No le gustaba estar desnuda en frente de él, no la tocaba nunca ¿Por qué debería exhibirse? Además podría percatarse de otras cosas y no le convenía en lo absoluto. Escuchó el sonido de tela moviéndose, aparentemente se estaba desabotonando la camisa para dormir sin ella. Bien, solo un par de minutos más y todo esto quedaría en el pasado. Le serviría como lección para no ser tan despistada.

—¿Qué es esto? —escuchó a su espalda pero la distancia de la voz le indicaba que él seguía sentado al borde de la cama. Kagome simplemente se giró aparentando tranquilidad.

—¿Qué cosa, querido?

—Esto.

Kagome palideció tanto como una hoja de papel y ahogó un grito de pánico al reconocer lo que el hombre sostenía entre sus manos. Un zapato de color negro se había asomado por debajo de la cama, al parecer lo pateó con demasiada fuerza.

—No son míos. Yo solo uso de color marrón o beige, tampoco es de mi talle —susurró lúgubremente al inspeccionar el dorso del calzado— ¿Quién estuvo aquí?

No tenía caso mentirle. Él ya sabía bien a quién le pertenecían. Solo había un idiota con el cual pasaba el tiempo suficiente como para saber qué tipo de calzado usaba y cuánto calzaba. Mientras tanto, por su parte, Inuyasha sudaba frío debajo de la cama. ¿Cómo mierda saldría de ahí?

Sabía que los militares tenían prohibido moverse mientras entonaban el himno. Tal vez pudiera cantarlo mientras salía de la cama, su jefe no podría moverse por cuestiones de honor y él aprovecharía el momento para escaparse junto con Kagome. Era una idea loca, pero era eso o morir a manos de su superior…

FIN

¡Hello! Actualicé antes de que termine enero (fue un mes hiper largo). Lo terminé a las 04:55 a.m. el 01/02/20 pero lo empecé a escribir mucho antes así que para mí sigue siendo enero (?

Espero que les haya gustado este drabble tanto como a mí. Fue una idea loca, que de hecho no he leído hasta ahora en el fandom (bueno, yo tampoco he explorado toooodo el fandom, pero meh) y me pareció interesante :o ¿Qué les pareció? ¿Algo que les haya causado risa o disgustado? Recuerden dejar sus críticas u observaciones, me ayudan a crecer como escritora c:

¡Ahoraaaa! Hay muchos temas de los cuales quiero hablar así que colocaré ítems porque NO puedo esperar hasta el próximo drabble para hablarlos.

*Recuerden que siempre los leo, todos y cada uno de sus comentarios son leídos en el momento o solo dos horas después de ser emitidos. Algo que me llamó la atención —y que siempre olvido mencionar— es que desde hace varios meses los usuarios me están dejando este tipo de comentarios: Gracias.

Y, extrañamente, ese tipo de comentarios, esa única palabra me provoca tantas emociones que en más de una ocasión mis ojos se humedecieron. Leer comentarios como "GRACIAS por darnos otro de tus drabbles" o "Hermoso drabble, gracias por escribirlo", me llena de demasiada dicha y no puedo tolerar posponer esto otro segundo más: GRACIAS a ustedes. Por leerme, por interactuar conmigo, por dejarme reviews sobre el drabble o sobre lo que pasa en mi vida. Gracias por sus mensajes de apoyo y su constancia, por ser siempre los mismos usuarios los que me comentan. Gracias por ser mis lectores, simplemente gracias c:

*Voy a cambiar mi nombre de usuario en Wattpad —para esconder mejor mi perfil— todavía no me decido, cuando lo cambie voy a avisarlo en las notas del drabble.

*Leí casi todos los fics de SheilaStV (leí tu comentario) ¡Y me encantaron! Cuando me desocupe voy a dejar comentarios en todos y cada uno :D actualiza el de los profesores de natación, please porque me estoy muriendo de curiosidad (había otro fic que AMÉ pero ahora no lo recuerdo xd)

*No actualicé antes porque con todo el tema del abogado y demás son muy pocos los días en los cuales estoy relajada. Es todo raro, como cuando muere alguien. Los minutos en los cuales "me siento bien" es porque borro todo de mi mente y no quiero pensar en actualizar. Lo cual me estresa porque quiero terminar esto antes de empezar la facultad y sacar más proyectos.

Nuevamente gracias por leerme, recuerden comentar aunque sea con un corazón ¡Y nos seguimos leyendo! Gracias por su apoyo.

Próximo drabble: Elástico.

31.01.20