Monedas

Kagome terminó de ponerle seguro a la puerta de su habitación y se apresuró a cerrar la ventana con el pequeño cerrojo que venía incorporado. Miró a todos lados, asegurándose de que nadie la interrumpiría hasta dentro de algunos minutos. Al fin, observó el paquete depositado cuidadosamente sobre su mullida cama. Estaba envuelto de tal manera que nadie, ni en sus más remotos sueños, podría saber lo que había dentro. Nadie. Excepto ella.

Lo abrió cuidadosamente sin prestarle atención al recibo o a las instrucciones adjuntas. Todo lo que le importaba era el contenido de la pequeña cajita. Así que, al apartar la última bolsa de su camino y tocar el objeto de forma directa se sintió la mujer más dichosa del universo. Le colocó rápidamente las baterías al objeto más pequeño y luego, sin más miramientos, tomó el más grande y se metió rápidamente al baño dispuesta a realizar el último paso, olvidándose de cerrar la puerta en cuanto se fue. Porque las mujeres, en plena euforia, muchas veces son tontas y despistadas.

Inuyasha se encontraba subiendo las escaleras cuando vio la silueta de Kagome salir disparada al cuarto de baño. Arqueó una ceja, ¿Qué mosca le había picado? Se dirigió a la habitación de la colegiala. Tal vez había visto una araña y por eso salió corriendo completamente despavorida.

—Qué chiquilla tan escandalosa.

Sus ojos se situaron en el pequeño círculo rosado abandonado en la cama de la muchacha junto con un montón de bolsas y plásticos destrozados. ¿Y él era el cerdo? Debería de fijarse en el desorden de su habitación antes de hablar. Tomó la pieza entre sus manos y comenzó a presionar las dos protuberancias que sobresalían. Sin embargo, nada sucedió. Lo guardó en su traje para preguntarle más tarde a la azabache qué era esa cosa. Salió al pasillo dispuesto a buscarla y la encontró hablando con su madre sobre trivialidades. Pudo notar en el olor de la menor que se encontraba ansiosa.

¿Por qué?

—Inuyasha, querido, ¿Serías tan amable de acompañar a mi hija a hacer las compras? —La voz de la señora Higurashi lo devolvió a la realidad, obligándolo a centrarse de nuevo en las dos féminas.

—Eh... Claro —se limitó a responder. Después de todo, así podría preguntarle a Kagome sobre el extraño elemento que encontró en su cuarto.

—¡Pero mamá...!

—Sin peros, Kagome. Es para la cena de esta noche. Así que si quieres regresar a estudiar es mejor que se apresuren.

Sí, claro, estudiar— pensó con hartazgo la azabache.

—Vámonos, Inuyasha. Mientras más pronto vayamos, más pronto regresaremos —no lo dejó responder y lo arrastró del collar Kotodama con desgano al igual que un perro al que hay que llevar a pasear.

...Y vaya paseo que se iban a llevar.

._._._._._._._._._._._._._._.

—Veamos... —escuchó que susurraba la muchacha mientras comparaba los productos en las repisas con lo que decía la hoja de papel que le había dado su madre— Salsa de soja, salmón... También tenemos que llevar arroz, pero eso lo compraremos en la otra tienda porque es más barato —murmuraba.

Inuyasha miraba los estantes distraídamente. Ese no era el pasillo de comida ninja, él quería comida ninja.

—Oye, Kagome, podemos...

—No —lo cortó—, por enésima vez, no compraremos más ramen. Aún faltan unos días para volver al Sengoku y si lo compro ahora seguramente te lo comerás tú solo.

—Tonta.

Kagome rodó los ojos y se centró nuevamente en el la lista. A veces Inuyasha era tan parecido a un niño...

Llegaron al sector de lácteos que estaba atiborrado de personas intentando llevarse ofertas de embutidos. La aglomeración era tal que un hombre empujó a Inuyasha por error, haciendo que éste chocara con la azabache.

—¡Hey, tú...! —Sin embargo, el ojidorado cesó su insulto a mitad de camino. Un sonido acababa de acaparar su atención.

...Bluetooth connected.

¡Y ahí estaba de nuevo! Metió su mano dentro del traje. Creía saber de dónde provenía... Y en efecto así era. El pequeño objeto se veía exactamente igual que antes, solo que ahora una pequeña luz rosácea adornaba la parte frontal. Había estado el tiempo suficiente en la época de Kagome como para saber que, si algo tenía luz, significaba que funcionaba. Ya lo había visto en la caja mágica, la máquina que limpiaba ropa e inclusive en las gigantescas carrozas de acero que manejaba la gente. Decidió probar su suerte y presionó un botón al azar. Casi de inmediato pudo percibir un zumbido. Volvió a presionarlo, consiguiendo que el zumbido se hiciera cada vez más y más fuerte a medida que repetía la acción.

¿De dónde provenía el sonido? Sus orejas se movieron como radares hasta dar con el objetivo. Pero aquello, lejos de aclarar la situación, solo logró confundirlo más.

—¿Kagome? —Musitó mientras veía a la joven en el suelo respirando dificultosamente.

—Señorita, ¿Está bien?

Un hombre se acercó a la chica intentando hacer que se pusiera de pie. Mientras que él continuaba apretando el botón intentando cesar el extraño zumbido.

Kagome difícilmente lograba controlar su respiración. Mantenía la cabeza gacha intentando por todos los medios que nadie viera lo roja que estaba su cara. De un momento para otro su interior había comenzado a vibrar exquisitamente y no sabía a qué se debía. Continuaba escuchando un "click, click" casi rítmico que la sacaba de quicio. Alzó su cabeza lo suficiente como para que su ojo buscara la procedencia del sonido. Y lo que encontró, lejos de relajarla, la hizo entrar en pánico.

La adrenalina del momento hizo que se olvidara de la sensación entre sus piernas y se pusiera de pie a la velocidad de la luz mientras intentaba arrebatarle el objeto de las manos a Inuyasha. Para su desgracia, el chico tenía muy buenos reflejos, por lo que alzó la pieza por sobre su cabeza impidiendo que la azabache lo alcanzara.

—¿Qué te pasa, estúpida? —Bramó— Yo estaba jugando con esto, es mío —declaró.

Todos los colores se le subieron a la cara a Kagome y apretó las piernas con una fuerza que no creyó poseer. Se serenó lo suficiente como para dejarle en claro al señor que se encontraba bien —demasiado bien, a decir verdad— y devolvió la mirada a Inuyasha que continuaba mirando curiosamente el aparato. Apretó el segundo botón esta vez, no lo había probado aún. Nada nuevo había sucedido... O eso creyó. Porque Kagome se dejó caer repentinamente contra su pecho y arrugó fuertemente la tela de rata de fuego entre sus dedos.

—P-por... Por favor —gimoteó—, haz que pare.

Inuyasha fue consciente, por primera vez, de la forma en que temblaban las piernas de la colegiala. Parecía como si fueran a fallarle en cualquier momento, como si de un momento a otro fueran de gelatina y ya no pudieran sostenerla más. La agarró de la cintura intentando ser su sostén sin importarle las miradas curiosas de algunos compradores.

—Para...

—Y-yo no estoy haciendo nada —se defendió. ¿Qué le pasaba?

—El botón... Agh...

Sus orejas dieron un tirón al escuchar un jadeo tan dulce salir de los labios de la azabache. Quería oír más. No estaba muy seguro de qué estaba pasando, pero de alguna forma todo era culpa de ese aparatito que traía entre manos. Al parecer, esa cosa era más poderosa que la perla de Shikon. Tal vez incluso podría derrotar a Naraku utilizándolo. Pero esas conjeturas tendrían que esperar. Primero debía aliviar a la azabache entre sus brazos. Presionó ambos botones al mismo tiempo esperando obtener un resultado distinto a los anteriores. Y así fue... El zumbido había dejado de sonar y Kagome pareció recobrar la cordura. Le dio unos segundos para tomar aire, la dejaría descansar. Estaba a punto de acariciar cariñosamente su cabello a modo de consuelo, pero un par de ojos prendidos en llamas lo miraron con rencor.

¿Qué le pasab...?

—¡Dame eso! —Demandó.

—¡Ah, no! Eso sí que no, ¡Es mío! —Nuevamente alzó el pequeño control por sobre su cabeza. Ni siquiera saltando lo alcanzaría. Olfateó el aire. La muchacha comenzaba a enfadarse pero, extrañamente, también podía sentir lo excitada que se encontraba— ¿Qué es esto? —Cuestionó. Al fin saciaría su curiosidad.

—Un… Un juguete —respondió la colegiala completamente sonrojada.

—¿Un juguete? ¿Cómo los que le traes a Shippo?

—No, no exactamente —¿Por qué Inuyasha tenía que ser tan estúpido a veces?— Es un juguete para adultos —susurró.

El chico no entendió mucho, pero suponía que con eso estaba bien. Miró la pieza en su mano mientras la muchacha se preparaba para seguir las compras como si eso nunca —recalquemos, nunca— hubiese pasado. Se sintió poderoso. Ahora sabía por qué a Kagome le gustaba mandarlo tanto a besar el suelo, el sentimiento de ser invencible era increíblemente placentero. Observó a la chica que caminaba unos cuantos pasos delante de él, esta vez en el pasillo de comida instantánea que tanto le fascinaba. Sonrió son sorna y volvió a empuñar con firmeza el control.

—Abajo.

Y, como si Kagome tuviera puesto otro collar Kotodama, la chica fue de bruces al suelo mientras se retorcía y apretaba las piernas con desesperación.

—Abajo, abajo, abajo —repetía mientras apretaba el botón principal una y otra vez aumentando la intensidad del zumbido y la tortura de la joven.

—¡¿Qué demonios te pas…a…?! Ah… —y allí estaba, ese melodioso sonido que hacía que todos sus sentidos se centraran en la joven. Apretó los dos botones al mismo tiempo apagando el aparato y sonrió con superioridad mientras observaba cómo Kagome intentaba ponerse de pie.

—Quiero que compremos comida ninja.

—Pero…

—Mucha comida ninja —aclaró. Kagome frunció el ceño, lista para ponerse firme.

—¡Te dije que no! Compraremos…

—Abajo.

Joder, sí que era divertido mandar a otra persona a besar el suelo.

._._._._._._._._._._._._._._._._.

Al final del día. Kagome volvía con las piernas completamente acalambradas, con una tonelada de sopas instantáneas y un Inuyasha con varios golpes en la cabeza. En un descuido logró mandarlo al suelo, arrebatarle el control y mantenerlo besando el suelo durante un buen tiempo. Desgraciadamente, eso pasó fuera de la tienda, así que no había manera de devolver lo que habían comprado. Suspiró cansinamente.

—Maldición, mamá me va a matar por gastar todo el dinero en estas estupideces —se lamentó.

Bueno, tampoco es que ella fuera un ejemplo de responsabilidad. Después de todo se había gastado decenas de billetes y monedas —resumiendo: todos sus ahorros— en el lujoso lush lovense, pero había valido la pena… Y con creces.

FIN

Estoy híper mega activa in this moment (? Todo gracias a un desafío que hice con otra fanficker para ver quién lograba escribir más drabbles/one shots en una semana. El marcador finalizó 6-6, ¡La pelea fue descomunal! Al principio yo iba ganando 0-1, pero justo el último día del desafío ella cambió las cosas a 5-1 y tuve que estar todo el día quemándome los dedos para empatar JAJAJAJAJA Nuestra batalla fue legendaria (adjunten meme de Kung Fu Panda (?) Así que ya tengo cuatro actualizaciones listas para salir del horno. Los drabbles serán actualizados los días miércoles, así que estén atentos uwu

ACLARACIONES:

• El Lush lovense es un juguete sexual diseñado para estimular tanto el punto G (interior de la vagina) como el clítoris de forma simultánea. Tal vez algunos lo conozcan por vídeos de Facebook donde hacen una especie de "Challenge". Tienes que llevar el juguete sexual puesto en público mientras otra persona tiene el control en su mano, el objetivo es disimular los orgasmos mientras sigues realizando tus actividades diarias. Me pareció interesante implementarlo :o

• Kagome se lo colocó en el baño y no tuvo tiempo de sacárselo, así que lo llevó puesto al supermercado sin imaginarse que Inuyasha tenía el control el su mano. Lo aclaro por si alguno no entendió esa parte jsjs

Para los que preguntaron sobre cómo se me ocurrió el drabble anterior: La historia es muy graciosa y voy a contar todo lo relacionado a eso en el próximo drabble "Bucear" —es la continuación de "Nadar"— para que puedan entender todo de principio a fin. Adoro tener lectores tan curiosos y dinámicos xD

Fueron hermosos los comentarios que recibí, ¡Agradezco que les haya gustado tanto! Es que hoy en día las personas son tan sensibles que hay ciertos temas que no se pueden tocar —aborto, política, religión, sexualidad— sin tener comentarios haters. Y yo soy súper sensible en ese sentido así que cada vez que recibo un comentario hater mi mente se queda en modo "¡No sirvo para esto! ¡Me voy del fandom!" jsjsjs soy una idiota xd

Espero que este drabble les haya gustado tanto como a mí xD

No olviden dejarme sus hermosos comentarios que voy a estar leyendo constantemente. Añadan a favoritos y síganme si es que quieren recibir una notificación por correo cuando actualice alguno de mis fanfics c:

¡Los amo! Quédense en casa como todos nos quedamos con las ganas del beso de Inuyasha y Kagome en su habitación 7u7

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