Ninfa
Contaba la leyenda que, si caminabas lo suficiente en el bosque, podías encontrar una tranquila laguna escondida en un claro. La reconocerías fácilmente, pues los árboles de alrededor estaban adornados con pergaminos sagrados para mantener purificada la zona, para guiar tu camino hasta allí... O para advertirte que dieras media vuelta y volvieras.
Los más ancianos procuraban hacérselo saber a sus nietos.
—No vayan allí —decían—. No se acerquen. Y si ven los pergaminos, traten de perderlos de vista hasta regresar a casa. Pues allí vive una ninfa de agua, de extraordinaria belleza que te encandila con su canto aún mejor que mil sirenas. Especialmente a los hombres —enfatizaban—, a los más guapos y fuertes los secuestran para hacer que compartan la cama con ellas. Y no se los vuelve a ver...
El silencio sepulcral fue interrumpido por un ocasional hipido producto del mismo hombre que contaba la historia. Su hijo, un muchacho de apenas veinticuatro años, lo golpeó amistosamente en el hombro y le ofreció algo para refrescarse la garganta. Todos a su alrededor escuchaban su historia entretenidos mientras se regodeaban con la música de los tambores de fondo. Este festival era, definitivamente, el más animado en décadas. Especialmente desde que su amada sacerdotisa había vuelto con ellos.
Inuyasha, luego de hartarse de escuchar las patrañas de aquel viejo senil, se marchó de la aldea en busca de algo de tranquilidad. Tal vez se lo habría tomado con más seriedad si el aire no hubiera estado impregnado del nauseabundo olor del alcohol, pero las historias que cuenta un viejo borracho son solo eso… Historias. A pesar de que no había tomado ni siquiera una gota de sake, si seguía allí, estaba seguro de que se emborracharía solo con oler el ambiente unas cuantas horas más. Prefería no arriesgarse.
Terminó de sumergir su cuerpo en el tranquilo caudal. Dejando que el agua fría le quitara la poca borrachera que pudiese tener y despertara sus sentidos. Se recargó en la orilla, dejando que su mentón descansara sobre sus antebrazos que estaban apoyados en el césped, y miró la inmensidad del bosque frente a él. Su mirada se detuvo en los pergaminos que rodeaban la zona y rodó los ojos con hartazgo. Por supuesto que había escuchado esa leyenda un millar de veces, pero nunca le prestó atención. Cada aldea tenía un mito o una leyenda propios, un lugar prohibido, una zona poseída... Un objeto tan corroído por la maldad que los humanos preferían no tener ningún contacto con él. Pero debido a las supersticiones de la época muchas veces esas leyendas terminaban por ser falsas o simples mentiras de padres que quieren hacer que sus hijos se comporten y no se aparten de su lado.
—Sí, zona maldita, cómo no. Malditas mis pelotas —masculló.
Sus orejas se irguieron al escuchar el sonido de una rama al quebrarse. Levantó la cabeza y arrugó el ceño. Un nuevo sonido inundó el lugar, el de los arbustos al moverse. Olió el ambiente, tratando de adivinar de qué tipo de enemigo se trataba, pero tan pronto lo hizo su mirada se suavizó al identificar el aroma. Casi al instante de relajarse los arbustos volvieron a moverse, dejando ver la esbelta figura de su mujer que se abría paso entre la maleza.
—Hola —saludó desde el suelo—, ¿Ya terminó el festival? —Pero Kagome no respondió. Lo miró ligeramente ceñuda al reconocer la zona. A su esposo le gustaba pasarse las reglas por donde no le daba la luz, y ella tendría que encargarse de regañarlo más tarde— ¿Quieres ir a casa? —Volvió a preguntar— Está bien, solo deja que me vista y...
—No —interrumpió la azabache desde su posición. Con el rostro sonrojado procedió a abrir su kosode—. Quiero bañarme contigo.
A Inuyasha le extrañó aquel pedido, pero le agradaba que Kagome, a pesar de ser bastante correcta, se uniera a su pequeña travesura y decidiera romper las reglas. Se relajó mientras observaba la forma en que su mujer se retiraba la ropa con parsimonia. El kosode estaba entreabierto dejando ver el valle entre sus pechos y su pelo, enmarañado debido a los constantes bailes de la noche, caía con cierto aire salvaje sobre sus hombros.
La mirada chocolate se posó en la suya y no dejó de mirarlo un instante mientras continuaba desanudando su hakama. Le pareció percibir cierto aire siniestro en sus ojos color caoba, era como si le advirtiera de un peligro. Un peligro... Demasiado sensual y atrayente como para siquiera pensar en huir.
La tela roja cayó pesadamente a sus pies y quedó únicamente con su kosode, que a su vez se deslizó hasta dejar los hombros femeninos al descubierto. Los pequeños pies apartaron la ropa a un lado con extrema lentitud. La sacerdotisa se agachó frente a su esposo y tomó su mentón con coquetería asegurándose de que viera su generoso escote debido a su posición.
—¿Te gusta lo que ves?
En otras circunstancias, Inuyasha habría gruñido un fiero "sí" y se habría apresurado a poseerla cuanto antes, para que no olvidara lo peligroso que era tentarlo. Pero, con ese simple susurro, pudo notar en el aliento de su compañera que se encontraba completamente ebria. Lo que lo hizo flaquear... ¿Kagome estaría realmente en sus cabales? ¿O era el alcohol el que hablaba por ella?
—¿Acaso bebiste? —Inquirió, sin dejar que el deseo nublara su juicio.
—Solo un poquito —canturreó mientras sumergía sus pies en el agua.
—Te dije que no bebieras nada. Tu tolerancia al alcohol es pésima —Inuyasha quiso golpearse la cara. Le dijo a Miroku que cuidara de Kagome durante el resto de la noche, ¿Y así se la devolvía? Momento... ¿Dónde estaba ese canalla?
—Eres un aguafiestas.
—¿Y Miroku? —Miró con severidad a Kagome, que ya se encontraba frente a él, completamente sumergida y desnuda. Intentó no bajar la vista, para que su determinación no flaqueara y se dejara llevar por la situación— ¿Y Sango?
Kagome abrazó a Inuyasha por el cuello, intentando que la distancia entre ellos fuese mínima, y dibujó pequeños círculos en su pecho con su dedo.
—Fueron a atender unos asuntos. —Su voz había sonado tranquila, tanto que casi podría jurar que se le había ido la borrachera, pero sus ojos, los mismos que ahora lo miraban fijamente, decían todo lo contrario— Los mismos que tú y yo atenderemos por varias horas —insinuó.
El hanyou no tardó en terminar de comprender la situación. Sí, Sango y Miroku se habían ido a probar suerte para ver si conseguían un cuarto hijo. Y, además, habían dejado a Kagome a merced de todo el pueblo que bebía sake como si se tratara de agua. La muchacha probablemente no pudo negarse y terminó ebria. En algún momento, quizá, su cabeza hizo "click" y decidió buscar a su esposo. Ahora que la miraba bien, tenía varias hojas en su cabello. Debió ser difícil atravesar toda esa vegetación sola, sin luz y completamente borracha.
—K-Kagome... ¿No íbamos a bañarnos? —La forma en que su esposa lo acariciaba le indicaba que no era un baño precisamente lo que quería. Llevaban apenas unos meses casados, así que ese tipo de intimidad seguía turbándolo de vez en cuando— Creo... Que es mejor si nos vamos. En la cabaña podrás bañarte mejor tú sola.
Estiró el brazo para tomar la ropa que estaba depositada sobre una piedra, pero la pequeña mano femenina lo detuvo y lo obligó a mirarla.
—No, quiero que nos bañemos aquí. Juntos —enfatizó—. El agua fría me ayudará a bajar la fiebre.
Inuyasha se relajó, ¿Acaso se debía a eso su sonrojo y no a la borrachera? Examinó su rostro unos instantes antes de hablar.
—¿Tienes fiebre? —Sonaba realmente preocupado. De ser así, debería ir a buscar a Kaede para que le diera hierbas para bajar la temperatura de su compañera.
—Sí... —musitó, con un tono de voz tan dulce y suave que a Inuyasha le pareció casi un susurro lastimero— Entre las piernas, ¿Me prestas tu termómetro?
—¿T-t-termo...? ¿Qué?
Kagome aprovechó la guardia baja de su marido y se apresuró a mover su mano bajo el agua hasta dar con la hombría del albino. Ejerció presión en la zona, dándole a entender, sin más rodeos, qué era lo que quería. Inuyasha cerró los ojos con fuerza y apretó los dientes para no decir ninguna grosería. No sabía lo que era un termómetro, pero estaba seguro de que "eso" no lo era.
Las manos femeninas se movieron de forma ascendente a través del fornido pecho masculino. Apegó sus caderas a las del albino asegurándose de que sus sexos se rozaran, ese simple contacto logró arrancarle suaves jadeos que parecieron erizarle la piel a su tímido acompañante.
Mantenía la mirada fija en la dorada, intentando ver el momento exacto en que el deseo se despertara dentro de él. Cuando el oro se oscurecía hasta parecer cobre fundido, cuando su marido sucumbía a sus más bajos instintos. Haciendo que la bestia saliera a la superficie y la poseyera con brutalidad en el agua, en el fango de la orilla o en el césped del bosque. Simplemente... Quería ser follada. No debería ser tan difícil.
Rodeó la cintura del albino, sin dejar de respirar pesadamente frente a él, aprisionándolo contra ella. Demandando atención.
—¿No te parece excitante? —Jadeó. Hizo que las ásperas manos recorrieran su plano estómago hasta llegar a su pecho, donde lo obligó a sentir el pezón erecto contra su palma abierta— Una ninfa de agua... —Se meció lentamente haciendo que la fricción de sus sexos lograra despertar cada vez más el deseo de su compañero— Y un demonio haciendo el amor —llevó sus carnosos labios hasta las orejas que descansaban en la cabeza de Inuyasha, sopló con delicadeza en su interior y pasó lentamente la lengua por la orilla asegurándose de cubrir todo con su saliva. La misma que ahora estaba atestada de alcohol— ... En una laguna prohibida.
Jugó con su intimidad. Haciendo que la cabeza de su miembro se abriera paso entre sus pliegues, pero sin ir más allá. Quería que fuera él quien diera el primer paso, quien sucumbiera a sus encantos femeninos. Podía percibir la respiración pesada del ojidorado. Tomaba aire con rapidez, pero lo soltaba con esfuerzo, casi como si doliera. Sonrió con picardía e hizo que sus miradas se conectaran. El chocolate destilaba deseo carnal, el dorado... Reflejaba inseguridad, pero una pequeña chispa de lujuria comenzaba a iniciarse en las profundidades de sus orbes. Y una chispa es suficiente para encender el fuego más fiero y tórrido de todos.
—Por favor, hazme tuya —suplicó entre lo que pareció un jadeo y un sollozo sin dejar en ningún momento de jugar con su virilidad—... Mi macho —gimió.
Y eso fue todo lo que hizo falta para que Inuyasha terminara de... Encenderse. Pocas veces Kagome lo llamaba así, pero cada vez que lo hacía algo en su interior parecía avivarse con inusitada urgencia. La postró en el suelo de la orilla con tal rapidez que, si Kagome hubiera parpadeado, se habría perdido aquel movimiento.
Abrió sus piernas para él, ya sin ninguna clase de pudor. Era una mujer de otra época, donde el sexo no era para nada un tabú, por lo cual no tardó en acostumbrarse a tener relaciones con su marido. Se removió en el suelo al sentirlo entrar lentamente mientras besaba su cuello. Con sus piernas abrazó su cadera, quería sentirlo lo más profundamente posible. Y, con sus manos, acarició y estimuló sus orejas mientras dejaba que el placer la embargara. Quería estar tan ebria de placer como lo estaba gracias al sake que los aldeanos le ofrecieron.
Las embestidas poco a poco lograron que sus jadeos se transformaran en gemidos y que sus caricias pasaran a ser marcas rojizas dibujándose en la espalda bronceada de su amante. Cerró los ojos, permitiéndose disfrutar de la carne caliente que la llenaba por dentro y de la forma deliciosa en que Inuyasha continuaba dejando marcas en todo su pecho y cuello.
—Mierda... Sí —gimió y besó con ímpetu al albino, quien correspondió con urgencia y rudeza sin dejar de arremeter contra el pequeño cuerpo.
¿Que el canto de la supuesta ninfa encandilaba a los hombres? Abrió los ojos para mirar a la azabache bajo él. Ningún canto podría ser más adictivo ni más atrayente para sus sentidos que los agonizantes gemidos de su joven esposa.
FIN
¿Creían que Kagome iba a ser una ninfa? ¡Pues no, perris! Acá nada es lo que parece 7u7 ¿Qué les pareció? Literalmente es la primera vez que hago algo tan "fuerte", si bien no es un lemon, tampoco es un lime ¡Vamos avanzando! En un momento me dio vergüenza escribir esto. Pero bueeeeno, cosas que pasan (? Con respecto a la laguna de la ninfa, pueden pensar lo que quieran. Pueden pensar que la ninfa era falsa o que ella los dejó seguir con lo suyo (personalmente me decanto por el primero xd).
Este iba a ser el drabble de un Inuyasha loco. Lamentablemente tuve que abandonar dicho proyecto porque últimamente estuve recibiendo muchos comentarios haters por cosas triviales (no me quiero ni imaginar qué pasaría si hablo de un tema tan "polémico" como el que tenía planeado). Prefiero llamarlos "críticas constructivas expuestas de forma grosera y un poco amenazante", pero buenop, ya los eliminé. Muchas gracias de todas formas a las personas que me dan sus opiniones sobre ciertas escenas, las tengo en cuenta para seguir creciendo c: más abajo voy a dejar un tema extra, pero ustedes pueden pasar de largo si es que quieren.
Sin más, muchas gracias por todas sus palabritas de aliento, observaciones y sugerencias. Espero que este les haya gustado :D pregunta random: ¿A qué creían que me refería cuando leyeron el título "Ninfa"? ¿Qué tipo de trama creyeron que tendría? Si hay alguna idea interesante podría implementarla y dedicárselas :D
29.6.20
• El tema extra, el cual no están obligados a leer y pueden seguir de largo. Necesito desahogarme:
En Wattpad recibí una crítica súper fea, creo que fue la peor que recibí hasta ahora. Para los que no sepan: en Fanfiction tengo un one shot llamado "Muñeco de nieve", en Wattpad lo re subí como "Snowman". Estaba teniendo un día precioso hasta que leí lo que me pusieron. ¿Se acuerdan que les dije que era súper sensible con los comentarios? Bueno, muchas veces lloro de felicidad al leer sus mensajitos. Ayer me tocó llorar de tristeza. Esta persona me tachaba de mala autora, de "salirme del personaje", de poca mujer, "que dejo mucho que desear" o ese tipo de cosas. El one shot es angst, obvio que es triste, obvio que deja mucho que desear porque en los one shot generalmente hay finales abiertos. Además lo escribí a los 17 años, cuando me sentía terriblemente mal en el amor. Es obvio que ahora soy una autora distinta porque todos cambiamos. Pero que me tache de MALA AUTORA sin darse el tiempo de conocerme me enerva.
Cada escritora tiene su fuerte. Algunas son buenas en la ortografía, otras con la trama, algunas con los lemons... Por los comentarios que recibí en todos estos años de "Ey, me gusta ver que retratas perfectamente a los personajes" realmente creí que ese era mi fuerte. Y bueno, me criticó de una forma tan fea que me sentí una basura y empecé a pensar cosas como "¿Y si también la trama deja mucho que desear? ¿Y si todos mis proyectos son una mierda? ¿Y si yo soy una mierda?". No exagero, soy muy perseguida. Pero en finnn... Después de llorar y decirle a mi mamá me sentí mejor. No consideré dejar de ser fanficker porque apenas estoy generando un perfil ligeramente conocido y además (Y MUCHO MÁS IMPORTANTE) apenas estoy empezando a conocer a mis lectores, a ver a los que son distinguidos, que me siguen, me hablan de sus vidas o no se pierden ninguna obra o capítulo nuevo sin importar nada. Sería una falta de respeto dejarlos a ustedes solo por UNA PERSONA que encima es plagiadora y se cree que sabe escribir mejor que yo cuando lo único que hace es robarse los fanfics de otras personas. Ya la silencié, pero de todas formas puede leer mis fanfics y me genera cierta incomodidad que pueda leer lo que escribo y siga criticándome. Pero bueno, eso es todo. Necesitaba descargarme y espero no ser muy tediosa con mis "notas largas".
