Risas
La colegiala rodó los ojos por enésima vez en la tarde. Escuchaba los sonidos de la consola viniendo del piso de abajo. Estaba harta. ¿Hasta cuándo seguiría toda esa situación?
Había llegado a su época hace un día y medio junto con Inuyasha para celebrar el noveno cumpleaños de Sota. Sin embargo, no contaba con que su madre le regalara a su hermano menor una consola de videojuegos. Al principio le pareció una idea genial. Hasta que Sota tiró la bomba.
—Ven a jugar conmigo, amigo orejas de perro.
Y Kagome, como la tonta inocente que era, instó a su ahora novio a jugar con Sota. Porque sí, finalmente habían decidido formalizar su relación mientras terminaban de buscar los fragmentos de Shikon. No era mala idea hacer que ambos pasaran tiempo de hombres, divirtiéndose y estrenando el nuevo regalo del niño. Pero todo tenía un alto. Una cosa era jugar con la dichosa consola una, dos, incluso seis horas... ¡Pero estar un día y medio jugando casi sin descanso estaba fuera de discusión! Apenas paraban para comer y luego ambos muchachos se quedaban prendados del juego intentando pasar al siguiente nivel con la mayor cantidad de monedas y diamantes posibles. Para colmo, hasta Sota se había hartado del juego. Pero Inuyasha, que era un hombre que formaba hábitos con relativa facilidad, no había volteado a mirarla ni de soslayo en todo ese tiempo.
Se llevó las manos a la cabeza en señal de locura. Porque sí, todo eso la estaba enloqueciendo. Las horas de soledad, las risas de aquel dúo que parecía no cansarse nunca y la nula atención de su pareja. Ahora mismo estaban solos en la casa porque la familia había salido al cine, dejándolos solos para jugar y estudiar, respectivamente. Sin embargo, Kagome no solo era una estudiante. También era una mujer. Y sus hormonas estaban llamando a gritos al hombre que era incapaz de dejar de jugar solo para atenderla. Suspiró hastiada, cansada ¿Y por qué no? Frustrada sexualmente también. Tomó una pequeña toalla y caminó rumbo al baño dispuesta a darse una ducha que bajara su... Temperatura. Miró de reojo al albino que permanecía jugando frente al televisor y de vez en cuando maldecía a los enemigos que le arrebataban vidas.
«Ese idiota no tiene remedio», pensó.
Y, sin más, se metió a bañar.
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Kagome secaba pacientemente su cabello con ayuda de la secadora, agradeciendo infinitamente que el ruido del aparato acallara los sonidos de la consola que seguía funcionando abajo. Ugh, ¿Tanto le gustaba ese juego a aquel idiota? Estaba segura de que si ella misma tuviera botones en los pezones de todas formas no voltearía ni a mirarla...
... ¡Momento!
La azabache bajó la vista encontrándose con la toalla blanca que apenas cubría su desnudez, pues a duras penas llegaba hasta la mitad del muslo. Apagó la secadora y se miró al espejo con detenimiento. Parecía haber descubierto un arma secreta. El arma de la seducción, la mejor arma que poseía cada mujer sobre la faz de la Tierra. Y Kagome estaba por aprender a utilizarla.
Se acomodó el cabello dándole un aire salvaje mientras dejaba que algunos rizos cayeran con gracia sobre sus hombros desnudos. Se asomó por la puerta de su habitación con cautela y dirigió su mirada a la sala que se encontraba bajando las escaleras. ¡Allí estaba el objetivo!
Caminó con los pies en punta, sigilosamente, hasta llegar a los pies de la escalera. Miró al albino centrado completamente en la pantalla y el enemigo. Ni siquiera pareció darse cuenta de que ella estaba allí. Volvió a mirarse a sí misma preguntándose si con eso bastaría. Respiró hondo. No importaba, ya estaba ahí, no podía dar marcha atrás.
—Inuyasha... —canturreó usando el tono de voz más dulce y meloso que pudo entonar mientras caminaba hasta situarse a su lado.
—¿Qué quieres? —Se limitó a responder sin despegar sus ojos de la pantalla mientras continuaba presionando botones al azar intentando disparar.
Kagome no respondió. Dejó caer la pequeña toalla a sus pies y resistió el impulso de cubrirse debido al aire frío de la sala. Sin embargo, el ojidorado no volteó a verla.
—¿Qué quieres? —Repitió sin darse cuenta de lo que sucedía— Estoy a punto de derrotar al jefe —añadió.
—¿Y no prefieres... —tomó la mano libre del albino y la dirigió a su seno, asegurándose de que sintiera el duro pezón clavarse contra su palma— derrotar a este jefe?
Inuyasha soltó el joystick de golpe, cayendo éste estrepitosamente contra el suelo, y miró casi con horror el lugar donde se encontraba su mano izquierda. Parpadeó por primera vez en minutos y se dio cuenta de la atmósfera. Dos personas solas en casa, el olor a excitación en el aire, una mujer desnuda y su mano acariciando el gran pecho de esta. Tragó saliva con dificultad.
—¿Hoy nos toca?
—Claro que sí, tonto.
Kagome no esperó una respuesta y se dirigió corriendo a su habitación asegurándose de que el chico tuviera una perfecta visión de su firme trasero. Afortunadamente, por los pasos apresurados que se escuchaban a su espalda, estaba segura de que no tendría que esperar mucho para ser atendida.
FIN
Drabble inspirado en el #NakedChallenge que se hizo viral al inicio de la cuarentena.
¡Muchísimas gracias por todos los comentarios que dejaron en el drabble anterior! Me alegró mucho saber que les gustó la temática anterior y ser consciente de que cuento con el apoyo de cada uno de ustedes. ¿Qué sería yo sin estas ternuritas? En serio adoro interactuar con ustedes c:
Con respecto a los drabbles: Hay alguien que me pidió en el drabble anterior una continuación de la historia de los vecinos, tranquilos, ¡La habrá! Llevo trabajando en eso bastante tiempo y quiero que quede impecable. Probablemente será uno de los últimos drabbles, para darle un cierre con broche de oro a este pequeño reto xD
Tuve que desaparecerme por los parciales, como siempre, ya no es ninguna novedad. Al menos estas dos o tres semanas pude centrarme al 100% en los apuntes y logré aprobar un parcial de química con siete y otro de biofísica con ocho ¡Gracias por siempre esperarme! Nunca me voy a cansar de agradecerles :D Espero que este pequeño drabble les haya gustado lo suficiente como para dejarme su opinión ¡Besos inmensos y cuídense!
1.7.20
