Ocaso
Los leños cayeron estrepitosamente contra el suelo de la cabaña, pero eso no pareció importarle en lo más mínimo a Inuyasha. Tampoco le importó dejar la boca abierta por lo que pareció una eternidad, a este paso una mosca podría entrar y salir tranquilamente por una de sus orejas caninas.
—¿Q-qué...?
El niño frente a él se volteó para mirarlo por primera vez en minutos. Aparentemente no había reparado en la presencia de su padre en todo ese tiempo.
—Mira, mira, papá —llamó—, mira mi dibujo. —El silencio fue su única respuesta, por lo que el infante insistió una vez más— ¿Viste mi dibujo, papá?
—Eh... Sí. —Un gracioso tic se instaló en la ceja derecha de Inuyasha mientras intentaba reunir fuerzas para cerrar su boca, la cual comenzaba a sentirse reseca.
¿Cómo no ver el dibujo de su hijo? Si estaba por todas las paredes de la casa. Sería imposible no verlo.
—Keita... ¿Cómo lo...? —Pero no terminó la pregunta. El trozo de carbón en las manos de su hijo era la única respuesta que necesitaba.
Al parecer, mientras él salía a buscar leña y procedía a cortarla fuera de su cabaña —algo que no debería llevarle más de una hora o dos—, su travieso hijo había tomado una de las ramas carbonizadas que estaba debajo de la olla donde solían cocinar y utilizó la punta quemada como si de un crayón se tratase. Y, dado que la imaginación la había heredado de su madre, utilizó las paredes de madera como si fuesen un lienzo gigante.
Tuvo ganas de tirar de su cabello hasta quedarse calvo al darse cuenta del desastre que el cachorro había hecho ¡Bajo su supervisión! Porque si Kagome estuviese presente estaba seguro de que se habría reído de la desgracia de la azabache. Ante éste último pensamiento abrió enormemente los ojos y su cara palideció, ¡Kagome!
Miró rápidamente por la ventana, ignorando los llamados de su hijo para que apreciara su "arte", y se dio cuenta de dos cosas.
La primera: No había rastros de Kagome en los alrededores. Punto a su favor.
La segunda: Estaba atardeciendo y eso solo le indicaba que su mujer podría aparecer en cualquier momento. Punto en contra.
—¿Y? ¿Te gusta? ¿Te gusta?
Keita daba pequeños saltitos en la estancia mientras alzaba sus brazos y miraba con entusiasmo su pintoresco dibujo hecho con inmenso amor. Inuyasha recobró rápidamente la compostura al darse cuenta de que aún quedaba tiempo, todavía podía darle vuelta a la jugada. Esquivó los pedazos de madera en el suelo, se arremangó y tomó la primera tela a su alcance.
—Sí, me encanta, Keita —contestó al fin mientras humedecía el paño en un cuenco con agua—, ¿Pero sabes qué le encantará a mamá?
—¿Qué? —Tal vez su padre querría pintar la casa también por fuera ¡Qué gran idea!
—Tener la casa limpia —respondió mientras le alcanzaba un pequeño retazo húmedo.
El niño miró la tela sin entender, pero al ver a su padre limpiar con esmero las paredes se dio cuenta de que probablemente su madre querría ver la casa reluciente. Además, si limpiaban ahora, seguramente al día siguiente lo dejaría dormir hasta tarde y no lo levantaría para hacer el aseo. Su padre era tan astuto a veces. Sonrió con entusiasmo y se dedicó a frotar la tela contra los trazos que parecían haberse grabado en la madera de la casa.
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Inuyasha limpiaba con más ímpetu a cada segundo que pasaba. Miró con horror la ventana, comprobando que el ocaso daba paso lentamente al cielo nocturno. No había tiempo de quedarse estático, era hora de dar el 200% y tratar de borrar la mayor parte de aquel desastre.
—Más rápido, Keita. —Al no recibir respuesta, se preocupó y miró a su espalda. Comprobando que en el suelo solo se hallaba el trapo con el que su hijo había estado ayudándolo a limpiar— ¿Keita?
—¡Mami!
Un escalofrío recorrió la espalda baja de Inuyasha, tragó saliva con dificultad y, reuniendo toda su fuerza de voluntad, giró la cabeza para ver a la sacerdotisa que entraba con Keita en brazos. ¿Cómo es posible que su cachorro notara antes la presencia de Kagome? Seguramente había estado tan sumido en su estado de pánico que había ignorado completamente sus otros sentidos. Su hijo, en cambio, al percibir a su madre cerca salió a recibirla.
Pasaron unos segundos en los cuales su compañera solo se dedicó a mimar a Keita mientras le preguntaba si había sido un buen niño en su ausencia. Al parecer la azabache aún no había reparado en los garabatos que seguían surcando las paredes de su hogar. Tal vez, si tenía suerte, su hijo podría distraer a Kagome lo suficiente para permitirle escapar por la ventana.
—Mamá, mamá, mira lo que hice para ti. —Inuyasha tuvo ganas de arrancarse el pelo por segunda vez en esa misma tarde, ¡Demonios! Plan B fallido.
Contuvo la respiración mientras veía la reacción de Kagome al notar la horrenda apariencia de su hogar. Al principio abrió los ojos de la misma manera que él cuando vio aquel desastre por primera vez, pero había permanecido en completo silencio. A lo largo de su matrimonio había aprendido, por las malas, que el silencio era la peor respuesta de todas.
—Te juro que... —Comenzó mientras sacudía rápidamente las manos delante de él, como queriendo deshacerse de la culpa. ¿A quién engañaba? ¡Era el padre a cargo! No había manera de salir ileso de esto— Mira, la cosa es así. Salí para cortar leña y... —¡No! No podía decirle que había dejado a Keita a solas por casi dos horas, otra cosa, algo más creíble y menos culposo— No, no, quiero decir... Estaba aquí, pero... —¡Eso sonaba aún peor! Que su hijo hiciera tremenda travesura estando presente solo demostraba su incompetencia como padre.
Kagome, que apenas había parpadeado, estalló en risas al notar el estado de pánico de su esposo. Si tan solo supiera la frecuencia con la que los niños hacían ese tipo de cosas en su época.
—Mamá... ¿Qué le pasa a papá? —Keita tiró de la ropa de su madre al darse cuenta del extraño clima en su casa. Pareciera que su padre sufriría un colapso en cualquier momento.
Kagome depositó a su hijo en el suelo y pellizcó juguetonamente su nariz para indicarle que todo estaba bien.
—Lo que pasa es que papá ha sido un perro muy malo —bromeó. Inuyasha alzó la vista hacia la azabache y frunció el ceño, no le agradaban ese tipo de bromas de su mujer.
—¡¿Qué has dicho?!
—Dije que mañana serás tú el que limpiará todo este desastre.
—Arte —corrigió el niño.
—Eso, tú limpiarás todo este... "Arte" —enfatizó—. Incluyendo lo que está escrito en el techo.
Inuyasha estaba a punto de replicar, pero algo le llamó la atención. ¿Techo? Alzó la mirada comprobando que gran parte de él estaba garabateado. ¿Cómo demonios había llegado su cachorro allí?
—A Naraku le habría gustado ver esto...
FIN
16.7.20
Le gané a MaiiTaisho005 en una carrera de drabbles xD
¡Muchas gracias a todos los que comentaron en el drabble anterior! Incluyendo a los usuarios nuevos :D
Espero que este drabble sea digno, una vez más, de sus opiniones y comentarios que siempre logran sacarme una sonrisa c:
