Salvar

—Esto es todo. ¡No te soporto!

—¿Tú no me soportas? ¡Eres tú la insoportable!

—¡Eres imposible!

Inuyasha posó su cara frente a la de Kagome al escuchar eso último y sus cabezas se chocaron mientras se desafiaban con la mirada.

—Chicos, chicos, no hace falta que peleen —Miroku intervino al notar la tensión en el ambiente, pero el dúo apenas pareció escucharlo.

—Su excelencia tiene razón, no tiene sentido pelear por algo así.

—¡¿Cómo que no tiene sentido?! —Sango tragó saliva al darse cuenta de que ahora era ella el nuevo objetivo— El joven Setsu me ofreció esta linda flor y el idiota que tengo parado en frente se ocupó de espantarlo.

—¡¿Cómo me dijiste?!

—Idiota. I-DIO-TA —recalcó—. ¿Acaso esas orejas no te sirven para oír?

—Gracias a estas orejas, niña, puedo oír todas las babosadas que te dicen los hombres cuando pasas caminando por la aldea.

—Eso no es cierto —repuso.

—Ese imbécil al que tan cordialmente llamas "joven Setsu" —enfatizó— estaba hablando vulgarmente de tus piernas un segundo antes de venir a traerte esa apestosa flor.

Los espectadores guardaron silencio. Si eso era cierto entonces Inuyasha tenía un buen punto. Miroku miró disimuladamente las torneadas piernas de la exterminadora que se escondían bajo esa ajustada falda. Si alguien se atreviera a hablar indebidamente del cuerpo de su amada estaba seguro de que abriría su agujero negro para llevárselo al otro mundo sin pensárselo siquiera un segundo. Esta vez debía pasarse de bando.

—Nuestro amigo Inuyasha tiene razón. No debe dejar que le falten el respeto, señorita Kagome.

—Nadie me insultó, ni me faltó el respeto —se defendió—. Y, aunque así haya sido, —esta vez sus ojos retadores se posaron en el chico frente a ella que continuaba mirándola con reproche— no eres nadie para venir a espantar así a los hombres que me hablan. No necesito que me protejas de estas cosas, sé cuidarme perfectamente bien sola.

—Sí, seguro —ironizó—. Hace poco tuve que salvarte de un ogro apestoso, además de ese enorme tejón que nos atacó hace un mes... ¡Ah! Y la mujer ciempiés que estaba tras de ti cuando nos conoci...

—¡Sango!

—¡Ay! —La susodicha pegó un respingo ante el grito— ¿E-en qué te ayudo, Kagome?

—¡¿Me prestas a Kirara?! Quiero estar lejos de "idiotas".

—Se-seguro...

—Gracias —gruñó entre dientes.

—¿Cuándo volverás?

—¿Qué te importa?

—¡Te estoy pregun...! ¡Por eso nadie te soporta! ¿Sabes qué? Vete, vete y no regreses hasta dentro de un mes.

Kagome miró retadoramente al hanyou y se subió al lomo de Kirara. ¿Un mes? ¿En serio? ¡Estúpido! No le daba ni una semana sin antes ir a buscarla o, cuando menos, visitarla a escondidas por las noches.

—Me parece bien. Eso quiere decir que estaré lejos de tus gritos por un mes. ¡Aleluya!

La colegiala le dio la orden a Kirara de comenzar el viaje antes de que el chico pudiera responderle. Realmente no estaba de humor para discutir, hoy no.

Miroku y Shippo se miraron con nerviosismo mientras la azabache se alejaba entre las nubes. Okey, el día no había empezado precisamente con el pie derecho...

._._._._._._._._.

Kagome atendió el teléfono de la cocina con desgano. Llevaba un buen rato sonando. ¿Es que acaso nadie pensaba atender?

—Hola... Ah, Ayumi, ¿cómo has estado? Sí, puedo hablar. ¿Qué necesitas?

La azabache escuchaba atentamente las noticias de su amiga mientras se acariciaba levemente el bajo vientre intentando transmitirle algo de calor.

—Sí, a las cuatro estaría bien. Claro, te veré allá.

La señora Higurashi se encontraba lavando los platos cuando vio a su hija colgar el teléfono y encaminarse de nuevo hacia su habitación.

—¿Qué quería Ayumi, hija?

—Quería salir a comer algo en el WcDonald's ahora que sabe que me curé del famoso "resfriado del turista" —enfatizó prometiendo mentalmente que, si esto seguía así, el abuelo se reencontraría pronto con su abuela—. ¿Puedo ir, no? También irán Eri y Yuka.

—Claro que puedes —concedió—. Pero no vuelvas muy tarde.

Kagome asintió enérgicamente mientras subía las escaleras hacia su habitación, pero antes haría una pequeña parada en el baño para comprobar algo.

._._._._._._._.

—Debes ir a disculparte, Inuyasha. Todo es tu culpa, Inuyasha. A ver si aprendes a ser más sensible la próxima vez —murmuraba con burla el albino mientras corría a través del bosque hasta llegar al pozo devora huesos—. Idiotas. —Las voces de todos seguían atosigándolo. Sin importar cuánto se alejase seguía escuchando claramente los reclamos de todos y cada uno de ellos— Ese Miroku me las pagará, siempre hace que me sienta culpable. Cuando Sango le ponga precio a su cabeza por andar coqueteando con aldeanas seré el primero en reclamar la recompensa. —Una sutil, pero sádica sonrisa se dibujó en su rostro al imaginarse lo último. Definitivamente un día se las pagaría con creces.

Estudió el interior del pozo durante varios minutos sin decidirse si debía atravesarlo o no. ¿Por qué debería ir? No había sido su culpa que aquella chiquilla malagradecida decidiera marcharse y dejarlos solos en plena búsqueda, pero era un hecho que ella no regresaría hasta que él fuese a buscarla. ¿Por qué siempre debía ser él el que se disculpase? De vez en cuando estaría bien que fuese Kagome la que atravesara el pozo y le pidiera perdón.

—Porque eres tú el que siempre mete la pata.

Las palabras de Miroku sonaron en su cabeza tan claramente que casi podía jurar que se encontraba allí con él.

Se puso de pie y miró decidido el viejo pozo de madera. Vale, esta vez iría a buscarla y le pediría disculpas, pero sería la última vez que daría su brazo a torcer. Lo juraba.

Tan pronto como el portal se cerró, llevándose al albino quinientos años en el futuro, cuatro figuras emergieron de entre los matorrales.

—Creí que nunca se iría.

—Al menos esta vez no esperó tres días antes de ir a buscarla, excelencia.

—Si ese perro tonto no hubiera ofendido a Kagome entonces ella no se habría ido. ¡Fue su culpa!

—Eso es cierto, Shippo. Pero ahora nuestro terco amigo va a ir a buscarla. Solo queda esperar...

—... Que no la embarre más —musitaron al unísono.

._._._._._._._._._.

El ruido de cacharros cayendo y groserías hicieron que Naomi se quedara estática mientras terminaba de guardar los platos completamente secos.

—¿Un ladrón?

La puerta de entrada se abrió y dejó ver a un adolorido Inuyasha que, en un descuido, se había caído sobre los jarrones que el abuelo había dejado en el patio mientras limpiaba la despensa. Ambos cruzaron miradas, una alegre por la visita y la otra avergonzada por haber causado tal estruendo.

—Lo... Lo lamento, señora. Solo era yo. No vi por dónde iba y...

—No te preocupes, querido. Son solo jarrones —jarrones feos y antiguos que había querido tirar desde hace tiempo, a decir verdad—. ¿Buscas a Kagome?

—Sí. ¿Dónde está?

—Salió con unas amigas —la mujer retomó su tarea de guardar los trastos mientras respondía—, volverá en un par de horas así que puedes tomar asiento mientras la esperas. ¿Quieres un té? ¿O un poco de ra...?

Sin embargo, para cuando la señora se dio cuenta, se encontraba completamente sola.

—¿Inuyasha? —Preguntó al aire.

—El amigo orejas de perro acaba de salir corriendo. —La voz de Sota, que permanecía jugando en la sala, fue su única respuesta— ¿Qué le pasa?

—No lo sé.

—¿Fue a buscar a mi hermana, no?

—Probablemente.

._._._._._._._._._.

Kagome se encontraba sentada en el baño del local de WcDonald's mientras miraba fijamente el suelo, como si fuese lo más interesante del mundo. Un ligero toque en la entrada la hizo parpadear y preguntar quién era el que había golpeado la puerta.

—Kagome... ¿Estás bien? Llevas mucho tiempo ahí dentro.

—Ah, sí, sí, solo... Necesito tiempo.

—¿Segura?

—Sí, solo estoy un poco... Indispuesta —susurró con el rostro colorado. Aunque sus amigas fueran de su entera confianza seguía dándole vergüenza tener que decir esas cosas en voz alta.

—Ah —la voz de Ayumi sonó más calmada, ahora entendía por qué Kagome había ido corriendo al baño poco después de llegar al local—, ¿te manchaste? ¿Quieres que le pida un tampón a Eri?

—¡No! —Se golpeó la cara al darse cuenta de lo alto que había gritado. ¿Y si había más personas en los baños?— Digo, no, está bien. Ve con las demás, yo las alcanzo en un rato.

—Si tú lo dices... —Sonó insegura, pero no quería seguir incomodando a su amiga— Te esperamos. Cuidaré que Yuka no se coma tu hamburguesa.

—Gracias.

No es que la hamburguesa fuese importante, más bien estaba agradecida por poder estar a solas al fin. Guio su mano a su entrepierna y respiró profundamente. Tal vez probar la copita menstrual, en plena salida de chicas, no había sido una de sus mejores ideas. ¿Pero qué otra cosa podía hacer? El primer día de sangrado solía ser tan intenso que las toallas apenas lograban protegerla un par de horas y ya no había más tampones en la casa. Su única salida era usar la copita menstrual que su madre le había comprado hace unos meses, pero que no había podido probar hasta el momento. Ahora solo quedaba ver si era una maravilla, como todos decían, y esperar que todo saliera bien.

._._._._._._._._.

Al llegar a la mesa donde comían se encontró con un peculiar invitado. Yuka y Eri miraron a la castaña pidiendo explicaciones.

—¿Y esto?

—¿Qué? No nos mires a nosotras. Acaba de llegar, no sabíamos que vendría. ¿Kagome no te dijo nada?

—Ammm... Hola, Inuyasha, ¿no? —Ayumi ignoró olímpicamente la pregunta de Yuka mientras saludaba casualmente al ojidorado.

—Hola. —Saludó tajante— ¿Han visto a Kagome?

—¿Inuyasha? ¿El novio rebelde de Kagome?

—Ya se me hacía conocida tu cara —Eri rio tímidamente. A veces era pésima recordando rostros.

—¿Y esas orejas?

—¿Y esa ropa?

—Son... —Mierda, se había olvidado de usar ese condenado pañuelo que la madre de Kagome insistía en hacer que usara— Es un disfraz. Jugaba con Sota.

—Que tierno —suspiró Eri.

—Que buen cuñado.

—¿Qué haces aquí? —Por primera vez, Ayumi actuó como la más calmada y serena de las tres.

—Busco a Kagome.

—Ah, Kagome está... Ven, te llevo con ella.

Ayumi tomó sin descaro la mano del albino mientras lo guiaba a los baños para mujeres. Estaba segura de que su amiga se sentiría mejor si veía a su novio. Desde que llegó la había visto con mala cara.

Llegó a la entrada de los baños y le ordenó a Inuyasha que esperara pacientemente detrás de la puerta.

—¿Qué? ¿No vamos a entrar? —Estuvo a punto de abrir la puerta, pero la mano firme de la castaña lo detuvo.

—No. Este es un baño público. Adentro está Kagome junto con otras mujeres, así que espérala aquí. No debe tardar en salir. Yo... Volveré con las demás.

—Bien.

Le daba igual el paradero de la chiquilla, no le interesaba si se iba con sus amigas o si se quedaba esperando a la azabache junto a él. Pero reconocía que había sido muy amable de su parte guiarlo hasta allí.

Tras unos cuantos minutos, que a él le parecieron horas, comenzó a plantearse qué tan malo podría ser abrir esa puerta. Por un lado, era un sitio privado, pero por el otro debía asegurarse de que las ropas de la chica habían sido recatadas y no le traerían ningún problema en el futuro. Porque, conociéndola bien, seguramente había ido con una falda tan corta como su paciencia y sabía que los hombres aprovecharían para fisgonear.

Comenzaba a aburrirse cuando sus orejas captaron un grito horrorizado proveniente de la azabache. Respiró profundamente para intentar localizarla y a su nariz llegó el intenso olor de la sangre femenina. No había duda alguna: Kagome se encontraba del otro lado de esa puerta... Y estaba herida.

Su cuerpo actuó por sí solo y abrió la puerta. Escuchó los gritos de las mujeres espantadas que corrieron fuera del baño al creer que se habían encontrado con un pervertido, pero eso no le importó. En su mente solo había una cosa: Salvar a Kagome. Alguien le estaba haciendo daño, y él la salvaría.

Todos los cubículos, ubicados en hileras, se encontraban cerrados. El olor de la sangre se incrementaba y ya no escuchaba a Kagome, no tenía tiempo como para abrir cada puerta. Dejó que su nariz lo guiará hasta el sexto cubículo y derrumbó la puerta con una sonora patada.

Ocurrieron muchas cosas en un par de segundos:

Kagome, que se encontraba shockeada, había dejado caer la copa al suelo ante la atenta mirada del albino. Genial, ahora parecía que alguien acababa de volarse los sesos en el baño.

Inuyasha comprendió que, si bien había sangre regada en el suelo, no había un verdadero peligro. Pues la azabache se encontraba en perfecto estado.

Los ojos cafés adquirieron un brillo demoníaco. La vergüenza, las hormonas y la furia se mezclaron perfectamente hasta reflejar una mirada mortífera dirigida únicamente al chico frente a ella —el cual seguía sin dignarse a dejar de mirarla—. Pésima elección.

¿Ahora... Quién salvaría a Inuyasha?

FIN

¡O MAI GAAAAD! Muchísimas gracias a todos los que comentaron anteriormente :D

Primero que nada: NO se vale que las lectoras salven a Inuyasha. Todas quisiéramos salvarlo, chicas, pero se lo merece por ser tan idiota y regarla xD

Espero que se hayan reído como yo. Porque sinceramente me causó mucha risa escribir esto JAJAJAJAJA quise hacer un drabble inspirado en la época donde siguen viajando, ya que solo hice un drabble de eso hasta ahora, ¿qué dicennnn? ¿Me quedó bien? ¿Merezco un review? 7u7

En cuanto a novedades de mai laif:

1. Ya cerré el ciclo de mi padrastro —los que no entienden pueden ir a leer el drabble "Solvente"—. Finalmente sané esa herida uwu

2. Hace unos días subí un nuevo one shot llamado "Salvar" porque iba a ser publicado en este libro, pero al final lo hice muy largo y decidí publicarlo como un one shot independiente xD —Gracias a LaWeaAzul por pasarte a leerlo. Me encantó tu comentario sobre "Vine corriendo a ver el chisme del nuevo fic" JAJAJAJAJAJA— me dio un calambre cerebral mientras escribía eso —es tan doloroso como suena—, así que aprécienlo we ;-;

3. Desaprobé el final de biofísica :c pero ya podré volver a intentarlo xD no actualizaba porque estaba estudiando jajajaja

4. Me tatué el sábado pasado a escondidas de mi mamá, junto con mi mejor amiga JAJAJAJAJA es que queríamos hacer un gran desastre... Y lo logramos (?

5. El más importante: Mi abuela y tía fueron diagnosticadas con coronavirus. Pero están muy bien de salud por ahora, lo están llevando bien. En mi barrio justo acaban de llegar los primeros casos. ¿Y qué creen? Mis amigos de TODA LA VIDA pueden estar contagiados. Vivimos uno al lado del otro. Así que en breve seguro aparezco contagiada :) I hate thissss

6. Ya tengo listo (hace muuuucho) el drabble final y será el MÁS LARGO de todo el libro. Será publicado en cinco días. Así que espero que disfrutemos esta hermosa despedidaaaa ¡LOS A-MO! Y no me canso de decirlo uwu

Espero sus reviews, como siempre, ansiosa c:

19.9.20