Capítulo 2. Evasión
"Creo que necesitamos dejar las mentiras y estar de acuerdo en que no estás tan buen como dices."
Peter dejó escapar un suspiro. Acostado en su cama, intentaba descubrir si le interesaba más hacer una broma respecto al error en la palabra "bien", o si simplemente debía responder apropiadamente el mensaje de texto. Ese era un dilema interno que solía tener mucho; el mejor ejemplo era decidir cuántas de sus lesiones de trabajo podía dejarle saber a May (un par de ojos morados eran una cosa, una costilla potencialmente fracturada era algo completamente diferente. ¿Improvisar?). Decidió ir directo a la yugular.
"Tú tampoco estás tan bien", escribió. "No creas que no me doy cuenta."
La respuesta llegó en segundos. ¿Acaso Tony Stark, reconocido hombre de negocios y filántropo, estaba realmente así de aburrido que no tenía nada mejor que hacer que sentarse y mandarle mensajes de texto a él, de entre toda la gente? (No que se estuviera quejando. Definitivamente, no se estaba quejando.)
"No estamos hablando de mí", había escrito Stark.
"Eso sí es sorprendente", respondió Peter.
"Oye, es suficiente", escribió Stark. "Deja de darle vueltas. ¿Qué sucede?"
Peter lo pensó mucho y entonces dejó el teléfono a un lado. Era el iPhone más reciente y muchísimo más costoso que cualquier cosa que él mismo se hubiese podido comprar. Stark se lo había regalado sin hacer ningún comentario al respecto, y Peter lo había aceptado sin preguntar nada. A caballo regalado no se le mira el diente, y todo eso. Y May había estado tan contenta porque el teléfono incluía una calculadora científica graficadora, lo que significaba que esa era una cosa de la lista de útiles escolares que ella ya no tendría que comprar.
Muy bien.
Peter tenía reputación de ser inteligente… Bueno, tenía reputación de ser cerebrito, pero esa era una manera clave de llamarlo inteligente, ¿no era cierto? Había pasado la mayor parte de su vida escolar conociendo la respuesta a todas las preguntas hechas por los profesores y, aun así, rara vez levantaba la mano. Pero eso no venía al caso; era inteligente y, por lo regular, hacía lo correcto.
Por lo tanto, se imaginaba que tenía permitido llegar a un mega-nivel de estupidez al menos de vez en cuando.
Aun así, eso… Eso estaba más allá de los límites a donde generalmente era capaz de llegar. Ese camino, susurraba su yo más sensato, le estaba brindando solamente desesperación, frustración y muchas noches sin dormir… Bueno, eso, al menos, no era nada nuevo.
Había llegado tan lejos como para abrir una sesión de incógnito en su computadora y buscar en la internet cuál era el estatus de la relación amorosa de Stark, sólo para probarse a él mismo que no había ninguna manera en que pudiera ser posible que pasara algo. Para su horror, descubrió que Tony Stark estaba presuntamente soltero otra vez.
Era como si el mundo estuviese conspirando para joderlo a él.
Porque, demonios, los hombres que has estado venerando durante años no se aparecían de pronto en tu apartamento sin razón y sin ser invitados (se dijo a él mismo). Y sí, a veces hacía cosas estúpidas, pero él no era estúpido per se. Al menos eso creía.
Eso era algo que nunca iba a pasar. Lo tenía claro. Lo sabía.
De todas formas, no quería decir que podía dejar de imaginar cosas. No quería decir que podía al menos fingirlo de vez en cuando. A veces, cuando Peter regresaba a casa después de lo que aparentemente eran revisiones para asegurarse de que no hubiese muerto pero que a veces se sentían más como que Stark simplemente tenía necesidad de hablar con alguien, Peter creía que podía oler al hombre en la ropa que estaba vistiendo.
Eso era realmente malo.
—¡Hola, Peter, ya estoy en casa!
Movió la mano para tomar el teléfono pero entonces cambió de opinión y en vez de eso salió de su habitación y se dirigió a la cocina donde May estaba dejando su bolso en la isla y agarrándose el cabello en una coleta. En ese momento ella tenía un trabajo de medio tiempo en alguna oficina sucia del centro y lo odiaba; típicamente se ponía a contarle a Peter un montón de las historias horribles que le habían sucedido durante el día y el chico la escuchaba con genuino interés, o al menos así era antes. Últimamente, sus pensamientos se perdían en todas direcciones. La mayoría de las veces, encima de las varias superficies del búnker y una vez contra el tapizado de cierto Ferrari, si era totalmente honesto.
Todo eso estaba tan completamente mal. En el mejor de los casos, Peter se mantenía optimista.
—¿Pedimos algo para cenar? —preguntó May mientras se sentaba en una de las sillas de la isla.
—Sí —respondió Peter distraídamente, apoyándose contra la encimera. May se le quedó viendo.
—¿Estás bien?
—Sí —repitió Peter y bajó la mirada al suelo.
—¿Sabes? —dijo May y Peter inmediatamente se puso en alerta porque ella tenía de nuevo ese tono de voz—. Si hay algo de lo que me quieras hablar, puedes hacerlo sin duda. Lo sabes, ¿verdad?
—Por supuesto —dijo Peter—. Pero estoy bien. No hay nada de qué hablar.
—¿Estás seguro? —dijo ella y arqueó una ceja—. Plummer llamó hoy durante mi hora de comida. Aparentemente, tus calificaciones de Biología Avanzada han…
—De trigonometría —la corrigió Peter.
—Trigonometría, cierto. Nunca puedo decirlo bien. Sí, pues tu profesor me llamó para decirme que estabas a casi nada de sacar menos de un 70 de calificación. ¿Quieres contarme de qué se trata todo eso?
Peter se removió incómodamente. La verdad era que, entre balancearse entre edificios, tratar de curarse él mismo sus heridas tanto físicas como emocionales, intentar dormir, y de no sobre-analizar su vida personal, su tarea escolar había quedado relegada a la última posición. Pero, por obvias razones, no podía revelarle nada de eso a May.
—Sólo he estado un poco distraído últimamente —dijo.
—¿Y estás seguro de que no te están golpeando con regularidad de nuevo?
—Sí, eso… eso que pasó hace un par de semanas… fue un caso extraordinario.
May asintió como si tuviera más cosas que decir pero prefería dejarlas pasar por el momento.
—¿Quieres llamar al restaurante?
—¡Por supuesto! —Aliviado de que ella desistiera de hablar, Peter se torció para alcanzar el teléfono. Pero la voz de May lo hizo detenerse.
—Peter, nunca te obligaría a decirme nada si tú no quieres hacerlo, pero… ¿no crees que tal vez deberías?
—¿Qué?
—Si hay algo que necesites charlar conmigo… o quizá no conmigo —ofreció May—. Podemos encontrar a alguien por el rumbo… Sólo quiero asegurarme de que no te sientas obligado a guardarte las cosas o a fingir que estás mejor de lo que realmente estás.
De pronto, la culpa/paranoia residual de Peter comenzó a gritarle que May seguramente sabía de su doble vida y que estaba tratando de obligarlo a que lo admitiera ante ella. Entonces se dio cuenta de que May estaba pensando en otra cosa.
—¿Esto es acerca de tío Ben?
May asintió sin mirarlo a los ojos.
—Ya pasaron seis meses —dijo ella—. Y sé que fue difícil para ti durante un tiempo. Y sé que de nuevo no estás durmiendo bien…
—Mira, no es como si pudiéramos pagar un terapeuta, así que, no quiero ofenderte, pero ¿por qué estamos teniendo esta conversación?
—Es que me preocupo por ti a veces, Peter, te quedas todo callado y…
—Oye, no es por interrumpirte o algo, pero ¿puedo ordenar la comida? —dijo Peter y señaló hacia el teléfono. Estaba siendo grosero, y en otras circunstancias May se habría enojado por ello, pero como estaban las cosas, ella lo dejó pasar.
Más tarde esa noche, a la mitad de su segundo episodio de House, M.D. y con la comida tailandesa humeante sobre la mesita, Peter se deslizó silenciosamente desde la sala de estar hasta su habitación para revisar su teléfono. Tenía tres mensajes de texto, uno de ellos era una alerta para el examen de Biología de la siguiente semana, enviado por su sistema de recordatorios. Los otros dos eran de parte de Stark.
"Peter."
"La evasión no funciona conmigo."
Aspiró una bocanada de aire y se sentó sobre su cama en la oscuridad de su cuarto. La pantalla del teléfono tenía el brillo a todo lo alto y, para sus sensibles ojos, eso era como una bofetada en plena cara. Para su horror, se dio cuenta de que estaba considerando abrirse al señor Stark. Oye, sí, tienes razón. Vi un puño de cosas hace seis meses y no he podido ser capaz de dormir desde entonces. No dejo de tener pesadillas de lo que pasó en Alemania. Oh, y por si todo eso fuera poco, quisiera que vinieras aquí y me besaras hasta el cansancio pero, um, no te obligaría a cumplir eso. Lo dejo totalmente a tu libre elección.
Sí, cómo no.
"Estoy bien", escribió Peter en vez. "¿Por qué no lo estaría?"
"Por amor de dios", respondió Stark. "Tienes un caso típico de insomnio. Está claro que estás sufriendo de paranoia remanente. Y francamente me da ansiedad tan sólo voltear a verte."
Peter trató de encontrar alguna respuesta inteligente a eso pero no se le ocurría nada.
"Estoy bien."
Ohhh sí. Te lo van a creer, Parker.
Stark respondió de inmediato:
"Lo juro por dios."
Su pantalla se iluminó de nuevo: Stark lo estaba llamando. Peter respondió y trató de cerrar la puerta de su cuarto lo más silenciosamente que pudo.
—No puedes seguir haciendo esto —siseó Peter sin esperar a que Stark dijera nada.
—¿Por qué, qué estás haciendo? —La pregunta de Stark sonaba totalmente fuera de broma.
—¿Viendo TV con May y cenando? ¡No puedo estar respondiéndote tus llamadas todo el tiempo!
—Peter, ¿te sientes bien?
—Es House, y Hugh Laurie está a punto de burlarse de los veganos, así que, ¿por favor podemos hacer esto rápido?
—Bueno, en ese caso… —dijo Stark y Peter pudo escuchar la sonrisa ladeada del hombre a través del teléfono. No pudo evitar sonreír de vuelta. Se dejó caer en la cama; sentía que la cara le estaba ardiendo—. En serio, chico. No sabes mentir.
—¿Y qué? —Qué respuesta tan juvenil. Peter tuvo ganas de arrojar su teléfono contra la pared, o quizá arrojarse él mismo.
—Y sé cómo se ve el trastorno de estrés postraumático, y tú lo tienes hasta decir basta, Parker.
—¿Por qué te interesa?
—Porque estoy justo ahí contigo y dado que se supone que yo soy el adulto responsable aquí…
—Por favor, no inventes…
—Mira, dije que "se supone que soy", nunca dije que era bueno siéndolo.
—Eso es lo más cercano a la verdad de todo lo que has dicho en toda la noche.
—No te pases de listillo conmigo, Parker. Tienes un problema, y yo sólo quiero que sepas que… Bueno… Si alguna vez necesitas hablar…
—¿No debo dudar en acercarme a ti? —finalizó Peter fríamente. Puso los ojos en blanco. Dos veces en el mismo día. Necesitaba aprender a poner una mejor cara de inocencia.
—No podría haberlo dicho mejor —susurró Stark.
—¿Peter? —Esa era May llamándolo desde la sala—. ¡Peter, ven aquí o voy a comerme tu cena!
—Mira, tengo que irme —dijo Peter en voz más baja—. Mándame mensajes de texto de ahora en adelante, ¿de acuerdo? De veras no puedo responderte todo el tiempo.
—De acuerdo —dijo Stark, impaciente—, pero si algo pasa, ¿me prometes que le dirás algo a alguien?
—¿Me podrías recordar por qué esto te importa tanto?
—Porque yo me he sentido igual durante un montón de años, y sé lo que estoy haciendo, y tú no. —Hubo una pausa, y entonces Stark continuó hablando de corrido como si hubiese estado ensayando ese discurso—. Sé que crees que eres invencible o algo así, pero necesitas disminuir el ritmo a uno que sí puedas soportar. Cuídate más. Todo esto va a morderte el trasero cuando menos lo esperes.
No por primera vez, Peter tuvo el presentimiento de que Stark ocultaba mucho más de lo que era visible a simple vista. Cerró los ojos y asintió hasta que recordó que Stark no podía verlo.
—De acuerdo.
—¡Peter, te estás perdiendo el episodio!
Puso la mano sobre el teléfono.
—¡Ahí voy! —Y entonces le dijo a Stark—: Tengo que irme. Pero me encuentro bien, te lo prometo.
Hubo un crujido de estática, como si Stark hubiese suspirado de exasperación.
—Muy bien —fue lo que dijo, no obstante—. Muy bien, buenas noches.
—Buenas noches —dijo Peter y finalizó la llamada. Arrojó el teléfono sobre la cama, sintiéndose mareado como cuando te levantas muy rápido. Todo eso había sido sólo un consejo amistoso, del tipo que un profesor le daría a un pupilo, pero para Peter se sentía tan intenso como un buen perfume o un beso de lengua.
Dejó su habitación sintiéndose muy pensativo.
Más tarde esa noche, acostado en su cama cubierto de sus mantas y con Mango brillando resplandeciente en la pantalla de su teléfono en medio de la oscuridad (estaba tratando de aprender alemán; si iba a tener insomnio, al menos iba a sacarle algo de provecho), recordó lo que Stark le había dicho acerca de que no sabía mentir y se preguntó si el hombre sabía. Esperaba que no.
—Wie geht's? —le dijo el bot de la página web.
Toda su vida la gente le había dicho que era bastante transparente en sus emociones; desde que había comenzado a hacer ese "trabajo a tiempo parcial", como a él le gustaba llamarle, había tenido la esperanza de que su cara de inocencia hubiese mejorado. Pero como fuera, el trabajo de vigilante era una cosa, y esconder el gigantesco enamoramiento que sentía por alguien, otra muy diferente. Tampoco tenía ninguna razón válida para creer que había mejorado en ocultar eso último.
—Mir geht's gut!
¿Por qué no podía sufrir un enamoramiento normal como todos sus compañeros de clase? ¡Se supone que la gente que idolatras no se aparece de repente como algo habitual en tu vida! Eso, sin duda, tenía que ser una violación a alguna ley universal en algún sitio.
Los párpados comenzaron a ponérsele pesados. Su cabeza cayó hacia delante y rápidamente la levantó como si estuviese esquivando un puño directo a su cara. El bot de Mango dijo "mir geht's nicht gut" en un tono cómicamente malhumorado. Peter apenas sí lo escuchó, estaba demasiado ocupado intentando controlar su corazón desbocado.
Estás en tu cuarto en Queens, no estás a punto de morir. Todo está bien. Todo está bien. Todo está bien. Todo está bien. Todo está bien.
Cuando bajó la vista hacia su teléfono, fue para encontrar un nuevo mensaje de texto de parte de Stark.
"Háblame si estás despierto."
Peter suspiró y tecleó rápidamente una respuesta.
"Hola."
"Te atrapé", escribió Stark.
"No me atrapaste nada, pude haberte ignorado", replicó Peter.
"Como si fueras a hacer tal cosa", respondió Stark.
Peter aspiró una bocanada de aire, pero antes de que pudiera entrar en pánico con toda propiedad, Stark añadió:
"Si necesitas hablar…"
Tragando fuerte, Peter lo pensó y entonces mandó una serie rápida de mensajes.
"Bien."
"No me gusta dormir porque tengo pesadillas."
"Sólo he dormido como 5 horas durante toda la semana."
"Sé que no debería evitar dormir pero no quiero detenerme porque se siente como si tuviera el control"
"¿Eso te pasa a ti también?"
Hubo un largo, largo periodo de silencio. Peter aspiró otra vez y comenzó a teclear una disculpa, pero entonces finalmente llegó otro mensaje de Stark. Le había ganado.
"Lo siento. No debí haberte arrastrado hacia nuestro desastre", escribió Stark.
"Está bien!" respondió Peter inmediatamente. "Ese no es el problema!"
"Claro, nadie que usa tantos signos de exclamación puede ser sincero", contestó Stark. "Necesitas ayuda."
"Tú eres el que se queda despierto hasta la madrugada", rebatió Peter.
"Sí. Nunca dije que yo sí estuviera bien. Hazme saber a qué hora sales de la escuela el lunes. Necesito hablar contigo de esto en persona."
Peter no se molestó en cuestionarlo.
"A las 3 pm. ¿En dónde estarás?"
"Por ahí cerca", escribió Stark. "El ruido blanco es bueno para el insomnio, por cierto. Ponlo en volumen alto para que no puedas pensar y sólo respira. Deja una luz encendida si ayuda. Y si no pasa nada, no pasa nada, no trates de forzarte. ¿Continúas ahí?"
"Sí", respondió Peter. Y luego, escribió: "Gracias."
Todos esos eran buenos consejos, pero Peter no pudo dormir en absoluto. En vez de eso, desplazó la pantalla hacia arriba en su conversación, leyendo y volviendo a leer hasta que su cerebro finalmente se rindió y lo lanzó dentro de un sueño inquieto y ligero.
