Capítulo 6 La otra cuestión
—Peter, ¿estás con nosotros?
La voz de su profesora parecía provenir de muy lejos y Peter levantó la cabeza bruscamente al escucharla; había tenido toda su atención puesta en la pantalla de su teléfono. Varios de sus compañeros se giraron a verlo y algunos de ellos se estaban riendo.
—¡Sí, profe! —respondió Peter.
Ella lo miró significativamente.
—Entonces estoy segura de que no te importará quitarte los audífonos. —La profesora se dio golpecitos con un dedo sobre la oreja izquierda y Peter, sonrojado, la obedeció. El video que tenía en el teléfono continuó ejecutándose, ahora en silencio: era de mala calidad y estaba todo tembloroso, tomado por alguien que seguramente tenía tantas ganas de huir como de quedarse a filmar. En el video se veía a Spider-Man lanzando telarañas alrededor de las piernas de aquel coloso que el Capitán y sus amigos habían sacado de Dios sabía dónde.
Peter trató de no pensar en cómo se sentía eso —colgarse desde lo alto, hacer algo heroico en vez de pudrirse en clase todos los días— y se obligó a escuchar el discurso de su profesora acerca de las virtudes de los romanos. Estaba hablando del jodido Julio César. Santísimo Dios.
—Peter —dijo la profesora y él de nuevo levantó la mirada. Parecía que no le iba a dar tregua durante esa hora—. Ya que estás con nosotros, ¿por qué no lees la parte de Marco Antonio?
Peter le puso pausa al video, contuvo un gemido y se puso el libro frente a la cara. Marco Antonio. Oh, por supuesto, el monólogo abarcaba toda una maldita página entera.
Tosió y comenzó a leer:
—"¡Amigos, romanos, compatriotas, prestadme atención!..."
Aun mientras leía a trompicones (obligar a los alumnos a leer en seco a Shakespeare tendría que ser ilegal, pensó), no pudo evitar ponerse a reflexionar en lo que había sucedido el día anterior. El viaje de regreso a su apartamento había sido muy incómodo, con Stark tratando de charlar de tonterías cuando era evidente que ambos se sentían mortificados. No había sido la intención de Peter quedársele viendo como lo había hecho, y mucho menos había sido su intención que Stark lo atrapara haciéndolo.
Lo que jamás habría podido anticipar era que Stark también lo había estado observando a él. No a su cara, sino a su cuello.
De acuerdo, era cierto que Peter se había dejado abiertos un par de botones de su camisa nada más porque sí, pero había sido casi distraídamente, sin pensar que realmente importaría, como cuando tratas de seducir a tu profesor de matemáticas… Algo que es entretenido y te obliga a ser más consciente de tu manera de vestir, pero que sabes que no te llevará a nada. Algo que es más bien para ver hasta dónde puedes llegar.
Se suponía que el profesor de matemáticas realmente no iba a… ya sabes, a mirarte a ti de la misma forma en la que tú lo mirabas a él.
Lentamente se le fue ocurriendo que tal vez había calculado muy mal las cosas. ¿Cuál era la conclusión que tendría que sacar al respecto? ¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora? Lo más obvio, sensato y seguro era eliminar cualquier contacto con Stark y que cada uno se marchase por su lado.
Pero…
Le parecía que era muy estúpido hacer algo tan extremista cuando sólo habían sido una mirada o dos. Aparte, aun si esa mirada de Stark significaba lo que él creía que significaba, Peter no estaba muy convencido de que eso le molestara.
Era mucho más preocupante saber que ahora Stark sabía. Peter podía deducirlo por la forma en que el hombre había huido de la cocina.
Entonces, ¿qué debía hacer?
Terminó de leer las últimas dos líneas del monólogo:
—"Mi corazón está ahí, en ese féretro, con César, y he de detenerme hasta que yo torne en mí mismo..." — Se apoyó en el respaldo de su silla con un suspiro de alivio. Hubo un amago de aplauso encabezado por su profesora, pero Peter sospechaba que se debía más a su capacidad de haber leído todo eso que a la calidad de su lectura.
Mientras algunos de sus compañeros comenzaban a leer las líneas de los ciudadanos, los ojos de Peter regresaron a la pantalla de su teléfono. YouTube le había puesto varios videos recomendados: uno de ellos, para su horror, era la grabación de una conferencia que Stark había dado varios años atrás. ¿Se atrevería Peter a verlo ahí en clase?
Le dio clic al video y golpeó el botón "ver más tarde" al mismo tiempo que Ned, a su lado, leía:
—"En Roma no existe un hombre más noble que Antonio." —Entonces, Ned le apuntó sus dos dedos índices a Peter como si fueran pistolas y Peter le hizo el mismo gesto. Y de nuevo fue su turno de leer otro enorme bloque de texto.
Toda la noche anterior y toda esa mañana, Peter se la había pasado revisando compulsivamente su teléfono, pero Stark no le había mandado ningún mensaje de texto. Temeroso de poner en peligro aquella extremadamente delicada situación, Peter estaba aterrorizado de hacer el primer movimiento.
No obstante, por alguna razón, quería hacerlo.
Si el día anterior se hubiese puesto más listo, habría tirado el vaso de agua a propósito, o le hubiese pedido ayuda a Stark con su tarea, o habría hecho cualquier cosa sólo para quedarse mucho más rato con él en su mansión. No podía dejar de imaginarse otro escenario donde ambos se ponían a limpiar el agua derramada del vaso hipotéticamente quebrado, y luego sus manos se rozaban, y a partir de ese roce de manos, ellos pasaban a besarse, y a partir de ahí…
Terminó de leer el monólogo y trató de no imaginarse los dedos de Stark tocándolo en el cuello.
La noche anterior, incapaz de dormir e invadido por la curiosidad, se había puesto a googlear cuál era la edad de consentimiento en Nueva York. Diecisiete años. ¿Realmente podría esperarse dos años más, o mejor dicho, un año y un mes? O quizá una mejor pregunta era: Si los dos querían hacerlo… ¿importaba mucho que no tuviera la edad legal? Era un pensamiento peligroso, pero Peter no podía evitarlo aun si lo intentaba con todas sus fuerzas.
Si Stark no le mandaba un texto en los siguientes quince minutos, Peter lo haría durante la hora de su almuerzo.
Sus compañeros lo sacaron de sus pensamientos cuando todos recitaron:
—"¡El testamento! ¡El testamento! ¡Queremos oír el testamento de César!"
Peter abrió la boca para leer la siguiente línea, pero fue interrumpido por la profesora, quien dijo:
—Suenan como si estuvieran a punto de sacrificar al César. Vamos a repetirlo.
—"¡El testamento! ¡El testamento! ¡Queremos oír el testamento de César!" —recitó el grupo otra vez con un poco más de entusiasmo.
—Me conformaré con eso —dijo la profesora—. Continúen.
—"¡Sed pacientes, amables amigos! No debo leerlo…" —siguió leyendo Peter. A su lado, Ned estaba rasguñando la hoja de su libro para seguir las líneas de la obra de teatro. El sonido, tan insignificante como era, para los oídos de Peter sonaba como una termita devorando un bloque de madera—. "Ustedes no son leños ni piedras…", Ned, ¿puedes dejar de hacer eso. Gracias. "No son leños ni piedras, sino hombres..."
Se preguntaba qué tipo de mensaje podría mandarle a Stark, si es que tenía que hacerlo primero. Obviamente, no podía ser así de directo y sacar de inmediato el tema de lo que había sucedido el día anterior. Quizá tenía que ser un tanto enigmático, comenzar con un simple "Hola" y dejar que Stark hiciera el trabajo.
—"Así, no es bueno haceros saber que os instituye sus herederos, pues si lo supierais…" —Se interrumpió cuando de repente su teléfono se iluminó con la llegada de un texto de parte de un contacto sin nombre a quien Peter tenía identificado solamente con dos emojis: unas gafas de sol y la bandera de Alemania. Se quedó sin aliento al verlo.
Santo Dios está pasando está pasando joder sí que está pasando…
Se aclaró la garganta.
—"Pues si lo supierais, ¡oh!, ¿qué no habría de acontecer?"
El Ciudadano Número Cuatro comenzó a leer su línea sólo para ser interrumpido por la campana del almuerzo. Con suspiros de alivio, los estudiantes se levantaron de un salto de sus sillas, guardaron sus libros en las mochilas y salieron rápidamente del aula. Peter tomó su teléfono y abrió el texto que Stark acababa de mandarle:
"Oye, ayer mencionaste…"
—¿Nos vamos? —le preguntó Ned interrumpiéndole la lectura. Resistiendo las ganas de ahorcar a su amigo, Peter le sonrió tensamente y se guardó el teléfono en el bolsillo.
—Claro.
—… pero si me preguntas, creo que entre Bruto y Casio pasaba mucho más que solamente una conspiración para asesinar tiranos, ¿tengo o no razón? —estaba diciendo Michelle mientras se comía su emparedado.
—Perdona —intervino Ned—, ¿pero vamos a ignorar lo que pasaba entre el César y Marco Antonio? Es más obvio que lo de Bruto y Casio. —Se giró hacia Peter, quien estaba engulléndose sus papas fritas lo más rápido que podía—. Apóyame, amigo.
—No pienso meterme en su discusión —respondió Peter blandiendo una papa torcida.
—Por favor, ese monólogo es tan gay.
—¿Cuál monólogo?
—Tu monólogo —dijo Ned—. El de Marco Antonio. "Oh, sólo déjenme llorar en la tumba de mi amado daddy el César", durante una escena completa.
Peter tosió y, con los ojos lagrimeando, cogió su botella de agua para darle un trago.
—Qué asqueroso tener un amante así de viejo —dijo Michelle.
—¿Podemos cambiar de tema? —sugirió Peter.
Michelle lo miró de reojo y soltó un resoplido de risa.
—Estás tan sonrojado que brillas —le dijo—. Necesitamos encontrarle una cita para el baile —añadió ahora dirigiéndose a Ned, quien también se rió.
—La única persona que se me ocurre eres tú. O yo —dijo Ned—. No te ofendas, Peter, pero estás enterrado en la friendzone bien hasta el fondo.
—Sí, y como si no supiera a lo que me arriesgaría al pedirte a ti que seas mi pareja —le dijo Peter a Michelle.
—Exactamente. De todas formas, no te desanimes —dijo ella en ese tono cómico que le quedaba tan bien y le salía natural—. Tienes todavía como un mes para encontrar pareja.
Peter pensó en el teléfono que traía en el bolsillo y deseó que Michelle regresara a formarse a la línea del almuerzo para poder leer el texto de Stark sin preocuparse de que ella le preguntara por qué aquel contacto tenía un par de emojis en vez de nombre. Era el tipo de detalles en los que ella inevitablemente se fijaría, especialmente si estaba sentada ahí justo a un lado de Peter. "Oye, ayer mencionaste…", así era como comenzaba el mensaje. ¿Qué era lo que Peter había mencionado? ¿De qué quería hablar Stark con él?
—Peter… —comenzó a decir Ned un tanto inseguro—… ¿Qué le estás haciendo a esa pobre papa?
Peter se fijó en lo que Ned veía y se dio cuenta de que había estado haciendo trizas sus papas hasta volverlas polvo. Echó lo que le quedaba en el contenedor de cartón, sintiendo que se quedaba sin apetito. Entonces ubicó el enorme bote de basura que estaba a varios metros de su mesa.
Ninguno de sus amigos dijo nada cuando Peter se levantó y fue a tirar los restos de sus papas fritas al bote. Y nadie notó cuando se quedó ahí parado y, como no queriendo la cosa, sacó el teléfono para revisar sus mensajes.
"Oye, ayer mencionaste al MIT. En dos semanas va a haber una fiesta. La organizadora es amiga del decano de admisiones. Siéntete en libertad de asistir si no te molesta el nepotismo."
Oh.
Peter se mordió los labios y trató de no sentirse decepcionado. ¿Qué había estado esperando en realidad? ¿Una confesión virtual? ¿Una invitación a brincar a la cama con él? De verdad, debería sentirse agradecido de que Stark pensara en él después de todo. Era sólo que… Bueno…
La universidad no lo emocionaba ni un poco, no como otras cosas.
Se dejó caer pesadamente en su lugar frente a la mesa del almuerzo.
—Aquí estás —dijo Michelle—. Estábamos debatiendo si te ibas a tirar a ti mismo a la basura o no.
—Me dan ganas —murmuró Peter.
Para la hora que llegó a casa, Peter había llegado a la conclusión de que aceptaría la oferta de Stark. Razón número uno: era una excusa para pasar más tiempo con él sin tener que escabullirse de su tía. Razón número dos: nunca había visto en persona a Stark vestido con traje formal. Sí, así era Peter de superficial, ¿y qué? Y la razón número tres: era jodidamente pobre y no podía dejar pasar cualquier oportunidad de rozarse con el personal de su posible futura universidad.
Un par de meses atrás, la razón número tres habría sido la primera que se le habría ocurrido. Pero no durante esos días.
Entonces, llegó a su apartamento y recordó el único fallo en su plan.
May todavía no estaba en casa, pero le había dejado una nota en la isla de la cocina que decía: "Ya me pagaron. Hoy cenamos fuera." Peter miró la nota con el ceño fruncido.
No estaba seguro de que ella le daría permiso. La palabra "fiesta" dicha por alguien como Tony Stark conjuraba en la mente de cualquiera imágenes que no parecían adecuadas para menores de edad. Y todavía peor… ¿Podía Peter esperar que su tía se creyera eso, que después de un mes de haberlo conocido, Stark recordara a Peter lo suficientemente bien como para invitarlo a algo por razones universitarias?
Ahí, apoyado contra la isla de la cocina, sacó el teléfono y miró de nuevo el mensaje de Stark durante un largo rato. Entonces, se puso a teclear una respuesta:
"Voy a preguntarle a May."
No pasaron ni cinco segundos cuando llegó otro mensaje: "Ok".
Peter jadeó con indignación y resistió el impulso de arrojar el teléfono contra la pared. Que Stark le mandara sólo un "Ok" le parecía el insulto más grande. ¿Qué se suponía que iba a contestar a eso?
¿Realmente ellos dos no iban a hablar de lo que había sucedido el día anterior? ¿Stark creía que si no lo discutían, eso desaparecería?
Pero había sido sólo una mirada. Peter tenía que dejar de hacerlo parecer más de lo que era.
No obstante, él había visto la manera en que Stark lo miraba antes, y nunca había sido así. Peter se preguntó si Stark realmente se habría dado cuenta de la lujuria y el anhelo que había reflejado en su gesto mientras se lo comía con los ojos. Para Peter había sido intoxicante ser el sujeto de una mirada de ese tipo; y repentinamente todo lo que importaba en su vida era encontrar una manera de asegurarse de que Stark volviera a verlo así.
Rezó para que May le dijera que sí.
Pero cuando May regresó del trabajo una hora después, se veía muy cansada como para lidiar con preguntas discretas en miras de obtener un permiso. Dejó caer su bolso en la isla de la cocina, se retiró el cabello de los ojos y dijo:
—Voy a cambiarme de ropa y nos vamos por unas hamburguesas, ¿capisce?
—Capisce —dijo Peter, bajando su teléfono. Se moría de ganas de mandarle a Stark algo que lo obligara a demostrar algún tipo de sentimiento, pero el riesgo de siquiera tratar de escribir un mensaje se sentía de repente muy grande. Lo que estaba en juego era demasiado valioso. Si Peter iba a enviar algo, tenía que ser lo correcto.
El restaurante al que fueron a cenar no era elegante en absoluto, pero ellos dos eran clientes desde hacía años y los camareros recordaban sus nombres y hasta sus órdenes habituales: un emparedado de pollo para May y una hamburguesa con tomate extra para Peter. Éste esperó hasta que la orden llegó a la mesa y su tía hubiese comido al menos una cuarta parte de su emparedado antes de abordar el tema.
—¿Sabes?... Hoy recibí noticias del señor Stark —comenzó a decir y su tía lo miró con interés—. Me dijo que próximamente va a haber un, um, un evento y… y… —se tropezó con las palabras—. La mujer que está organizando este evento conoce al decano de admisiones del MIT. El señor Stark cree que si voy, podría arreglárselas para presentarme con él.
May inclinó la cabeza hacia un lado.
—Mmm. ¿Un evento? ¿Qué tipo de evento?
Demonios.
—¿Como una fiesta? —dijo Peter cautelosamente.
—Como una fiesta —repitió ella igual de cautelosa.
—Sí —dijo Peter—. Mira, estoy seguro de que todo estará bien. El señor Stark no me estaría invitando si no fuera así. —Entonces recordó al Capitán dejándolo casi aplastado debajo de una pesada plataforma de aeropuerto y le dio un rápido traguito a su Sprite para matar la ardiente ola de ansiedad que bulló en su estómago.
—Voy a pensarlo —dijo ella.
—Es en dos semanas —presionó Peter—. ¿Crees que podrías pensarlo un poquito más rápido?
Ella le dedicó una sonrisa torcida.
—¿Realmente significa tanto para ti?
Peter asintió con ganas.
—¡Sí! Sí… Es el MIT. Es la universidad que quiero.
—Voy a pensarlo —dijo ella otra vez pero con un tono mucho más prometedor que antes. Le dio otra mordida a su emparedado y luego se limpió la boca con su servilleta—. Peter, yo tengo también algo que contarte —continuó, y el cuidado que imprimió en su tono hizo que Peter se pusiera tenso.
—¿Sí? —preguntó Peter jugueteando con una rebanada de tomate por todo su plato.
—Sí. Yo… mm… Conocí a alguien en mi trabajo.
De pronto, sus posturas se habían invertido.
—A alguien —repitió Peter.
Ella asintió.
—Se llama Nathan.
—Y… ¿Tú y Nathan son…?
—No es nada serio —aclaró ella—. No todavía. Pero ambos queremos continuar conociéndonos. Y yo quiero asegurarme de que tú estás de acuerdo con eso.
Peter parpadeó. Eso no era lo que había estado esperando.
—Oh. Bueno. Quiero decir… Yo no quiero… ¿cómo decirlo? No quiero controlar tu vida sentimental… —dijo, inseguro.
—Te lo agradezco —dijo ella—. Pero… —agregó, bajando la voz—. Sé que extrañas a tu tío. —Peter clavó la mirada en su plato y no dijo nada—. Y quiero que sepas que sin importar lo que está pasando, yo también continúo extrañándolo mucho. Siempre lo echaremos de menos. Y no quiero que sientas que estoy tratando de remplazarlo, o…
—¡Ya entendí! —la interrumpió Peter bruscamente, más que nada porque si ella continuaba hablando de su tío, Peter haría una escena ahí en medio del restaurante, igual como aquel día en que habían ido por primera vez después de la muerte de Ben y los dueños habían insistido en invitarles la comida—. Está todo bien. De veras.
—¿No es muy pronto? —insistió ella.
—¡No! Está bien. Estoy bien con ello.
—Muy bien. Gracias —dijo ella y sonrió—. Creo que Nathan te va a caer bien —añadió—. Es muy simpático.
—Entonces… ¿ya eres… su novia? —preguntó torpemente.
La sonrisa de May se hizo más grande.
—A eso quiero llegar, compañero. —May se devoró lo que le quedaba de emparedado y luego procedió a robarle la lechuga a Peter—. ¿Y hay alguna manera en que pueda ponerme en contacto con Stark antes de la famosa fiesta?
—Bueno… —Peter se removió en su silla—. Tengo su número de teléfono. —Dándose cuenta de lo bizarro que sonaba eso, agregó—: Es que me mandó algunos textos acerca del asunto de la beca. Estoy en una lista de correo para recibir información.
May extendió una mano hacia él.
—Déjame llamarlo.
—Um. De acuerdo. Espera un segundo. —Peter se sacó el teléfono y pulsó el botón del contacto de Stark. Haciéndole una seña con la mano a May, se puso el aparato en la oreja.
Stark respondió. Se escuchaba bastante sorprendido.
—Peter, ¿qué sucede?
—Um… Hola… Mi tía quiere hablar contigo acerca de lo del MIT… —May estaba moviendo los dedos exigiéndole el teléfono—. Voy a comunicarte con ella. —Le pasó el aparato a su tía.
—Hola, qué gusto volver a hablar contigo —dijo May—. Sí, ¿Peter mencionó algo acerca de una fiesta…? —Hubo una pausa—. ¿El día diecisiete? ¿Y comienza a las nueve? Oh. Mm. Es bastante tarde para tratarse de una noche entre semana, Peter tiene que ir a la escuela al otro día —dijo ella y Peter la miró con enojo—. Oh-oh —continuó May, sonriéndole a Peter—, acá me están viendo feo. —Otra pausa—. Sí, estoy de acuerdo, sería una pena. Peter siempre ha sido tan dedicado… Sí, concuerdo. Entonces estamos en la misma página. —Otra pausa y May se rió—. Muy bien, me da gusto escuchar eso. Creo que podría funcionar. Me dio gusto saludarte. Adiós.
May le regresó el teléfono a Peter.
—De acuerdo —dijo ella—. Stark me aseguró que los organizadores le han prometido mantener la juerga al mínimo. —Peter se le quedó viendo—. Eso significa que sí puedes ir —aclaró May—. Pero necesitarás un traje y te quiero de regreso en la casa a las diez y media.
Peter exhaló un suspiro de alivio.
—Perfecto. Gracias. Gracias.
—Una pregunta un tanto fuera de tema… ¿Por qué las gafas de sol y la bandera de Alemania?
Peter se sonrojó y no respondió.
Más tarde esa misma noche, mientras Peter estaba sentado en su cama atorado en su tarea de Español, le llegó un mensaje de texto. Dejó caer el bolígrafo, hizo su tarea a un lado y se estiró para alcanzar el teléfono. Sintió que el corazón se le paralizaba en el pecho.
"Acerca de lo que pasó ayer…"
¡Por fin!
"¿Sí?" respondió Peter.
Pasaron diez minutos completos antes de que Stark le mandara otro mensaje y Peter, mientras tanto, intentó hacer buen uso del tiempo. Regresó a terminar su tarea, apenas pudiendo concentrarse en Juanita y sus seis gatas porque se sentía a punto de entrar en pánico. Finalmente, Stark respondió:
"No te asustes, pero puede que existan algunos problemas legales por lo que pasó en Alemania. Me encargaré de ellos."
Peter frunció el ceño. De nuevo, eso no era lo que estaba esperando. O mejor dicho, lo que estaba deseando.
"¿Qué tiene que ver eso con lo que pasó ayer?", le preguntó a Stark.
"Es lo que Rhodes me dijo cuando te mandó a duchar", le escribió Stark. "Me haré cargo de eso", repitió.
"¿Qué tipo de problemas legales?" preguntó Peter, imaginándose a la policía llegando a su puerta y arrastrándolo con ellos mientras su tía gritaba histérica. ¿Qué era lo que había salido mal?
"Es cosa de los Acuerdos porque no los has firmado", respondió Stark. "Por lo pronto, necesito que no salgas a patrullar."
"¿Algo más?", preguntó Peter.
"Que sólo seas un amistoso vecino Spider-Man, por favor. Sé que quieres regresar de lleno a eso, pero corre antes de que puedas caminar, ok?", escribió Stark.
Peter bufó y miró el reloj junto a su cama. Eran las 8:51. Lo que quería decir que le quedaban otras tres horas antes de que su cuerpo le pidiera dormir y quizá unos quince minutos antes de que May se fuera a acostar.
"Tú me llevaste a Alemania porque necesitabas apoyo", le escribió a Stark. "Confiaste en que yo podía dártelo. Y aunque estaba asustado sigo queriendo hacer ese tipo de cosas. ¿Por qué no puedo simplemente firmar los Acuerdos y ya?"
"No es tan simple", fue la respuesta de Stark. "Me encargaré de esto", escribió por tercera vez.
Peter decidió mandar toda precaución al diablo. Le marcó al teléfono.
—Amo hacer esto —comenzó a decir a toda prisa cuando Stark respondió—. Amo hacer esto y no quiero que me lo quiten solamente porque existe un problema legal que…
—Nadie va a tratar de quitártelo —lo interrumpió Stark con voz cansada.
—¿Entonces por qué no puedo seguir haciendo lo que hacía antes…?
—Porque así no es como funcionan los Acuerdos, Peter…
—Muy bien… —Peter se puso de pie y comenzó a caminar por su cuarto, toda esperanza de terminar con su tarea de Español abandonada—… ¿Sabes qué? Al diablo con los Acuerdos. No me importan.
Al otro lado de la línea, Stark gimió.
—Te das cuenta de cómo suenas cuando hablas así, ¿cierto?
La resolución de Peter flaqueó ante el sonido de su voz. Se dejó caer de nuevo encima de la cama y los resortes rechinaron.
—Lo siento —susurró—. Es que… Crecí idolatrando al Capitán América… Y a ti… Y a todos los demás… Y yo sólo… Quiero ser como tú.
Sólo quiero estar cerca de ti, pensó sin atreverse a decirlo en voz alta. Seguro que entiendes esa parte, ¿verdad que sí?
Escuchó susurros al otro lado de la línea, y después de unos segundos Peter se percató de que era la respiración de Stark. Cerró los ojos y se concentró en escuchar, deleitándose en las pequeñas ondas de calor que aquel sonido mandaba directo a su interior. Stark sonaba como si estuviera justamente ahí en su habitación con él. Junto a él.
—Lo sé —dijo Stark al fin.
—Recuerdo la Batalla de Nueva York —continuó diciendo Peter lentamente, tratando de salir de la fantasía de tener a Stark ahí con él—. May y yo nos quedamos atrapados adentro de una tienda. Y te vi volando justo afuera y…
—Lo sé.
—… y yo deseaba ser así. Hacer cosas como esas. —Peter soltó una risa temblorosa—. Y entonces tuve suerte, y de repente pude hacer cosas como esas. Y ahora no quiero desperdiciar todo esto. No quiero ser capaz de hacer cosas así y no poder usar mis habilidades. —Pasó saliva y recordó la manera en que la cabeza de su tío rebotaba hacia atrás por la fuerza de un disparo—. No quiero que pase algo como la última vez.
Hubo un largo silencio.
—Voy a hacer todo lo que esté en mis manos para que esto funcione para ti, ¿de acuerdo? —dijo Stark finalmente—. Pero necesito que tú hagas algo por mí.
—Muy bien.
—Sólo… —Stark suspiró—… Sólo no hagas nada estúpido, ¿de acuerdo? Usa la cabeza. —Como Peter no respondió nada, Stark agregó—: ¿Me lo prometes?
—Sí. Sí, te lo prometo.
—Muy bien. Ahora vete a dormir antes de que tu tía te patee el trasero —dijo Stark y colgó.
Justo a tiempo. Peter brincó cuando su tía golpeó la puerta de su cuarto.
—¿Con quién estás hablando? —preguntó ella desde el otro lado de la puerta.
—Um… ¡Con Ned! —gritó Peter en respuesta—. ¡Me estaba preguntando de una tarea!
—Bueno, yo ya me voy a acostar. Te veo en la mañana. ¡No te quedes hasta muy tarde! —agregó May.
—Bueno. No lo haré. ¡Te quiero!
Peter miró de nuevo su teléfono. El aparato yacía inocentemente tirado encima de su almohada. En algún punto de su charla con Stark, había habido un cambio en el libreto y Peter no estaba seguro si ambos habían estado discutiendo acerca de los Acuerdos o acerca de la otra cuestión.
Se dijo a sí mismo que tenía que tranquilizarse al respecto. Comenzó a levantar su material escolar para poderse acostar.
Nota de la traductora: ¡Hola! Sólo para avisarles que agradezco mucho sus lecturas y favoritos, y todavía mucho más sus comentarios. También quería avisar que desde la semana anterior me he propuesto y prometido actualizar este fic todos los domingos al menos. O sea, si puedo actualizaré también entre semana, pero si no, entonces el domingo sin falta.
Muchas gracias por continuar conmigo. ¡Bonito día!
